Cargos y oficios
Médico pediatra, fotógrafo, escritor e historiador.
Trayectoria
Nació en el núm. 25 de la calle San Antón de Pamplona, en pleno corazón del Casco Antiguo, donde desarrolló, según confesión propia, buena parte de aquellos juegos infantiles que habrían de marcar toda su vida. Cursó el bachillerato en el colegio de los Maristas, donde se licenció en 1935, pero el comienzo de la Guerra Civil interrumpió sus estudios, teniendo que ponerse a trabajar en Pamplona. Terminada la contienda marchó a Zaragoza a cursar los estudios de medicina, donde destacó muy pronto. Realizó los dos primeros cursos en un año, y se licenciaría con Premio Extraordinario en 1944, aunque siendo aún alumno de sexto curso había ya recibido el premio de la Academia Médico-Escolar, por un trabajo sobre el linfoma leucémico. Terminada la carrera obtuvo su doctorado en Madrid, y se especializó en Pediatría.
Tras un breve paso profesional por Zaragoza, Etxauri y Orio, en 1947 abre consulta como pediatra libre en la calle Zapatería, en un piso conectado con la vivienda de su madre. Tres años después, en 1950, asistiendo a una boda en Doneztebe conocerá a su mujer, Sagrario Irigaray Aramburu, descendiente de una familia de Auritz-Burguete, pero con fuerte arraigo en Pamplona/Iruña, donde poseían la célebre ferretería Irigaray. Tuvieron seis hijas, Sagrario, María José, Ana, Asunta, Mercedes y Pilar, esta última fallecida de forma prematura en accidente de tráfico en 1991.
Quienes le conocieron destacaban la manera de ser afable y dicharachera de Arazuri, su humanidad, también su carácter nervioso, casi atropellado, que llevaba a dar la impresión de que andaba siempre con prisa. Como pediatra se volcaba con los casos graves, desdramatizando el resto. Se le atribuye la frase «consigo curar alguna vez, aliviar muchas veces, y consolar siempre», y es conocido que, en alguna ocasión, respondiendo a alguna madre que se quejaba preocupada de que su hijo no comía, le respondió rápidamente: «No te apures, ya comerá cuando tenga hambre». Él mismo confesaba que tan solo dormía seis horas diarias, y el periodista de El Pensamiento Navarro José Luis Larrión lo describió en 1972 como «el hombre que hace del día una sucesión de treinta horas». Al margen de su consulta particular, fue también médico del Asilo de la Providencia, vocal del Tribunal Tutelar de Menores y director de la revista del Colegio Oficial de Médicos de Navarra. Tampoco descuidó la faceta docente, fue profesor de la Escuela de Asistentes Sociales, y la prensa de aquellos años recoge las reseñas de conferencias impartidas por él, por ejemplo, sobre mortalidad infantil (1972) o sobre consumo de drogas en la juventud (1976). Una anécdota, que relata que en cierta ocasión llegó a operar a una mona que había llegado a Pamplona con el circo, define muy bien el talante comprometido del médico que latía en él.
Con todo, la actividad que más le caracterizó, y probablemente también la que más satisfacciones le produjo, fue la de historiador de Pamplona/Iruña, razón por la que se le ha venido calificando como «cronista» de la ciudad. Era un apasionado de Iruñea, a la que amaba profundamente, y se preocupó de todos y cada uno de los aspectos de su vida ciudadana, desde los juegos infantiles y los tipos populares hasta su toponimia menor, pasando por las tradiciones y costumbres, muy especialmente todo lo que tuviera que ver con San Fermín. Según confesión propia, fue el hallazgo de una treintena de fotografías antiguas de Pamplona en casa de su suegra, Carmen Aramburu, lo que encendió la chispa de su curiosidad. Se aficionó a coleccionar viejas fotos de la ciudad, y la necesidad de identificarlas y datarlas para su archivo desarrolló su veta de investigador e historiador. En una ciudad pequeña como Pamplona, enseguida se dio a conocer la afición del popular médico. Cada vez que visitaba a un enfermo pedía asomarse a las ventanas para obtener panorámicas desde el domicilio, y las familias se apresuraban a enseñarle imágenes de las colecciones privadas, que él copiaba y luego devolvía. Según contó en alguna ocasión, llegó un momento en el que encontraba sobres con fotografías que personas anónimas le dejaban en el buzón. De este modo aquella colección familiar inicial creció exponencialmente hasta superar el número de 30.000 fotos, entre las cuales se encontraban repertorios de pioneros de la fotografía pamplonesa como Mauro Ibáñez. Fruto de esta labor recopilatoria saldría su primer libro, Pamplona antaño (1966), y sobre todo su obra magna, Pamplona. Calles y barrios (1979), que, según él mismo decía, constituía el resultado de veintisiete años de trabajo.
La jubilación del pediatra en 1984 dejó todo el tiempo disponible al historiador, que pudo finalmente centrarse en el trabajo que constituía además su mayor afición. Es sobre todo en esta época cuando pronunció infinidad de conferencias sobre distintos aspectos de la historia de Iruñea. Y un ordenador, adquirido en 1985 junto con un programa informático adaptado, permitiría una sistematización mucho más efectiva de su archivo. Todo ello, un enorme legado gráfico y documental, sería donado al Archivo Municipal de Pamplona por su viuda tras la muerte de Arazuri.
José Joaquín Arazuri cultivó además muchas aficiones, muy especialmente la tauromaquia, sobre la que llegó a pronunciar conferencias en el propio Club Taurino. Fue montañero de fin de semana y gran aficionado a la micología y a la cocina en general, habiendo participado como jurado en varios concursos gastronómicos. Como fotógrafo llevó a cabo multitud de exposiciones en las que alternaba fotografías antiguas con otras propias, y formó parte del jurado en diversos certámenes. Llegó incluso a viajar como reportero gráfico a la antigua URSS, en julio de 1969, acompañando al periodista J. J. Uranga, de Diario de Navarra.
Desde sus convicciones religiosas, formó parte de los denominados Caballeros de Santa María del Pilar, orden fundada nada menos que en 1433 por la mismísima reina Blanca de Navarra, y fue prior de la Cofradía del Santísimo Sacramento y miembro de la Hermandad de la Pasión. Perfectamente integrado en la vida social de su ciudad, fue vocal de la Junta de la Casa de Misericordia, de la Mutua de Seguros de Pamplona y del consejo de administración de la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona. Hasta amagó con participar en la política municipal de su ciudad, cuando el 4 de noviembre de 1970 anunciaba su candidatura a concejal del ayuntamiento como representante del «Tercio Familiar», junto a algunos clásicos de la política municipal pamplonesa como José Javier Viñes, Jesús Velasco o Juan Manuel Pérez-Balda. Arazuri, sin embargo, terminaría por retirar su candidatura. Fue el primer presidente de la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera (AGAO), y hasta participó en un proyecto empresarial, una fábrica de plásticos de la que era socio junto con tres personas más.
De todo lo dicho puede desprenderse que se desenvolvió muy bien en el encorsetado contexto político y social que le tocó vivir, pero se acercó a la historia de su ciudad de manera sincera y sin complejos. Recuperó antiguos nombres euskaldunes de las calles de la Pamplona medieval, como Arriasorantza, Urrea, Urradinda, Zakudinda o Urrainodia, y ante una pequeña polémica surgida en torno al probable origen euskérico de la calle Cuesta de la Reina, terció diciendo que a él «como navarro» le hubiera gustado que hubiera procedido del vasco Larraina, pero que «en honor a la verdad» debía confesar que no era así. Tampoco pone peros al carácter históricamente vascoparlante de la ciudad, y recogió y divulgó datos que reforzaban esa idea, como por ejemplo el hecho de que, en 1664, el vecindario de la calle Estafeta no aceptara la instalación en su calle de un convento de Trinitarios porque sus monjes, venidos de Zaragoza, desconocían el euskara, lengua en que se expresaban comúnmente los vecinos.
En definitiva, la vida y la obra de José Joaquín Arazuri constituye un canto a la ciudad en que nació, y una profesión de cariño difícilmente igualable. Como él mismo dejó escrito, «ahora, a las calles de mi pueblo natal, quiero devolverles, en parte, lo mucho que les debo por las felices horas vividas en su regazo». De este modo, el pediatra pamplonés adquiere un papel mucho más profundo que el de un mero cronista o uno más de los historiadores de la ciudad. Se convirtió en verdadera alma histórica de la ciudad, el referente absoluto, el oráculo al que acudían, de forma inevitable, investigadores, periodistas y ciudadanos de a pie para aclarar cualquier duda sobre la evolución urbana de la ciudad o la filiación de los elementos que conforman su paisaje urbano.
Los años transcurridos a partir de la jubilación de Arazuri en 1984 constituyen también los del encumbramiento de su figura como historiador. Durante las décadas de los ochenta y noventa se prodiga en conferencias sobre cualquiera de los muchos temas que dominaba, mesas redondas e intervenciones en las radios y televisiones locales, así como en infinidad de entrevistas y artículos de prensa. Y la ciudad estuvo a la altura a la hora de reconocer sus méritos. En 1987 recibió el Gallico de Oro, galardón otorgado por la Sociedad Gastronómica Napardi, en su segunda edición, y el 29 de febrero de 1992 el Ayuntamiento de Pamplona le rindió un homenaje en el que, además, se le otorgó la medalla de oro de la ciudad. Todavía el 9 de julio de 1995 se le homenajeó de nuevo, esta vez en el hotel Maisonnave, en un acto sentido y concurrido, que prácticamente cerraría la faceta pública del viejo pediatra. Los últimos tiempos, hasta su fallecimiento en el año 2000, estuvieron marcados por un alzheimer que mermó muchísimo sus facultades. El 11 de julio de 1998 excusaba su asistencia a un homenaje al cineasta Antonio Ruiz, a causa de su «estado de salud», y al año siguiente abandonaba su cargo de presidente de la AGAO, que había ostentado desde sus comienzos. Todavía el 23 de junio de 2000 era invitado a la ceremonia de los premios de la Radio en Navarra, pero tampoco pudo asistir ya.
José Joaquín Arazuri Díez falleció a las seis de la mañana del día 6 de noviembre de 2000, mientras dormía en su domicilio de la calle Navas de Tolosa, y cuando le faltaba menos de un mes para cumplir ochenta y dos años. Su funeral, celebrado en una abarrotada iglesia de San Lorenzo, constituyó todo un acontecimiento social, y el último de los homenajes que la ciudad le dedicaría. O casi. En junio de 2001 el Ayuntamiento de Pamplona dio su nombre a un paseo ajardinado situado en el límite del Casco Antiguo pamplonés, y apenas dos años después, el 2 de julio de 2003, se inauguraba en dicho paseo una escultura del antiguo pediatra, realizada por el escultor bilbaíno Rafael Huerta. Su imagen, realizada más o menos a tamaño natural (1,73 m) y en bronce, le representa a pie de calle, tomando notas en su libreta y con la cámara de fotos colgada al hombro. Es decir, tal y como le recordaban cuantos conocieron en vida a este auténtico cronista de la ciudad.
Sería imposible recoger aquí todos los artículos que publicó en revistas especializadas como Pregón, a partir de 1961, o Príncipe de Viana desde 1962, referidos casi siempre a aspectos patrimoniales relacionados con su ciudad. Por no hablar de los que publicó en la prensa diaria local. Tal vez su publicación más original sea un dibujo panorámico a gran tamaño de Pamplona en 1560, que llevó a cabo en 1972 en colaboración con el dibujante Juan Cía, y que tuvo una enorme difusión en la ciudad.
Obras
Pamplona antaño. Curiosidades e historia de la ciudad [Pamplona]: [J. J. Arazuri], 1965; 2.ª ed., 1967; 5.ª ed., 1991.
Pamplona estrena siglo, Pamplona: Ediciones y Libros, 1970.
Pamplona en 1560, Pamplona: Diputación Foral de Navarra, 1972.
El municipio pamplonés en tiempos de Felipe II, Pamplona: Caja de Ahorros Municipal, 1973.
Pamplona «belle époque», Pamplona: Ediciones y Libros, 1974.
Viejas rúas pamplonesas, Pamplona: Diputación Foral de Navarra, 1978.
Calles pamplonesas, Pamplona: Diputación Foral de Navarra, 1979.
Pamplona. Calles y barrios, Pamplona [J. J. Arazuri], 1979-1980, 3 vols.
Historia de los Sanfermines, Pamplona [J. J. Arazuri], 1983-1993, 3 vols.
Historia, fotos y «joyas» de Pamplona [Pamplona]: [J. J. Arazuri], 1995.
Bibliografía
AUÑAMENDI, «Arazuri Díez, José Joaquín», Auñamendi Eusko Entziklopedia. Ed. en línea: https://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/eu/arazuri-diez-jose-joaquin/ar-17859/ (consultado el 25 de marzo de 2022).
VVAA, Guía de escultura urbana en Pamplona, Pamplona: Ayuntamiento, 2009.
Fuentes.
El Pensamiento Navarro, Pamplona, 1962-1979.
Diario de Navarra, Pamplona, 1944-2000.





