Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras guipuzcoanos

MUGARZA MECOLALDE, Daniel (seudónimo Mendizorrotz) (Oñati, Gipuzkoa, 10 de abril de 1912 – Oñati, Gipuzkoa, 9 de enero de 1977)

Cargos y oficios

Político carlista.

Trayectoria


Fue hijo de Bernabé Mugarza y Nicolasa Mecolalde y tuvo por hermanos a: Natividad, Dolores, Eugenio y Elías. Estuvo casado con María Luisa Arrue. Empezó a trabajar jovencísimo, a los catorce años en la serrería familiar «Bernabé Mugarza». En su ficha de requeté de 1936 aparece como carpintero y viviendo en la calle Zuazola (hoy Kalebarria) núm. 47. Desde 1962 participó como socio de la empresa José Igartua y Cía, que se había trasladado, en esta segunda etapa, de su primitivo emplazamiento en Kalezaharra al nuevo en el barrio de Berezao. Se dedicaba a fabricar farolas y cadenas bajo el nombre comercial de Taigar. La empresa cerró en 1984.

Su formación intelectual fue autodidacta y proveniente, sobre todo, de su pasión por la lectura.

La filiación política le venía a Mugarza de familia. Era nieto del teniente coronel carlista José León Mugarza, que destacó en la batalla de Mendizorrotz (29 de enero de 1876) —victoriosa para los carlistas—, en el cerco de Donostia, de ahí que Daniel eligiera este nombre como su seudónimo para alguna de sus publicaciones.

Durante la Segunda República Daniel Mugarza se estrenó como articulista político —bajo el seudónimo de Mendizorrotz— en diversas publicaciones carlistas, tradicionalistas o integristas, La Tradición Vasca, La Constancia, El Siglo Futuro o El Fuerista. Los temas tratados: la masonería, el culto mariano, el tradicionalismo, el fuerismo y, sobre todo, el nacionalismo vasco.

En esta época el mayor competidor político del carlismo en el País Vasco era el nacionalismo vasco y por eso Mugarza se dedicó a refutar la doctrina sabiniana en una obra publicada en 1934: El sofisma del nacionalismo. Se trata de un librito que recoge los artículos publicados con anterioridad en dos periódicos tradicionalistas: La Tradición Vasca, donde vieron la luz una serie de artículos sobre «El sofisma del nacionalismo», y El Fuerista, en donde se publicaron los correspondientes a «Errores fundamentales del nacionalismo». Para Mugarza, el principal problema que había causado la irrupción en la arena política del nacionalismo vasco era la confusión creada en torno al «verdadero concepto de nuestros seculares Fueros». Por otra, siempre según Mugarza, el nacionalismo, que inicialmente se había presentado como esencialmente católico, con su práctica había demostrado que lo que verdaderamente le interesaba prioritariamente era Euskadi y subsidiariamente la religión. De hecho, Mugarza consideraba que el nacionalismo era un movimiento liberal, que colaboraba «con los enemigos de la Iglesia». Básicamente Mugarza pensaba que el nacionalismo en su origen era esencialmente católico, pero que en su afán de lograr el mayor número de apoyos en pro de la independencia se había juntado con malas compañías, olvidando el lema de Jaungoikua eta Lege Zarra y dando lugar, incluso, a que surgieran en su seno partidos —como ANV— laicos y liberales: «Observo, con pena que me desgarra el corazón, la evolución del nacionalismo vasco, porque veo que ha olvidado completamente ciertas enseñanzas pontificias acerca del liberalismo» (El sofisma del nacionalismo, pp. 43-46). «El ideal nacionalista persigue el logro de la plena soberanía de lo que llama Euzkadi, y tal empeño pone para la realización de este ideal, que olvidando su condición católica, no duda en unirse con enemigos declarados de la fe, aunque tenga por lema Jaungoikua eta Lege Zarra, en la práctica no lo cumple, porque no tardará el nacionalismo en acoger bajo su bandera a creyentes y no creyentes, a derechos e izquierdas, etc., ya que [el] punto de convergencia será Euzkadi» (El sofisma del nacionalismo, pp. 50-51). Se detiene Mugarza, además, en el concepto de raza, la historia de las uniones «voluntarias» de Bizkaia, Gipuzkoa y Álava a España, así como la «conquista consentida» de Navarra, etcétera.

Fue Mugarza jefe de Requeté. Inicialmente formó parte del tercio alavés de Estíbaliz. Las fuerzas carlistas de Gipuzkoa se compusieron de los tercios Oriamendi, San Ignacio y Zumalacárregui. Este último estaba formado sobre todo por voluntarios de Oñati, Bergara y Arrasate. Mugarza fue capitán de este tercio Zumalacárregui. Luego también capitán del tercio Montejurra, una vez que ambos se fusionaran en el verano de 1937. Siempre en posiciones de vanguardia, fue herido tres veces; la primera en Navafría el 20 de agosto de 1936, teniendo que volver a Oñati para recuperarse. Luego de nuevo herido en el frente de Caspe y dado de alta en 19 de abril de 1938, y vuelto a herir por tercera vez, esta vez leve, en el frente de Levante el 15 de julio de 1938.

En el año 1950 comenzó a publicarse la revista local Oñate. Colaboró Mugarza en este primer número con dos artículos, uno firmado con su nombre y otro con su seudónimo. El primero es una reflexión histórica sobre la peculiar personalidad política y jurídica de Oñati; el segundo, una historia forestal del término. Entre otras cosas cuenta Mugarza como fue el proceso de introducción del pino en Oñati —a mediados del siglo XIX— cuando era prácticamente desconocido en el resto de la provincia.

En 1967 seguía manteniendo íntegro el espíritu del Requeté como lo demuestra un discurso que pronunció en Arrasate/Mondragón. En efecto, el 6 de marzo de 1967, unos desconocidos destrozaron —en nombre de ETA— la lápida de los «Caídos por Dios y por España» naturales de este pueblo, que habían sido 25 requetés y 26 soldados «nacionales». Luego se ha sabido que los autores del atentado fueron Juan José Etxabe y Juan Manuel Ozaeta. Pues bien, el homenaje a los Mártires, que ese año se iba a celebrar en Orio, fue trasladado a Arrasate, en concreto al día 12 de marzo de 1967. Se repuso la lápida y en el acto de desagravio intervinieron varios oradores, entre los que figuró el capitán Mugarza, que concluyó su alocución de esta manera: «Y voy a terminar. El 10 de marzo de 1936 escribía yo un artículo en El Siglo Futuro, de Madrid, que terminaba con estas palabras: “Sepan los de la acera de enfrente, que si quieren guerra, guerra habrá. Tenemos mártires y lo seremos con la ayuda de Dios”. Esto decía el año 1936, poco antes de aquel necesario 18 de julio. Ahora somos hombres entregados a la tarea de la paz en nuestros hogares, en nuestras familias, en nuestros trabajos, y si intentan perturbarnos en esta misión, sabremos demostrar que aún no se nos ha mojado la pólvora». Por cierto, el 9 de abril la lápida fue destruida de nuevo.

En la década de 1970, retirado de su trabajo por motivos de salud, Mugarza se dedicó plenamente a escribir sobre historia y política. Publicó así lo más interesante y original de su producción: El Decenio crítico (1974) y Cristianismo y Socialismo (1976).

El Decenio crítico es su obra historiográfica más notable. Constituye una historia de la Segunda República y la Guerra Civil en la Vasconia peninsular. Fue terminado de escribir en 1972 y desde esa perspectiva cronológica se reconstruyen los sucesos políticos y militares más destacados de aquel periodo. Aunque el texto está entreverado de experiencias autobiográficas, en conjunto se trata de un análisis político-historiográfico clásico, con utilización de abundante bibliografía y de fuentes —sobre todo hemerográficas—. Contiene además 10 apéndices documentales con la transcripción de textos básicos para la comprensión de este periodo y que algunos de ellos no eran tan fáciles de localizar a la sazón: el Estatuto General del Estado Vasco de Estella-Lizarra de 14 de junio de 1931; el Proyecto de Estatuto Vasco-Navarro de las Gestoras de 21 de marzo de 1932 o la Memoria elevada por el presidente de la Diputación de Gipuzkoa Fernando Aramburu Olaran al ministro José Luis Arrese el 1 de abril de 1942, entre otros.

El objetivo manifestado por Mugarza a la hora de escribir el libro fue el de explicar a las nuevas generaciones el ambiente de dogmatismo y radicalidad reinantes en la década de los treinta que condujeron a la Guerra Civil, para que, superando esta actitud violenta y descalificadora del contrario, pudieran crecer en el mutuo respeto y la convivencia: «El sentimiento de mutuo respeto que nosotros no supimos mantener. Porque fuimos adoctrinados políticamente en unos dogmatismos irreconciliables […]; había entre nosotros un ciego empeño de suprimir al adversario, de eliminar el disidente […]; por una y otra parte no se oía más que: todo o nada. La generación del todo o nada» (El Decenio crítico, p. 9).

En cualquier caso, en el País Vasco a esta situación de antagonismos virulentos se unía el no reconocimiento de una personalidad político-administrativa diferenciada, vinculada, según Mugarza, a los derechos históricos dimanados de los Fueros: «La efervescencia política se manifiesta con particular virulencia en regiones que, como la nuestra, tenían planteado el problema del reconocimiento de unos derechos étnicos consagrados por la historia y cuyo alcance se concreta en definidas autarquías autónomas» (El Decenio crítico, p. 8). De hecho, un foralista impenitente como fue Mugarza mantiene como eje vertebrador de su relato la injustica de la abolición no solo de los Fueros vasco-navarros sino la del Concierto Económico de Bizkaia y Gipuzkoa, tras la Guerra Civil, manteniéndose partidario de la reposición al menos de este último y a ser posible del entramado foral completo.

Sin embargo, a la hora de historiar las «represalias, fusilamientos sin formación de causa, torturas, encarcelamientos, asesinatos, venganzas personales» que se produjeron en Vasconia durante la guerra —sobre todo en el verano de 1936— Mugarza pasa como sobre ascuas por los desmanes producidos por los «nacionales», mientras que se extiende un par de páginas en narrar los asaltos y asesinatos que se produjeron en las cárceles de Bilbao —Larrinaga, Ángeles Custodios, Galera y Carmelo— tras los bombardeos de Bilbao, Durango y Gernika-Lumo (El Decenio crítico, pp. 162-168).

En cuanto a Cristianismo y Socialismo, su planteamiento queda bastante bien explicado por su subtítulo: «Las riquezas deben ser compartidas». Mugarza parte de un principio básico cristiano: Dios creó las riquezas para toda la humanidad y, por tanto, es injusto que unos hombres las acaparen en detrimento de otros. Es obligación del buen cristiano velar por que la distribución de los bienes sea equitativa y en eso coincide con el pensamiento socialista: «El cristiano es hombre que vive en su tiempo, no puede eludir los problemas del siglo. Por imperativo de su misma creencia, no puede consentir que perseveren las injusticias; tiene que desarrollar el mandato bíblico: los bienes del mundo son para todos los hombres. Por eso un cristiano desde su propia praxis, sin abandonar su fe en lo sobrenatural, en Dios y la resurrección y la vida eterna, puede coincidir perfectamente en el enfoque de lo temporal, con hombres que no siendo creyentes, apoyan su acción en el quehacer de aquí abajo, en teorías tendentes a una mejor distribución de todo el proceso de producción de bienes» (Cristianismo y Socialismo, p. 124). En este camino coincidente, Mugarza analiza El Capital de Carlos Marx «al que concedemos todo nuestro reconocimiento», especialmente la teoría de la plusvalía, como base de la comprensión de los mecanismos relacionales entre Capital y Trabajo (Cristianismo y Socialismo, pp. 186-189).

En cuanto a la previsible reinstauración de la monarquía tras la muerte del dictador Franco, Mugarza se inclinaba por el «juanismo», es decir, por la figura de Juan de Borbón como Juan III.

Esta reorientación de su pensamiento político —aun manteniendo íntegra la idea foralista— explica, en parte, que sus últimas contribuciones periodísticas las hiciera —en los años 1976 y 1977— en una revista de tendencia muy cercana a la izquierda abertzale, la recién nacida Punto y Hora de Euskal Herria. Desde luego, lo que interesaba a Mugarza en este momento era el movimiento autonomista y de reintegración foral; en concreto el acto que tuvo lugar en Bergara el 21 de julio de 1976, con participación de representación de municipios vascos, para conmemorar el centenario de la abolición de los Fueros y en especial el discurso pronunciado por el alcalde de la villa José Luis Elkoro.

Murió Daniel Mugarza en 1977, cuando estaba trabajando en una nueva obra, que no pudo terminar: «Hacia la convivencia de los sistemas socioeconómicos».

Obras

Daniel MUGARZA MENDIZORROTZ, D., El sofisma del nacionalismo. Refutación de los principios nacionalistas y errores fundamentales, San Sebastián: Gráficas Espinosa, 1934, 72 pp.

MENDIZORROTZ, «Guerra a la masonería», La Constancia, 11 de marzo de 1935, p. 4; 4 de abril de 1935, p. 4.

MENDIZORROTZ, «Tradicionalismo integral», La Constancia, 4 de julio de 1935, p. 4.

MENDIZORROTZ, «La Virgen de Aránzazu y la Asamblea Mariana», La Constancia, 25 de junio de 1936, p. 5.

MENDIZORROTZ, «Pequeña historia forestal», Oñate, 1 (1950), pp. 36-37.

«Oñate, acusado baluarte de personalidad municipal», Oñate, 1 (1950), pp. 50-51.

«El camino que señalaba Rodezno. Opinión de un capitán de requetés del Tercio de Montejurra», ABC (Sevilla), 27 de mayo de 1966, p. 43.

El Decenio crítico. La política y la guerra en el País Vasco entre 1930 y 1940, Oñati: Imp. Gráficas Loroño, 1974, 322 pp.

Cristianismo y socialismo. Las riquezas deben ser compartidas, Bilbao: Desclée de Brouwer, 1976, 216 pp.

«El Convenio desautorizado», Punto y Hora de Euskal Herria, 11 (1976), pp. 62-63.

«Fuerismo. Desviación de una trayectoria», Punto y Hora de Euskal Herria, 19 (1977), p. 29.


Bibliografía

CORTABARRIA IGARTUA, G., «Mugarza Mecolalde, Daniel», Auñamendi Eusko Entziklopedia. Ed. en línea: https://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/eu/mugarza-mecolalde-daniel/ar-82555/ (consultado el 8 de noviembre de 2022).

URDANGAIN ALTUNA, C., e IZAGA REINER, J. M., «Sarde-egileak. Hirurogeita hamar urte sardeak egiten», Auñamendi Eusko Entziklopedia. Ed. en línea: https://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/eu/sarde-egileak/ar-154668-146366/ (consultado el 8 de noviembre de 2022).


Fuentes.

EUSKADIKO ARTXIBO HISTORIKOA, Fondo: Junta Carlista de Guerra de Guipúzcoa, ficha 1543, «Mugarza Mecolalde, Daniel». En línea: https://dokuklik.euskadi.eus/badator/visor/213/01543 (consultado el 8 de noviembre de 2022).

La Constancia, 11 de marzo de 1935, p. 4; 4 de abril de 1935, p. 4; 4 de julio de 1935, p. 4; 25 de junio de 1936, p. 5.

«Palabras firmes en Mondragón. El noble pueblo vasco repudia a los que utilizan la violencia. El discurso del señor Mugarza», La Voz de España, 19 de marzo de 1967, p. 12.

 


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