Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras vizcaínos

ONAINDIA NATXIONDO, Mario (Bilbao, 13 de enero de 1948 – Vitoria-Gasteiz, 31 de agosto de 2003)

Cargos y oficios

Político, juntero, parlamentario, senador, miembro del Consejo de Europa, escritor, traductor, guionista y profesor.

Trayectoria


Sus padres residían en Lekeitio, pero al ser sietemesino, Mario nació en Bilbao. Su padre, Jakinda Onaindia Ulazia, había nacido en la panadería Lariz-Oleta de Gizaburuaga el 26 de abril de 1917. Durante la guerra, Jakinda quiso enrolarse en un batallón nacionalista pero, al requerírsele dos avalistas, renunció a ello y se pasó a uno de los batallones de la UGT en el que combatió. Fue hecho prisionero y recluido en un Batallón de Trabajadores.

Su madre, Ángeles Natxiondo Zaldibizkar, había nacido en Lekeitio en 1919. Era una mujer inteligente y de gran personalidad. Del matrimonio de Ángeles y Jakinda, a continuación de Mario, nacerían María Ángeles, en 1949, y Esther, en 1951, en la calle Goikokale de Lekeitio. Mario se escolarizó en Lekeitio, con su tía, Angelita Onaindia, de maestra. Cuando tenía cinco años, la familia se mudó a Eibar. En su casa se hablaba exclusivamente en euskera. Mario regresó a Lekeitio a los once años para ingresar como seminarista en los Mercedarios. Dos años más tarde, se trasladaría a Sarria, en Galicia, durante tres años más. Renunció al seminario a los dieciséis años y regresó a Eibar. Con diecisiete años, aprobó los exámenes para incorporarse a un banco.

En 1978, Mario contrajo matrimonio con Esozi Leturiondo Aranzamendi, natural de Soraluze/Placencia y residente en Vitoria-Gasteiz. Serían padres de una hija, Nora, y de un hijo, Jon. Mario falleció por cáncer el 31 de agosto de 2003 en el hospital de Txagorritxu de Vitoria-Gasteiz con sus escoltas —Javi y Bienve— a la puerta.

Durante el juicio de Burgos afirmó que adquirió conciencia política a los cinco años. Su padre, que le inculcaría su amor al euskera, hablaba un euskera muy rico y expresivo. Sin embargo, fue su madre la que le transmitió la conciencia nacional. Mario mantuvo su apego al euskera hasta la muerte.

Ya en Eibar, se afilió al PNV. En los cursillos, le disgustaron sus tendencias xenófobas y antiizquierdistas. No estaba dispuesto a esperar plácidamente el final del franquismo para optar a los cargos que le correspondieran en la democracia. Quería luchar contra el franquismo con intensidad. Halló en el marxismo el sentido de su existencia. Se identificó con la clase social. Ingresó en CCOO. En 1967-1968 comenzó a recuperar la cultura en euskera bajo el influjo del pensamiento de izquierdas: Aresti, Ez Dok Amairu, Oteiza. Concebía el marxismo como la manera de abrir el abertzalismo a los inmigrantes. Mario era un joven con un amor ilimitado por el euskera. Había acudido a cursillos del PNV y del PCE, pero comulgaba con ETA V Asamblea por su equilibrio entre clase y patria, impulsado por Txabi Etxebarrieta.

Ingresó en ETA en 1967. Mario fue detenido en Artekale de Bilbao el 9 de abril de 1969. Fue torturado en las dependencias policiales de San Mamés. Al ser el último en declarar en el juicio de Burgos de 1970, se convirtió en un héroe-mártir que reclamaba la libertad de Euskal Herria, pero también una sociedad sin clases. Se solicitó para él la pena de muerte. Gracias a las protestas, se le conmutó la pena y le condenaron a ochenta y un años de prisión. Permaneció encarcelado ocho años, principalmente en Cáceres y en Córdoba. Dedicó sus años de prisión a investigar, primordialmente sobre el euskera —durante tres años— y otros diez idiomas; a leer, traducir y escribir. Entendió que, tras el juicio de Burgos, tenía que reinventarse. Se dedicó a vincular la identidad abertzale con la teoría marxista. Consideraba que los vascos no necesitaban las ideas de los hermanos Arana Goiri; los autores euskéricos que había estudiado tenían una clara conciencia de participación lingüística.

En mayo de 1977 fue deportado a Bruselas a propuesta de Juan Mari Bandrés, pese a la opinión contraria de ETAm, EHAS y LAIA, que querían que los presos siguieran en las cárceles. De allí, se trasladó a Dinamarca e Iparralde, donde dialogó con los exiliados y con todas las formaciones políticas. En septiembre de 1977 fue nombrado secretario general del partido político EIA. Llevó a cabo una gran labor intelectual a través de Arnasa y Bultzaka, publicaciones de EIA.

La coalición Euskadiko Ezkerra (EE) aspiraba a actuar por la vía institucional, participando en ayuntamientos y parlamentos e impulsando el Estatuto de Autonomía. Mario fue uno de los 20 ponentes del Estatuto. Fue asimismo miembro de las Juntas Generales de Gipuzkoa en 1979-1980 y, posteriormente, del Parlamento Vasco entre 1980 y 1990 por Euskadiko Ezkerra.

Los conceptos de marco autónomo de lucha de clases y de libertad nacional auspiciados por el marxismo del tándem EIA/EE fueron muy del agrado de Mario. Tenía una enorme capacidad de reflexión política y de anticiparse a los acontecimientos. Y siempre vinculó su propia biografía al concepto de nación. Durante aquellos años, Mario era un nacionalista de izquierdas que propugnaba la construcción nacional. Téngase en cuenta que, a principios de la década de 1980, EIA se estaba alejando de la rigidez del marxismo-leninismo.

EE elaboró las bases teóricas para la superación de la brecha entre nacionalistas y socialistas en el movimiento obrero. Mario escribió que con el Estatuto de Gernika se normalizaría la sociedad vasca. Entre 1981 y 1983 se reunió con el ministro del Interior español, Juan José Rosón, de UCD, para la disolución de la organización ETApm.

En 1981, Mario se mostró crítico con la violencia nacionalista y, en consecuencia, se convirtió en heterodoxo en el seno del nacionalismo. Opinaba que la cultura sectaria abertzale no aceptaba la democracia. Se enfrentó por primera vez a ETAm. Mario veía en ETAm/HB un nacionalismo étnico, con estética de izquierdas, que hacía política con visión religiosa, en base a la sacralización de la patria. Rechazó la visión nacionalista en la que todo el pueblo les pertenecía. Apuntaba que EE representaba al 10 % del pueblo, y nada más.

En EE/EIA se había puesto en marcha ya el propósito de absorber al PCE- EPK. Mario elaboró un análisis crítico de su identidad abertzale. Representaba el nacionalismo vasco como una religión secularizada. Sabía que, con ese paso, pasaría de ser heterodoxo a ser traidor. La evolución hacia el nacionalismo laico culminó con la unificación de EIA, PCE y ESEI para la creación del partido Euskadiko Ezkerra-Izquierda para el Socialismo. En 1983 fue elegido secretario general de Euskadiko Ezkerra. El fundamento del nuevo partido radicaba en el reconocimiento de Euskadi como nación. Mario comenzó a cuestionar la nación y el marxismo.

Ya para 1984, se había disociado del canon abertzale, atrayendo a los comunistas a EE, disolviendo ETApm y desmitificando la crítica de la cultura y el discurso del nacionalismo vasco. Sin embargo, su heterodoxia no restó ni un ápice de su patriotismo. En 1985 dejó de ser secretario general de EE. Abandonó la política activa y se embarcó en diversos proyectos culturales: literatura, universidad (cuatro carreras), guiones cinematográficos. Mantuvo su escaño como parlamentario de EE en Vitoria-Gasteiz, y posteriormente como senador (1993-2000) por el PSE-EE.

Más tarde, pretendió embarcar a la izquierda española en un proceso de construcción nacional basado en el Estatuto, es decir, en la Constitución. La autonomía constituía una síntesis de ambos: la participación de los nacionalistas en la política estatal y de los no nacionalistas en la construcción nacional. El posnacionalismo, que alejó a Mario del nacionalismo vasco para siempre, era el programa orientado a ello. Resultaba paradójico que los no nacionalistas se valieran del proyecto cívico para aglutinar la identidad vasca y española. En eso consistía el proyecto de construcción nacional de EE. Convertirse en nacionalistas, pero unionistas. Aceptando la cultura estética y el rito abertzale.

Mario quiso proporcionarle una base histórica, y para ello recurrió al fuerismo liberal, siempre rechazado por el nacionalismo vasco, que provenía de bases tradicionalistas. Con la convergencia de EE y PSE en 1993, dado que los socialistas basaban la identidad nacional con  la vista puesta en el futuro y no en el pasado, a Mario le resultó más fácil acomodar su nación vasca en la española. Él no había abandonado la identidad nacional vasca, pero sí su condición de patriota.

La ponencia Oldartzen fue aprobada por las asambleas de HB en 1994. Entre 1995 y 1997 fueron asesinados por ETA Ordóñez, Múgica Herzog, Tomás y Valiente. Ortega Lara, que permaneció secuestrado durante 532 días, fue liberado en julio de 1997. Tras la liberación de Ortega, fue secuestrado y asesinado Miguel Ángel Blanco. Llegaron los Días de Ermua, una revuelta ciudadana. Mario afinó el posnacionalismo y comenzó a elaborar la patria ideal basada en las ideas cívicas. Los valores primordiales eran la sensibilidad, la solidaridad, la tolerancia y, especialmente, la libertad, asimilados gracias a las víctimas.

Mario sufrió un infarto en 1998. A pocos días, se firmó el Pacto Lizarra- Garazi. Pero, previamente, EAJ-PNV, EA y ETA habían suscrito un acuerdo que no mencionaba en absoluto el Estatuto. Con ello se puso en marcha un proceso político de construcción nacional del tipo que Mario había denunciado veinte años antes. Mario reclamaba el regreso al Pacto de Ajuria Enea; pero en 1999 se firmó un pacto legislativo con EA y EH/HB. Mario consideraba eso el gran sueño personal de Arzalluz, de la concepción germánica de la nación como comunidad cultural, aunque lo que se construyera a continuación fuera una comunidad nacional. Opinaba que EAJ-PNV suponía que, con el Estatuto, iban a desaparecer todos los símbolos de conexión con España, que todo el mundo iba a convertirse en nacionalista; pero no fue así, y que por eso recurrió a Lizarra. Que Lizarra respondía a los problemas de EAJ-PNV.

Mario tenía aún en mente un proyecto posnacionalista. La forma de fundamentar la nación, propia de la época de conciliación del siglo XIX entre el nacionalismo español liberal y el autogobierno foral vasquista. Pero culpó también al capitalismo de Cánovas y Neguri, empeñados en buscar la modernización capitalista, alejados de los fueros con una ambición ilimitada. Pero Mario iba transformando su posnacionalismo. Los acontecimientos de Ermua le conmovieron y convirtió la nación en una patria donde la ciudadanía tiene garantizados sus derechos y libertades.

El 22 de febrero de 2000 Fernando Buesa fue asesinado por ETA. El hecho marcó los tres últimos años de Mario y cambió su concepción nacional. Semanalmente solían acudir juntos a Bilbao a las reuniones de la directiva del PSE-EE, pero Mario no acudió porque le entrevistaban en una cadena de televisión. Buesa era entre los socialistas quien más claramente sostenía que en Euskadi era necesaria una «rebelión social democrática», reforzar el civismo y defender el sistema democrático.

Ahora Mario contemplaba la violencia exclusivamente desde un punto de vista ético y ciudadano. El discurso del gobierno de Ibarretxe tras el asesinato de Buesa, la violencia terrorista que ejercía ETA y la estrategia política del gobierno nacido del Pacto de Lizarra eran, para Mario, vasos comunicantes. El acto organizado por la familia de Buesa y sus compañeros de partido, en Vitoria-Gasteiz, se celebraba sin banderas, en silencio. Delante discurría otra manifestación con ikurriñas, carteles y fotos de Ibarretxe. Mario se mostró especialmente exasperado, y censuró a los afiliados de EAJ-PNV. Aquellos coreaban «Ibarretxe aurrera». Mario, acercándose a ellos, les increpó: «Las ikurriñas, a San Mamés». «Han matado a Buesa y no a Ibarretxe». «Cobardes asquerosos», «Viva la libertad».

Aquello cambió su concepción respecto a la patria. La mitad de la sociedad era inmune a la sensibilidad. No se trataba del 15 % de HB. Eran muchos más. Para él, el nacionalismo era irrecuperable para la defensa del sistema democrático. Los asesinatos que se cometieron con posterioridad (E. Lluch, J. M. Jauregi, J. L de la Calle) y el atentado contra J. L. Rekalde, propiciaron el acercamiento entre el PSE-EE y el PP. Mario comenzó a tener escolta en 2001.

El nacionalismo era para él una paranoia. Para salir de ella, había que tropezar con la realidad; y en la cárcel, el paranoico se encuentra con la cruda realidad, lejos de sus ensoñaciones. No había que convencer a los miembros de ETA. Había que arrestarlos, juzgarlos y encarcelarlos. Era una medida psiquiátrica básica. Las acciones judiciales de Garzón contra el MLNV derivaron en el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo de 2000, y la Ley de Partidos en 2002. Fue refrendada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos el 30 de junio de 2009.

Retornó al republicanismo clásico. La Constitución y el Estatuto eran nuestro escudo contra el terrorismo. Su patria era absolutamente ciudadana, se vinculaba al «patriotismo constitucional». Despojó a esa patria del calificativo de posnacionalista. Mario descubrió que la sociedad civil era la fundadora de la nación, y desde entonces los historiadores empezaron a tenerlo en cuenta. No queremos una España cualquiera —decía Mario—, sino constitucional y democrática, respetuosa con el autogobierno de los pueblos, que sirva para crear una nacionalidad vasca.

Propuso una tradición republicana, del modelo anglosajón, cívico e individualista. Redactó una tesis doctoral sobre el teatro del siglo XVIII bajo el título de La tragedia de la Ilustración española. Frente al nacionalismo, el eje debía establecerse en la nación. Defender ahora la libertad era una alternativa a la nación abertzale, pero también a cualquier modelo nacionalista etno-español unitarista. Al concedérsele el Premio J. L. López de la Calle, Mario afirmó que «hay derechos fundamentales prepolíticos: libertad, pluralidad, libertad de pensar, seguridad. No existe libertad sin ley».

Su patria se basaba en la vida, no en la muerte; es donde uno vive con libertad. Falleció el 31 de agosto de 2003 con sus escoltas a la puerta del hospital. Cuando le rindieron homenaje en la Plaza España de Vitoria-Gasteiz, sobre el escenario figuraba una de sus frases más queridas: «La nación no es una etnia que exista antes de la política, como piensan los nacionalismos. La nación son los ciudadanos con leyes que les permiten serlo».

Opinaba que, tras el Estatuto de Autonomía, las leyes más esenciales eran la Ley del Euskera y la de la Escuela Pública. Fraguaba un plan si el PSE-EE accedía al gobierno: agrupar a la Secretaría de Educación, Cultura y Política Lingüística; integrar HABE en el departamento de Educación; dar autonomía a EITB; euskaldunizar la Administración al dictado de las instituciones científicas universitarias; clarificar las relaciones con Euskaltzaindia; convertir Eusko Ikaskuntza en foro de debate cultural y de encuentro de las universidades de Iparralde, Navarra y la CAV.

Optó por el euskera como lengua literaria. Escribió siete novelas en euskera, un libro de cuentos y el guion de un cómic. Además, realizó 14 traducciones al euskera. Le quedaban seis asignaturas para acabar Filología Vasca. El director y guionista de cine Frank Daniel le dio clases. Estudió especialmente a Lubitsch, Wilder, Hitchcock, Ford, Hawks, Houston. Junto a Borau y Saura, Mario impartió clases de guionismo en la Autónoma de Madrid. Su tesis doctoral de Inglés se titulaba «El lenguaje fílmico en la época clásica: B. Wilder».


Obras

Grand Placen aurkituko gara, Donostia: Haranburu, 1983; Hiria, 2006.

Gilen Garateako batxilera, Donostia: Gipuzkoako Kutxa, 1984; Hiria, 2006.

Carta abierta sobre los perjuicios que causan los prejuicios nacionalistas, Barcelona: Península, 1995.

Guía para orientarse en el laberinto vasco, Madrid: Temas de Hoy, 2003.

El precio de la libertad. Memorias (1948­-1977), Madrid: Espasa Calpe, 2001.

El aventurero cuerdo. Memorias (1977­-1981), Madrid: Espasa Calpe, 2004.

Testigo privilegiado. Artículos periodísticos (1979-­2003), Barcelona: Ediciones B, 2004.


Bibliografía

FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, G., Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974­-1994), Madrid: Tecnos, 2013.

GOJENOLA ONAINDIA, M., Mariorenak, Donostia: Hiria, 2013.

MOLINA APARICIO,  F., Mario Onaindia (1948­-2003). Biografía patria, Madrid: Biblioteca Nueva, 2012. Pretérita, 2.


Fuentes: GOJENOLA ONAINDIA, M.; LANDA MONTENEGRO, C., y ARANES USANDIZAGA, J. I.: Catálogo de la obra publicada de Mario Onaindia (1970­-2020). Trabajo de investigación documental (en curso).


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