Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras vizcaínos

MALAXECHEVARRÍA MAGUREGUI, José (Portugalete, Bizkaia, 20 de junio de 1873 – Arrasate/Mondragón, Gipuzkoa, 17 de junio de 1953)

Cargos y oficios

Jesuita, misionero popular, licenciado en Filosofía y Teología, profesor en el Seminario de Caracas, e historiador.

Trayectoria


Afortunadamente contamos con una necrológica bastante objetiva en el Archivo Histórico de Loyola, basada en la serie de catálogos, que hemos confrontado. El Catálogo de la Provincia de Castilla Oriental de 1954 dice equivocadamente que Malaxechevarría nació en Durango y falleció en Loiola, cuando en realidad lo hizo en Portugalete y en el sanatorio psiquiátrico de Santa Águeda de Arrasate/Mondragón, respectivamente. Sin embargo, acierta en las fechas de ingreso en la Compañía el 24 de julio de 1887 y de emisión del cuarto voto el 2 de febrero de 1908. En su trayectoria vital distinguimos dos etapas, separadas por su decisión de ir a Venezuela en 1928, como operario y profesor del Seminario interdiocesano de Caracas.

Hijo de una familia distinguida y muy cristiana, fueron sus padres Juan Fernando Malax-Echevarria Solozábal y Vicenta Anastasia Maguregui Suinaga, quienes se habían casado el 23 de abril de 1862 en la parroquia de San Andrés Apóstol de Etxebarria, donde residía la madre. El matrimonio tuvo nueve hijos, nacidos en diferentes localidades de Bizkaia [Etxebarria, Portugalete, San Salvador del Valle (hoy Trapagaran)…].

Hasta la edad de los diez años vivió junto a su familia, cuando fue a Durango a estudiar con los jesuitas en el colegio de San José. Fueron sus profesores los PP.  José Aramburu y Prudencio Oyarzábal, quienes lo iniciaron en las materias de gramática y otras propias del bachillerato. Su permanencia duró cuatro años (1883-1887). Ingresó en el noviciado de Loiola el 24 de julio de 1887, cuando era Provincial de Castilla el padre Luis Martín, futuro general de la Compañía. Fue su maestro de novicios el P. Aniceto Casado. Hizo los votos del bienio en julio de 1889 y a continuación estudió dos años de humanidades, y en septiembre de 1891 se dirigió al colegio de la Merced de Burgos para hacer otros dos años de retórica (1891-1892). En septiembre de 1893 comienza los tres años de Filosofía en el Colegio Máximo de San Francisco Javier de Oña (Burgos).

En el verano de 1896 fue destinado al colegio de Nuestra Señora de Monserrat de la ciudad de Cienfuegos en la isla de Cuba, donde estuvo cinco años (1896-1901), ejerciendo el magisterio, una prueba exigida en los jesuitas antes de estudiar la Teología. Fue profesor de suprema de gramática e historia hispana y universal; ayudante del prefecto de disciplina; moderador de la academia de religión a alumnos de segunda sección; encargado de recoger datos para las cartas anuas enviadas a Roma; escritor de la historia de la casa y colegio; profesor de filosofía, retórica, historia universal y lengua inglesa; ayudante del prefecto de los alumnos externos; profesor de la historia de Cuba y de lógica y filosofía, etcétera. Se puede observar que ya aquí hizo sus primeras armas en materia histórica.

Cumplidos los cinco años de magisterio, volvió al Colegio Máximo de Oña para estudiar los cuatro años de Teología (1901-1905), recibiendo el presbiterado en julio de 1904. En septiembre de 1905 fue destinado al colegio de San José de Valladolid, como profesor de álgebra y trigonometría, además de dirigir las lecturas del comedor y de confesor de los alumnos. Pero le llegó su turno a la prueba de la tercera probación, y en septiembre de 1906 viajó a Manresa (Barcelona), donde permaneció un año. La cual finalizada, Malaxechevarría estaba ya preparado para dar comienzo a otra etapa importante de su vida apostólica, docente y de escritor.

Su primer destino fue Donostia: serían cinco años (1907-1912) de pura pastoral en aquella residencia de la calle de Garibay. Aquí emitió el 4.º voto el 2 de febrero de 1908. Se desempeñó como operario, moderador de la congregación de la buena muerte; presidente de los casos de conciencia; regulador de la lectura del comedor; confesor en la iglesia; moderador de la Asociación de Hijas de Caridad y San Vicente de Paúl; prefecto de la biblioteca; ayudante del director general de las escuelas dominicales de la ciudad; director de los retiros mensuales a la curia de Beata María Virgen de las Reparadoras; encargado de recoger datos para las cartas anuas de Roma; escritor de la historia de la casa; visitador de las escuelas de la ciudad; confesor en la iglesia y consultor.

Residiendo en Donostia-San Sebastián el 17 de mayo de 1911, fiesta de San Pascual Bailón, firma la tercera parte (la conclusión, «Almas eucarísticas») de su colaboración en Euskal­-Erria, Revista Bascongada, titulada «Historial de las instituciones eucarísticas de Guipúzcoa». Después de un documentado estudio de la tradición eucarística en Euskadi y personajes destacados en la defensa de esta devoción, como el jesuita expulso Sebastián Mendiburu y el marino Antonio de Oquendo, Malaxechevarría concluye: «Por eso los piadosos vascongados, los amantes de la Eucaristía, el pueblo vasco, el más eucarístico del mundo (porque lo es), es también puro, como el aire de sus montañas, luciente y riente, como sus campos y tierras bien cultivadas, fuerte como sus rocas, brioso como las olas de su Cantábrico mar, y es porque es el más eucarístico».

Desde 1912 a 1920 vivió en la residencia Profesa de la calle de Ayala de Bilbao, donde desplegaría todas sus actividades apostólicas y pastorales: operario, director de la asociación de madres de San Vicente de Paúl y de Santa Teresa para maestras; visitador de cárceles y hospitales; confesor en la Iglesia; visitador de las escuelas privadas; misionero volante; moderador de la asociación del Instituto externo de las Reparadoras; explicación del catecismo a obreras en las Reparadoras y en cinco escuelas de la villa; visitador de las localidades de Alonsotegi, Desierto, Erandio y Sondika; confesor en la iglesia, catecismo en las escuelas nocturnas de la calle Ronda; ejercitador de hombres y mujeres, etcétera. Como descanso, en septiembre de 1920 fue destinado a la pequeña (seis padres y tres coadjutores) residencia de Segovia, donde estaría, ayudando al párroco como misionero viajero por los pueblos, dos años (1921-1922).

En septiembre de 1922 volvería al Colegio Máximo de Oña, donde estuvo tres años (1922-1925) como profesor de historia eclesiástica y patrología, y escritor. Es muy fácil que aquí preparase la edición de su libro más relevante, La Compañía de Jesús por la instrucción del pueblo vasco en los siglos XVII y XVIII. Ensayo histórico, que se editaría en San Sebastián en 1926. Además, fue examinador de los neosacerdotes; explanador del catecismo a los hermanos coadjutores; profesor de patrología; prefecto de tonos de los filósofos; exhortador en los retiros mensuales a los sacerdotes y padre espiritual de la comunidad.

De Oña fue trasladado a la residencia de Logroño (1925-1928), como superior y procurador; operario; director del apostolado de la oración; moderador de la conferencia de San Vicente de Paúl; expositor del catecismo en la iglesia; exhortador en los retiros mensuales a alumnas del magisterio; confesor en la iglesia.

En 1928 era destinado a América, a la República de Venezuela, al colegio de la petrolífera ciudad de Maracaibo, donde estuvo cinco años (entre el 10 de septiembre de 1928 y el 28 de diciembre de 1932), como superior de la residencia de esa ciudad y concluye las obras de la iglesia, trasladándose al nuevo edificio los operarios de ella el 30 de octubre de 1928. Llevaba varios cargos que desempeñar: superior y procurador; operario; dirección de las conferencias de San Vicente de Paúl en la rama de mujeres; director del apostolado de la oración; moderador diocesano y local del apostolado de la oración; visitador de las escuelas de la ciudad; expositor del catecismo y homilías en la iglesia y confesor en la misma.

En 1933 fue nombrado profesor en el seminario interdiocesano de Caracas, donde estuvo diez años (1933-1943), ejerciendo de prefecto espiritual de la casa y de los seminaristas, y de los alumnos de las escuelas superiores; profesor de cosmología, psicología, apologética, teología, ética, historia de la filosofía y Sagrada Escritura; moderador del apostolado de la oración y de las congregaciones marianas y de San Luis Gonzaga; prefecto de las clases de catecismo y de la lectura en el comedor; expositor de los puntos de la meditación a los hermanos coadjutores; confesor de la comunidad y en la iglesia y de los alumnos; examinador de los neosacerdotes y admonitor.

Después de diez años en la capital Caracas, a sus setenta años ya nunca volverá a ejercer la docencia superior, si bien se entregó con celo a la pastoral, mientras lo permitió su progresivo deterioro mental, hasta acabar los dos últimos años encerrado en el sanatorio psiquiátrico de Santa Águeda de Arrasate/ Mondragón (Gipuzkoa).

Fue destinado al colegio de San José de la ciudad de Mérida (Venezuela), como padre espiritual de la comunidad y prefecto de la biblioteca; confesor de los alumnos y explanador de los puntos de la meditación a los hermanos coadjutores. Pero su paso por Mérida fue solamente de un año, pues en 1944 volvería a Caracas, aunque esta vez a la residencia de San Francisco, como operario, predicador, ejercitador y confesor en la iglesia, durante tres años (1944-1947). Tras los esfuerzos de Semana Santa de 1946 se somete a los cuidados del enfermero coadjutor Goñi bajo régimen médico.

Ya muy gastado, un nuevo relevo, aunque sin salir de la capital Caracas, lo hizo retornar a su querido seminario interdiocesano de Santa Rosa de Lima por tres años (1947-1949), como ayudante del bibliotecario o simplemente orando por la Iglesia y la Compañía.

Su estado de salud aconsejó enviarlo a Loiola en 1951, adonde viajó acompañado por el P. Aranzadi. Y así, hizo el viaje de vuelta a su patria chica, después de una estancia por tierras americanas de veintidós años. Fue recibido en la enfermería de Loiola y al poco tiempo fue recluido en el sanatorio de Santa Águeda, donde fallecería el día 17 de junio de 1953; pero su cadáver fue llevado al cementerio de Loiola, donde reposan sus restos mortales.

Su desaparición fue muy sentida, sobre todo en Caracas, donde se había granjeado numerosos amigos por su trato exquisito y su gran servicialidad, siempre dispuesto para ayudar a los demás.

Hoy Malaxechevarría es recordado fundamentalmente por su libro La Compañía de Jesús por la instrucción del Pueblo Vasco en los siglos XVII y XVIII en el que, cuando nadie se dedicaba a hacer historia de la educación, él redactó una investigación señera, en la que aduce pruebas suficientes para acreditar que en los colegios de Oñati, Bergara, Lekeitio y Pamplona/Iruña se empleaba el euskera para explicar el catecismo. Aporta interesantes referencias relativas a cuál fue la actitud de los jesuitas respecto a la lengua vasca. Advierte que, en aquellos tiempos, el uso del vascuence era muy general en Pamplona. En esa lengua se predicaba en la iglesia pamplonica de la Anunciada, no solo en Cuaresma y Adviento sino también en las fiestas y domingos. No cabe la menor duda que los jesuitas se dedicaban a enseñar la doctrina en vasco y además recurrían para la más eficaz comprensión de las masas, a aderezar la explicación con versos y cánticos, ciñéndose al grado de implantación de la lengua vasca de cada territorio. Malaxechevarría destaca la sensibilidad de los jesuitas por el euskara, dando noticias de algunos reglamentos internos de ciertos colegios, redactados en esta lengua. Insiste en que la práctica habitual de la Compañía fue la de utilizar los idiomas hablados en cada zona que enseñaban, como algo que se desprende de la más elemental pedagogía, pero solo mientras los alumnos no dominaban la lengua oficial, el castellano. Nos recuerda la gran contribución de la Compañía a la redacción de catecismos en lengua vasca. Concluye que los padres de la Compañía estuvieron imbuidos de una mayor sensibilidad, a la hora de utilizar la lengua vasca, para comunicar la doctrina a los que solamente conocían esta lengua, es decir, los niños y los campesinos.

En resumen, Malaxechevarría fue un convencido ignaciano, esencialmente autodidacta, muy obediente a los destinos pastorales y docentes que los superiores le fueron asignando, que lo dispersaron en múltiples tareas que ahogaron su propensión al estudio de la historia de la Compañía de Jesús en Euskadi.


Obras

«Historial de las Instituciones Eucarísticas de Guipúzcoa», Euskal­-Erria. Revista Bascongada, LXV (1911), pp. 53 y 112-163. Reprod. San Ignacio y la Eucaristía. Adoración Nocturna Española. Conmemoración del IV Centenario del Tránsito de San Ignacio de Loyola al Cielo, Zarauz: Icharopena, 1956, pp. 45-80.

La Compañía de Jesús por la instrucción del Pueblo Vasco en los siglos XVII y XVIII: ensayo histórico, San Sebastián: Imprenta y Librería San Ignacio de Loyola, 1926.

El doctor Martín de Olabe, discípulo aprovechado y fiel intérprete del pensamiento de San Ignacio, estudio histórico, Roma: Imprenta de la Pontificia Universidad Gregoriana, 1940.

Bibliografía

ANÓNIMO, «Malaxetxebarria», Biografías de jesuitas bizkainos, manuscrito en AHL (Archivo Histórico de Loyola), caja 145, carpeta núm. 3.


Fuentes.

CATALOGUS  PROVINCIAE  CASTELLANAE SOCIETATIS  IESU. Años 1888-1954.

CATALOGUS  POVINCIAE  CASTELLANAE ORIENTALES. Años 1944-1954.


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