Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores guipuzcoanos

MÚGICA MÚGICA, Gregorio (usó numerosos seudónimos: J. M. de Ojarbide, G. de Biona, Jeme, Berrizale, Zarzale, J. de Zumuarregui, Bildari, J. de Zumarraga y Deñoka’tar Goserio) (Ormaiztegi, Gipuzkoa, 24 de diciembre de 1882 – Donostia-San Sebastián, 22

Cargos y oficios

Ingeniero mecánico, funcionario de la Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa, periodista, promotor cultural y escritor bilingüe

Trayectoria

Gregorio Jesús Bonifacio Múgica Múgica era el primogénito de Serapio Múgica Zufiria y de Ignacia Múgica Arregui. Nació el 25 de diciembre de 1882. Le siguieron María de los Remedios (nacida el 1 de septiembre de 1884), Leandro Blas (14 de marzo de 1888), José Esteban, futuro alcalde de San Sebastián (6 de agosto de 1894) y Leandro, todos bautizados en dicha Parroquia San Andrés Apóstol de Ormaiztegi, Gipuzkoa.

La familia paterna era oriunda de dicho pueblo, donde su padre Serapio María Múgica Zufiria había nacido el 14 de noviembre de 1854, hijo de Pedro Nolasco Múgica Beguiristain y de Carlota Zufiria Peña. Serapio fue archivero, inspector de los Archivos Municipales de Gipuzkoa y cronista de Gipuzkoa, recordado por su obra Curiosidades históricas de San Sebastián (1900).

Gregorio, acabados sus estudios de bachiller en San Sebastián, hizo la carrera de ingeniería mecánica y peritaje industrial, pero desde muy joven destacó por su inquietud sobre la suerte del euskera, dedicando toda su actividad extraprofesional a lo largo de su corta vida (cuarenta y nueve años) a promocionar esta lengua. A los veinticinco años empezó a notarse su activismo en favor de la lengua vasca, participando en la reunión para crear la asociación cultural vascófila Euskal Esnalea, junto a su padre Serapio, Arturo Campión, Karmelo Etxegarai, Txomin Agirre, Julio Urquijo, etc. Gregorio fue nombrado secretario de esa naciente sociedad, mostrándose como destacado y cálido orador euskérico. Ese mismo año Julio de Urquijo fundó la Revista Internacional de Estudios Vascos (RIEV) y el joven Múgica colaboró en la misma desde el primer número, con un artículo «Euskaldun gazteriari» (1907), que armó revuelo por el tono reivindicativo de su apelación impulsiva a los jóvenes en defensa del euskera, para que con hechos y no solo con palabras impidan que se pierda el euskera, símbolo identificativo de Euskadi. Son memorables sus palabras: «Y nosotros, los jóvenes vascos, los jóvenes vascos que estamos en la edad del aliento y el ímpetu, ¿hemos de permanecer quietos, callados y cruzados de brazos, viendo cómo se va perdiendo nuestra lengua? […] Jóvenes vascos, ¿tenemos corazón o no?, ¿amamos o no el euskera? […], tenéis que hablar en euskera y escribir en euskera. […]. Si no, […] cuando lleguéis un día a saber que el euskera se ha perdido, ¿no os avergonzaréis de decir que fuisteis vascos?». Ante las censuras de que fue objeto, Múgica optó por retirarse, pero Julio Urquijo, su amigo, protector y director de la RIEV, opinó lo contrario y le encargó otro artículo para el número siguiente. Se iniciaba así una incansable producción literaria que duró casi un cuarto de siglo (1907-1931).

En el periodo 1907-1911 publicó en la RIEV muchos artículos, tanto en euskera como en castellano, como el cuento «Choroa» (1907), «Euskeraren alde: Elgoibar’ko Euskal jaietan» (1907) y «Gure gauzak: bersolariak» (1908).

Como indicio de la amistad y colaboración de Urquijo y Múgica, este aportó datos a las obras paremiológicas de Urquijo, que era un apasionado de los refranes, publicando «Notas adicionales a los refranes de Sauguis» (1909), y «A propósito de un refrán» (1910), que es una carta a Julio de Urquijo en la que Gregorio afirmaba estar de acuerdo con la interpretación que hacía el primero del refrán de Sauguis «Orgak idien ailzinian».

Fuera de la RIEV redactó trabajos más extensos, como Eibar’ko seme ospatsuen batzuek («Algunos de los hijos más famosos de Éibar») (1908), que amplió en su Monografía histórica de la villa de Éibar (1910). En Bayona se imprimió Gure gauzak: bersolariak (1910) y en Donostia, Ernani’ar ospetsuak: Iturriaga, Kardaberaz, Urbieta (1910), donde biografió algunos hijos ilustres de Hernani, como el jesuita expulso, P. Agustín de Cardaveraz (1703-1770).

En 1911 apareció la revista científica y de cultura vasca Euskalerriaren alde, publicada en San Sebastián con el patrocinio de la Diputación Foral de Gipuzkoa. Fue fundada gracias al tesón de Gregorio de Mújica y sus dos más incondicionales colaboradores, Domingo de Aguirre y Carmelo de Echegaray, cronista de las Provincias Vascas, personas ligadas a la citada asociación Euskal-esnalea. Tenía el objetivo de investigar y promover la cultura vasca y perpetuar, difundir y cultivar la lengua vasca.

El Consejo directivo estaba formado por los señores citados más Arturo Campión y Julio de Urquijo. Gregorio de Múgica actuó desde el primer momento como director, y dejó de publicarse con la muerte de este en 1931. La revista fue un paso decisivo en cuanto a la divulgación de la cultura vasca y a la promoción de nuevos valores entre la juventud. Los veinte años de Euskalerriaren Alde fueron ricos de actuaciones y de frutos, en sus tres grupos de actividades: 1) fiestas euskaras; 2) concursos de artículos, y 3) certámenes histórico-literarios. Las fiestas euskaras fueron una continuación de las instituidas por Antoine d’Abbadie. Fueron notables las celebradas en Segura (1911), Zarautz (1912), Tolosa (1913) y Hondarribia (1914).

La dirección de Euskalerriaren Alde no le impidió a Gregorio continuar colaborando con la RIEV. En «Una canción vasca» (1913), Múgica criticó duramente una canción en euskera que Pío Baroja había insertado en Las inquietudes de Shanti Andía. Múgica fue un buen y sincero crítico literario. Lo vemos severo con Pío Baroja, pero más amable con el vizcaíno Antonio de Trueba (1819-1889), con quien simpatizaba por inspirarse en la literatura colectiva popular, que consideraba dotada de unos valores estéticos superiores, fundados en la autoridad del pueblo para determinar lo que es arte y lo que no (Trueba: su significación en la moderna literatura vasca, 1914). Entre 1917 y 1920 Múgica realizó una serie de entrevistas a personajes relevantes de la cultura vasca, que se recogieron en el libro Los titanes de la cultura vasca: Entrevistas (1962).

Quizá el hecho más relevante de la actividad vascófila de Gregorio fue su labor como secretario del Primer Congreso de Estudios Vascos, celebrado en septiembre de 1918 en Oñati. La celebración de este Congreso marcó un hito en los vascófilos apasionados, como Múgica, quien se encargó de resaltarlo en dos artículos seguidos: «El primer Congreso de Estudios Vascos» (RIEV, vol. 10, núm. 1, 1919: 98-111) y «Euzko Ikaskuntza, Sociedad de Estudios Vascos» (ibid.: 112-113). A continuación, Gregorio sería uno de los pilares de la Sociedad de Estudios Vascos, de la que fue vicesecretario desde su creación en 1918 hasta 1930, mismo periodo en el que su amigo y protector Julio de Urquijo era vicepresidente.

En el «Primer Congreso de Estudios Vascos», Gregorio hizo una exultante y detallada crónica de dicho Congreso, al que calificó de «el más general y amplio de cuantos han tenido lugar hasta la fecha», brotado del unánime sentir de los vascos, y al que habían prestado calor de vida gentes de todas las ideas y de todas las regiones del país. Los organizadores calcularon que «pasaron de 900 los particulares y entidades que se alistaron ofreciendo su apoyo moral y pecuniario», incluido el rey Alfonso XIII y varios obispos.

Gregorio no dejó de reseñar que él mismo participó en el Grupo IV (Historia), dirigiendo un cursillo sobre «Tradiciones y costumbres». El Grupo VII estuvo dedicado íntegramente a debatir la creación de la Sociedad de Estudios Vascos, bajo la presidencia de Esteban Bilbao, quien en el acto de clausura del Congreso pronunció un discurso exponiendo la finalidad que la Sociedad de Estudios Vascos perseguía e incitando a todos a que figurasen en las listas de la entidad que se acababa de crear. El domingo, día 8, fue el último de estancia en Oñati, con animación extraordinaria, y gran satisfacción «por el éxito increíble del Congreso vasco». Ante «una masa de conjunto abigarrado é impresionador», Gregorio de Múgica abrió el acto de clausura con un discurso en lengua vasca. Concluyó su crónica mostrando su confianza «en la eficacia práctica que a través del tiempo ha de tener la gran labor realizada en Oñate», y haciendo votos por que aquel Congreso fuese «el primer peldaño de una escala sin fin por la que asciendan triunfantes los estudios vascos», cuyo primer peldaño sería la Sociedad de Estudios Vascos.

En el segundo artículo, «Eusko Ikaskuntza, Sociedad de Estudios Vascos» (1919), Múgica señalaba que dicha Sociedad fue constituida para unificar y dirigir el renacimiento de la cultura vasca. El 22 de diciembre de 1918 se reu-nió la junta gestora y los representantes de las cuatro diputaciones, y, entre otros cargos, se nombró vicepresidente primero a Julio de Urquijo y vicesecretario general a Gregorio de Múgica, que permanecieron en estos cargos hasta 1930.

En 1927 Múgica obtuvo su mayor éxito editorial al recoger y publicar las anécdotas orales del bertsolari Pernando Amezketarra (1764-1823), en el libro Pernando Amezketarra, con sucesivas ediciones. Con este primer best seller de una obra en euskera intentó fomentar el amor por la lectura entre los campesinos y clases populares, a través de historias humorísticas y sencillas.

Múgica fue un periodista de amplio espectro literario (recordemos su formación académica como ingeniero industrial), cultivando varios géneros literarios en los dos idiomas, como la narrativa (¡Sembrad con amor!: Cuento, 1921), el teatro (¡Naitasunez erein!, 1930), la literatura popular (Pernando Amezketarra,1925); la entrevista, como Los titanes de la cultura vasca (1962), donde esbozó la personalidad de los hombres de cultura más famosos del País Vasco, como Txomin Aguirre, Telesforo Aranzadi, el capuchino Aita Donostia y Julio Urquijo, entre otros. Nos regaló un vívido retrato de estos personajes, incluyendo el ambiente y la forma de vida de cada uno, fruto de sus minuciosos y rigurosos interrogatorios.

Múgica fue principalmente un propagandista euskaldún y un divulgador de conocimiento, construyendo un puente entre el mundo académico y la gente común, siempre centrado en el idioma y la cultura de Euskadi. Abogó por el uso habitual del euskera, pero correctamente, como él practicaba en el periodismo escrito. Cabe señalar que en ese momento los vascoparlantes y los vascos todavía usaban el español, principalmente para sus escritos. Además, muchos despreciaban el empleo del euskera.

Gregorio fue un ardoroso y empático orador en continuas conferencias, principalmente de temas de historia y de tradiciones, como la brujería o la tauromaquia. Pero sin perder nunca de vista sus fines propagandistas, pues siempre fue un activista, especialmente en el conflicto lingüístico entre el euskera y el castellano. En las fiestas y celebraciones vascas lo encontramos a menudo como ponente, especialmente en Gipuzkoa y Navarra. Tenía un gran don para llegar a todo tipo de público, despertando en él una intensa atención. Como en sus escritos, Gregorio era comprensible y claro en su discurso oral, y al mismo tiempo con su vehemencia adquiría un alto grado de adhesión en los oyentes.

Con la finalidad de despertar la afición por los estudios vascos y trabajar lo humanamente posible por la conservación, difusión y cultivo popular del euskera, Múgica también colaboró durante largos años en el Pueblo Vasco, de San Sebastián; en el semanario Argia y en el diario bilbaíno Euzkadi, pudiendo considerársele dentro de la estela del nacionalismo cultural, pero no dentro de su obediencia política. Fue un promotor cultural vasco, uno de los grandes euskerólogos de comienzo del siglo xx.

Obras

«Euskaldun gazteriari», RIEV, vol. 1, núm. 1 (1907), p. 48.

«Notas adicionales a los refranes de Sauguis», RIEV, vol. 3, núm. 5 (1909), pp. 527-530.

Monografía histórica de la villa de Éibar, Irún: Viuda de B. Valverde, 1910.

Gure gauzak: bersolariak, Bayonne: Imp. Lamaignère, 1910.

Ernani’ar ospetsuak: Iturriaga, Kardaberaz, Urbieta, Donostia: J. Baroja ta Semearen -Etsea, 1910.

«Una canción vasca», RIEV, vol. 7, núm. 2 (1913), pp. 143-144.

Trueba: su significación en la moderna literatura vasca, San Sebastián: Imp. Martín, Mena y C.ª, 1914, pp. 74.

Los titanes de la cultura vasca. Entrevistas (realizadas entre 1917 y 1920), vol. I, San Sebastián: Ed. Auñamendi, 1962.

«Euzko Ikaskuntza, Sociedad de Estudios Vascos», RIEV, vol. 10, núm. 1 (1919), pp. 112-113.

«El primer Congreso de Estudios Vascos», RIEV, vol. 10, núm. 1 (1919), pp. 98-111.

¡Sembrad con amor!: Cuento, Madrid: Ernesto Jiménez Moreno, 1921, 12 pp.

El espíritu de economía: sencillas reflexiones destinadas a ser difundidas entre los niños, Bilbao: Casa Dochao, 1922, 94 pp., ilustraciones.

Zurtasun-Gogoa: umeentzat oartxo egokiak, Bilbao: Zubiri eta Zarzar’en Irarkola, 1923, 84 pp., ilustraciones.

Fernando Amezketara: bere ateraldi ta gertaerak, San Sebastián: Iñaki Deunaren Iraola, 1927, 128 pp.

¡Naitasunez erein!, Donostia: Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa, 1930.

Bibliografía

Arocena, F., «Estudio introductorio», Monografía histórica de la Villa de Éibar, Zarauz: Ed. Icharopena, 1956.

Estornés Lasa, B.: «Gregorio Múgica Múgica», Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco, B.: Literatura II, San Sebastián: Ed. Auñamendi, Estornés Lasa Hnos., 1970.

Garmendia Lasa, E., Gregorio Mujika (1882-1931): Euskalerriaren alde eta Euskal-Esnalea, Vitoria-Gasteiz: Eusko Jaurlaritzaren Argitalpen Zerbitzu Nagusia, 1998, 28 pp.

Mújica, S., Curiosidades históricas de San Sebastián; con un epílogo de Carmelo de Echegaray, Bilbao: Imp. y Enc. de Andrés P. Cardenal, 1900.

VVAA, Homenaje a D. Julio de Urquijo e Ybarra: estudios relativos al País Vasco, San Sebastián: Sociedad Vascongada de Amigos del País, 1949-1950.

Proyecto financiado por los fondos Next Generation EU en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España


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