Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras vizcaínos

LABAYRU Y GOICOECHEA, Estanislao Jaime de (Batangas, Filipinas, 7 de mayo de 1843 – Bilbao, 22 de enero de 1904).

Cargos y oficios

Sacerdote, historiador y periodista

Trayectoria

Nació en Batangas, capital de la provincia del mismo nombre situada en la región de Calabarzón en Filipinas. Su padre, Nicolás Delfín de Labayru y Monet, nacido en Zaragoza, aunque con ascendencia de Isaba/Izaba (Navarra), era entonces gobernador militar de la provincia de Batangas. Su madre, Bonifacia Goicoechea, era bilbaína.

De regreso a España, cuando aún no había cumplido el primer año de vida, el padre falleció en la travesía. La madre fijó su residencia en Bilbao. Tras sus primeros estudios en la villa, Estanislao cursó la carrera eclesiástica en Vitoria-Gasteiz, Burgos y Barcelona. Doctor en leyes y cánones por la Universidad eclesiástica de Toledo en 1871, fue ordenado sacerdote en Vitoria en diciembre de 1872.

Ejerció su ministerio en Bilbao, como coadjutor y confesor en la iglesia parroquial de los Santos Juanes, de la que renunció a ser párroco para dedicarse con mayor intensidad al estudio. Al pertenecer a una familia acomodada, era propietario de algunas fincas y no quiso aceptar cargos de actividad religiosa que le distrajeran de su vocación literaria e investigadora. Se limitó a ser examinador sinodal y director espiritual de varias comunidades religiosas de Bilbao. Vivía en la calle de la Ronda, en casa de su hermana Carmen (nacida en Manila, en 1842), que estaba casada con el comerciante de loza don Manuel de Maguregui y Aransolo y eran padres de varias hijas.

En un ambiente de polémica político-religiosa, dedicó muchos esfuerzos a la creación y a la colaboración en la prensa. Y fue esta una de las facetas que mejor conocieron los bilbaínos de la época. Fue defensor del carlismo en una línea próxima al integrismo. Fundó en 1880 el diario carlista La Voz de Vizcaya, sustituido por Lau-Caru el mismo año y luego por Laurat-bat, hasta el año 1883.

En 1884 se le atribuye la fundación de El Vasco (luego El Basco), y a partir de 1899, La Trinchera, diario católico-político que fue afín a las ideas de Cándido Nocedal. Fue un activo redactor de su semanal, Apis. La temática que une a la mayoría de estos trabajos breves de Labayru es la de las vidas y hechos referentes a la historia religiosa de Bizkaia o del País Vasco en general. Así, por ejemplo, cuando trata de desentrañar el enigma del hereje de Plasencia, Jerónimo de Mendoza; la expulsión de los jesuitas en las Vascongadas en tiempo de Carlos III; las reliquias de la iglesia de Santiago, en Bilbao; la fundación de la parroquia de Elorrio; o los datos sobre religiosos, como el bermeano Juan de Camuy; el escritor Roque de Menchaca, de Laudio/Llodio; el franciscano vergarés Fr. José de Jesús María (Ignacio de Irala); el dominico vizcaíno Fr. Pedro de Ochoa, etc., y otros curiosos e interesantes temas de la historia bilbaína.

Labayru colaboró también en Lau-buru, Laurac-bat, Beti-bat y otros diarios de vida efímera, como La Juventud Católica Vizcaína. Revista Científico-Literaria y el Boletín de la Peregrinación de Ntra. Sra. de Begoña. Publicó diversos artículos históricos relacionados con Bizkaia en las revistas Euskal-Erria (1886-1909) y Boletín de la Comisión de Monumentos de Vizcaya (1909 y 1913).

Al mismo tiempo, Labayru se dedicó a una intensa labor de investigación. Publica a partir de los años 1870 sus obras menores de carácter religioso. En 1879 terminó su estudio sobre La Iglesia y la Enseñanza. Breve estudio crítico-histórico de los servicios que el catolicismo ha prestado a la instrucción pública. En 1880 una biografía, del vizcaíno Fray Juan de Zumárraga y en 1889 las Lecturas eucarísticas, una extensa obra de finalidad piadosa, pero fruto de un concienzudo trabajo teológico. En 1893 sale la edición definitiva de la Galería de vascongados ilustres en religión, que recogía las vidas de varios religiosos del Señorío, que había publicado con anterioridad, como sor María Josefa del Rosario, el padre Urrusolo o Francisco de Ugalde, mártir en el Gran Chaco.

El prestigio de Labayru como historiador se basa en su monumental Historia General del Señorío de Bizcaya, cuyo primer tomo apareció en 1895. Se trata de un trabajo ingente de investigación en archivos públicos y privados que fue publicando puntualmente cada dos años. En total suman 5.070 páginas en infolio. Los motivos que —según él mismo señala— le llevaron a realizar este trabajo fueron su conciencia de vasco, que debía a su madre, la pertenencia a la raza eúskara y la endeblez de las historias poco reales con las que hasta entonces contaba el Señorío: «Restaurar lo verdaderamente histórico, apuntar lo probable y disipar las nieblas aquí y allá esparcidas sobre la nación Euskalduna, con preferencia lo concerniente al Señorío o Condado de Bizcaya, es mi intento».

La obra está estructurada en forma de anales que recogen todos los aspectos del devenir histórico, religioso, comercial, cultural, artístico, etc., de su tierra. Le interesa cualquier noticia que se refiera ya a un gran acontecimiento político o la inauguración de una pequeña parroquia o el dato biográfico de un vizcaíno destacado. El tomo primero, el menos homogéneo y ordenado, se extiende a todo el País Vasco. Según el autor, debía servir de introducción y por ello traza unas líneas generales. Estudia los orígenes de los vascos hasta el siglo xi y va desmontando los mitos tradicionales: Bizkaia no fue Cantabria, ni recibió el cristianismo en tiempos apostólicos. No hubo señores anteriores a Jaun Zuria, cuya existencia histórica también rechaza, lo mismo que la batalla de Arrigorriaga. El interés por el dato histórico le llevó, por ejemplo, a oponerse en el informe que presentó —junto con Carmelo de Echegaray— a la Diputación en 1910 a que el motivo central de la vidriera del palacio fuera la jura de los Fueros por Jaun Zuria. A partir del tomo segundo, el contenido es más rigoroso y ordenado. El volumen segundo abarca hasta el año 1400, y los siguientes corresponden cada uno a un siglo. Termina con un sexto volumen, en el año 1800.

La idea de Labayru era seguir investigando hasta el reinado de Isabel II, pero falleció en enero de 1904 sin haber terminado el volumen VII. En sesión de 21 de junio de 1907, la Diputación decidió que don Carmelo de Echegaray, cronista de las Provincias Vascongadas, preparara la publicación de dicho tomo contando con los papeles que conservaba la familia del historiador. Por diversas circunstancias, Echegaray falleció en 1925 sin terminar su cometido. Finalmente, el manuscrito de Labayru, que fue a parar a la Diputación de -Bizkaia, sirvió para preparar el tomo VII en la segunda edición de la Historia General de Labayru por «la Gran Enciclopedia Vasca» en 1970. En este volumen se incluyen los trece capítulos que Labayru dejó terminados, con sus respectivos apéndices, que abarcan hasta 1813.

Labayru dejó unos apuntes breves que conservaban en dos carpetas las sobrinas del historiador y la Biblioteca de la Diputación de Bizkaia, que recogió en un volumen VIII Carlos González Echegaray en una nueva edición de 1972.

Estanislao de Labayru recibió en vida numerosos reconocimientos. El 26 de julio de 1891 fue nombrado correspondiente de la Real Academia de la Historia. En 1895 la Diputación Provincial le otorgó el título de cronista honorario del Señorío. En abril de 1897 obtuvo en Madrid un Despacho de Nobleza y Blasones, tras el estudio elaborado por José María de Rújula. El 5 de abril de 1899 el Ayuntamiento de Bilbao le nombró hijo adoptivo de la Villa: «En testimonio y reconocimiento de sus méritos como escritor, demostrados elocuentemente en su monumental obra intitulada Historia General del Señorío de Bizcaya».

El 27 de marzo de 1908, la Diputación acordó colocar el retrato de Labayru en uno de los salones del palacio provincial, también por su ardua y enojosa labor de investigación, en la que incluso invirtió recursos relativamente cuantiosos de manera desinteresada. El lienzo fue encargado al pintor guipuzcoano José de Echenagusia Errazquin, también autor del retrato de Labayru incluido entre los sacerdotes asistentes a la coronación de la Virgen de Begoña el 8 de septiembre de 1900, que cuelga en el interior de la Basílica.

La obra de Labayru fue objeto en su época de diversos juicios. Al aparecer el primer volumen de la Historia de Vizcaya, Miguel de Unamuno lo consideró como un conjunto de noticias desordenadas y más o menos verídicas. Lo que, en opinión de Mañaricúa, es «un juicio injusto del tomo publicado y más si se quiere extender a toda la obra». Sabino Arana fue también contrario, pero no entró a valorar la parte histórica de ese primer volumen. La crítica del político nacionalista quedó en sus comienzos, quizá por la suspensión gubernativa de Bizkaitarra, periódico en el que emitió su parecer. Otros autores, como Resurrección María de Azkue, el conocido heraldista y genealogista Juan Carlos Guerra o el académico Julio de Urquijo, alabaron la obra.

Mañaricúa considera en su Historiografía de Vizcaya que en la obra de Labayru no pueden olvidarse los documentos que publica. Documentos en su gran mayoría inéditos cuando él los dio a luz, y muchos que aún a día de hoy hemos de acudir a sus páginas para verlos impresos. Es, en su opinión, uno de sus méritos innegables. «Solamente los agrupados en los apéndices de los volúmenes II a VI suman 749 páginas en infolio y tendríamos que añadir otro centenar más con los documentos más importantes y extensos intercalados en el texto, como el capitulado de Juan Núñez de Lara de 1342; el capitulado de Hermandad de 1392; el Fuero Viejo de 1452; el capitulado de Chinchilla, etc.». Pero reconoce al mismo tiempo, que no carece de defectos. El principal consiste en su plan, más propio de unos «anales» que de una historia sistemática al estilo moderno. La causa de este plan sería el gran número de datos que Labayru poseía en sus apuntes y que no quiso sacrificar. A pesar de la falta de sistemática, señala que el historiador publicó ordenadamente todo el fruto de su investigación. Y así, aunque la obra sea difícil de leer, ahí radica su principal y evidente utilidad para el investigador contemporáneo. «Es muestra de la historia empírica, del positivismo historiográfico y la crítica de fuentes».

En definitiva, Labayru superó ampliamente cuanto antes de él se había escrito. Mañaricúa concluye que el autor cierra el siglo xix y es una obra cumbre de la historiografía: «Los grandes infolios de Labayru son un avance. Es verdad. Pero no nos engañemos. Entra Vizcaya en el siglo xx sin tener aún esa “historia” en relación a su pasado, ordenada, sistemática, orgánica y armoniosa, que desearíamos».

Obras

La Iglesia y la Enseñanza. Breve estudio crítico-histórico de los servicios que el catolicismo ha prestado a la instrucción pública, Bilbao: Velasco, 1879.

Estudios y hechos de la vida del Iltmo. y venerable vizcaíno D. Fr. Juan de Zumárraga, natural de Durango. Primer obispo y arzobispo de Méjico (siglo xvi), Bilbao: Velasco, 1880. Reed. En Bilbao: La Propaganda, 1896. Ha sido reproducida en la edición de la Historia por «La Gran Enciclopedia Vasca», VII, 1970, pp. 455-657.

Breve biografía de la venerable vizcaína Sor María Josefa del Rosario, Bilbao: Pérez, 1881.

Ligeras noticias acerca de la vida, virtudes y muerte del Padre Francisco de Ugalde, mártir vizcaíno en el Gran Chaco, América del Sur, 1756, Bilbao: Calle, 1882.

Galería de vascongados ilustres en religión. El taumaturgo Urrusolo, oriundo de Vizcaya, Bilbao: Calle, 1882.

Lecturas eucarísticas, por el Pbro. Dr. D. Estanislao de Labayru. Precedidas de una carta prologética del Dr. D. Francisco Sáenz de Frutos, canónigo penitenciario de la Santa Iglesia Catedral de Vitoria y Rector del Seminario Conciliar de dicha Diócesis, Bilbao: Bulfy, 1889.

Galería de Vascongados ilustres en Religión, 2.ª ed. corregida y aumentada, Bilbao: San Francisco de Sales, 1893. Ha sido reproducida en la Historia, por La Gran Enciclopedia Vasca, VII, 1970, pp. 659-844.

Historia general del Señorío de Bizcaya, Bilbao-Madrid: La Propaganda/Victoriano Suárez, vols. I y II, 1895-1897; vols. III-VI, Bilbao: Andrés P. Cardenal, 1899-1903, vol. VII, Bilbao: La Gran Enciclopedia Vasca, 1970; vol. VIII, Bilbao: La Gran Enciclopedia Vasca, 1972.

Compendio de la historia de Vizcaya, Labayru, E., y Herrán, F., Bilbao: Artes Gráficas, 1903.

Bibliografía

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Azcue, R. M.ª de, «Labayru», Euzkalzale, núm. 3 (1899), p. 17, y «Labayru’ren lana», ibid., pp. 117-118.

Chacón Delgado, P. J., Nobleza con libertad. Biografía de la derecha vasca, Bilbao: Atxular, 2015, pp. 425-433.

García Trujillo, S., «Bilbao, nudo gordiano de la cultura vasca entre los siglos xix y xx», Bidebarrieta (ejemplar dedicado a Bilbao y sus literaturas), núm. 19 (2008), pp. 315-341.

Liñán y Eguizábal, J. de, El nuevo cronista de Bizcaya, Bilbao: Imp. La Propaganda, 1897.

Mañaricúa y Nuere, A. E. de, Historiografía de Vizcaya. Desde Lope García de Salazar a Labayru, 3.ª ed. corregida, Bilbao: Universidad de Deusto, 2012, cap. XIV, pp. 391-408.

— «Carmelo de Echegaray y la “Historia de Bizcaya” de Labayru», Estudios de Deusto, núm. 15 (1967), pp. 559-576.

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