Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores vizcaínos

ZAMÁCOLA Y OCERIN, Juan Antonio (Dima, Bizkaia, 25 de enero de 1758 – Madrid, 24 de marzo de 1826).

Cargos y oficios

Escribano, periodista, historiador

Trayectoria

Hijo de Santiago Izaga-Zamácola y de María Ocerin, se crió en el seno de una familia acomodada, propietaria de algunas tierras y ferrerías. Dos de sus ocho hermanos fueron sacerdotes, siendo uno de ellos Juan Domingo Zamácola, historiador de Arequipa (Perú) y miembro de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. Otros dos, al igual que Juan Antonio, serían escribanos reales, entre ellos, Simón Bernardo [vid. Zamácola, Simón Bernardo].

Tras estudiar primeras letras y gramática, Juan Antonio trabajó para un escribano en Dima y pasó a Madrid como tal en 1775. En 1779 se le formó expediente de limpieza de sangre y pasó a ser escribano de número y en 1782 fue aceptado como escribano real. Destacó desde joven por su afición a los bailes y a la música que exhibió en diferentes tertulias madrileñas.

Volvió una temporada a Bizkaia, casando en 1790 con María Ana Villa Paño y combatiendo en la guerra contra la Convención. Sospechoso de colaborar con los franceses, regresó a Madrid, donde frecuentaba la compañía de un grupo crítico contra los excesos de las nuevas modas del que eran parte personajes como Pedro Estala, Juan Fernández de Rojas o Miguel García. Participó en diferentes polémicas periodísticas, por ejemplo, bajo el seudónimo de Don Preciso en el Diario de Madrid. Bajo el mismo seudónimo publicó Elementos de la ciencia contradanzaria en 1797, un libro que se mofaba de los petimetres, arquetipo de hombre afeminado, afecto a las modas y con una desmesurada influencia francesa. En 1799 pasó de la crítica a la exaltación en su Colección de las mejores coplas de seguidillas, tiranas y polos para cantar a la guitarra, donde se muestran, según él, los auténticos aires nacionales españoles. En un mismo sentido de impugnar las nuevas modas y restablecer la tradición debemos entender el intento de publicación, en 1804, del periódico Centinela de Costumbres. Esta actividad literaria hace que algunos autores hayan comprendido a Zamácola como primer folclorista español.

Paralelamente, en el Madrid de la época se daba otra polémica literaria en torno a la permanencia de los Fueros fundamentada en la antigüedad del euskera. Zamácola se relacionó con los apologistas lingüístico-forales vascongados de Madrid que se oponían a las tesis vertidas por autores como Francisco Martínez Marina, Joaquín Traggia, Manuel Abella, Vicente González-Arnau o José Antonio Llorente. Buena prueba de ello es que fuera uno de los albaceas de Pedro Pablo Astarloa, uno de los principales defensores y estudiosos de la antigüedad del vascuence, que murió en sus brazos en 1806. En la prensa de la época, bajo el seudónimo El Bascongado, Zamácola se lamenta por la pérdida de Astarloa y por el crispado clima polémico ante el ataque de sus detractores. Similares tensiones entre el gobierno de la Monarquía y la permanencia foral fueron aspectos que influyeron en el motín sucedido dos años antes en Bilbao conocido como la Zamacolada, nombrado así por el hermano de Juan Antonio, el escribano Simón Bernardo.

Durante la ocupación napoleónica Juan Antonio participó en la nueva administración josefina como comisario de policía. En 1812 fue nombrado caballero de la Orden Real de España. El personal de este ramo, encargado de mantener el orden público, fue especialmente perseguido tras la ocupación. Encontramos al vizcaíno exiliado, primero en Montpellier y luego en Auch, reclamando una pensión acorde con sus puestos de Grefier principal de los tribunales civiles de la Corte de España y Secretario General-Chef de Bureau del timbre.

Desde su exilio, en 1818, redactó Historia de las Naciones Bascas de una y otra parte del Pirineo septentrional. Publicada en tres tomos, se trata de un compendio histórico que va describiendo a los vascongados a lo largo de la historia. En el primer volumen se establece un orden cronológico desde una edad dorada primitiva hasta la llegada de diferentes naciones extranjeras, concluyendo el relato a finales de la Edad Media. Al final se narra la anexión a Francia de los vascos que vivían al norte de los Pirineos. El segundo volumen comienza con la historia de la anexión de los restantes territorios vascos a Castilla llegando hasta 1814. Acto seguido, lo restante del segundo tomo y el tercero adoptan un hilo conductor geográfico, centrándose en describir las diferentes regiones y poblaciones vascas y sus respectivas tradiciones a ambos lados de los Pirineos.

Por tanto, Zamácola siguió la estela del historiador suletino Arnaud Oihenart, sobrepasando las tres provincias vascongadas para abarcar las siete donde se hablaba el euskera. Según Zamácola, la unidad de los habitantes de dichos territorios quedaba corroborada al haber resistido a los invasores extranjeros (romanos, cartagineses, godos, moros…). Solamente la unión voluntaria a Castilla o Francia los integraría en una entidad política mayor, pero siempre manteniendo sus Fueros «códigos y leyes particulares, desde tiempo inmemorial, impresas en los corazones de sus naturales, y aun esculpidas en la misma lengua bascongada». Así, su obra retoma mitemas recurrentes desde el siglo xvi como el cantabrismo, vascoiberismo, igualitarismo o cristianismo primitivo.

El peso desmesurado de Bizkaia ante los demás territorios y la diferencia estilística entre algunos apartados parecen apuntar hacia una redacción en diferentes etapas. El exiliado escritor parece querer ganarse la simpatía de Fernando VII, mencionando neutral o positivamente al rey y a sus antecesores y planteando una reforma (que no abolición) de la Inquisición. Al mismo tiempo parece querer justificar la memoria de su hermano Simón Bernardo, la de algunos josefinos y liberales y la de las Provincias Vascas, de las que episodios como las machinadas o el conato guipuzcoano de anexión a la Francia republicana son convenientemente omitidos.

En 1820 volvió desde el exilio y publicó su Nuevos tribunales de España para hacer comprender las normas en las que se enmarcaba la nueva praxis administrativa dentro del sistema constitucional (en 1806 ya había publicado un Tribunales de España. Práctica de los juzgados del Reino). En 1822 publicó Perfecciones analíticas de la lengua Bascongada, dando a conocer así el legado del apologista Pablo Pedro Astarloa. Al mismo tiempo fue redactor de El Despertador, periódico de tendencia liberal moderada que se comenzó a publicar en Bilbao a finales de 1821 y cuya publicación se retomó en 1822, en la que el carácter político inicial fue sustituido por intereses literatos y noticieros. Calificado como rayano en la contrarrevolución, el periódico se centrará cada vez más en estudios sobre el vascuence o la conservación de danzas y músicas nacionales en contra de la corrupción extranjerizante.

La última noticia que poseemos de él es una carta al Ministerio de Hacienda, datada en febrero de 1826 en Madrid, pidiendo un empleo para sus hijos. En ella se alegan méritos pasados, como el haber ocupado diferentes puestos bajo Carlos IV, y se enumera su obra literaria. En dicha misiva se hace alusión al encarcelamiento sufrido en 1822 a causa de un artículo que escribió en la prensa y que disgustó a los liberales más radicales. Fallece un mes más tarde.

Como queda visto, la obra de Zamácola es diversa. Sin embargo, parece que su trabajo más influyente fue Historia de las Naciones Bascas. El recopilador de bailes y cánticos guipuzcoanos Juan Ignacio Iztueta cita algunos pasajes de este libro en su tratado sobre danzas publicado en euskera en 1824. A finales del siglo xix, Sabino Arana toma el libro de Zamácola como uno de los más relevantes en el que basar sus discursos. No es casual que sea reeditado en Bilbao por su amigo Sebastián de Amorrortu en 1898, y en 1900 de nuevo en la imprenta de José de Astuy.

Obras

Don Precioso, Elementos de la ciencia contradanzaria, Madrid: Fermín Villalpando, 1796.

— Colección de las mejores coplas de seguidillas, tiranas y polos que se han compuesto para cantar a la guitarra, Madrid: Imprenta de Villalpando, 1799.

El Bascongado, Señores Bascongados. Uriarte Astarloa, J. M.ª, Pablo Pedro Astarloa (1752-1806), Durango: Museo de arte e historia de Durango, 2002 [1806], pp. 512-517.

Zamácola, J. A., Historia de las Naciones Bascas de una y otra parte del Pirineo septentrional, 3 tomos, Auch: Viuda de Duprat, 1818.

— Nuevos tribunales de España, Bilbao: Imprenta de Apraiz, 1821.

— Perfecciones analísticas de la lengua Bascongada. A imitación del sistema adoptado por el célebre idiologista D. Pablo Pedro de Astarloa en sus admirables Discursos filosóficos sobre la primitiva lengua, Bilbao: Felipe Morales y Cía., 1822.

Bibliografía

Agirreazkuenaga, J., «Historiografian barrena, euskal herritarren kontakizuna: Juan Antonio Zamakola eta Pedro Jose Astarloa (1818)», Vasconia, 37 (2011), pp. 227-247.

De Ceballos-Escalera, A., y De Arteaga, A., La Orden Real de España (1808-1813), Madrid: Ediciones Montalbo, 1997.

Díaz Gorriti, V., Juan Antonio de Zamácola: su vida, obra y concepción estético-musical, Leioa: Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea, 2015.

Esteban Ochoa de Eribe, Javier, Discursos civilizadores. Escritores, lectores y lecturas de textos en euskera (c. 1767-c. 1833), Madrid: Sílex, 2018.

Fernández Sebastián, Javier, La génesis del fuerismo. Prensa e ideas políticas en la crisis del Antiguo Régimen (País Vasco, 1750-1840), Madrid: Siglo XXI, 1991.

Madariaga Orbea, Juan, Apologistas y detractores de la lengua vasca, Donostia-San Sebastián: Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia, 2006.

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