Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Obras y autores vizcaínos

URQUIJO MUGA, Mariano Luis (Bilbao, 9 de septiembre de 1769 – París, 3 de mayo de 1817).

Cargos y oficios

Secretario de Estado

Trayectoria

Hijo del abogado alavés Francisco Policarpo de Urquijo y de la vizcaína María Andresa Ramona de Muga Acha. Por parte de padre estaba emparentado con los Llaguno, una familia destacada en los cuadros administrativos de la Monarquía. Tras el desempeño de Francisco Policarpo en determinados cargos del Señorío de Bizkaia, al ocupar el puesto de abogado de los Reales Consejos en Madrid, la familia se trasladó a la Corte. Allí Mariano Luis realizó sus primeros estudios; a los ocho años con los escolapios del colegio de San Antón y a los doce con los dominicos del colegio de Santo Tomás. A los catorce fue matriculado en la facultad de artes de la Universidad de Salamanca, foco intelectual regalista especialmente subrayable en la época por la predisposición de determinados profesores a la economía política y que es marcado como momento de vital trascendencia para el joven Urquijo por parte de sus biógrafos. Debido a estrecheces económicas, Mariano Luis hubo de concluir sus estudios en 1791 con el grado de bachiller en Filosofía, Leyes y Cánones, posibilitándolo solamente para el ejercicio práctico.

Ese mismo año regresó a Madrid. Muy bien posicionado gracias a las relaciones forjadas en Salamanca, participó de círculos de sociabilidad selectos donde se relacionó con personalidades notorias de su tiempo. En el marco de esas tertulias tradujo La muerte de César de Voltaire, una conocidísima comedia a la que se sumaba un discurso inicial con propuestas sobre la reforma del teatro español. La obra causó revuelo y posicionó a Urquijo cercano al reformismo ilustrado. Acusado de impiedad por la Inquisición, la intercesión del secretario de Estado, el conde de Aranda, posibilitó que no sufriera una condena demasiado severa. De hecho, Aranda lo nombró oficial noveno de la Secretaría de Estado en 1792. Cuando el aragonés fue sustituido por Manuel Godoy, Urquijo no solo se mantuvo en su puesto, sino que escaló rápidamente hasta oficial segundo en 1794.

Su cercanía al nuevo ejecutivo y aptitud laboriosa parecen explicar que ese mismo año Mariano Luis de Urquijo ingresara en la Orden de Malta y su padre Francisco Policarpo fuera nombrado alcalde de casa y corte. Fue nombrado secretario de la legación de Londres, donde residió hasta 1796. Con tan solo veintinueve años, en 1798, ingresó en la prestigiosa Orden de Carlos III. Otro cambio de gabinete, esta vez en beneficio de Francisco Saavedra, no le impidió seguir ascendiendo como embajador de la República Bátava (Holanda). Además, por diferentes razones fue él quien, de facto, desempeñó las labores de secretario de Estado, es decir, encargado de la política exterior de la Monarquía Hispánica. Según han hecho notar diferentes historiadores, aquel fue, en su conjunto, uno de los gabinetes más ilustrados del siglo, con una clara agenda reformista. Entre las innovaciones más relevantes está el Decreto de 1799 por el que el rey y los obispos ganaban relevantes cotas de autonomía frente a la autoridad papal. Las complicadas relaciones con el Consulado francés, la Santa Sede y la oposición interna, entre quienes cabe destacar a Manuel Godoy, hicieron que Urquijo perdiera el favor real en 1800.

Acusado de malversación de fondos, Urquijo fue enviado a Pamplona en 1801, donde fue encarcelado. A los seis meses se le conmutó su pena por exilio en Bilbao, donde se le colmó de honores nombrándolo regidor bienal, diputado general de Bizkaia, padre de la provincia, socio de mérito de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País… Paradójicamente, fue él quien tomó posesión del título de alcalde de Bilbao en 1803 en nombre de Godoy.

En 1804 estalló el motín de la Zamacolada en Bilbao. A pesar de que el papel de Urquijo, de su padre y de José de Mazarredo (el primero jubilado forzosamente y el segundo también exiliado en Bilbao) parece haber sido el de mediadores que trataron de evitar males mayores, los jueces comisionados por el gobierno dictaron que habían instigado la revuelta, obligándoles a otro exilio. Urquijo marchó a Logroño junto con su padre en 1805, aunque un año más tarde consiguió regresar a Bilbao, donde redactó sus Apuntes para la memoria sobre mi vida política, un documento justificativo donde se trata de enaltecer su administración y se ataca a sus adversarios.

En 1808, el motín de El Escorial hizo caer a Carlos IV y a Godoy. El joven Fernando VII, recién coronado, amnistió a los exiliados y prisioneros por el anterior gobierno, entre ellos a Urquijo. En esta coyuntura envió al nuevo rey sus Apuntes. Urquijo fue designado para entrevistarse con el monarca en Vitoria con la intención de hacer que se quedara en el reino en vez de reunirse con Napoleón en Bayona. Haciendo caso omiso, el rey terminó abdicando en dicha localidad. Urquijo fue llamado personalmente por el emperador de los franceses, con quien mantuvo una prolongada entrevista. El bilbaíno, al enterarse de lo sucedido el 2 de mayo en Madrid, no dudó en calificar la insurrección fruto de la «ferocidad y barbarie».

Las ideas de Napoleón de la instauración de una nueva dinastía en España atrajeron a Urquijo, quien pareció encontrar en ello la manera de reactivar un gobierno reformista. En Bayona formó parte muy activa de la asamblea que redactó la constitución de dicho nombre. A pesar de mostrar múltiples iniciativas reformistas, como la abolición de los privilegios de la nobleza o determinadas reformas religiosas, Urquijo se mostró conservador en el mantenimiento de los Fueros vasco-navarros.

De hecho, en el desempeño de los diversos cargos que había ocupado, se distinguió por la defensa del mantenimiento del ordenamiento foral en una época en la que dicho entramado jurídico se puso en tela de juicio desde el gobierno. En el caso de Bayona, Urquijo redactó un Informe que hizo llegar al emperador el 5 de junio de 1808 donde se hablaba sobre la regulación de las órdenes militares, reorganización de tribunales de justicia y abolición de derechos feudales y jurisdiccionales. Dentro de este último punto recomendó prudencia a la hora de homologar territorios, teniendo muy presente la particularidad vasco-navarra. Como secretario de la asamblea de Bayona, trabajó conjuntamente con otros apoderados como José María Yandiola (por Bizkaia) o José María Lardizábal y Oriar (por Gipuzkoa), o con el presidente de la asamblea, el navarro Miguel José Azanza. La maniobra fue exitosa, manteniéndose los Fueros hasta la convocatoria de Cortes, donde serían discutidos de nuevo tal y como se plasmó en el art. 144 de la Constitución.

En 1808 Mariano Luis de Urquijo alcanzó el culmen de su carrera como ministro-secretario de Estado de José I, llegando a ser uno de los hombres de mayor confianza del rey dado su ímpetu reformista y obediencia. María Victoria López Cordón llega a afirmar que todas las medidas significativas del reinado pasaron por sus manos. Por ejemplo, la reforma eclesiástica y la desamortización josefinas se hicieron bajo su mandato, lucrándose con esta última medida los principales colaboradores josefinos.

Urquijo se mantuvo cercano a José I; junto al rey viajó a Francia al menos en dos ocasiones para pedir asistencia a Napoleón y le acompañó también en la exitosa campaña de Andalucía o en la retirada a Valencia. Esta estrecha colaboración le hizo ser nombrado caballero de la Orden Real de España (1809), llegando a ser su gran canciller. En 1812 ingresaría en la Orden del Toisón de Oro. Urquijo también acompañó a José I a Francia en su retirada definitiva en 1813.

En Pau colaboró en las labores de evacuación de los exiliados españoles pasando luego a París. Sus bienes fueron incautados dejando atrás suntuosas posesiones inmuebles y una notable biblioteca de 379 títulos en la que se demuestran sus intereses como gobernante. Siguiendo la estela de los principales josefinos, el bilbaíno mandó un memorial a Fernando VII y conocidos prohombres en España explicando su conducta y suplicando el perdón para aquellos que estuvieron bajo sus órdenes.

Tras justificar que su presencia en la Francia restaurada no resultaba un riesgo, obtuvo el estatus de refugiado y una pensión acorde. No se le conoce otra actividad política notoria hasta que murió en París en 1817, siendo enterrado en un lujoso sepulcro de Père Lachaise.

Su memoria fue reivindicada en un elogio fúnebre publicado en 1820, de cuya autoría se duda. Tiempo más tarde, en 1879, se puso su nombre a la Alameda de Urquijo, una de las calles más notorias de Bilbao. En 1888 sus Apuntes, que habían viajado con él en su exilio, fueron donados a la Biblioteca Nacional y editados en 2010 por Aleix Romero Peña.

Obras

La muerte de César. Tragedia francesa de Mr. de Voltaire: traducida en verso castellano y acompañada de un discurso del traductor sobre el estado actual de nuestros teatros, y necesidad de su reforma, Madrid: Don Blas Román, 1791.

Apuntes para la memoria sobre mi vida política, persecuciones y trabajos padecidos en ella. Romero Peña, A. (ed.), Logroño: Siníndice, 2010 [1806].

Informe de Mariano Luis de Urquijo al primer proyecto de Constitución de Bayona (remitido el 5 de junio de 1808). Fernández Sarasola, I. (ed.), La constitución de Bayona (1808), Madrid: Iustel, 2007, pp. 200-204.

Bibliografía

González Oliver, J., Calles y rincones de Bilbao, Bilbao: Ayuntamiento de Bilbao, 2007. Edición en línea: http://www.bilbaopedia.info/alameda-urquijo (consultado el 30 de julio de 2019).

López-Cordón Cortezo, M.ª V., «Un ilustrado en la encrucijada: Mariano Luis de Urquijo», VVAA, Nuevos Extractos de la RSBAP, San Sebastián: Diputación Foral de Gipuzkoa, 2013, pp. 15-70.

Monreal Zia, G., «Los Fueros Vascos en la Junta de Bayona de 1808», Revista Internacional de los Estudios Vascos, núm. extra 4 (2009), pp. 255-276.

Romero Peña, A., Reformar y gobernar. Una biografía política de Mariano Luis de Urquijo, Madrid: Siníndice, 2013.

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