Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia

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NOTITIA VASCONIAE Autores y obras aragoneses

LEONARDO DE ARGENSOLA, Bartolomé Juan (Barbastro, Huesca, 1562 – Zaragoza, 1631).

Cargos y oficios

Historiador y poeta.

Trayectoria

Nació y fue bautizado en Barbastro el 26 de agosto de 1562. Fue segundo de los cuatro hijos del matrimonio de Juan Leonardo y Aldonza Tudela (Luper- cio, Pedro y Ana María). Tras sus primeros estudios en Barbastro y Huesca, al trasladarse su padre a Zaragoza continuó los estudios en su Universidad, donde alcanzó el grado de bachiller. De allí pasó a Salamanca para recibir formación en Derecho canónico entre 1581 y 1584. En 1583 fue ordenado sacerdote. Bajo la tutela del duque de Villahermosa, fue nombrado en 1586 rector de la parro­quia de Villahermosa del Río (Valencia), mientras que su hermano, Lupercio, se convertía en secretario del duque.

Tras la muerte de Jerónimo de Blancas, solicitó a la Diputación de Ara­gón, sin éxito, el cargo de cronista. Tanto él como su hermano, comprometidos con la casa de Villahermosa durante las alteraciones de Aragón de 1591-1592, participaron en la defensa de los intereses del duque, acusado de traición y rebelión. Muerto el duque en prisión en 1592 y gracias al apoyo de su viuda, fue designado capellán, y su hermano secretario de la emperatriz María, viuda de Maximiliano II, retirada en el convento de las Descalzas Reales de Madrid. Los dos hermanos permanecieron en la Corte entre 1592 y 1603, fecha de la muerte de la emperatriz. Allí establecieron contactos con numerosos escritores de prestigio.

Después de una estancia breve en la nueva Corte, Valladolid, entre 1603 y 1606, en 1608 fue escogido, junto a Lupercio y otros escritores, para formar parte del séquito que acompañaría al nuevo virrey de Nápoles, el conde de Lemos. Fue en 1608 cuando su hermano Lupercio fue nombrado cronista de Aragón. A instancias del conde de Lemos, presidente del Consejo de Indias, Bartolomé redactó una historia de la conquista de las Molucas (1609). Barto­lomé vivió en Nápoles entre 1610 y 1614, donde participó, con su hermano y otros autores (el conde de Villamediana, Quevedo…), en la literaria Academia de los ociosos, patrocinada por el virrey Lemos.

Muerto Lupercio en 1613, el conde de Lemos recomendó a la Diputación de Zaragoza el nombramiento de Bartolomé como cronista. Sin embargo, no ocuparía el cargo hasta 1615. Este año también fue designado canónigo de La Seo de Zaragoza. Tras una breve estancia en Roma, regresó a la península en 1616. Además, en 1618, Felipe III le nombró cronista del rey para los reinos de la Corona de Aragón. En estos años, a instancias de la Diputación, comenzó la redacción de lo que sería la continuación de los Anales de Zurita. Su labor se vio interrumpida por los diputados, que le encargaron la elabora­ción de un tratado sobre los sucesos de 1591, pero quedó inacabado y no se imprimió. Participó también en la recopilación de los Fueros y observancias del reino de Aragón (1624). Finalmente, en 1630, publicó la Primera parte de los Anales de Aragón que prosigue los del secretario Gerónimo Zurita desde el año MDXVI. Murió en Zaragoza el 4 de febrero de 1631. Sería su sobrino quien edi­taría en 1634 la obra poética de los dos hermanos Argensola: Rimas de Lupercio y del doctor Bartolomé Leonardo de Argensola.

La publicación en Pamplona de la Historia apologética del reino de Navarra de García de Góngora y Torreblanca (atribuida bien a Juan de Sada y Amézque- ta, bien a varios autores anónimos) en 1628 (y que Argensola intentó impedir), dio lugar a una intensa polémica. En la obra de Sada, como antes en la de Esteban de Garibay, se criticaba a los historiadores aragoneses, especialmente al abad Juan Briz Martínez y su Historia de San Juan de la Peña, y a Lupercio Leonardo Argensola y su Declaración sumaria del reino de Aragón. Para los es­critores aragoneses, García Jiménez tomó el título de rey de Sobrarbe en San Juan de la Peña, y solo su hijo, García íñiguez, sería el primero en recibir el título de rey de Navarra y segundo de Sobrarbe, «con lo que quiere darle un rey de más antigüedad». De esta manera, en palabras de Sada, Navarra quedaba «debajo de la corona de Aragón». Sada, sin embargo, afirmaba que el primer monarca, García Jiménez, era navarro, elegido tras jurar los fueros «en la er­mita de San Pedro de la valle de Burunda», en el año 717, conforme a una bula papal atribuida a Gregorio II (y que Briz consideró una falsificación); es más, estimaba que por el testamento de Sancho el Mayor («el Magno»), este cedió Sobrarbe «con título de reino» al infante don Gonzalo («setecientos años des­pués que tuvo principio la Corona de Navarra»), y a su hijo ilegítimo, Ramiro, el reino de Aragón, hasta entonces solo un condado. Briz y Bartolomé Argen- sola, indignados, llegaron a cruzar siete cartas con Sada, en un tono elevado, y con mutuas acusaciones que ponían en duda la competencia historiográfica de unos y otros, e incluso la lealtad a la Monarquía de navarros y aragoneses.

En efecto, en la Primera parte de los Anales Bartolomé prestó especial aten­ción al intento de recuperación de Navarra por Juan de Albret de 1516, un reino en donde «todos los ánimos, según la calidad de sus esperanzas, se alteraron de manera que no pudieron encubrir la discordia interior». Argensola se mostró horrorizado por la decisión del cardenal Cisneros del derribo de las fortalezas del reino y dio cuenta de la posible implicación del condestable de Navarra y conde de Lerín, cabeza de los beaumonteses, en la intentona de Juan de Albret, y le acusaba del envenenamiento del coronel Villalba, responsable de haber frenado en el Roncal al ejército de los Albret. Estimaba que, tras la muerte de los reyes Juan y Catalina: «ha quedado en sus herederos viva la queja contra los reyes de España y en sus ánimos vivo el derecho y aun la esperanza». Con ello no hacía sino poner en duda la fidelidad navarra que otros autores, como Sada, habían rechazado al afirmar que Navarra, lejos de ser conquistada por Fernando el Católico, se había entregado sin resistencia.

La disputa historiográfica se enmarca dentro del renovado interés por la Historia no solo como una disciplina atenta a rememorar las glorias pasadas, sino como instrumento político, tanto en lo que suponía la manera de entender el gobierno y las relaciones con el rey, como para fortalecer el peso e influencia de los reinos en el seno de una Monarquía compuesta.

Obras

Conquista de las islas Malucas, Madrid: Alonso Martín, 1609.

Primera parte de los Anales de Aragón, que prosigue las del secretario Gerónimo Zurita, desde el año 1516 del nacimiento de Nuestro Redentor, Zaragoza: Juan de Lanaja, 1630.

Relación del torneo de a caballo con que la imperial Zaragoza solemnizó la venida de la reina de Hungría y de Bohemia, infanta de España, Zaragoza: Juan de Lanaja, 1630.

Rimas de Lupercio y del doctor Bartolomé Leonardo de Argensola, Zaragoza: Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia, 1634.

Bibliografía

Colás Latorre, G., «Los Argensola y la Historia», Argensola: Revista de Ciencias Sociales del Instituto de Estudios Altoaragoneses, 119 (2009), pp. 211-232.

Floristán ImÍzcoz, A., «Polémicas historiográficas y confrontación de identificaciones colectivas en el siglo xvii: Navarra, Aragón y Vasconia», Pedralbes, 27 (2007), pp. 59­82.

Montaner Frutos, A., «Leonardo de Argensola, Bartolomé Juan», Diccionario filológico de literatura española (siglo xvii), Galvela García, D., y Rojo Alique, P. C. (coords.), Jauralde Pou, P. (dir.), Madrid: Castalia, vol. I, 2010, pp. 679-701.

Ostolaza, M. I., «Debates historiográficos entre cronistas de Navarra y Aragón en el siglo xvii. A propósito de la Historia apologética y descripción del reino de Nava­rra, atribuida a Juan de Sada y Amézqueta», Revista Jerónimo Zurita, 80-81 (2005), pp. 227-252.

Cita bibliográfica

Usunáriz, J. M., “Leonardo de Argensola”, Jimeno Aranguren, R., (dir), Notitia Vasconiae. Diccionario de historiadores, juristas y pensadores políticos de vasconia, T. I, Marcial Pons, Madrid, 2019, pp. 687-689.

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