Baskoniako Zuzenbide Historiko eta Autonomikoaren Azterketarako Fundazioa

← Sarreretara itzuli

NOTITIA VASCONIAE ARABAKO EGILEAK ETA OBRAK

EGAÑA GONZÁLEZ-CID, Domingo Ignacio de (Zestoa, 1727 – ¿Tolosa?, 1786). Oficial y archivero del Real Consejo y Cámara de Castilla y de la Contaduría del Real Consejo de Órdenes, en Madrid, y secretario de Juntas y Diputaciones de Gipuzkoa

Euskarazko testua ez dago eskuragarri. Gaztelaniazko jatorrizkoa erakusten da. Gaztelaniazko fitxa ikusi →

Ibilbidea

Testua gaztelaniaz

Hijo de Manuel Joaquín de Egaña y Corta y de María González-Cid, nació en Zestoa el 11 de mayo de 1727. Casó en primeras nupcias con María Antonia de Jáuregui (natural de Gernika), madre de Bernabé Antonio, Diego, Martín y Francisco Manuel de Egaña y Jáuregui. Al enviudar con treinta y seis años casó en segundas nupcias, el 28 de agosto de 1765, con María Antonia Cortázar y Aróstegui, madre de Agustín Francisco, Casimiro Javier Martín Ignacio Ramón María, Pablo y Juan de Egaña y Cortázar.

El 15 de abril de 1769, con cuarenta y dos años de edad, remitió desde Azpeitia un memorial a la Provincia solicitando el empleo de secretario de sus Juntas y Diputaciones cuando se verifica su vacante. Se presentaba como na­tural y concejante de Zestoa y oficial jubilado de la Contaduría General de las Órdenes, que había atendido muchos años la secretaría de cámara del marqués de Los Llanos y servido a la Provincia en diferentes oficinas de la Corte «logran­do en todas el concepto de hávil y benemérito, especialmente en las Oficialías del archivo del Consejo de Castilla y en la referida Contaduría General de las Órdenes». Aspiraba con ello a retirarse a su patria, con la mitad del sueldo de su último empleo, «por haverse conceptuado contrario a su conservación el temperamento de Madrid, y ventajoso el de esta región». Ofrecía para ello «su filial amor y zelo» para servir a la Provincia, su práctica en la expedición de papeles y su conocimiento de la Corte, su Ministerio y Oficinas.

Vacante la Secretaría, en 1774, con el apoyo del conde de Oñati, fue nom­brado para su empleo, si bien compatibilizó el mismo con diversos encargos y comisiones. Así, el 1 de enero de 1783, día de elecciones en Zestoa, fue pro­puesto ante el congreso por alcalde de la villa y, «con aceptación de todos», quedó electo. Aceptó la designación Domingo Ignacio de Egaña y el 8 de fe­brero juró el cargo y tomó posesión de la alcaldía. Pero, a pesar de su deseo, apenas ejerció el cargo para el que fue elegido, pues solo presidió una reunión del Ayuntamiento de Zestoa, siendo sustituido en sus funciones por su teniente Juan de Irure.

En los últimos años de su vida, Domingo Ignacio de Egaña pudo vincular a su hijo Bernabé Antonio a la Secretaría de la Provincia, y con él pudo elabo­rar El Guipuzcoano Instruido, que vio la luz en 1780. Sus muchas ausencias, debidas a su larga enfermedad, consolidaron la posición de Bernabé Antonio para acceder a la Secretaría a la muerte de su padre, el día 4 de enero de 1786.

Su obra El Guipuzcoano Instruido en las Reales Cédulas, Despachos, y Ór­denes, que há venerádo su madre la Provincia: en los esméros, con que se ha dedicádo siempre al Real Servicio responde al deseo de Domingo Ignacio de Egaña, como secretario de los órganos de gobierno de Gipuzkoa, de controlar la documentación de la Provincia.

Tras el último gran inventario del archivo provincial realizado por Miguel de Aramburu en 1683 —que permitió la realización de la Recopilación foral
de 1691, impresa en 1696—, la Provincia siguió constatando la necesidad de tener a mano los datos documentados que le permitiesen acudir, con precisión y rapidez, a los negocios que surgieran.

Por ello, en 1752, deseando «tener a mano una noticia pronta de las de­pendencias que han ocurrido a esta Provincia», la Junta General de Arrasate- Mondragón de 2 de julio encomendó a Manuel Joaquín de Zabala que «formase un extracto de los más graves e importantes que han ocurrido desde el año de 1696, en que se imprimió el Libro de los Fueros y se reformó el ynbentario de los papeles del archivo de esta Provincia, y que este extracto pase de uno a otro en los señores Diputados Generales, [para] que informen a las Diputacio­nes de los puntos que en ellos haia y sean conducentes a las dependencias que ocurran, y se puedan también instruir algunos cavalleros que lo deseen».

No cumplió Manuel Joaquín de Zabala el encargo, pero sí lo hará Domingo Ignacio de Egaña quien, el 8 de julio de 1779, entregó en la Junta General de Azpeitia los dos tomos en folio que comprendía la obra —hoy desaparecida— a la que llamó Prontuario. Acompañaba a la misma un extenso memorial, en que exponía su voluntad de servir a la Provincia y su esperanza de contar con la benignidad de la misma.

Examinado su contenido por el diputado general Vicente María de Alcíbar Jáuregui, y los alcaldes de San Sebastián Juan José de Zuaznabar, y de Bergara Martín de Murua y Eulate, la Junta la aprobó y ordenó su impresión y difusión en todos los pueblos de la Provincia.

Los tres examinadores del Prontuario arriba citados coincidieron en seña­lar la bondad y gran utilidad de la misma, y en la necesidad de darla a conocer, mediante su impresión, para la formación e instrucción en los asuntos de la Provincia de todos los guipuzcoanos, y especialmente de los que ejercían car­gos políticos, así como en la necesidad de gratificar su trabajo con 3.000 reales anuales pagados de forma vitalicia, además de su salario ordinario.

Zuaznabar manifestó el «concepto ventajoso» que se había formado de la misma, la cual consideraba no útil, «sino utilísima, y de imponderable impor­tancia, pues estando compendiado en ella todo el gobierno de V. S.a desde el año de 1696 hasta el de 1778 por clases, y con una tabla alfabética que las par­ticulariza, previene o recuerda instantáneamente, no parece puede ofrecerse caso, ni dependencia alguna, por extraordinaria que sea, para cuyo breve des­pacho no traiga oportuno y estimable ejemplar, excusando las angustias que de otra manera son precisas a cada paso para hallarlos en el cúmulo de la inmensa papelería causada en tan largo tiempo».

De forma similar manifestó su opinión el alcalde Murua; y no menos favo­rable fue el diputado Alcíbar Jáuregui, valorando «el singular esmero con que se ha trabajado, y de venirse a los ojos el embarazo, dificultad y dispendio de tiempo que sin ella se necesita para encontrar, en el cúmulo inmenso de tantos registros y papeles, las noticias, casos y egemplares que conducen al acierto de los recursos y expedientes diarios caminándose por las venerables huellas de nuestros mayores». Si bien precisaba que convenía introducir algunas mejoras antes de su impresión, especialmente en las materias de Derecho público y civil, facilitando a los que hubiesen de hacer uso de ella la más rápida y sólida
fundamentación de sus argumentos, suprimiendo las disposiciones reales que no afectasen a Gipuzkoa, añadiéndose la relación de los cargos públicos pro­vinciales, cambiándose el título e introduciendo un prefacio.

La Junta General de Azpeitia de 9 de julio de 1779 asumió dichos dictá­menes, pidió al Domingo Ignacio de Egaña que retocase su obra y cambió su nombre por el de El Guipuzcoano Instruido…, y solicitó licencia de impresión a su corregidor Gaspar Llanos y Moreda, quien la extendió el 20 de marzo de 1780 al dirigirse la misma «a la instrucción, uso y servicio de ella, de sus pue­blos y naturales».

Calificada por Bernabé Antonio de Egaña como «obra trabajada con in­mensa prolijidad, exactitud y fatiga ímproba de muchos años por el secretario de orden de los comisionados de la Junta de 1779, cuya utilidad solo podrán comprender bien los que manejan la Secretaría y los que se aplican a su lectu­ra», fue en su tiempo considerada por la Provincia como obra «útil para el uso y servicio de los pueblos y naturales del País, esperando se afianzen por este medio los intereses de la instrucción».

A partir de abril de 1781 la obra impresa se fue remitiendo a los pueblos de la Provincia «para su reservado uso, por aora», sirviendo de instrucción a los guipuzcoanos, y especialmente a los políticos, llegándose a decir a mediados del siglo xix que «sin cuyo auxilio hace mucho tiempo que no aciertan nuestros prohombres á dar un solo paso en el terreno de los Fueros». Y sin cuyo auxilio no se podrá hacer en el futuro ninguna historia del siglo xviii sobre Gipuzkoa.

La obra tuvo enseguida una aplicación práctica en la vida pública provin­cial al ser un auténtico manual en donde, por orden de materias y, dentro de estas, por su fecha de aparición, se señalaban los principales autos, acuerdos de Juntas y Diputaciones, privilegios, mercedes, reales órdenes, etc. Su utilidad venía dada, sobre todo, porque era un rastreo profundo de todo el siglo xviii, lo que confería a la obra una actualidad y utilidad práctica indudable.


Obrak

Testua gaztelaniaz

El Guipuzcoano Instruido en las Reales Cédulas, Despachos y Órdenes que ha ve­nerado su madre la Provincia, en los esmeros con que se ha dedicado siempre al Real servicio: En la sumisión de sus representaciones y Recursos, para la recta administra­ción de Justicia y conservación de su originaria Nobleza, Fueros, Esenciones y Pre­rrogativas: y en las Providencias Políticas, Militares y Gobernativas, tomadas por sus Congresos generales, Particulares y Diputaciones, desde el año 1696 hasta el presente de 1780, con un índice alfabético que recuerda las materias en serie cronológica. Obra dispuesta por orden de los señores Comisionados de la Junta de 1779, San Sebastián: Imprenta de Lorenzo Riesgo Montero de Espinosa, 1780. Reed. crítica, El Guipuz- coano Instruido en las Reales Cédulas, Despachos y Órdenes que ha venerado su madre la Provincia, en los esmeros con que se ha dedicado siempre al Real servicio, Ayerbe Iribar, M.a R. (ed.), Donostia-San Sebastián: Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia, 2016.

Bibliografia

Testua gaztelaniaz

Ayerbe Iribar, M.a R., «Los Egaña, una saga de foralistas guipuzcoanos (s. xviii-xix)», Notitia Vasconiae, 1 (2002), pp. 189-216.

— «De la Escribanía Fiel a la Secretaría de Guipúzcoa (siglos xv-xviii)», Historia Iu- ris. Homenaje al Prof. Don Santos Coronas González, KRK ediciones-Universidad de Oviedo, I, 2014, pp. 403-433.

— «De la Escribanía Fiel a la Secretaría de Guipúzcoa (siglos xv-xviii)», y «El Guipuz- coano Instruido de Domingo Ignacio de Egaña», en El Guipuzcoano Instruido en las Reales Cédulas, Despachos y Órdenes que ha venerado su madre la Provincia, en los esmeros con que se ha dedicado siempre al Real servicio, San Sebastián: Fundación para el Estudio del Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia, 2016, pp. 9-62 (castellano) y 63-116 (euskera).

Espainiako Gobernuaren Berreskuratze, Transformazio eta Erresilientzia Planaren esparruan Next Generation EU funtsek finantzatutako proiektua


Laguntzaileak:

Diputación Foral de Gipuzkoa
Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades - Gobierno de España
IVAP