Karguak eta lanbideak
Testua gaztelaniaz
Militar, jurista, político, artista.
Ibilbidea
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Nacido en Pamplona/Iruña en el seno de una familia nacionalista vasca, fue el mayor de 12 hermanos. En los años de la Segunda República comenzó a estudiar la carrera de Derecho en la Universidad de Madrid y, en Pamplona/ Iruña, se dedicó al activismo político, haciendo campaña en favor del Estatuto vasco-navarro y siendo uno de los fundadores y líderes más destacados de la Asociación de Estudiantes Vascos de Pamplona.
El golpe militar de Emilio Mola obligó a Urmeneta a alistarse al Requeté, en el Tercio del Rey, una durísima decisión que, como la de otros nacionalistas vascos de Navarra, obedecía a la necesidad de salvar a su familia, pues su padre iba a ser fusilado, lo que hubiera dejado a su madre viuda, embarazada y con once hijos. Durante la guerra demostró unas dotes singulares para la estrategia militar y, fruto de su formación durante aquellos años y de sus éxitos en campaña, llegó a ser capitán de Infantería y jefe de batallón, lo que le supuso tener un mandato efectivo de comandante. Acabada la contienda civil superó la única asignatura que le quedaba para concluir la carrera de Derecho, ahora en la Universidad de Salamanca. La angustiosa circunstancia que vivía en esos momentos su familia, con procesos de responsabilidades políticas abiertos a su padre y otros familiares cercanos, acompañados de las correspondientes incautaciones de bienes, obligaron a Miguel Javier a dedicarse profesionalmente al Ejército. Asumió de esta institución el sentido del honor y del servicio, la frialdad de mente, la perspicacia y la sobriedad espartana, que incorporó a su vida y costumbres.
Se vio obligado a alistarse en la División Azul cuando Franco envió a la Segunda Guerra Mundial a los primeros de las respectivas promociones de la Academia de Transformación. Luchó en el frente ruso de Nóvgorod (1941-1942), y regresó como un héroe de guerra. Tras pasar por la Escuela de Aplicación y Tiro de Infantería, donde fue profesor y administrador de la caja (1943-1944), cursó estudios en la Escuela de Estado Mayor (1944-1949) y ascendió a comandante. Colaboró allí muy estrechamente con el capitán general Agustín Muñoz Grandes. Este lo envió a la Escuela de Estado Mayor del Ejército norteamericano en Fort Leavenworth (Kansas), en el momento en el que la dictadura española se abría a las potencias ganadoras de la Segunda Guerra Mundial. Urmeneta era el comandante de Estado Mayor que sabía más inglés, pero también el de mentalidad más progresista y, por tanto, el menos franquista, es decir, la imagen que el Ejército español necesitaba transmitir en Estados Unidos. Fue así, junto con Rafael Barbudo, el primer diplomado de Estado Mayor del Ejército español formado en un centro militar estadounidense.
La década de los cincuenta marcó un cambio en su actividad profesional, ya que, siendo en esos momentos comandante de Estado Mayor, la muerte de su padre Ataúlfo, director general de la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona, le llevó a regresar con su familia y a postularse a sí mismo para hacerse cargo de la entidad financiera en 1954, tarea que desempeñó hasta su jubilación en marzo de 1982. Desarrolló durante todo ese dilatado periodo una gran labor de expansión (de recibir una Caja con tan solo una sucursal, abrió 57 sucursales en Pamplona/Iruña y toda Navarra, construyó la nueva sede central y pasó de 15.000 a 150.000 impositores), y de acción social y cultural, con actuaciones como la promoción de cooperativas de viviendas, clubs deportivo-culturales, la primera piscina cubierta de la ciudad, salas de arte, bibliotecas de barrio, guarderías, centros de jubilados, centros de promoción de la mujer, centros de discapacitados mentales… «La Caja no es para hacer millones; para eso están los bancos. Debe cumplir una función social y cultural», dijo en cierta ocasión.
El 24 de junio de 1957 contrajo matrimonio con Conchita Ochoa Goyeneche. Ese mismo año logró crear, junto con diversos euskaltzales, una Sección para el Fomento del Vascuence/Euskeraren Aldeko Saila, dentro de la Institución Príncipe de Viana.
En febrero de 1958 fue nombrado alcalde de Pamplona/Iruña, cargo que desempeñó hasta 1964. En una entrevista publicada en 1983 subrayó que nunca se había considerado un alcalde franquista, y que en esas funciones le había guiado un principio de rectitud, más que de lealtad al Régimen. Ostentó la vara de mando de manera personalista y con gran autoridad, pues la ausencia de partidos políticos en la Corporación se prestaba a un personalismo que, en su caso, alcanzó cotas carismáticas. Daba comienzo, en aquella Navarra tradicionalista de la dictadura, a una dilatada trayectoria política exquisita en las formas y profundamente aperturista y dinámica. Con una sensibilidad singular para detectar las circunstancias y aprovecharlas, se desgastó de arriba abajo para que todo cambiase, y no se amilanó a la hora de tomar decisiones difíciles, aunque ello le supusiera enfrentarse a los poderes establecidos, incluida la jerarquía eclesiástica diocesana. Se caracterizó por una gran visión de futuro modernizadora de la sociedad, desarrollando políticas sociales y culturales progresistas y resucitando un vasquismo cultural heredero de su viejo nacionalismo vasco.
En el consistorio dejó un legado de cuño personal en el jumelage con Bayona, la urbanización y construcción de buena parte de los barrios extramurales de la ciudad, y el impulso del movimiento cooperativo de autogestión a través de la promoción, con suelo municipal, de viviendas sociales a costo mínimo. Procuró un nuevo sistema de abastecimiento de agua para la ciudad, con la construcción del embalse de Eugi, y renovó la red de saneamiento y alcantarillado. Logró la retirada de los cuarteles militares del centro de la ciudad y su traslado a Aizoáin, con la consiguiente cesión por parte del Ejército de la Ciudadela, y fue artífice de la restauración del Redín y de otras zonas del Casco Viejo. Fue el impulsor de la industrialización y de la creación del polígono de Landaben, y a él se debe, asimismo, la ubicación del campus de la Universidad de Navarra y el controvertido proyecto del Hotel Tres Reyes.
Entre 1964 y 1971 fue diputado foral en la candidatura carlista, periodo en el que, bajo la vicepresidencia de la Diputación de Félix Huarte, llevó el peso, junto con Francisco José Saralegui Platero, del desarrollo económico e industrial de la provincia. Su labor fue decisiva para el trascendental cambio operado en la Navarra del segundo lustro de los sesenta y principios de los setenta. Otro logro destacado de su gestión, compartido con el resto de los negociadores navarros, fue la firma del Convenio económico con el Estado (1969). Su obsesión por modernizar Navarra debía ser compatible con el mantenimiento de los pilares identitarios de su tierra, por lo que siguió colaborando estrechamente en el relanzamiento de la cultura vasca, ahora desde la Diputación. Su papel fue decisivo en el difícil impulso de las ikastolas.
En su periplo político, tanto al frente de la alcaldía de Pamplona/Iruña como siendo diputado foral, no cobró sueldo alguno y no desarrolló ningún tipo de labor empresarial o económica con la que lucrarse a través de la política. Su único sueldo era el que percibía como director de la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona.
Fracasó en su particular apuesta política del Tardofranquismo y la Transición. En el declive de la denominada democracia orgánica (familia, municipio, sindicato), se presentó a las elecciones como candidato entre los concejales «sociales» por el tercio sindical (1973), con el fin de poder presentarse a las posteriores elecciones a diputado foral y lograr ser vicepresidente de Navarra. Su candidatura fue impugnada por el gobernador civil, en una maniobra urdida por la oligarquía navarra afecta al núcleo duro del Régimen, que pretendía promocionar a Jesús Aizpún para el cargo de rector de la Diputación. El contencioso-administrativo falló a favor de Urmeneta, pero los impugnantes recurrieron al Supremo, y el recurso fue aceptado por presiones de las más altas instancias. Urmeneta dio la batalla y, dos años después, el alto tribunal falló a su favor. Pero se había cumplido el objetivo: apartarlo de la escena política por un tiempo, el suficiente para que no pudiese ser el vicepresidente de Navarra. En aplicación de la sentencia judicial, en marzo de 1976 volvió a ser elegido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, hasta que dimitió en mayo de 1978.
Adolfo Suárez y Manuel Gutiérrez Mellado le propusieron en 1976 ser delegado del Gobierno en Gipuzkoa e incluso supergobernador del conjunto de las tres Provincias Vascongadas. Urmeneta lo consultó con los partidos políticos todavía no legalizados y con diversas fuerzas vivas del país. Asumiría el cargo bajo ciertas condiciones (amnistía, legalización de la ikurriña, autoridad para conceder permisos de reunión, asociación y manifestación, y su control absoluto de las fuerzas de orden público), que no fueron aceptadas por el ministro del Interior Rodolfo Martín Villa. Previamente también fue propuesto como ministro y como preceptor del príncipe Felipe, pero consideró que sus esfuerzos debían centrarse en el proyecto que quería para Navarra. En las primeras elecciones al Congreso de los Diputados de 1977 impulsó el Frente Navarro Independiente, cuyo programa era resultado, en buena medida, del proyecto político en el que venía trabajando el propio Urmeneta desde dos años atrás. El FNI aglutinó a gentes provenientes de la HOAC, socialistas, carlistas y nacionalistas vascos. El fracaso electoral de este partido plural, centrista, preocupado por lo social, vasquista y europeísta, llevó a su ideólogo principal a retirarse de la política. Se implicó a partir de entonces en colaborar en labores de mediación de conflictos laborales, singularmente en el de Potasas de Navarra.
Jubilado de la Caja de Ahorros Municipal en 1982, abrió un despacho en la calle Bergamín núm. 11 para seguir recibiendo y ayudando a la gente. Ingresó en el Colegio de Abogados de Pamplona, pero no llegó a ejercer la abogacía. Su experiencia y conocimientos jurídicos los puso al servicio del Instituto de Criminología de Navarra (Fundación Bartolomé de Carranza). Colaboró activamente con la Academia de la Lengua Vasca/Euskaltzaindia —de la que fue miembro de honor— y con la Sociedad de Estudios Vascos/Eusko Ikaskuntza, desde cuya oficina se coordinaba el jumelage popular Bayona-Pamplona, en el que Urmeneta tuvo un protagonismo destacado. Fue, además, el primer presidente de Iruñeko Komunikabideak S. A. (1984), sociedad creadora de Euskalerria Irratia, y el que dio los primeros pasos para que esta emisora fuera legalizada por el Gobierno de Navarra.
En su jubilación, sobre todo, se dedicó a cultivar con mayor dedicación sus dos grandes aficiones: la creación literaria y la pintura. Sus exposiciones colectivas e individuales recibieron excelentes críticas.
El 3 de diciembre de 2014 se le concedió a Urmeneta, a título póstumo, la Medalla de Oro de Navarra por su contribución, junto con Félix Huarte, a la industrialización de la provincia, galardón no exento de polémica por haberse otorgado en reconocimiento a una labor desarrollada durante el periodo franquista. Surgió entonces una corriente de opinión que ha criticado su trayectoria por estar ligada al bando nacional de la Guerra Civil española, a la División Azul y por haber desempeñado puestos de responsabilidad militar y política durante los años de la dictadura. Durante aquella época fue merecedor de distinciones como la Cruz de Hierro al mérito militar otorgada por el ejército nazi (1942), la presidencia de honor de la Hermandad Regional de la División Azul de Navarra (1960), la encomienda sencilla de la Orden de Cisneros concedida por Francisco Franco (1960), la Gran Cruz del Mérito Civil otorgada por el Caudillo (1961), la placa de Caballero Comendador de la Orden de San Gregorio Magno concedida por el papa Juan XXIII (1961), entre otros.
En cuanto a su producción intelectual, es autor de numerosos artículos breves tanto sobre el Ejército y estrategia militar, salidos de las prensas de Ejército y de Reconquista, como sobre historia y costumbres pamplonesas publicados en la revista Pregón y en otras publicaciones seriadas y prensa de Navarra. También se dedicó a la poesía, creaciones que dio a conocer a través de las páginas de Río Arga y otras revistas. Poseen un gran valor testimonial para la reconstrucción de la Historia contemporánea de Navarra sus tres libros de memorias, reflejo personal de toda la época que le tocó vivir. En 1982 redactó 47 escritos breves, de entre una y tres páginas mecanografiadas, que constituyen una aportación doctrinal, informativa y literaria de primer orden sobre sus pensamientos y vivencias personales. Estos textos, inéditos, se editaron como apéndice documental en la monografía sobre Urmeneta publicada en 2015. Más adelante emprendió un nuevo libro de memorias con el que pretendió cubrir todo su ciclo vital. Dejó preparada una parte, que con el título Memorias de mis tres años, fue publicada por Pamiela en 1989. Recogió ahí, sobre todo, sus recuerdos de la infancia. El segundo libro, Memorias II (1991), tardó en salir por las dificultades de edición que entrañaba un texto inconcluso en el que su autor todavía estaba trabajando cuando falleció. Los textos abarcaban el periodo transcurrido entre la Segunda República y la Segunda Guerra Mundial. No pudo acometer los dos o tres tomos que darían continuidad a los dos primeros.
Destacan, asimismo, sus libros sobre la historia y costumbres de los Sanfermines, de gran calidad literaria. Su Crónica de los Sanfermines (1983) fue merecedora del primer premio San Fermín en monografías. La Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona lo nombró miembro honorífico en 1984 y, desde su fallecimiento, cada año se le continúa tributando un homenaje por parte de los ocho reyes de la Comparsa, que le ejecutan un baile a la altura del paseo Sarasate, núm. 5, delante de la que fue su casa.
Obrak
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«Navarra en una futura regionalización de España», Navarra ante el futuro, Pamplona: Ediciones y Libros, 1976, pp. 177-190.
Memorias, 1982. Libro inacabado e inédito reproducido en el Apéndice documental de JIMENO ARANGUREN, R., Miguel Javier Urmeneta (1915-1988). Segunda República, Franquismo y Transición, Pamplona: Pamiela, 2015, pp. 415-492.
Con ARANAZ, I.; IRIGOYEN, R., y SÁNCHEZ-OSTIZ, M., Los Sanfermines, Pamplona: Tic Tac, S. A., y Caja de Ahorros Municipal, 1982.
Crónica de los Sanfermines, Pamplona: edic. del autor, 1983 (con ilustraciones de Pedro SALABERRI).
«Manuel Irujo-ren hogeitamarraldiko Nafarroan = Manuel de Irujo en la Navarra de los años treinta», RIEV, 28 (1983), pp. 381-385.
Memorias de mis tres años, Pamplona/Iruñea: Pamiela, 1989.
«Aguerre y el vascuence», Euskera, 35 (1990), pp. 115-118.
Memorias II, Pamplona/Iruñea: Pamiela, 1991.
Bibliografia
Testua gaztelaniaz
JIMENO ARANGUREN, R., Miguel Javier Urmeneta (1915-1988). Segunda República, Franquismo y Transición, Pamplona: Pamiela, 2015.
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KEMP, P., Legionario en España, Barcelona: Luis de Caralt, 1959; 1975, 2.ª ed. Reed. con el título Mis reflexiones sobre el conflicto. Las de un inglés en el bando de los nacionales, con introducción de Luis Arias González, Astorga: Akrón, 2009. Edic. original Mine were of trouble, London: Cassell & Company, 1957.
LARRAZA MICHELTORENA, M. del M., «Biografías de los munícipes pamploneses del franquismo», en LARRAZA MICHELTORENA, M. del M. (dir.), El Ayuntamiento de Pamplona desde sus hombres, 1940-1979. Biografía colectiva y gestión municipal, Pamplona: Eunate, 2012, pp. 17-129.
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PESCADOR, A., y BARCOS, J., El Ayuntamiento de Pamplona durante la Transición (1974-1979), Pamplona/Iruña: Pamiela, 2011.
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