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NOTITIA VASCONIAE Gipuzkoako egileak eta obrak

SETIÉN ALBERRO, José María (Hernani, Gipuzkoa, 18 de marzo de 1928 – Donostia-San Sebastián, 10 de julio de 2018)

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Karguak eta lanbideak

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Obispo de Donostia-San Sebastián, teólogo, canonista y profesor.

Ibilbidea

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Nacido en el seno de una acomodada familia liberal, fue el menor de cuatro hermanos. Tras descubrir su vocación sacerdotal, con dieciséis años ingresó en el Seminario de Vitoria-Gasteiz, donde permanecería desde 1944 hasta 1951, en que fue ordenado sacerdote. En Roma completó la licenciatura en Teología y posteriormente se doctoró en Derecho Canónico, en la Universidad Pontificia Gregoriana. Su inquietud por el rigor conceptual tan presente durante su pontificado proviene de la Lógica Escolástica cultivada durante esos años, así como su interés por «lo social» y «lo ético» que había despertado durante sus años en el Seminario de Vitoria-Gasteiz y ahora enfocaría desde el punto de vista normativo.

En octubre de 1955 se integra como docente en el Seminario de Vitoria-Gasteiz. Desde ese momento hasta su nombramiento como obispo auxiliar de Donostia/San Sebastián en 1972, Setién vivió entregado a la docencia y el estudio. En el Seminario y después en la Facultad de Teología de Vitoria ejerció como profesor de Teología Moral, y más concretamente de Moral de la Justicia, hasta 1972, además de ostentar otros cargos. Desde 1960 compatibiliza la docencia como profesor en la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Salamanca y posteriormente sumará la materia de Justicia en la cátedra de Moral en la Facultad de Teología, de la que será nombrado decano. Tanto en Vitoria-Gasteiz como en Salamanca impartió también Derecho Público Eclesiástico y Derecho Concordatario. Cuestiones como la dimensión social de lo humano desde la perspectiva de la justicia, la dimensión pública-política del Estado al servicio de la Nación o la independencia de la Iglesia católica respecto del ejercicio de la soberanía territorial de los Estados se convierten en objeto de interés inherentes a sus estudios y actividades docentes, pero determinarán también una manera de entender el ejercicio del servicio ministerial muy observante de las cuestiones «temporales» y, específicamente, de todo lo relativo al Estado.

A principios de la década de los sesenta del siglo XX la Iglesia católica experimentó un proceso de profundas transformaciones con la celebración del acontecimiento eclesial más importante del siglo XX:  el Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965). El magisterio de Juan XXIII y el Concilio tuvieron un gran impacto en la vida de José María Setién, tanto en su faceta intelectual como en la docente y posteriormente como prelado. La reflexión intelectual de las encíclicas Mater et Magistra, sobre el orden económico social (1961), y Pacem in terris, sobre la paz en los pueblos (1963), vio sus frutos en sendas publicaciones. En concreto, La Iglesia y lo social. Intromisión y mandato (1963) e Iglesia y libertades políticas (1964). En la primera, Setién reflexionaba partiendo del Derecho Natural sobre la competencia y legitimidad de la Iglesia —jerárquica, del laicado y específicamente de la Acción Católica— para hablar autorizadamente en materias político-sociales. En la segunda, comenzaba analizando los cuatro principios en los que residía la armonía del orden social en cualquier comunidad política: la verdad, la justicia, la libertad y la caridad para posteriormente subrayar el papel de la autoridad política en la gestión del orden social en tanto que garante del bien común. Cualquier orden político que se basase en la justicia, por ende, debía garantizar la libertad del individuo en dicha comunidad política. Setién parte desde el concepto de libertad para, a continuación, integrar en su discurso las libertades y los derechos fundamentales en tanto en cuanto la libertad exige que estuviesen tuteladas jurídicamente un conjunto de libertades políticas y de derechos fundamentales.

La reflexión de Setién sobre el aggiornamento conciliar y las consecuencias de su aplicación en el contexto de la dictadura franquista avanzaba las complejas repercusiones en el ámbito del Estado. La doctrina conciliar y, especialmente, los documentos de la Constitución Pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia y el mundo actual (1965), y la Declaración Dignitatis humanae, sobre la libertad religiosa (1965), cuestionaban el nacionalcatolicismo como modelo político-religioso instaurado por el régimen de Franco y como instrumento vehicular de las relaciones Iglesia-Estado en España.

El diálogo entre el Setién teólogo y el Setién canonista avanzaba además algunas reflexiones que explican el deterioro y posterior conflicto en las relaciones Iglesia-Estado durante el tardofranquismo y nos anuncian las claves de una línea de pensamiento que ayudan a entender su acción episcopal posterior.

Si el nacionalcatolicismo y el Concordato suscrito en 1953 institucionalizaron en la práctica la intervención de la Iglesia en el ordenamiento de la vida pública y, por tanto, política en las primeras décadas del franquismo, la doctrina conciliar del Vaticano II al ahondar en la comprensión de la Iglesia sobre sí misma y en la acción pastoral que esta había de realizar, ponía el acento en su misión y en «la visión de lo que había de ser la vida político-social en función de la afirmación de la dignidad de la persona humana y, en consecuencia, de la exigencia ética de una justicia que afirma y define sus derechos humanos». Por tanto, la Iglesia no podía renunciar a esa visión y era su misión manifestarla públicamente cualesquiera fueran las reacciones que de su intervención pudieran derivarse.

Las preocupaciones relativas a la presencia de la Iglesia en los ámbitos de la convivencia social y de la vida política, el estudio de la justicia entendida como valor ético fundamental que regula las relaciones interpersonales, así como los aspectos éticos y morales que afectaban a la vida pública como consecuencia del ejercicio o negación de los derechos humanos fundamentales que un Estado tenía la función y obligación de garantizar fueron objeto de su reflexión intelectual, pero también estuvieron muy presentes en la praxis académica de Setién. Ello motivó el intento infructuoso de las autoridades franquistas de proceder judicialmente contra él a raíz de una conferencia pronunciada en Eibar (Gipuzkoa) con ocasión del 20 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948).

Esta etapa previa a su ordenación episcopal el 28 de octubre de 1972 y posterior nombramiento como obispo auxiliar de San Sebastián concluyó con un último trabajo redactado en 1971 pero que no vería la luz hasta 1985: Al servicio de la paz en la justicia.

Se trataba de un estudio teológico pastoral contextualizado en el marco de la espiral represiva de la dictadura franquista de finales de la década de los sesenta que tuvo como punto álgido la celebración del Consejo de Guerra conocido como Proceso de Burgos. Fue un encargo de los obispos de San Sebastián, Jacinto Argaya Goicoechea, y del administrador apostólico de Bilbao, José María Cirarda Lachiondo, y buscaba ser un instrumento de reflexión desde la Doctrina Social de la Iglesia, a la espiral de tensión sociopolítica fruto de la violencia que se vivía en el País Vasco y Navarra, tras la irrupción de ETA en el contexto represivo de la dictadura franquista. No obstante, cuando los seis condenados a muerte fueron indultados y la escalada de tensión pareció estabilizarse, los prelados optaron por contribuir a la «distensión» y rechazaron su publicación, que quedaría aplazada hasta 1985.

En ese clima de convulsión sociopolítica Setién experimentaría cambios sustanciales en su vida. En 1969, el obispo de Santander y administrador apostólico de Bilbao, José María Cirarda Lachiondo, había solicitado su presencia como vicario general en la diócesis de Santander. Sin embargo, el punto de inflexión llegaría el 28 de octubre de 1972 cuando recibió la ordenación episcopal de manos de Jacinto Argaya Goicoechea y fue consagrado obispo auxiliar de la diócesis de San Sebastián. El nombramiento de obispos auxiliares —no sujetos al derecho de presentación de obispos contemplado en el Concordato de 1953— se había convertido en una vía privilegiada utilizada por el Vaticano para la renovación del episcopado español tanto en su vertiente generacional como sobre todo para facilitar el acceso de los sectores más aperturistas a la jerarquía. Así pues, cabe destacar dentro de esta política de nombramiento de obispos auxiliares a los navarros Javier Osés y Javier Azagra para las diócesis de Huesca en 1969 y la de Cartagena en 1970, respectivamente, así como el del alavés José María Larrauri para la archidiócesis de Pamplona en 1970. Por último, pero no menos importante en este contexto posconciliar en 1972, además de Setién fueron nombrados Alberto Iniesta y Victorio Oliver para la diócesis de Madrid-Alcalá.

Desde ese momento hasta su retirada en el año 2000, Setién se convirtió en pastor de la Iglesia diocesana de Gipuzkoa y probablemente en la voz más autorizada de la Iglesia vasca, no obstante, conviene precisar que desde 1972 hasta la renuncia de Jacinto Argaya Goicoechea el 17 de febrero de 1979, Setién ocupó el cargo de obispo auxiliar. Apenas un mes más tarde, el 19 de marzo de 1979 tomaría posesión como obispo titular de la diócesis guipuzcoana.

Fue el suyo un episcopado complejo, condicionado por el conflicto vasco, la presencia de ETA y la espiral de violencia en que se vieron envueltas las diócesis vascas, si bien Gipuzkoa de manera más acusada. En ese contexto, Setién aplicó dos premisas básicas que definirían su episcopado: la voluntad de servicio episcopal basada en la exigencia del amor a todos (aunque en ocasiones fuese difícil practicarlo) y que respondiese a las demandas y retos de la vida misma. Esa firme apuesta de diálogo con la realidad se tradujo en compromiso por dar testimonio de encarnación con la realidad de su pueblo. En la praxis, entendió que su actuación como obispo debía consistir en trabajar al servicio de la pacificación del pueblo vasco, pero sin descuidar el trabajo pastoral y la educación. A pesar de que esta vertiente pastoral ha quedado en un segundo plano, Setién desarrolló una labor pastoral muy atenta a los problemas cotidianos de la calle, de marcado carácter social y abierta a la interacción con toda la sociedad, en sintonía con lo propugnado por el Concilio Vaticano II. Tanto es así que el prelado formó parte de la Comisión Episcopal de Pastoral Social (1974-1984, presidente el ejercicio 1989-1990) y de la de Apostolado Social (1975-1978). Así, por ejemplo, José María Setién e Iñaki Aldabalde fueron pioneros al «exportar» la experiencia de «Proyecto Hombre» desde Roma a la diócesis donostiarra en 1983 dirigida a personas drogodependientes y sus familias.

Sin embargo, la principal contribución de Setién proviene de su vasto legado intelectual y doctrinal, lo que le erigió en la principal autoridad de la Iglesia vasca y le llevaría a ser miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal española entre 1984 y 1990. Desde su docta atalaya, el prelado no dudó en abordar la realidad sociopolítica del momento, lo que generó profundas controversias en numerosas ocasiones. Partiendo desde una perspectiva ética, Setién escribió y se pronunció abiertamente sobre temas candentes y espinosos que estaban produciendo enormes divisiones en el seno de la sociedad vasca como el nacionalismo, la soberanía de los pueblos o la identidad, así como el derecho al reconocimiento de los derechos y libertades o la justicia. Sostuvo que la resolución del conflicto vasco pasaba por la normalización jurídico-política del País Vasco y defendió decididamente el diálogo como herramienta para la pacificación, aunque este supusiera de facto el reconocimiento de ETA como interlocutor válido. Este reconocimiento no fue óbice para que Setién rechazase y condenase la violencia de ETA a lo largo de todo su pontificado. En paralelo, el prelado fue pionero en la denuncia de torturas y otras formas de vulneración de los derechos humanos por parte de las autoridades policiales y enérgico en la condena de los atentados perpetrados por los GAL.

Sea como fuere, y a pesar de reconocer su talla intelectual y la factura de su obra, algunos de sus posicionamientos fueron duramente criticados desde algunos sectores socio-políticos por su empatía con el nacionalismo vasco y su tibieza ante ETA, así como su carácter distante y frío.

Pese a que en la década de los noventa del siglo pasado el prelado redobló sus esfuerzos por la consecución de la paz en el País Vasco, sus posicionamientos también generaron preocupación en el Vaticano. Finalmente, a finales de 1999 Setién presentaba su renuncia, que se hizo efectiva el 13 de enero de 2000. Su sucesor sería el vizcaíno José María Uriarte Goiricelaya, obispo de Zamora hasta ese momento y buen conocedor de la compleja realidad vasca.

Una vez retirado, Setién se mantuvo en un discreto plano, que solo abandonó en contadas ocasiones. Prosiguió su labor intelectual y continuó publicando un buen número de títulos entre los que destacan De la Ética y el Nacionalismo (2002); A los 40 años de la «Pacem in terris»: Innovación y actualidad (2003); Pueblo Vasco y Soberanía (2003); Bases éticas para la paz: reflexiones actuales sobre la «Pacem in terris» (2004); Al servicio de la paz en la Justicia (2006); Laicidad del Estado e Iglesia (2007) y Un Obispo Vasco ante ETA (2007).

Entre las distinciones recibidas destaca la concedida por la Diputación Foral de Gipuzkoa «Gipuzkoako Urrezko Domina», por su labor realizada en defensa de la verdad y los derechos humanos, en 2003.

El 10 de julio de 2018 José María Setién fallecía en Donostia como consecuencia del ictus que había sufrido días previos y del que no se pudo recuperar. Con su muerte, desaparece una figura intelectual central clave en la historia de la Iglesia contemporánea vasca.

Obrak

Testua gaztelaniaz

La Iglesia y lo social. Intromisión y mandato, Madrid: Guadarrama, 1963.

Iglesia y libertades políticas, Madrid: Cristiandad, 1964.

De la Ética y el Nacionalismo, Donostia: Erein, 2002.

A los 40 años de la «Pacem in terris». Innovación y actualidad, Donostia: Idatz, 2003.

Con GARMENDIA, F., Pueblo Vasco y Soberanía. Aproximación histórica y reflexión ética, Donostia: Etor-Ostoa, 2003.

Obras completas, Donostia: Idatz, 2004-2007, 5 vols.

Bases éticas para la paz. Reflexiones actuales sobre la «Pacem in terris», Donostia: Ostoa, 2004.

Laicidad del Estado e Iglesia, Madrid: PPC, 2007.

Un Obispo Vasco ante ETA, Barcelona: Crítica, 2007.

Bibliografia

Testua gaztelaniaz

IBARZABAL, E., José María Setién. El eslabón de la cadena. Conversaciones con Eugenio Ibarzabal, Donostia: Erein, 1994.

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