Baskoniako Zuzenbide Historiko eta Autonomikoaren Azterketarako Fundazioa

← Sarreretara itzuli

NOTITIA VASCONIAE Bizkaiko egileak eta obrak

RODRÍGUEZ HERRERO, Ángel (Villada, Palencia, 1902 – Bilbao, 1990)

Euskarazko testua ez dago eskuragarri. Gaztelaniazko jatorrizkoa erakusten da. Gaztelaniazko fitxa ikusi →

Karguak eta lanbideak

Testua gaztelaniaz

Historiador y archivero-bibliotecario.

Ibilbidea

Testua gaztelaniaz


Nacido en Villada, Palencia, el 1 de marzo de 1902, se trasladó a Bilbao durante su infancia y residió allí hasta su muerte. Cursó estudios secundarios — debió de asistir a la Escuela de Artes y Oficios de la Villa— y se incorporó pronto a la Diputación de Bizkaia, donde ingresó en 1920, para obtener plaza, por oposición, en el Archivo y Biblioteca Provinciales, entre cuyos fondos y colecciones trabajaría durante más de cincuenta años. Primero lo hizo como auxiliar, para ascender poco después a ayudante, segundo en el escalafón del servicio, inmediatamente por detrás del archivero-bibliotecario Darío de Areitio.

Aunque no desempeñaba labores de atención al público, la proximidad constante de personal investigador facilitó su orientación hacia los estudios históricos, al igual que sucedió con otros compañeros de trabajo, como Julián Echevarría Camarón o Adolfo Lafarga. De condición autodidacta, los trabajos desarrollados en el ejercicio de sus funciones potenciaron esa faceta. Así, participó con esos compañeros en el catálogo ampliado de la sección Bascongada, publicado en 1954-1955. También elaboró hacia 1950 las descripciones del fondo Julio de Urquijo utilizadas durante las negociaciones seguidas por la Diputación de Bizkaia para hacerse —de manera infructuosa, a la postre— con dicha colección. Pero, para su formación como historiador, fueron aún más enriquecedoras las labores de descripción de diversa documentación (municipal, notarial, etc.); y es que hay que tener en cuenta que el Archivo y la Biblioteca participaron durante años en la ordenación de fondos documentales ajenos. De hecho, Rodríguez Herrero coincidió con Teófilo Guiard durante el tiempo en que este se ocupó de la catalogación de la Tenencia de Corregimiento de Gernika, y confesó que «seguía con atención cuanto me decía sobre el pasado de Vizcaya y más detalladamente de Bilbao y sus alrededores […]; he lamentado más de una vez no disponer, en aquellos momentos, de un aparato adecuado que recogiese aquellas palabras […] que yo me esforzaba en retener y recordar».

Ideológicamente afín al régimen franquista, al término de la guerra fue restituido en su puesto sin ser objeto de castigo. Sin embargo, su actividad laboral no estuvo exenta de desavenencias y conflictos con la institución donde prestaba sus servicios, en especial durante la posguerra, debido a las duras condiciones laborales. Así, en 1950 fue apercibido, junto con el resto del personal técnico, por desacato contra el secretario de la Diputación, dedicación a labores ajenas al servicio y abandono injustificado de su puesto.

Dirigió el Archivo y Biblioteca Provinciales, de forma interina, a partir de mediados de 1953, a causa de la jubilación de Areitio, por ser el funcionario de mayor rango en la jerarquía de la plantilla.

En 1955 la Diputación convocó un concurso de méritos para cubrir con carácter permanente aquella plaza, pero Rodríguez Herrero no cubría dos de los requisitos establecidos en la convocatoria, dado que superaba el límite de edad (fijado en cuarenta y cinco años) y no pertenecía al Cuerpo Facultativo de Archiveros-Bibliotecarios y Arqueólogos. Por ello, la dirección del servicio terminó siendo adjudicada a Carlos González Echegaray. De igual forma que, hasta 1953, había permanecido a la sombra de Areitio (aunque colaboró estrechamente con él), así también lo haría en los años siguientes con González Echegaray. La importante y prolongada labor desarrollada por estas dos figuras al frente del Archivo y la Biblioteca ha eclipsado el papel de Rodríguez Herrero, si bien algunos de los logros alcanzados durante su interinidad evidencian potencialidades que no pudieron seguir su desarrollo por las razones expuestas.

Así, entre 1953 y 1956 (la interinidad se prolongó por más tiempo del previsto por las reticencias de González Echegaray a asumir la dirección en las condiciones laborales ofrecidas) mantuvo la política seguida por Areitio en el desarrollo de la colección, tal y como recoge en un informe de 1955: «Se sigue la norma de aumentar sus fondos vascongados, sin abandonar sus notables secciones: americana, monografías locales, literatura clásica, religión, filología, arte, etc.». Es más: durante el trienio referido, sus fondos se incrementaron de manera notable, de lo que son buen ejemplo algunas adquisiciones de 1954, a saber: en primer lugar, el fondo Villarías, compuesto por 2.300 volúmenes (incluyendo dos incunables) que, tasado por Rodríguez Herrero en —al menos— 300.000 pesetas, fue comprado por menos de 53.000. Por otro lado, importantes donativos, como la biblioteca particular de Gregorio Balparda (entregada por su hermana Benita, y consistente en 4.500 volúmenes) y el de Aurora Hernández Menderichaga (viuda del ingeniero Juan Olóriz y Vera, y creadora de la Fundación Olóriz-Hernández, de 80 libros de ediciones de lujo, con obras de Gustave Doré). Además, se entregaron más de 1.200 fichas catalográficas de fondos depositados en el Archivo de la Catedral de Calahorra y Santo Domingo de la Calzada de interés para Bizkaia.

A partir de 1956, con la creación del Centro Coordinador de Bibliotecas, Rodríguez Herrero asumió funciones adicionales a las anteriores, al ser nombrado secretario del mismo a principios de 1957. Desde entonces, participó en la puesta en marcha de numerosos centros culturales y bibliotecas públicas municipales en Bizkaia, lo que conllevó innumerables tareas complementarias: financiación, envío de fondos bibliográficos, organización de actividades culturales, etc. Durante los primeros quince años de andadura del Centro, en los que ejerció de secretario, se crearon una treintena de bibliotecas públicas en Bizkaia. Además, en ese tiempo se multiplicaron las actividades culturales en el Archivo y Biblioteca Provinciales (exposiciones, conferencias, etc.). Rodríguez Herrero se jubiló de su plaza en la Diputación de Bizkaia en 1972.

Dentro de esta misma institución, fue vocal de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Vizcaya (cuyo índice general de su Boletín publicó en 1944). También lo fue, años más tarde, del Centro de Estudios Históricos de Vizcaya, así como secretario de su revista Estudios Vizcaínos, editada entre 1970 y 1974 por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, en la que también se integró.

Por lo que a su labor como historiador se refiere, preparó ediciones de obras clásicas (García de Salazar, Poza, Iturriza, Delmas, Guiard o Balparda), así como transcripciones, regesta y similares de selecciones de fondos antiguos, o de documentos singulares, todo ello focalizado en el territorio de Bizkaia. Puede decirse que también se adentró en disciplinas afines, como la Genealogía y la Biografía, la Historia del Arte o la Etnografía, con descripciones de usos y costumbres o de manifestaciones de cultura material. No obstante, resulta más llamativa su colaboración con Koldo Mitxelena en la publicación de ciertos pasajes de la Crónica de Ibargüen­-Cachopin en 1959 para su análisis lingüístico (si bien no hay que olvidar que parte de esta fuente se conservaba, precisamente, en el Archivo y la Biblioteca Provinciales).

Aunque debió de comenzar a publicar de forma puntual antes de la guerra, su labor historiográfica se desplegó en toda su plenitud al término de la misma. Para ello, contó con el apoyo decidido de la Diputación de Bizkaia, que editó los resultados de las investigaciones del personal técnico del Archivo y la Biblioteca directamente, en forma de monografías, o bien a través de artículos en su revista Vizcaya —donde durante años figuraron como redactores Lafarga y Camarón—. Además, en el caso de ediciones a cargo de terceros, la Diputación colaboró con la adquisición de numerosos ejemplares de algunas publicaciones, para redistribuir entre compromisos institucionales y bibliotecas: así sucedió con la Antigua lengua de las Españas (de la que se compraron 25 ejemplares a Minotauro) o la Guía histórico-­descriptiva del viajero en el Señorío de Vizcaya (hasta 100, a la Librería Villar). Las publicaciones editadas por la Diputación también participaron de esta política de difusión, puesto que las obras de su catálogo solían ser solicitadas por entidades y colectivos y, en ocasiones, estas peticiones se resolvían favorablemente (previo informe de la dirección del Archivo y la Biblioteca).

Rodríguez Herrero colaboró con asiduidad en otras revistas, como Vida vasca, el Boletín de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País y, en especial, Estudios Vizcaínos (donde, además de artículos, firmó numerosas reseñas).

En 1947 Javier de Ybarra, en el prólogo de la monografía sobre la judería de Balmaseda (transcripción de documentación medieval en su mayor parte), escribió que: «Al aplauso general que ha de merecer Ángel Rodríguez Herrero por su nueva obra, que publica la Junta de Cultura de Vizcaya, sumo el mío y le deseo que el celo por  la historia vascongada, forjado en su puesto del Archivo y Biblioteca de la Excma. Diputación, sea anuncio de nuevas publicaciones». De todos modos, esta obra recibió críticas favorables no solo desde la institución matriz, sino también desde el exilio, y Andrés de Irujo concluyó así una reseña sobre ella: «Merece, pues, todos nuestros elogios el autor, al seleccionar la documentación y valorarla en su justo medio».

Por lo demás, la visión de Rodríguez Herrero sobre la historia vasca se adecuaba a los postulados imperantes en la época, tal y como se desprende de uno de sus artículos de Vida vasca, publicado en 1956: «Al revisar nuestros archivos vemos consignados los servicios que el pueblo vasco ha realizado en pro de la integridad de la Patria, en todas las épocas de nuestra historia se puede afirmar […] que ha tenido una misma legislación civil que el resto de la Nación, variando en algunos puntos de una manera accidental y cual sucede a otras comarcas españolas, pero idéntica en sus principios fundamentales y de origen; su estado social ha sido idéntico al del resto de la Nación, el político análogo, el religioso exactamente el mismo y el administrativo, si bien distinto en la forma, marchando siempre al unísono en el fondo».

La labor intelectual de Rodríguez Herrero ha sido objeto de numerosas valoraciones. En especial, la reedición de las Bienandanzas e fortunas de García de Salazar. En 1955, con motivo de la edición de los seis libros finales, Fausto Arocena, pese a echar de menos un estudio crítico de la obra, destacó los índices presentes en aquella nueva publicación y señaló que «su autor [Rodríguez Herrero] si ha pecado, ha pecado por carta de más»; para, a renglón seguido, «invitar a tan esclarecido operario de nuestra historiografía, a que nos regale con los resultados de su erudición y de su buen sentido histórico». En 1967, Manuel Basas, al hilo de la edición completa, resaltó la utilidad de los índices, «la gran labor del señor Rodríguez Herrero», así como su «tesón», aunque «las anotaciones son muy escasas». Por su parte, Julio Caro Baroja advirtió sobre ella que «se debe a la laboriosidad e inteligencia de D. Ángel Rodríguez Herrero […], que antes ya había dado varias pruebas de su habilidad en la tarea de editar viejos autores» y resaltó su «paciencia extrema en la composición y corrección». Finalmente, también Andrés de Mañaricúa hizo notar el «empeño y constancia» de Rodríguez Herrero en esta obra. Esa actitud, discreta y laboriosa, presente en estas críticas, sintetiza a la perfección la vida de Rodríguez Herrero, cuya aportación a la historiografía vasca, en todo caso, ha de ser contextualizada en su momento, dado que alguna de las obras que editó, como las Bienandanzas e fortunas, precisamente, ha tenido que ser revisada años más tarde, porque —en palabras de Consuelo Villacorta— «carece de la garantía de una metodología rigurosa» y «adolece de numerosos errores de transcripción». Sin embargo, en su época, la integración de Rodríguez Herrero en el seno de la comunidad académica terminó siendo plena, a pesar de su carácter autodidacta. Prueba de ello fue su participación en dos encuentros organizados por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País en 1971 y 1973 y que tuvieron lugar en el Archivo  y Biblioteca Provinciales, junto con reconocidos especialistas de la época. Esas contribuciones verían la luz poco después, en sus correspondientes actas.

En reconocimiento a su trayectoria, fue nombrado Correspondiente de la Real Academia de la Historia, y recibió la Medalla de Plata de Bizkaia, concedida por la Diputación en 1973. Falleció en Bilbao en 1990.

Obrak

Testua gaztelaniaz

(ed.), ITURRIZA Y ZABALA. J. R. de, Historia General de Vizcaya y epítome de las Encartaciones, Bilbao: Casa Dochao, 1938,  707 pp. Reed.  Bilbao: Librería Arturo, 1967, 2 vols.

Boletín de la Comisión de Monumentos de Vizcaya. Índice general, Bilbao: Diputación Provincial de Vizcaya, Junta de Cultura, 1944, 79 pp.

Con AREITIO, D. de; MARTÍN, J., y ECHEVARRÍA, J., Catálogo de la Exposición de Estampas, Grabados y de Cien Libros Raros y Curiosos, referentes al País Vasco, Bilbao: Imp. Provincial de Vizcaya, 1944, 167 pp.

Valmaseda en el siglo XV y la Aljama de los judíos, Bilbao: Junta de Cultura de Vizcaya, 1947, 292 pp.

Ordenanzas de Bilbao. Siglos XV y XVI, Bilbao: Ed. Vizcaína, 1948, 125 pp.

Catálogo de la Biblioteca Provincial. Sección Vascongada. Autores, Bilbao: Imp. Provincial, 1954-1955, 4 vols.

«Costumbres y tradiciones vascas», Vida Vasca, XXXIII (1956), pp. 220-224.

(ed.), POZA, A. de, Antigua lengua de las Españas, Madrid: Minotauro, 1959, 177 pp.

Con MICHELENA, L., «Los cantares de la quema de Mondragón (1448)», BRSBAP, XV (1959); pp. 371-381.

«Estudio de 180 expedientes genealógicos que existen en el Archivo Municipal de Bilbao», Hidalguía, 38 (1960), pp. 129-144; 40 (1960), pp. 337-352; 41 (1960), pp. 461-502.

«Coscojales y Poza», BRSBAP, XVI (1960), pp. 135-163.

(ed.), DELMAS, J. E., Guía histórico­-descriptiva del viajero en el Señorío de Vizcaya, Bilbao: Librería Villar, 1965, 447 pp.

(ed.), GARCÍA DE SALAZAR, L., Las bienandanzas e fortunas. Códice del siglo XV, Bilbao: s. n., 1967, 4 vols.

(ed.), DELMAS, J. E., Diccionario biográfico de claros varones de Vizcaya, Bilbao: La Gran Enciclopedia Vasca, 1970, 293 pp.

«Noticias históricas sobre Vizcaya y sus fueros», Estudios vizcaínos, 4 (1971), pp. 379-414.

Con MAÑARICÚA, A. E. (eds.), Crónica de los muy ilustres señores de Vizcaya del linaje de Haro, alcaldes que fueron de las apelaciones en Castilla, Bilbao: La Gran Enciclopedia Vasca, 1971, 78 pp.

«Curiosidades históricas de Vizcaya sacadas de la crónica manuscrita de Fray Martín de Coscojales Antigüedades de Vizcaya», Estudios Vizcaínos, 5 (1972), pp. 197-229.

«El fuero de Vizcaya a través de las instituciones políticas de la España medieval», Edad Media y señoríos. El Señorío de Vizcaya, Bilbao: Diputación Provincial de Vizcaya, 1972, pp. 141-161.

«Proceso de los labradores de Vizcaya siglo XV», Estudios Vizcaínos, 7-8 (1973), pp. 305-342.

(ed.), BALPARDA Y DE LAS HERRERÍAS, G. de, Historia crítica de Vizcaya y de sus fueros, Bilbao: Caja de Ahorros Municipal de Bilbao, 1974, 2 vols.

(ed.), GUIARD LARRAURI, T., Compendio e índices de la Historia de la noble Villa de Bilbao, Bilbao: La Gran Enciclopedia Vasca, 1974, 469 pp.

«Lo germánico en la Vizcaya medieval a través de Lope García de Salazar», La sociedad vasca rural y urbana en el marco de la crisis de los siglos XIV y XV, Bilbao: Diputación Provincial de Vizcaya, 1975,  pp. 233-248.


Bibliografia

Testua gaztelaniaz

AROCENA, F., «Lope García de Salazar, Las bienandanzas e fortunas, de Ángel Rodríguez Herrero», BRSBAP, XI (1955), p. 298.

BASAS FERNÁNDEZ, M., «La obra completa del cronista de Muñatones», La Gaceta del Norte, 10 de agosto de 1967, p. 3; 11 de agosto de 1967, p. 3.

CARO BAROJA, J., «Linajes y bandos», Vasconiana, Donostia: Txertoa, 1986, pp. 13-61.

IRUJO, A. M.ª, «Valmaseda en el siglo XV y la Aljama de los judíos, por Ángel Rodríguez Herrero», BIAEV, 2 (1951), pp. 173-174.

LÓPEZ SANZ, C., «Rodríguez Herrero, Ángel», Primer quién es quién en Vizcaya. Diccionario de vizcaínos, naturales o adoptivos, de destacada proyección pública en las distintas actividades y profesiones, Bilbao: La Gran Enciclopedia Vasca, 1975, pp. 319-321.

MAÑARICÚA Y NUERE, A. E., Historiografía de Vizcaya, 3.ª ed., Bilbao: Universidad de Deusto, 2012, p. 66.

VILLACORTA MACHO, C., «Para una nueva edición del Libro de las Bienandanzas e Fortunas, de Lope García de Salazar», La lucha de bandos en el País Vasco. De los parientes mayores a la hidalguía universal, Bilbao: UPV/EHU, 1998, pp. 97-119.


Fuentes. ARCHIVO HISTÓRICO FORAL DE BIZKAIA, Secc. Adm., Gobierno y asuntos eclesiásticos, AJ 2283, expte. 4 (1922); AJ 2289, expte. 4 (1929/36); AJ 2484 expte. 51 (1950) y AJ 2598, expte. 45 (1952).

—  Secc. Adm., Archivos y Bibliotecas, Carp. 9 (Arch. Adm. 930), expte. 41 (1953); Carp. 17 (Arch. Adm. 938), expte. 59 (1955); Carp. 165 (Arch. Adm. 1006 BIS 80), exptes. 58-60 (1954) y Carp. 205 (Arch. Adm. 1006 BIS 120), expte. 7 (1965).

Espainiako Gobernuaren Berreskuratze, Transformazio eta Erresilientzia Planaren esparruan Next Generation EU funtsek finantzatutako proiektua


Laguntzaileak:

Diputación Foral de Gipuzkoa
Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades - Gobierno de España
IVAP