Karguak eta lanbideak
Testua gaztelaniaz
Ingeniero agrícola, investigador y escritor.
Ibilbidea
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Luis Rodríguez Gal nació en Irun el 6 de junio de 1894 en el palacio o mansión construida por su padre, considerado por entonces la persona más acaudalada de Irun, en el pertenecido de la casa solar de Uranzu.
Estudió en el colegio Captier de Donostia-San Sebastián, sito al pie del monte Igeldo y regentado por la congregación de los frailes Dominicos. En 1910 ingresó en el Instituto Agrícola Internacional de Beauvais (Francia), donde obtuvo el título de Ingeniero agrónomo que, según escribió su esposa, ejerció «esporádicamente y en una forma más investigadora que especulativa».
Su tesis, publicada en francés con el título La Guipuzcoa Agricole, versa sobre el estudio de las posibilidades agrícolas del caserío Idurmendieta de Hondarribia. En lo profesional y también en relación con su especialización académica, promovió una plantación de patata en Aiako Harria, así como una moderna instalación para producir sidra con sede en la antiquísima casa Beraun, propiedad de la familia de su mujer la artista Dolores Salís, en la que el matrimonio estableció su residencia tras contraer matrimonio en 1921.
Heredero de la notable fortuna paterna, desde el punto de vista económico no tuvo demasiado éxito ni en estos y ni en los otros negocios que acometió posteriormente. Siendo concejal del ayuntamiento por un breve periodo (1924-1928), invirtió en la construcción y explotación de una cancha de pelota, bautizada con el nombre de «Trinkete Ramuntxo», en la que se organizaron épicos partidos profesionales de la especialidad. Asimismo, como empresario fue promotor de casas, participó con su cuñado (el también ingeniero Luis Salís) en un negocio de fundición y abrió un restaurante en el cabo de Higuer que fue clausurado con motivo de la Guerra Civil, evento este que marcó un antes y un después en su trayectoria profesional.
Al comienzo de la guerra y por motivos familiares, Luis y su esposa optaron por que esta última se trasladara con sus hijos a Hendaya. El cabeza de familia permaneció en Irun, desplazándose a diario a la empresa bacaladera Pysbe de Pasai Donibane, en la que por entonces trabajaba, hasta que en los momentos previos a la caída de Irun, a comienzos del mes de septiembre de 1936, atravesó la frontera para reunirse con su familia. Tras mantenerse aún durante un breve periodo en Hendaya, se establecieron en Biarritz.
En 1937 Luis y Dolores tuvieron que tomar la dolorosa decisión de separarse de sus cinco hijos, dejándolos a cargo a familiares que vivían en Irun y en Donostia-San Sebastián, mientras ellos seguían en el exilio. Para ganarse el sustento, en París trabajaron en el restaurante de unos amigos vascos (los Rementeria), donde coincidieron con los muchos personajes que visitaban el local, tales como la bailarina conocida como «La Argentinita», Josefine Baker, la futura actriz María Casares, el escultor Sebastián Miranda, relevantes políticos republicanos en el exilio… e, incluso, «fueron de los primeros en contemplar, en privado, el cuadro Guernica, de Picasso», según informa Juan Luis Seisdedos en su Crónica del Bidasoa sobre la vida y obra de Luis Rodríguez Gal.
Por fin, en la primavera del año siguiente pudieron regresar, al parecer gracias a la influencia de algunos de sus compañeros en el Colegio Captier (Sánchez Guerra, el marqués de Rozalejo, Luis María de Lojendio…) y porque las imputaciones en su contra no eran graves, a tenor de un informe emitido a petición del juez militar especial de frontera que resume la conducta político-social de Rodríguez Gal como: «De abolengo liberal, fue concejal de este ayuntamiento durante el Gobierno del general Primo de Rivera. Implantada la República, siguió la tendencia izquierdista, sin distinguirse por actividades políticas».
En un principio, dado que la casa Beraun estaba ocupada, tuvieron que instalarse de forma temporal en Pasaia, aprovechando que Luis retomó su labor profesional en la Pysbe.
Como su hijo, Jaime, expresa en su autobiografía la Guerra Civil «frenó en seco el entusiasmo de mi padre por los negocios». Ello le permitió centrarse en su labor periodística, faceta que ya cultivaba desde su juventud en la que imprimió con varios amigos un periódico titulado La jeringa de Beraqueta. Además, en 1918, patrocinó juntamente con José Bellido la revista ilustrada quincenal llamada Aldabe, también de carácter local, a la par que colaboraba con la prensa de tirada provincial. Fue por entonces, antes de casarse, cuando escribió para el periódico El Bidasoa una serie de artículos de tipo polémico, titulados «Arañazos», a colación de las críticas que el médico Victoriano Juaristi había vertido contra su padre, Aquilino Rodríguez, en un artículo satírico.
Desde el punto de vista histórico, centró en esta época su interés en las Guerras Carlistas, sobre las que investigó con intención de escribir sobre ellas. Por desgracia, el material que recopiló desapareció durante su exilio y quedó incumplido este deseo.
Tras unos años de inactividad literaria y tomando como referencia no solo la bibliografía disponible y la tradición oral, sino, también, la documentación de archivo, a partir de 1945 empezó a colaborar con carácter habitual con el semanario local El Bidasoa, en el que, tal y como expresó Emilio Navas, su director por entonces, «fue desarrollando su capacidad de historiador» que no pasó desapercibida. Tanto es así que en la sesión de 17 de noviembre de 1948 el Ayuntamiento de Irun aprobó una moción en la que, entre otras cuestiones, le encomendó la redacción de una «Historia de Irún» reseñada en forma de lectura que serviría, al mismo tiempo, como libro de texto para los alumnos de enseñanza primaria, por considerar que: «Aparte de alguna idea muy vaga sobre algún acontecimiento histórico de gran relieve que nos pertenece de manera singular, se desconocen o se desconocían, con raras y honrosas excepciones, casi en absoluto muchos hechos interesantes de la vida de nuestro pueblo, hasta que nuestro querido semanario El Bidasoa y la pluma de su ilustre colaborador Luis de Uranzu no nos lo revelaron».
Luis de Uranzu (seudónimo que, a la vista está, ya venía utilizando para atribuirse las colaboraciones con el recién citado semanario y que le identificaba como orgulloso hijo de la casa en la que nació) no aceptó el encargo como tal de escribir una Historia de Irun en exclusiva. Tanto es así que su obra cumbre, el prolijo estudio histórico y etnográfico titulado Lo que el río vio: biografía del río Bidasoa, versa no solo sobre la localidad en la que nació, sino sobre toda la comarca que atraviesa el curso del Bidasoa, desde la Prehistoria.
Se da la circunstancia que la redactó lejos de su tierra porque por entonces trabajaba como encargado de las andaluzas minas de wolframio de Cardeña y Huelma. Cuando en 1955 vio la luz, José de Arteche como tantos otros se congratuló, ensalzando a Luis porque «Nada se le pasó inadvertido. Para quien sabe mirar, todo constituye tema propicio». En el propio prólogo de la obra, Pedro Mourlane Michelena destaca la claridad, la llaneza, la perspicacia, el tono y la alegría como las cinco principales cualidades estilísticas de «Luis de Uranzu» que hacen del suyo un idioma propio, «incangeablemente suyo». Por su parte, Antonio Viglione definió su estilo como «escueto, siempre ágil y ameno, sencillo y apacible», atributos todos ellos que caracterizan, también, a todos y cada uno de sus escritos posteriores.
Los reconocimientos no tardaron en llegar, comenzando por Irun cuyo ayuntamiento nombró en 1958 a Luis Rodríguez Gal «Cronista Oficial de la Ciudad», al igual que a Javier Esteban Indart, con quien poco antes había entablado ciertas polémicas a través de El Bidasoa. Dos años más tarde la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País lo distinguió como socio supernumerario, no solo por su reconocida trayectoria en materia de investigación histórica y de recuperación de las tradiciones, sino, también, por sus aportaciones relacionadas con la Agricultura, su especialidad académica, que iban siendo publicadas por el Grupo de Ciencias Aranzadi.
En 1965 fue editado su segundo libro, «más intimista que el primero» en palabras de Emilio Navas, bajo el título Un pueblo en la frontera. Su contenido lo aclara el autor mismo, diciendo que se trata de un libro de recuerdos que describe la vida de Irun y que abarca la vida de tres generaciones y de todas las clases sociales, como fue pauta en él con un estilo asequible a cualquier tipo de lector.
Esta trayectoria se vio interrumpida con motivo del fallecimiento de Luis Rodríguez Gal, acaecida un 25 de marzo de 1968. Pocos días antes, Viglione le había dedicado una conferencia en la sede de la «Irungo Atsegiña» bajo el expresivo título «Luis de Uranzu, notario del Bidasoa», subrayando el «particular mimo por las cosas y los hombres» que impregna toda su obra, parte de la cual fue objeto de recopilación y edición a título póstumo.
Así, en 1971 se publicaron dieciséis relatos titulados Bidasoako kondariak. Cuentos del Bidasoa en la que están presentes algunos de los artistas más representativos de la región del Bidasoa que tan magistralmente retrató a través de su pluma. Además del prólogo redactado por Jorge Oteiza, son dignas de mención las aportaciones en forma de ilustración de los pintores Gaspar Montes Iturrioz, José Gracenea, Bernardino Bienabe Artia, Jesús Montes y Menchu Gal. Al año siguiente, en la sección hechos y tipos de la tierra, la emisora donostiarra de Radio Nacional de España centró su interés en varios de sus personajes.
En la última etapa de su vida Luis había centrado su interés en publicar un Diccionario íntimo del Bidasoa, con cuyo objeto venía recopilando las sucesivas entregas de su autoría que escribió en una sección fija para la revista El Bidasoa entre 1959 y 1963 que constituían breves apuntes o pinceladas sobre anécdotas y los temas ya habituales en su obra de carácter costumbrista e histórico. Por desgracia, su muerte le impidió ver cumplido el objetivo que completó su viuda, siendo el resultado la edición en 1994 de la que constituye la cuarta monografía de Luis de Uranzu referida al «universo bidasotarra», ilustrada con dibujos de Gaspar Montes, Luis Valler («Kazkazuri») y Antonio Valverde («Ayalde»).
Desde la década de 1980 y hasta el día de hoy, este mismo sigue siendo el objeto de estudio de la Asociación cultural «Luis de Uranzu Kultur Taldea», creada, según sus estatutos, «con el fin principal de promover, fomentar y desarrollar el estudio y la investigación de los hechos y documentos históricos referidos a la región del Bidasoa», tomando el testigo de Luis de Uranzu, de quien se declara heredera, tomando su nombre.
Obrak
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La Guipuzcoa agricole. Thèse agricole soutenue en 1914 à l’Institut agricole international de Beuavais, Beauvais: Imprimerie départamentale de l’Oise, 1914.
URANZU, L. de, Lo que el río vio. Biografía del río Bidasoa, San Sebastián: Valverde, 1955. Reed. Bilbao: La Gran Enciclopedia Vasca, 1975; Irún: Luis de Uranzu Kultur Taldea, 2003.
— Un pueblo en la frontera. Irún. Ensayos. San Sebastián: I. G. Valverde, 1965. Reed. Irún: Luis de Uranzu Kultur Taldea, 2003.
— Cuentos del Bidasoa = Bidasoako kondariak, San Sebastián: I. G. Valverde, 1971. Reed. Irún: Luis de Uranzu Kultur Taldea, 2003.
— Diccionario del Bidasoa, Irun: Luma Liburuak, 1994. Reed. Irún: Luis de Uranzu Kultur Taldea, 2003.
Además de colaborador habitual de la publicación El Bidasoa, escribió numerosos artículos y colaboraciones en periódicos, revistas y/o publicaciones periódicas de carácter local y provincial.
Bibliografia
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Gestión del Ayuntamiento de Irún. Índice de los acuerdos adoptados de 1946 a 1958, Irun: Ayuntamiento de Irun, 1960, p. 430.
NAVAS, E., Irun en el siglo XX, San Sebastián: Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, 1977.
RODRÍGUEZ SALÍS, J., El niño republicano de Beraun, Irun: Alberdania, 2009.
SALÍS, D., Exilios (1936-1945), Irun: Alberdania, 2002.
SEISDEDOS BOUZADA, J. L., Crónicas del Bidasoa, Irun: Luis de Uranzu Kultur Taldea, 1999, pp. 420-425.





