Karguak eta lanbideak
Testua gaztelaniaz
Benedictino, catedrático, historiador.
Ibilbidea
Testua gaztelaniaz
Don Justo Pérez de Urbel —nacido Justo Pérez Santiago—, nombre que adoptó como propio desde 1920, abrazó desde muy joven la observancia benedictina. Con doce años ingresó en la escuela monástica —«oblatorio»— de la abadía de Santo Domingo de Silos, en la provincia de Burgos, recibiendo una completa formación humanística hasta el momento de recibir el hábito monástico, ya con quince años, de manos del abad Ildefonso Guépin, oriundo del homólogo de San Pedro de Solesmes (Francia), y restaurador del monasterio en 1880.
Un bienio más tarde, el 8 de diciembre de 1912, realizó su profesión monástica perpetua, formándose en Filosofía y Teología. Merced a sus destacadas cualidades como investigador, escritor y conferenciante, fue destinado a la enseñanza, primero en los cursos superiores de Humanidades Clásicas, más tarde en Filosofía, Apologética e Historia Eclesiástica. Dominó el francés, el inglés y el alemán, además de las lenguas antiguas de hebreo, griego, latín y árabe.
Tras la muerte del abad Guépin, en 1917, con el apoyo del nuevo abad Luciano Serrano, desarrolló su faceta de historiador. Fruto de sus primeras investigaciones de la vida monástica hispana será la obra Los monjes españoles en la Edad Media (publicada en 1933-1934 in extenso, en dos volúmenes), a la que siguieron numerosas hagiografías y estudios sobre abadías y monasterios españoles. En esta misma época concluye sus estudios eclesiásticos, siendo ordenado sacerdote el 25 de agosto de 1918 en la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced de los padres jesuitas, en Burgos.
En pocos años se convierte en un reputado escritor, desde libros de lecturas para niños a completas hagiografías. En 1928 recibió el primer premio literario con una biografía de San Eulogio de Córdoba. Serán los años de sus primeros trabajos en la Revista Eclesiástica y en el Boletín de la Real Academia de la Historia, además de en El Debate (desde 1929), dirigido por el obispo y cardenal Herrera Oria, y La Época. En marzo de 1927 don Ramón Menéndez Pidal le solicita su colaboración en la Historia de España en 15 volúmenes que está preparando, abordando la cultura visigoda y mozárabe y los «Orígenes del cristianismo en España», así como también su participación en la Historia de la Literatura Española, en 11 tomos, que se hallaba también de su mano.
El estallido de la Guerra Civil española le pilla en la abadía de Silos, no pudiendo acudir a la conferencia que tenía comprometida en los Cursos de Verano de Santander. Fueron años de intensa labor investigadora, en los que fueron redactadas algunas de sus obras más destacadas: San Pablo, Apóstol de las Gentes (Madrid, 1940); San Isidoro de Sevilla. Su vida, su obra y su tiempo (Barcelona, 1940). También apareció, a la conclusión de aquella, su esperada colaboración en la Historia de España dirigida por don Ramón Menéndez Pidal: «Las letras en la época visigoda» (vol. III, Madrid, 1940).
A petición de Pilar Primo de Rivera, fue nombrado, en mayo de 1938, asesor religioso de la Sección Femenina de la Falange Española, desarrollando su labor en Málaga a través de cursos y seminarios formativos de cuadros. El propio Nuncio pontificio, Gaetano Cicognani, llegó a reconocerle, en diversas ocasiones, la importante labor desplegada, sus orientaciones, sus conferencias, sus libros de texto de religión, así como la organización de todo lo referido a la formación y asistencia espiritual de sus integrantes, desarrolladas hasta el momento de la extinción de la institución, en julio de 1977, como resultado de la supresión de la Secretaría General del Movimiento.
Igualmente, por estas mismas fechas, fue designado director del semanario juvenil Flechas y Pelayos, fusión de otros dos anteriores que portaban los nombres que ahora se unían, en cuya labor esperaba realizar una beatífica labor en pro de los niños y jóvenes católicos españoles, principalmente con los más de un centenar de artículos suyos que serán publicados en sus páginas.
En el periodo de posguerra comprendido entre 1941 y 1945 verá la luz una de sus principales y más acabadas obras, la Historia del Condado de Castilla, en tres volúmenes (Madrid, 1945), de los que el último constituye un importante aporte documental, la mayor parte de ellos inéditos. Por ella fue acreedor del Premio «Francisco Franco» del año 1944, la mayor recompensa otorgada a fray Justo en su larga vida de investigador. De la misma se realizará, posteriormente, una segunda y renovada edición en 1969-1970, con el título El Condado de Castilla. Los 300 años en que se hizo Castilla, de la que, lamentablemente, se suprimió el apéndice diplomático.
Por estos mismos años el sabio benedictino publicó Vida de Cristo (Madrid, 1941), Historia de la Orden Benedictina (Madrid, 1941), El monasterio en la vida española de la Edad Media (Barcelona, 1941), San Basilio el Grande (Madrid, 1942) y Fernán González (Madrid, 1943), además de numerosos artículos en las revistas Ecclesia, Consigna, Revista Litúrgica Argentina, Arbor, Escorial, Ora et Labora y Príncipe de Viana.
Lamentablemente, fray Justo no disponía de grado ni titulación académica alguna, ni había acudido nunca a la universidad, ni había obtenido grado en ella. Por eso, en 1945 se decidió, por consejo de amigos, a hacer el bachillerato. Se le dispensó de la escolaridad para hacer el examen para su obtención, finalmente acometido el 5 de julio de dicho año, obteniendo la calificación de «apto» en el ejercicio escrito y de «sobresaliente» en el oral.
Esta personal circunstancia no supuso obstáculo alguno para que ocupara puestos relevantes en la administración educativa y científica española del momento: el 24 de abril de 1941 fue designado vocal suplente en el tribunal de oposiciones a cátedra de Historia de España en las Facultades de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada y Murcia; el 1 de noviembre de ese mismo año fue adscrito al gabinete de Información Técnica del Ministerio de Asuntos Exteriores; el 27 de octubre de 1944 fue nombrado vocal del Pleno del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), adscrito a los Patronatos de «Raimundo Lulio» y «Marcelino Menéndez Pelayo»; el 26 de febrero de 1945 se le nombra vocal de la Junta Consultiva del Instituto «Padre Enrique Flórez»; el 22 de marzo de 1948, vocal del Patronato de la Biblioteca Nacional; el 15 de abril de 1948, vocal de la Junta del Patronato «Marcelino Menéndez Pelayo»; el 5 de junio de 1948, vocal del Patronato «José María Quadrado».
Finalmente, en julio de 1946, cuando contaba ya con cincuenta años, se inscribió para obtener la Licenciatura en Historia en aquellos exámenes «patrióticos» que se fijaron al objeto de que pudieran acceder al grado universitario aquellos que, por causa de la pasada Guerra Civil, no hubieran podido obtenerlo. En el certificado del examen, celebrado el 16 de julio de 1946, se hizo constar que había sido admitido en lo referente al ejercicio escrito, y que en cuanto al oral había obtenido la calificación de «sobresaliente». El título de licenciado llevará fecha de 15 de diciembre de 1947.
Para la obtención del grado de doctor se propuso al catedrático don Antonio de la Torre y del Cerro como director. Su título, con la calificación de «sobresaliente», lleva fecha de 31 de marzo de 1950.
En el año 1950, también, hicieron aparición sus obras Sancho el Mayor de Navarra, una completa monografía sobre el gran monarca pamplonés, profundamente documentada, como demostró a lo largo de sus páginas, y el Liber Comicus, en colaboración con Atilano González Ruiz-Zorrilla, que fue acreedor del Premio «Antonio Nebrija», en 1946. Para el Libro Homenaje dedicado a su amigo don Ramón Menéndez Pidal reservó uno de sus más emblemáticos y completos trabajos: «La conquista de la Rioja y su colonización espiritual en el siglo X» (Madrid, 1950). Dos trabajos más fueron incluidos en los núms. 17 (1944) y 18 (1945) de la revista navarra Príncipe de Viana: «Navarra y Castilla en el siglo X» y «Navarra y Castilla en tiempos de Sancho el Mayor».
En este mismo año, mediante oposición, accedió como numerario a la cátedra de Historia de España en la Edad Media en la Universidad Complutense (BOE, núm. 92, de 22 de marzo de 1950), a la par que fue nombrado vicedirector de la Escuela de Estudios Medievales, en el Instituto «Jerónimo Zurita» del CSIC.
Entre 1951 y 1957 salieron a la luz tres obras que constituyen un referente de su actividad investigadora del periodo medieval: Sampiro, su Crónica y la Monarquía leonesa en el siglo X (Madrid, CSIC, 1952); Fernán González (Buenos Aires, 1952) y Cantar de Mio Cid (Burgos, 1955). También algún importante trabajo en revistas científicas, como «Lo viejo y lo nuevo sobre el origen del reino de Pamplona», en la revista Al-Andalus (núm. 19, 1954); «Antifonario de León: el escritor y la época», en Archivos Leoneses (núms. 14-15, 1954).
Pero lo que verdaderamente ocupó su tiempo desde el año 1955 fue atender a la petición que se le formuló de establecer una comunidad religiosa en la basílica que se estaba construyendo en Cuelgamuros (Madrid), en el posteriormente denominado «Valle de los Caídos». Se pensó en el monasterio de Silos para establecer una comunidad que mantuviese el culto decorosamente y se dedicase a actividades culturales, lo que finalmente fue acordado por el capítulo de aquel en febrero de 1957. Un total de 20 monjes partirían desde el cenobio burgalés hacia su nuevo destino.
La erección e instalación canónica de la nueva abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, así como el nombramiento de su primer abad en la persona de fray Justo Pérez de Urbel, hasta entonces prior del priorato silense de Nuestra Señora de Montserrat de Madrid desde 1948, tuvieron lugar el 17 de julio de 1958. Su bendición abacial, efectuada en la Capilla del Palacio Real de Madrid, tuvo como padrino al general Francisco Franco, jefe del Estado, el 23 de octubre de ese mismo año. Desde este momento, fray Justo debió compaginar su misión de regir la abadía con sus clases en la Universidad Complutense y con los otros cargos académicos y políticos que ocupaba (CSIC, Sección Femenina, procurador en Cortes). A su frente permaneció hasta 1966, obteniendo el incremento de monjes hasta los 55 miembros.
En su último decenio de vida (1969-1979) la producción histórica de fray Justo se incrementó significativamente en relación con el periodo anterior, como testimonian sus participaciones en el Diccionario de Historia Eclesiástica de España y la Gran Enciclopedia Rialp, así como en la edición española de la Historia de la Iglesia dirigida por A. Fliche y V. Martín. O más particularmente las ediciones de las monografías El conde Fernán González (Burgos, 1970) —su postrera aportación a la vida del insigne conde castellano—; Un español universal. El Papa Luna (Castellón, 1972); Fray Pedro Ponce de León y el origen del arte de enseñar a hablar a los mudos (Madrid, 1973); Santiago de Compostela en la Historia (Madrid, 1977); o García Fernández (el conde de las bellas manos) (Burgos, 1979). Dejó conclusa, pero sin editar, una obra más, que vio la letra impresa, póstumamente, en 1983: La España del siglo X: castellanos y leoneses, navarros y gallegos, musulmanes y judíos, forjadores de historia.
Tras su jubilación como catedrático en la Universidad Complutense, en 1969, asumió la docencia de Historia Medieval en la Universidad de Deusto, pero su progresiva decadencia física le impidió cumplir al poco tiempo. Falleció en la abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos de Madrid la tarde del 29 de junio de 1979, siendo inhumado en el cementerio de la comunidad.
Persona amable, dulce, generosa y entregada, en opinión de personalidades de su época, fue además un trabajador y un estudioso extraordinario, que le llevó a escribir más de 1.500 artículos, unos 50 libros y folletos, algunos de varios tomos, multitud de reseñas bibliográficas, pronunciar innumerables conferencias, sermones e impartir clases desde los veintidós años, a lo que debemos añadir todo el peso de una vida monástica austera o la asunción de cargos de gran responsabilidad, tanto civiles como eclesiásticos.
Obrak
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«De Patrología española. San Pimenio», Boletín de la Real Academia de la Historia, LXXVII (1920), pp. 132-150.
Semblanzas benedictinas, Madrid: Voluntad, 1925-1928, 3 vols.
«Origen de los himnos mozárabes», Bulletin Hispanique, 18 (1926), pp. 5-21, 113-139, 209-245 y 305-320.
San Eulogio de Córdoba, Madrid: Voluntad, 1928.
Los monjes españoles en la Edad Media, Madrid: Instituto Valencia de Don Juan, 1933-1934, 2 vols.
San Pablo, apóstol de las gentes, Madrid: Fax, 1940.
San Isidoro de Sevilla. Su vida, su obra, su tiempo, Barcelona: Labor, 1940.
«Las letras en la época visigoda», Historia de España de Menéndez Pidal, t. III, vol. II, Madrid: Espasa-Calpe, 1940, pp. 377-431.
Vida de Cristo, Madrid: Fax, 1941.
Historia de la orden benedictina, Madrid: Fax, 1941.
El monasterio en la vida española de la Edad Media, Barcelona: Labor, 1942.
Fernán González, Madrid: Atlas, 1943.
Historia del condado de Castilla, Madrid: CSIC, 1945, 3 vols.
Sancho el Mayor de Navarra, Madrid: CSIC, 1950.
Con GONZÁLEZ RUIZ–ZORRILLA, A., Liber Commicus, Madrid: CSIC, 1950, 2 vols.
Sampiro. Su crónica y la monarquía leonesa en el siglo X, Madrid: CSIC, 1952.
«Orígenes del culto a Santiago en España», Hispania Sacra, 5 (1952), pp. 1-31.
«Los primeros siglos de la Reconquista (años 711-1038)», Historia de España de Menéndez Pidal, t. VI, Madrid: Espasa-Calpe, 1956, pp. 3-348.
Historia Silense (coaut. Atilano González Ruiz-Zorrilla), Madrid: CSIC, 1959.
Un español universal. El papa Luna, Castellón: Diputación Provincial, 1975.
Fray Pedro Ponce de León y el origen del arte de enseñar a hablar a los mudos, Madrid: Obras Selectas, 1973.
«El monasterio de Valeránica y su escritorio», Homenaje a Don Agustín Millares Carlo, Las Palmas de Gran Canaria: Confederación Española de Cajas de Ahorro, 1975, pp. 71-89.
García Fernández (el conde de las bellas manos), Burgos: Diputación Provincial, 1979.
La España del siglo X. Castellanos y leoneses, navarros y gallegos, musulmanes y judíos, forjadores de historia, Madrid: Alonso, 1983.
Bibliografia
Testua gaztelaniaz
CANTERA MONTENEGRO, S., OSB, «Fray Justo Pérez de Urbel, medievalista», Abadía Santa Cruz. Revista Benedictina de Estudios e Información, 78 (1995), pp. 14-28. Reed. Estudios de Historia y Espiritualidad Monástica, Salzburgo: Universität Salzburg – Analecta Cartusiana, 2011, t. I, pp. 226-234.
GARRIDO BONAÑO, M., OSB, Fray Justo y los hombres de su tiempo, San Lorenzo de El Escorial: Abadía de Santa Cruz del Valle de los Caídos, 1983.
PEIRÓ MARTÍN, I., y PASAMAR ALZURIA, G., Diccionario Akal de Historiadores españoles contemporáneos (1840-1980), Madrid: Akal, 2002, pp. 485-486.
SÁNCHEZ–ALBORNOZ, C., «Fray Justo Pérez de Urbel», Cuadernos de Historia de España, 63-64 (1980), pp. 397-399.
SERNA, C. de la, OSB, «Fray Justo Pérez de Urbel» y «Bibliografía de Fray Justo Pérez de Urbel», Homenaje a Fray Justo Pérez de Urbel, OSB, Silos: Stvdia Silensia, III, 1976, t. I, pp. 23-32 y 33-108.
VIVANCOS GÓMEZ, M. C., OSB, «Justo Pérez Santiago», DB~e. En línea: https://dbe.rah.es/biografias/5460/justo-perez-santiago (consultado el 24 de agosto de 2022).





