Karguak eta lanbideak
Testua gaztelaniaz
Diplomático, empresario, periodista y escritor vinculado al carlismo.
Ibilbidea
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Procedente de una familia de empresarios, titulares de Oyarzun y Compañía, domiciliada inicialmente en Olague y dedicada al comercio, los molinos y la electricidad (suministrando a varios pueblos navarros), esta tradición empresarial se mantuvo durante buena parte de su vida, pues, aunque fue su madre, Patricia Oyarzun, la que heredó la compañía a la muerte de su marido Miguel Oyarzun (1908), él siguió como agente. A la muerte de su madre, en 1919, asumió la gestión.
También desde muy niño mantuvo un estrecho vínculo con el carlismo, firmando poco antes de cumplir los nueve años, con toda su familia, una protesta de los vecinos de Olague contra la erección de un monumento a Giordano Bruno en Roma.
Hizo el bachillerato en Pamplona/Iruña, que obtuvo en marzo de 1904, y posteriormente estudió en Madrid, donde formó parte de la Juventud Carlista e integró la junta directiva del círculo de la calle Montera, participando activamente en diversos actos conmemorativos y de propaganda. Cursó Filosofía y Letras y Derecho entre 1903 y 1906, doctorándose en filosofía con la tesis: Estudio sobre el carácter. Con esta base, en 1906 optó a la cátedra de Psicología, Lógica, Ética y Rudimentos de Derecho en los Institutos de Teruel y Lérida, pero quedó excluido. También aspiró a la cátedra de metafísica de la Universidad de Madrid, a la que renunció y que ocuparía José Ortega y Gasset. A fines de 1907 fue nombrado director de El Correo de Guipúzcoa, del que dimitió en el verano de 1909. Para entonces se había colegiado como abogado en Donostia-San Sebastián y puesto en marcha su propio bufete, residiendo en la capital donostiarra. Pero en septiembre de 1910 recibió la invitación del pretendiente don Jaime para desplazarse a Froshdorf, en Austria, donde habría de recoger material para la publicación de un folleto sobre el líder carlista. No salió lo previsto, pero sí una entrevista con don Jaime y don Alfonso Carlos en Ebenzweier, publicada en El Correo Español (5 de octubre de 1910), y centrada especialmente en la cuestión marroquí.
En la primavera de 1911 se presentó a las oposiciones para plazas convocadas por el ministerio de Estado para la carrera consular, quedando admitido en expectación de destino. Poco después se casó con la pamplonesa Concha Iñarra y en marzo del año siguiente fue nombrado vicecónsul de España en Liverpool. Allí permaneció hasta que en abril de 1915 recibió el cargo de cónsul en Río de Janeiro. Tras la muerte de su madre regresó, y solicitando una excedencia en su carrera consular, asumió la compañía familiar y la expandió de forma considerable, fundando la sociedad Alpha, S. A. (con sede en Madrid y Pamplona), dedicada a la importación de productos norteamericanos, desde maquinaria agrícola, a material de automóviles o electrodomésticos, balanzas, además de a su fabricación bajo licencia, productos todos, recogía la publicidad de su tiempo, «que llaman la atención por su modernidad». A la inauguración de su establecimiento en Madrid en octubre de 1927 acudió el embajador norteamericano.
En diciembre de 1930 se reincorporó a la carrera diplomática como agregado consular de segunda clase, recibiendo como destino Londres, donde permaneció al menos hasta julio de 1934, cuando obtuvo varios meses de licencia por enfermedad. A fines de ese año fue ascendido a cónsul de primera clase. Mientras tanto mantuvo sus empresas en funcionamiento y recuperó «su vieja pluma de buen escritor, no enmohecida en largos años de fructuosos afanes mercantiles», decía una reseña de su traducción del libro de Henningsen sobre Zumalacárregui, que saldría publicado en el centenario de la muerte del caudillo carlista, 1935. Ese mismo año recibió el cargo de agregado comercial en la Embajada de Viena para Austria, Hungría y Checoslovaquia.
Estando en esta misión diplomática se sumó a la candidatura de la unión de derechas por Madrid en las elecciones de febrero de 1936, que encabezaba José Calvo Sotelo, representando a la Comunión Tradicionalista. No resultó elegido y regresó a su puesto en Viena. Al estallar la Guerra Civil, se negó a realizar la declaración que le pedían desde el ministerio de Estado, afirmando en el telegrama de respuesta estar en desacuerdo con la política del Gobierno, «cada día más influido y dominado por elementos comunistas y socialistas revolucionarios, a quienes considero enemigos de Religión, Patria y Libertad. Prefiero perder puesto y medios vida obtenidos mediante oposición […] a violentar mi conciencia». Este telegrama, del 3 de agosto de 1936, lo remitió además con una carta al director de Diario de Navarra, que publicó ambos. Al día siguiente se puso a disposición de la Junta Nacional de Burgos. Pocos días después era destituido por el gobierno de la República. En octubre regresó a Viena con los dirigentes carlistas que asistieron al entierro y funerales del pretendiente Alfonso Carlos, ejerciendo de cicerone con su hijo, que formaba parte de la escolta del jefe delegado carlista, Manuel Fal Conde. Mientras, sus empresas en Madrid fueron socializadas por el Sindicato Metalúrgico El Baluarte de Madrid, de la UGT.
Su ofrecimiento a la Junta Nacional de Burgos se canalizó inicialmente en labores de propaganda, pero ya en 1937 fue nombrado presidente del Comité Sindical de Fertilizantes integrado en la Junta Técnica del Estado, además de presidente del comité ejecutivo de comercio exterior. Por su parte, Marcelino Olaechea medió ante el cardenal Gomá para que apoyara la candidatura de Oyarzun al Consejo Nacional del Movimiento, pero no obtuvo la designación. El 18 de marzo de 1939 regresó a la carrera diplomática como cónsul de España en Perpignan, donde permaneció durante buena parte de la Segunda Guerra Mundial. En 1950 fue ascendido a ministro plenipotenciario de 2.ª clase y en 1951 se jubiló con honores de ministro plenipotenciario de 1.ª clase.
A partir de este momento retomó su trayectoria como escritor, que había dado algunas muestras significativas, como el libro dedicado a Zumalacárregui, pero sobre todo con la edición de Historia del carlismo en 1939, la primera síntesis global de la historia de este movimiento, que se reeditó hasta fines de los sesenta pese a las polémicas que provocó, incrementadas con su libro sobre Ramón Cabrera, premio Aedos de biografía 1961.
Desde muy pronto se situó en un plano vasquista, pero repudiando el nacionalismo. Así lo afirmaba al responder a Manuel de Aranzadi desde El Correo de Guipúzcoa (29 de marzo de 1908): «Los que nos titulamos carlistas […] hemos combatido y seguiremos combatiendo el nacionalismo […] por dos razones: primera porque creemos que el nacionalismo representa un mal tal y como lo sustentan la inmensa mayoría de los nacionalistas, un mal, no solo para España sino para Vasconia; segunda, porque el nacionalismo nos ha atacado como a enemigo predilecto». Se preguntaba: «¿Cómo hemos de ser una misma cosa los que además de amar la región, y la Patria Euskara amamos e idolatramos la gran patria común, España, y los que la odian, encerrando en un molde estrecho el amor a Vasconia?». Reconocía evidentes elementos compartidos, como cuando afirmaba que «no se puede hablar dentro de Vasconia de respectivas nacionalidades, v. gr. Vizcaya, Navarra, Labourde, etc., sino de una sola nacionalidad, y una sola nación, la nación Euskara y la nacionalidad (que no es otra cosa sino el vínculo que une al nacional con su nación) euskara». La diferencia y el motivo de su radical enfrentamiento estaba en la consideración o no de España como la patria común. Esta postura la reiteró en artículos posteriores, así como en sus libros sobre el carlismo, en los que defendió las personalidades regionales y criticó el centralismo de raíz liberal.
Obrak
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HENNINGSEN, G., Campaña de doce meses en Navarra y las Provincias vascongadas con el General Zumalacárregui, Madrid: Imp. Juan Pueyo, 1935. Reed. Burgos: Editorial Española, 1937; San Sebastián, Editorial Española, 1939; Buenos Aires, Espasa- Calpe Argentina, 1947. Traducción del inglés por Román Oyarzun.
Historia del Carlismo, Bilbao, FE, 1939; 2.ª ed.: Madrid: Editora Nacional, 1944; 3.ª ed.: Madrid: [Pueyo], 1965; 4.ª ed.: Madrid: Alianza, 1969.
Vida de Cabrera y las guerras carlistas, Barcelona: Aedos, 1961.
El alavés D. Bruno de Villarreal teniente general carlista, Vitoria: Imp. del Montepío Diocesano, 1964.
Pretendientes al trono de España. La cuestión dinástica a la luz de la Historia, Barcelona: Juventud, 1965.
Nacimiento, vida, muerte y resurrección de los sacerdotes obreros, Madrid: Pueyo, 1966.
Bibliografia
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ESTÉVEZ, M. A., «Hoy es noticia… D. Román Oyarzun», Diario de Navarra, 5 de septiembre de 1964, p. 16.
GARRALDA ARIZCUN, J. F., «Román Oyarzun Oyarzun», DB~e. En línea: https://dbe.rah.es/biografias/32414/roman-oyarzun-oyarzun (consultado el 18 de junio de 2022).
«Nuestros candidatos. Oyarzun por Madrid», Pensamiento Alavés, 7 de febrero de 1936, pp. 1 y 3.





