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NOTITIA VASCONIAE Gipuzkoako egileak eta obrak

MONZÓN ORTIZ DE URRUELA, Telesforo (Bergara, Gipuzkoa, 1 de diciembre de 1904 – Bayona, 9 de marzo de 1981)

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Político, escritor.

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Telesforo Monzón fue uno de los políticos nacionalistas más influyentes del siglo XX, primero en las filas del PNV y después en el nacionalismo radical aglutinado en torno a ETA. Su protagonismo político se prolongó durante cincuenta años, desde la Segunda República hasta la Transición, cuando se convirtió en el líder más carismático de Herri Batasuna.

Nació en Bergara el 1 de diciembre de 1904 en el seno de una familia aristocrática de convicciones católicas y tradicionalistas. Los Monzón, sucesores del antiguo linaje de Olaso, eran unos de los notables o jauntxos más ricos e influyentes en la Gipuzkoa del siglo XIX. El padre de Telesforo fue Vicente Monzón y Lardizabal (Bergara, 1860 – San Juan de Luz, 1913), personaje de carácter inestable y atormentado, refractario al proceso de modernización de la sociedad guipuzcoana que le tocó vivir. Desde el punto de vista ideológico, Vicente Monzón se identificó con el fuerismo y con el integrismo. Aunque estudió Derecho, nunca ejerció la profesión. Fue diputado provincial de Gipuzkoa entre 1893 y 1895. Sin embargo, desengañado de la actividad política, se apartó de ella y se dedicó a una elegante ociosidad. Vicente Monzón contrajo matrimonio en 1892 con Concepción Ortiz de Urruela Ceballos (Sevilla, 1867 – San Juan de Luz, 1965), mujer de aspiraciones nobiliarias, procedente de una familia de indianos enriquecidos en Centroamérica. Su enlace con la aristocrática familia Monzón le llevó a soñar con la  posibilidad de alcanzar un título de nobleza para su hijo Telesforo, algo que no consiguió. Tal vez por eso trató de mostrar su alcurnia mediante un altísimo nivel de consumo suntuario, que condujo a la familia al endeudamiento y a la consiguiente enajenación de buena parte de su patrimonio. El matrimonio Monzón-Ortiz de Urruela tuvo 6 hijos: el primogénito varón Telesforo, Isidro (1906), María Pilar (religiosa carmelita, 1893-1971), María Francisca y las gemelas Dolores (1901) y María de los Ángeles (1901-1915). Telesforo Monzón Ortiz de Urruela se casó en 1935 con María Josefa Ganuza de Lardizabal, sin que el matrimonio tuviera descendencia.

Telesforo Monzón recibió una educación elitista basada en valores católicos, tradicionales y aristocráticos. Preceptores religiosos integristas y carlistas dirigieron su primera formación. Pasó los primeros años de su infancia en Bergara. En torno a 1910 la familia trasladó su residencia habitual a San Juan de Luz, donde el padre murió repentinamente el día de Navidad de 1913. La familia pasó entonces a residir primero en Vitoria-Gasteiz y después en Donostia, hasta que en 1921 se desplazó a Madrid para que Telesforo Monzón cursara la carrera de Derecho. En aquella época el joven Telesforo llevaba la vida de un joven aristócrata, se codeaba con la alta sociedad de la capital y profesaba las ideas monárquicas del nacionalismo conservador español. A finales de los años veinte no había conseguido acabar sus estudios —fue un pésimo estudiante, como él mismo confesó tiempo después—, mientras su familia había consumido buena parte del patrimonio económico acumulado durante siglos. Fue entonces cuando Telesforo Monzón regresó a Bergara y se acercó al nacionalismo vasco. Según él mismo relató tiempo después, dudó de su identidad nacional. Se debatió entre el nacionalismo español y el patriotismo vasco, para decantarse finalmente por este último.

Una vez definida su personalidad nacional, Monzón se propuso recuperar sus señas de identidad vasca, difuminadas tras años de residencia en Madrid. En 1930 pasó una temporada en un caserío del barrio de Urkizu (Tolosa) con la idea de mejorar su conocimiento del euskera, que había olvidado parcialmente. Fue una estancia importante en la evolución de nuestro personaje: «Allí, a la sombra de sus manzanales unas veces, y otras junto al fuego, se adentró en mí el amor a la Patria y al euskera», escribió años después. Monzón asumió entonces una concepción tradicionalista y ruralista de la identidad vasca. Concebía el mundo rural, simbolizado en el caserío, como el reducto donde el «alma vasca» y el euskera se habían preservado, libres de la contaminación del mundo moderno. Durante su estancia en Urkizu entró en contacto con escritores euskaldunes como Lizardi, Aitzol, Orixe, Labayen, López de Mendizabal, etc. Cambió los salones, tertulias y fiestas de la aristocracia madrileña por un nuevo círculo de sociabilidad agrupado en torno a la idea del renacimiento euskaldun. Fue entonces cuando empezó a participar en actividades a favor del euskera y abrazó la causa nacionalista. En torno a 1930 se afilió al PNV. Desde entonces hasta el final de su vida, la política nacionalista y cultura euskaldun fueron su actividad principal.

Durante la Segunda República desarrolló una fulgurante carrera política en el PNV. En las elecciones municipales de 1931 fue elegido concejal de Bergara. Desde entonces desplegó una intensa actividad como propagandista del nacionalismo vasco. Gracias a su condición de buen orador en euskera y castellano, se convirtió en un político carismático, capaz de enardecer a las masas, cualidad que mantuvo hasta su muerte. En marzo de 1933 fue designado presidente del Gipuzko Buru Batzar, cargo que abandonó en noviembre de ese mismo año al ser elegido diputado en las Cortes republicanas. Apoyó la estrategia pragmática de su partido para alcanzar el Estatuto vasco. Desde el punto de vista ideológico su nacionalismo de entonces se caracterizó por el extraordinario énfasis con que unía lo religioso y lo político. Desconfiaba de la República por su carácter laico, ya que entendía que el poder político debía estar al servicio de la fe. Para Monzón, el catolicismo era elemento sustancial de la identidad vasca. Condenaba la legislación laicista porque, en su opinión, contribuía a destruir el «ser vasco». La ley del divorcio le producía repulsa, no solo por sus convicciones religiosas, sino también porque servía «para acabar con la esencia misma de nuestro ser, de nuestra familia, de nuestra libertad». Monzón pensaba entonces que la mujer vasca debía ser ante todo «buena esposa y buena madre», para llevar a cabo la alta misión a la que estaba llamada, esto es, «educar a los hijos haciéndoles patriotas». Frente a las propuestas de emancipación de la mujer planteadas en la Segunda República, aconsejaba a las emakumes que «en la vida matrimonial no les importe ser dominadas por el marido, que, a fin de cuentas, el ser dominado es prueba de que se ama más intensamente» (Euzkadi, 23 de octubre de 1931). Esa concepción católica y tradicional del ser vasco le llevaba a condenar la lucha de clases por «anticristiana y antivasca». En su lugar, proponía la «hermandad racial» y la «doctrina social de la Iglesia», esto es, el binomio espíritu vasco y catolicismo que para él estaban indisociablemente unidos.

Tras el estallido de la Guerra Civil y la aprobación del Estatuto vasco en octubre de 1936, José Antonio Aguirre nombró a Telesforo Monzón consejero de Gobernación del Gobierno Vasco. Siendo el máximo responsable de guardar el orden público en tiempo de guerra, no consiguió evitar el asalto a las cárceles y asesinato de 224 presos derechistas en Bilbao en enero de 1937, tras un bombardeo contra la villa que encendió ánimos de venganza. Como consecuencia de aquellos trágicos sucesos, Juan Ajuriaguerra, uno de los principales dirigentes del PNV, pidió su dimisión, pero el lendakari le mantuvo en el cargo. Bajo su mandato como consejero de Gobernación se formó la primera policía autónoma vasca, la Ertzaña.

Al finalizar la Guerra Civil se exiló en Francia. Tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación de Francia por el ejército nazi, Monzón consiguió huir a América y se estableció en México. En la capital azteca asumió la Delegación del Gobierno Vasco y desarrolló una intensa actividad política, siempre en contacto estrecho con el lendakari, que le consideraba, además de un íntimo amigo, un colaborador político fundamental. Monzón aprovechó su estancia mejicana para publicar su primer libro de poesía, Urrundik (Desde lejos, 1945). Al acabar la Segunda Guerra Mundial, regresó a Francia. En 1946 se estableció en San Juan de Luz y publicó su segundo poemario, Gudarien eginak (Las gestas de los gudaris, 1947). En la remodelación del Gobierno Vasco de 1946 asumió la consejería de Cultura. Se mantuvo en ese cargo hasta 1953, año en que presentó su dimisión por discrepancias políticas con José Antonio Aguirre y con la dirección del PNV. En 1945 el lendakari había forjado un acuerdo —el Pacto de Bayona— entre todos los partidos políticos del exilio para conseguir la unidad de todas las fuerzas antifranquistas vascas en torno al Gobierno Vasco, derivado de la legalidad republicana. Monzón rechazaba esa estrategia y abogaba por lo que llamaba una política «netamente vasca», es decir, un acuerdo entre vascos, incluidas las fuerzas derechistas, en vez de una alianza con grupos políticos republicanos de ámbito estatal. Buscaba la reconciliación con los vascos que habían luchado en el bando franquista, sobre todo, con los carlistas navarros. Aspiraba a que los vascos de todas las tendencias —izquierdas, derechas y nacionalistas—, enfrentados durante la Guerra Civil, alcanzaran un programa mínimo sobre el futuro y el autogobierno del País Vasco. También criticaba la política de lealtad hacia las instituciones republicanas de Aguirre. Consideraba que la alternativa republicana era absolutamente inútil para derrocar a Franco y estaba convencido de que la solución monárquica era la más eficaz para acabar con el franquismo. El escaso eco de sus planteamientos en el PNV y en el Gobierno Vasco llevó a Monzón a presentar su dimisión como consejero en septiembre de 1953. Retomó entonces su actividad literaria y escribió varias obras de teatro en euskera. Telesforo Monzón siguió, no obstante, perteneciendo al PNV y participando en sus debates. Durante los años cincuenta defendió sus planteamientos en el boletín del PNV, Alderdi, generando un intenso debate sobre la cuestión Monarquía o República. Su apoyo a la solución monárquica española era conciliable con su nacionalismo de aquella época, alejado de reivindicaciones independentistas. Aunque defendía la autodeterminación para el País Vasco, rechazaba la ruptura con el Estado español. Entonces consideraba anacrónica y caduca la creación de nuevas fronteras y Estados.

Desde los años sesenta Monzón se fue alejando cada vez más de la dirección del PNV y del Gobierno Vasco. Reprochaba al Partido Nacionalista su pasividad, su falta de liderazgo, su incapacidad para atraer a las nuevas generaciones y su funcionamiento antidemocrático. Para superar esos males proponía una profunda renovación, un proceso de apertura y regeneración mediante la convocatoria de una asamblea que rectificara la estrategia del partido. El principal descuerdo entre Monzón y los dirigentes jeltzales era su diferente actitud ante ETA. Para Monzón era imprescindible la acción concertada de todos los abertzales. Veía el mundo de ETA como uno de los elementos constitutivos de la misma familia vasca, como la nueva generación nacionalista que tomaba el relevo de sus mayores. Según su relato, ETA era el eslabón que daba continuidad a la lucha por la causa vasca, vinculando la Guerra Civil de 1936 con la violencia de ETA. Por eso su eslogan más repetido era que «los gudaris de hoy», en referencia a los militantes de ETA, recogían el testigo de los «gudaris de ayer», aludiendo a los soldados nacionalistas de la Guerra Civil. Para que esa familia vasca no se rompiera, Monzón adoptó el papel de puente entre generaciones y de agente de la unidad abertzale. Según decía, pretendía «unir el hoy y el ayer sin romper la cadena», esto es, aunar la tradición jeltzale y el nacionalismo radical de ETA. Por eso creyó que tenía un papel providencial en la causa vasca. Como declaró su hermano Isidro, a partir del juicio de Burgos «Telesforo tomó conciencia de la importancia que él tenía, del papel que estaba destinado a desempeñar por el pueblo, de la importancia de su persona y de su labor» (Punto y Hora, núm. 256, 5-12 de marzo de 1982). Monzón proponía que el PNV y ETA colaborasen mediante la constitución de un Frente Nacional Vasco. Como sus planteamientos no fueron asumidos por la dirección jeltzale, el propio Monzón, al margen del PNV, puso en práctica esa cooperación con ETA. Su principal iniciativa en ese sentido fue la creación en 1969 de Anai­-Artea, asociación de ayuda a los refugiados etarras. En 1970 medió para conseguir la liberación del cónsul alemán en San Sebastián Eugene Bëihl, secuestrado por ETA, con motivo del proceso de Burgos. Y participó en actos de protesta, manifestaciones, huelgas de hambre o reuniones con los refugiados vascos del entorno de ETA en los primeros años setenta. Radicalizó sus mensajes, los adaptó a la estrategia de ETA y actuó políticamente a favor de esta organización. En esa época compuso varias canciones (Batasuna, Lepoan hartu, Txikia, Itziarren semea, etc.) que condensaban algunos de sus  mensajes políticos y se hicieron extraordinariamente populares durante la Transición.

Tras la muerte de Franco, Monzón continuó defendiendo la unidad abertzale. En abril de 1977 organizó la cumbre de Txiberta, unas conversaciones entre todas las fuerzas nacionalistas para adoptar una postura unitaria ante el proceso de transición. Fracasadas esas negociaciones, se alineó con el nacionalismo radical. La independencia, que en los años cincuenta consideraba algo caduco, pasó a ser ahora su objetivo político principal. Creía que el final del franquismo era la oportunidad histórica para conseguir la soberanía de Euskadi mediante la violencia de ETA, la movilización popular y la acción unida de todos los abertzales. Aunque fue expulsado del PNV en 1977, continuó proclamando su condición jelkide.

Durante la Transición se convirtió en el líder más carismático del nacionalismo radical. Regresó del exilio el 14 de julio de 1977, acompañado por diez expatriados expresos de ETA, en un acto simbólico que trataba de mostrar la continuidad entre los «gudaris de ayer y de hoy». Participó en la constitución de Herri Batasuna en 1978 y fue designado miembro de su Mesa Nacional. Volvió a emplear su vehemente oratoria para enardecer a las masas en actos multitudinarios organizados por la coalición radical. Encabezó las candidaturas electorales de Herri Batasuna y fue elegido diputado al Congreso por Gipuzkoa en 1979 y parlamentario por Álava en el Parlamento Vasco en 1980. Desplegó una intensa actividad pública (encerronas, manifestaciones, contactos internacionales, mítines, etc.), al margen de la política institucional y parlamentaria, que Herri Batasuna rechazaba. Colaboró asiduamente en los medios de comunicación de la izquierda abertzale. El núcleo de su discurso político era entonces la defensa de ETA, insistiendo en su idea ya expresada con anterioridad de que la violencia etarra no era sino prolongación de la lucha de los gudaris de la Guerra Civil. Afirmaba con rotundidad que «la guerra no ha terminado». Una y otra vez repetía la idea de que los etarras eran «los continuadores de los gudaris de ayer». El enaltecimiento de ETA, a cuyos militantes calificaba de «héroes nacionales de Euskalerria», iba acompañado de referencias nacionalistas tradicionales como la reivindicación del fuero, entendido como soberanía, o del Estatuto de Estella, como etapa transitoria.

Sus proclamas a favor de ETA le valieron su procesamiento por apología del terrorismo. Fue detenido el 3 de febrero de 1979 y encarcelado en la prisión de Nanclares de la Oca/Langraiz Oka (Álava). El 24 de febrero fue trasladado de la cárcel al hospital de Santiago Apóstol de Vitoria-Gasteiz, aquejado de una neumonía. Durante su encarcelamiento y hospitalización la izquierda abertzale organizó una campaña a favor de su liberación, lo que, junto a su delicado estado de salud, contribuyó a difundir su imagen de incansable luchador por la patria vasca. La figura del anciano nacionalista, preso tras cuarenta años de exilio, se convirtió en símbolo del sacrificio por la soberanía vasca. Tras ser elegido diputado, fue excarcelado el 10 de marzo de 1979 y continuó desarrollando una intensa actividad política como dirigente de Herri Batasuna. Sin embargo, a inicios de 1981 su salud volvió a resentirse. Falleció el 9 de marzo, víctima de un infarto de miocardio.

Obrak

Testua gaztelaniaz

Urrundik Bake­-oroi. Lenengo idaztia, México: Graf. Cultura, 1945.

Gudarien egiñak Olerkietan, Biarritz: Graf.  Moderne, 1947.

Lau kantari eta xori bat, Bayona: Euzko Gogoa, 1956.

Menditarrak, Bayona: Euzko Gogoa, 1957.

«Gure behia hila da!», GH, 32 (1960), pp. 11-32. Reed. Egan, 52 (2000), pp. 93-115.

Behorraren ostikoa [s. l.]: [s. n.], 1961.

Eneko Bizkai eta Maria Lorka, Bayonne: Hernani, 1966.

Herri baten oihua. Hitzak eta Idatziak, San Sebastián: Mesa Nacional de Herri Batasuna, 1982. Reed. La voz del pueblo. Telesforo Monzón. Herri baten oihua, Tafalla: Txalaparta, 2021.

Hazparne­-ko Anderea. Antzerkia hiru zatitan, Donostia: Elkar, 1984.

Telesforo Monzón. Hitzak eta idazkiak, s. l.: Jaizkibel, 1986.

Langosta baten inguruan, Donostia: Elkar, 1995.

Ultimos artículos, Hernani: Orain, 1995.

Lo que Monzón nos dejó. Idatziak eta abestiak, Bilbao: Baigorri, 2004.

Monzonen antzerki kaierrak, Donostia: Hiria, 2011.


Bibliografia

Testua gaztelaniaz

IZAGIRRE, K. (ed.), Telesforo Monzon. Hitzak eta idazkiak, s. l.: Jaizkibel, 1986.

MARTÍNEZ RUEDA, F., Telesforo Monzón. Realidad y mito de un nacionalista vasco, Madrid: Tecnos, 2021.

— «Monzón Ortiz de Urruela, Telesforo», en AGIRREAZKUENAGA, J., y URQUIJO, M. (dirs.), Diccionario biográfico de los diputados y diputadas del Parlamento Vasco (1980-­1984), Vitoria-Gasteiz: Parlamento Vasco, 2021, pp. 730-745.

MEES, L., y CASQUETE, J., «Telesforo Monzón», en DE PABLO, S. et al. (coords.), Diccionario ilustrado de símbolos del nacionalismo vasco, Madrid: Tecnos, 2012, pp. 79-91.

SUDUPE, P., Telesforo Monzón, aristokrata abertzalea, Donostia: Txertoa, 2018.


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