Karguak eta lanbideak
Testua gaztelaniaz
Gramático, lingüista y político.
Ibilbidea
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Pierre Lafitte fue bautizado al día siguiente de nacer, y es que su padre, Joseph (funcionario oficial de aduanas, nacido en Baigorri), era profundamente católico. De su madre, Marie Viela, de Ustaritz/Uztaritze, que estaba a menudo muy enferma, le quedaron muy pocos recuerdos. Fue a la escuela laica de Uztaritze. Eran sus abuelos maternos los que le cuidaban y, con un mes de diferencia (enero y febrero de 1909), perdió a su madre y a su padre. A partir de entonces, fueron su tío Eugène Viela, el hermano de su madre, y su esposa los que le acogieron en el pequeño pueblo suletino de Ithorrotze-Olhaibi, cerca de Donapaleu (Baja Navarra). Asistía a la escuela laica del pueblo y solo hablaba francés y bearnés.
En octubre de 1912 ingresó en el Seminario Menor de Belloc (Urt/Ahurti, Labort), donde completó su formación clásica. Obtuvo el bachillerato en 1919. A continuación, ingresó en el Seminario Mayor de Bayona. Desde antes de entrar en el seminario de Belloc tenía decidido que sería sacerdote. Más tarde admitiría que le costó mucho liberarse de esa enseñanza muy imbuida del maurrasismo. Muchos de sus compañeros no lo consiguieron.
Para el 1 de enero de 1920 ya había tomado una decisión, así que fue a ver a Jean Saint-Pierre, futuro obispo y profesor de Moral en el Seminario Mayor, para desearle un feliz año nuevo y anunciarle que quería aprender euskera, del que por aquel entonces solo sabía unas decenas de palabras. Jean Saint-Pierre le animó mucho y le regaló el libro Erlisionea (1890) del abad Jean Pierre Arbelbide. Unos años después, le regaló la Grammaire basque (1895) del abad Jean Uthurry y los dos volúmenes del Diccionario Vasco-Español-Francés de Resurrección María de Azkue (1905). También le animó otro futuro obispo, Clement Mathieu, profesor de Teología en el Seminario Mayor. A partir de 1919, pasó durante siete años todas sus vacaciones en Arnegi, donde ayudaba al párroco local en diversas tareas.
Sus avances en el aprendizaje del euskera fueron tan rápidos y grandes que para 1921 publicó su primer artículo en Gure Herria: «Le labourdin dans Uthurry». El padre Lhande fue llamado a París y fue él quien se ocupó de elaborar su Dictionnaire Basque-Français, que se publicó a partir de 1926, con la ayuda de su amigo el abate Philippe Aranart. Más tarde admitió que había escrito más del 80 % del diccionario. También admitió haber leído todo lo que se había publicado en euskera desde 1545 hasta 1920 y haber estudiado las 53 gramáticas anteriores para preparar su Gramática Vasca, cuya primera edición se publicó en 1944. No debe extrañarnos que fuera nombrado en 1928 miembro correspondiente de Euskaltzaindia.
Fue ordenado sacerdote a los veintitrés años, en 1924. Dada su edad, tuvo que obtener una dispensa papal. En otoño de ese mismo año ingresó en el Instituto Católico de Toulouse. Sus preferencias se orientaban hacia la Filosofía, pero después de recibir cartas de Jean Saint-Pierre y Clément Mathieu, se matriculó finalmente en Letras Clásicas. Trabajó en la parroquia de Amidonniers, un barrio muy pobre de Toulouse, y fue según él una experiencia muy enriquecedora. En 1926-1927 regresó al País Vasco, pero al año siguiente volvió a partir a Toulouse y obtuvo allí la Licencia de Letras en 1928.
Inmediatamente después fue nombrado profesor del Seminario Menor Saint-François Xavier de Uztaritze, donde desarrolló toda su carrera hasta su jubilación en 1969. Ocupaba un pequeño despacho forrado de libros, contiguo a un dormitorio y un aseo. En ese pequeño despacho recibía, con su habitual picardía y malicia, a los numerosos visitantes que acudían a consultarle.
Se había convertido en una figura destacada: era miembro de la Academia desde 1949 y presidente de la Comisión de Gramática, canónigo desde 1961 y miembro del CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica) desde 1968.
En el intermedio, durante la guerra de 1939-1940, fue destinado a Saint-Sulpice La Pointe (Tarn), después de haber pasado por la escuela de oficiales cadetes de Versalles, y desmovilizado el 2 de agosto de 1940. A partir de 1942, se convirtió en cartógrafo de la Resistencia contra los ocupantes alemanes; estableció dos rutas desde Uztaritze a Arnegi, destinadas principalmente a los ingleses que querían pasar a España. Ser miembro de la Resistencia le permitió publicar en el otoño de 1944 un semanario vasco, Herria, en el que siguió publicando miles de artículos hasta su muerte. Afortunadamente, también le llegó el tiempo de las recompensas: en 1982 fue investido doctor honoris causa por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU); en 1983, Euskaltzaindia le entregó un libro de homenaje de 923 páginas en el Ayuntamiento de Uztaritze. Con una minusvalía por el deterioro de la vista desde hacía muchos años, fue hospitalizado en octubre de 1984 en el servicio de cardiología de Bayona, donde permaneció hasta su fallecimiento en marzo de 1985.
No hay duda de que Pierre Lafitte fue un autor polifacético: lexicógrafo, gramático, lingüista, etnólogo, periodista y crítico literario, pero no debemos ignorar su papel y su influencia política, como desgraciadamente se ha hecho con demasiada frecuencia. Este papel e influencia fueron importantes al menos en dos ocasiones, en los años treinta con la creación del movimiento euskalherrista y el periódico Aintzina, y después de la Liberación, en 1944-1946, cuando se instauró la Cuarta República.
En noviembre de 1933 se publicó un folleto —con una edición en francés y otra en euskera— obra del abad Lafitte titulado «Euskalerrien alde. Breve comentario del programa euskalherrista para uso de los militantes». Para mayor seguridad, había pedido previamente al jesuita Yves de La Brière, profesor de Derecho Internacional en el Instituto Católico de París, que comentara la conformidad del folleto con la doctrina cristiana y la respuesta de este le había tranquilizado. En la esquina superior derecha de la portada aparecía el lema del Partido Nacionalista Vasco, JEL, adaptado al labortano: «Jainkoa Eta Lege Zarra». Se imprimieron 2.000 ejemplares del programa. Los militantes del movimiento euskalherrista y los promotores del periódico Aintzina (33 números de octubre de 1934 a septiembre de 1937) eran esencialmente los jóvenes estudiantes del padre Lafitte del Seminario Menor de Uztaritze, con la notable excepción de los suletinos, Madeleine de Jauréguiberry y su hermano, el doctor Jean de Jauréguiberry, que eran los veteranos del movimiento.
«No convencimos a nadie», dijo el padre Lafitte cuarenta años después. Quizá parezca una visión demasiado desengañada y pesimista, pero la verdad es que los resultados fueron relativamente modestos. La debilidad de la organización militante, la imposibilidad de oponerse al bloqueo de una sociedad dominada por dirigentes políticos inmovilistas y un clero ultraconservador y tradicionalista, hicieron que Aintzina no pudiera responder de forma satisfactoria a los graves acontecimientos externos a los que tuvo que enfrentarse en 1936, un alineamiento poco afortunado con la extrema derecha en las elecciones legislativas de abril y la búsqueda de un compromiso ilusorio entre los carlistas navarros y los nacionalistas vascos en julio.
No obstante, se formó en torno a Pierre Lafitte y sus jóvenes activistas un grupo de reflexión que intentó remover los viejos tópicos, la apatía y la inercia en la que se encontraba Iparralde. Se abría una nueva era, totalmente diferente, se trataba de «trastornar sin destruir», de definir una «revolución espiritual» para la que se necesitaba un «cambio de espíritu».
A partir de la primavera de 1937, Pierre Lafitte, con la ayuda del poderoso mecenas Manuel de Ynchausti, acogió en Iparralde a un número cada vez mayor de niños refugiados de Bizkaia, tanto en la colonia de Jatsu (una treintena de personas) como en la ciudadela de Donibane Garazi (más de 500 alumnos y acompañantes). Durante este episodio, se enfrentó firmemente al diputado de derechas Jean Ybarnégaray, que le odiaba y le llamaba «pez rojo de pila de agua bendita».
En los años 1944-1946, cuando el ocupante alemán se marchó derrotado, Pierre Lafitte, escaldado por el relativo fracaso del movimiento euskalherrista de los años treinta, se fijó un objetivo más modesto; ya no se trataba de crear un movimiento político, sino de conseguir que una mayoría de la sociedad vasca se adhiriera a sus puntos de vista, cercanos a la democracia cristiana y al nuevo partido político que la representaba, el Movimiento Republicano Popular (MRP).
Contaba con una tribuna, el periódico Herria, del que era director. En sus editoriales se pronunció a favor de la libertad de enseñanza, denunció el comunismo, el socialismo de Estado y el radicalismo laico, defendió el euskera y el regionalismo y proclamó la solidaridad con los vascos de Hegoalde, del País Vasco peninsular. Estuvo dentro de la contienda electoral y votó por la lista del MRP en las dos elecciones a la Asamblea Constituyente, el 21 de octubre de 1945 y el 2 de junio de 1946, y a la Asamblea Legislativa, el 10 de noviembre de 1946. Además, en la lista electoral de estos comicios se presentaba un vasco tal y como había pedido Herria, es decir, en segunda posición (estas tres elecciones se celebraron por escrutinio proporcional). Fueron elegidos tres vascos, que además hablaban euskera: Jean Etcheverry-Ainchart en el primer caso y Jean Errecart en los otros dos.
Obrak
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JEL, Eskual-herriaren alde (Pour le Pays Basque). Court commentaire du pro gramme eskualerriste à l’usage des militants, Bayonne: La Presse, 1933. Versión en euskera: JEL, Eskual-herriaren alde. Eskual-herri-zaleen chedeak baitezpadako chehetasun batzuez laburzki argituak, Baiona: La Presse, 1933. Versión en castellano: JEL, Eskualherriaren alde, Breve comentario del programa euskalherrista para el uso de los militantes, Bayonne: La Presse, 1933.
Le basque et la littérature d’expression basque en Labourd, Basse-Navarre et Soule, Bayonne: Le Livre, 1942.
Grammaire basque (navarro-labourdin littéraire), Bayonne: Le Livre, 1944. Reed. revisada y corregida: Bayonne: Amis du Musée Basque; Ikas, 1962.
«Sabin Arana Goiri. Sa vie, son œuvre, son influence», GH, 38 (1966), pp. 145-158.
Bibliografia
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GOYHENECHE, E., «L’homme», BMB, 113-114 (1986), pp. 109-116.
LARRONDE, J. C., Le mouvement eskualerriste (1932-1937). Naissance du mouvement nationaliste basque en Iparralde, Bilbao: Fondation Sabino Arana, 1994. Edición trilingüe en francés, euskera y español.
— «Le rôle politique de l’abbé Pierre Lafitte», BMB, 159 (2002), pp. 29-46.
MONIER, S., Le Père Lafitte. Entretiens et souvenirs avec, Donostia; Bayonne: Elkar, 1992.





