Karguak eta lanbideak
Testua gaztelaniaz
Sacerdote historiador. Canónigo de la Real Colegiata de Roncesvalles/Orreaga.
Ibilbidea
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Nacido en Lakabe (Valle de Arce/Artzibar), en casa Ederrena, su padre era de Lakabe y su madre de Villanueva de Arce. Estudió Humanidades, Filosofía y Teología en el Seminario de Pamplona. Fue ordenado sacerdote en 1900, y ejerció de ecónomo en Ostiz, Lakabe y Muniain (1901); Arrieta (1901); Villanueva de Arce (1911-1913); Arraitz-Orkin (1913); Bizkarreta-Gerendiain (1920) e Iraizotz (1922). En 1922 ingresa en la Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles y es canónigo regular desde 1923, ejerciendo desde 1939 como profesor de historia en la Preceptoría de la Real Colegiata, donde investiga en su archivo para escribir la Historia de Roncesvalles, obra que recibió el premio «Patronato de la Biblioteca Olave» por un importe de 5.000 pesetas.
También salen de su pluma: la Historia del Monasterio Benedictino y de la Universidad de Irache (1940), Ilustres navarros del siglo XVI por un navarro (1951), Biografías de los ilustres navarros de los siglos XVII, XVIII, XIX y parte del XX (1951-1953).
Como sacerdote ilustrado de su época, participó activamente impartiendo clases de historia, publicando artículos en revistas y siendo socio de Asociaciones culturales como la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza. Asimismo fue colaborador de revistas locales: La Avalancha y de Barcelona: La Hormiga de Oro. La Avalancha era una revista católico-propagandística de publicación periódica que se imprimía en Pamplona/Iruña en los talleres de Joaquín Lorda y de su viuda. Posteriormente pasó a la imprenta de Jesús García, donde se publicó hasta 1950. La Hormiga de Oro era una revista editada en Barcelona que surgió como una alternativa católica a la prensa ilustrada de la época. Una de las preocupaciones de esta revista fue el «peligro masónico», así como denunciar a «católicos tibios».
Entre el año 1934 y 1953 publicó las grandes obras antes mencionadas, y en especial su Historia de Roncesvalles. Un verdadero «cajón de sastre» donde se encuentran las más variadas noticias acerca de la Real Colegiata.
Sus biografías, aunque desiguales en su expresión y forma, no dejan de constituir una suma de conocimientos indispensables para la cultura y la historia del país.
Conocemos que ejerció el sacerdocio en varios pueblos, empezando por el suyo propio y siguiendo por varios del valle de Ultzama, del Valle de Erro y de Artzibar.
Según se recogen testimonios de los más ancianos del valle, su ejercicio del sacerdocio en Arrieta y Bizkarreta no estuvo exento de ciertos problemas con sus gentes, especialmente con los jóvenes, que se revelaban ante la dureza de los sermones. Como consecuencia de ello, se sucedieron algunos episodios en los que los jóvenes le sacaban coplas y las cantaban bajo su ventana, provocando que saliera airado para ahuyentarlos. Algo parecido ocurrió en Bizkarreta, donde los jóvenes ataron un morueco al badajo de la campana para que sonara y él tuvo que soltarlo. Al cabo de los años le reconoció a un vecino de Arrieta que todos estos problemas habían sido por su culpa, ya que en aquel tiempo sufría de fuertes dolencias gástricas que le provocaban mucho dolor.
Según relatan hijos de los protagonistas de esa época, estando don Javier en Arrieta se sucedieron algunos episodios de magia, las vacas bramaban sin parar, se creía que había seres maléficos que las azuzaban. Don Javier les amonestó invitándoles a que dejaran de hacerlo, ya que estaban incurriendo en grave pecado. Al parecer, los hechos de brujería dejaron de producirse. Por otra parte, le gustaban e ilusionaban los ritos eclesiásticos más clásicos, prueba de ello es cómo a las jóvenes de Arrieta les enseñó la Misa de Ángelis que hasta entonces no se cantaba.
Estando en Iraizotz solicitó ingresar en la Colegiata de Roncesvalles, donde desarrolló su tarea de investigación y de publicación de sus obras más conocidas. Allí encerrado en su cuarto pasaba las horas entre papeles, ensimismado en los libros de historia; precisamente fue en una de estas habitaciones donde se produjo su muerte cuando se precipitó por una de sus ventanas.
En cuanto al euskera, sin duda, era conocedor de la lengua, ya que de lo contrario sería imposible ser nombrado sacerdote en todas esas localidades vascoparlantes. Así se desprende también de los sermones encontrados en la iglesia de Roncesvalles, analizados gracias a la buena disposición del bibliotecario de Orreaga, don Emilio Lintzoain.
Estos sermones, intercalados con otros en castellano, estaban escritos en la variedad dialectal del valle de Arce; por tanto, era hablante del dialecto propio de este valle, que desapareció en la siguiente generación. Los sermones en euskera, que aparecen intercalados entre otros escritos en castellano, están dirigidos a los peregrinos que iban a Orreaga en las procesiones que hacen los valles colindantes en el mes de mayo. En ellos se reflejan las características de esta variante del dialecto alto-navarro, aunque también se intercalan algunos cultismos, cosa normal en un autor que probablemente conocía las gramáticas vascas de la época. Como erudito que era, vemos pues que don Javier tenía conocimiento de las publicaciones vascas de la época. También en sus escritos y sermones, como es lógico en un sacerdote ilustrado, intercala numerosas frases en latín.
Don Javier se dirigía en euskera a los feligreses que venían de peregrinación a la Virgen de Orreaga. Así reza uno de los párrafos de este sermón: «Jaunaren orazioan iltzen bazarete zeruan sartuko zate eta betiko zorionekoak izain zerate; baña bekatu larrian iltzen bazerate zer gertatuko zaizute infernuko lezean sartuko zate eta betiko su eta garren ertean egoin bearko zerate», en el cual se dice que: «Si morís en la oración de Dios, entraréis en el cielo, y seréis felices para siempre, pero si morís en grave pecado, ¿qué os pasará? Caeréis en la sima del infierno y estaréis para siempre entre sus llamas». Sin duda, este párrafo es producto de las ideas de la época y de la manera de predicar, donde el miedo al infierno y el castigo del pecado eran la tónica dominante.
Obrak
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Historia de Roncesvalles, Pamplona: La Acción Social, 1936, 1.110 pp.
Historia del Monasterio Benedictino y de la Universidad de Irache, Pamplona [s. n.], 1940.
Ilustres navarros del siglo XVI por un navarro, Pamplona: Imp. Jesús García, 1951.
Biografías de los ilustres navarros del siglo XVII, Pamplona: Imp. Jesús García, 1951.
Biografías de los ilustres navarros del siglo XVIII, Pamplona: Imp. Jesús García, 1952.
Biografías de los ilustres navarros del siglo XIX y parte del XX, Pamplona: Imp. Jesús García, 1953.
Bibliografia
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ESTORNÉS LASA, B., «Ibarra Murillo, Javier», Auñamendi Eusko Entziklopedia. Ed. en línea: https://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/es/ibarra-murillo-javier/ar-72236/ (consultado el 14 de mayo de 2022).
GRAN ENCICLOPEDIA DE NAVARRA, «Ibarra Murillo, Javier», Gran Enciclopedia de Navarra. Ed. en línea http://www.enciclopedianavarra.com/?page_id=11325 (consultado el 14 de mayo de 2022).
IBARRA MURILLO, O., «Orreagako elizan aurkitutako On Javier Ibarraren prediku bat Artzibarko hizkeran idatzirikoa», FLV, 107 (2008), pp. 105-118.
— «Mezkiritz a través de los documentos», CEEN, 86 (2011), pp. 33-91.
MIRANDA GARCÍA, F. Roncesvalles. Trayectoria patrimonial (siglos XII-XIX), Pamplona: Gobierno de Navarra, Dep. de Educación y Cultura, 1993.
PAVÓN, J., Poblamiento altomedieval navarro, Pamplona: EUNSA, Universidad de Navarra, 2001.
VÁZQUEZ DE PARGA, L.; M. LACARRA, J., y URÍA, J., Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela, vol. I, Madrid: CSIC, 1948. Reed. facs. [Bilbao], Pamplona: Iberdrola, Gobierno de Navarra, 1992; Pamplona: Gobierno de Navarra, 1998.





