Karguak eta lanbideak
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Fraile pasionista, capellán de gudaris.
Ibilbidea
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Nació Aita Patxi en el seno de una familia numerosa campesina. En total eran diez hermanos y hermanas. Como era habitual en aquellos años, algunos miembros de esta crecida prole eran destinados a la Iglesia. A los doce años Victoriano Gondra ingresó en el seminario menor de Gabiria; el noviciado lo cursó en el santuario de Nuestra Señora de Angosto (Álava), luego los estudios de Teología y Filosofía los realizó en Tafalla y Deusto, siendo ordenado en septiembre de 1935 en el santuario de San Gabriel y Santa Gema de Irun. Al profesar como pasionista se le impuso el nombre religioso de Francisco de la Pasión, pero fue siempre conocido como Aita Patxi.
Fue movilizado —el 8 de diciembre de 1936— como capellán del batallón núm. 59, La Rebelión de la Sal, administrado por el PNV, aunque compartió trinchera también con los batallones Rosa de Luxemburgo «Arrosa», de filiación comunista, y el Amuátegui, socialista.
El Cuerpo de capellanes de Euzko Gudarostea (Ejército Vasco) se constituyó como tal en enero de 1937 e integró a 106 sacerdotes (104 según otras fuentes) y 28 suplentes. La máxima autoridad de este cuerpo fue José M.ª Corta. Jefe de capellanes, con rango militar de comandante. Cada batallón tenía un capellán con grado de capitán y dos ayudantes con grado de tenientes.
En su actividad como capellán Aita Patxi impuso —suave y naturalmente— el rezo cotidiano del rosario y dio a cada combatiente el Escapulario del Carmen y estampas de San Miguel Arcángel —patrón de Euskal Herria—.
Aita Patxi estuvo presente en las acciones militares de los montes Gorbea y Urko, luego los bombardeos de Ermua y Gernika-Lumo y posteriormente Peña Lemona y el Cinturón de Hierro.
Fue hecho preso en el Cinturón de Hierro, el 13 de junio de 1937. El encargado de apresarle fue un capellán castrense requeté, el cual, pistola en mano, le conminó a que entregara la suya; Aita Patxi, que, desde luego, no tenía arma alguna, le entregó la única que consideraba como tal: la cruz que llevaba al pecho.
«Mi arma es esta, le dije sacando del pecho la Cruz, soy Capellán Pasionista» (En Euzkadi. Mi odisea Pasionista, p. 227). Según otras versiones le ofreció su breviario. Primero ingresó preso en el convento del Carmelo de Vitoria-Gasteiz; luego pasó al campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos) y por último al campo de trabajos forzados de Carabanchel 31, en Madrid. Nunca alegó su condición de capitán para eludir dichos trabajos forzados ni ostentó las estrellas que le correspondían.
Gozó siempre de fama de santidad, sobre todo después de los dos ofrecimientos que hizo de trocar su vida por el de otros combatientes condenados a muerte. En una de las ocasiones, se llegó a simular su fusilamiento, para ver hasta dónde era capaz de llegar en su ofrecimiento de sustituir al otro condenado. Igualmente, tuvo ofertas y ocasiones para pasarse al enemigo, sobre todo cuando la derrota se hizo más evidente, pero ni se le pasó por la cabeza, porque consideraba pecaminosa la traición: «Podía haberme pasado mil veces a los españoles si hubiera querido, porque desde Otxandiano siempre quedaba el último, pero no podía desertar porque desertar es pecado y antes morir que pecar» (En Euzkadi. Mi odisea Pasionista). En las memorias del también capellán de gudaris José Antonio Loinaz se dice de Aita Patxi lo siguiente: «Ya ha venido Aita Patxi a su compañía; estoy contento. Es un santo que en su día subirá a los altares» («Mi diario de guerra», p. 139).
Una vez que Gondra fue liberado del campo de trabajo volvió a Deusto, luego a Nuestra Señora de Angosto —como vicemaestro de novicios— y, en 1954, de nuevo a Deusto, al Santuario de San Felicísimo.
Los últimos años de su vida los dedicó también a escribir unas breves memorias sobre su peripecia durante la Guerra Civil. Su talante humilde y retraído no le favorecía para escribirlas, pues podrían ser consideradas como un alarde de vanagloria, pero finalmente se decidió a ello, pensando que podrían contribuir a la recuperación de la memoria histórica, cuando sus superiores le mandaron poner por escrito todo lo que recordara sobre su actividad como capellán de gudaris y su vida como prisionero de Franco.
Tras su muerte se inició un proceso de beatificación y canonización (1989-1990). El 15 de marzo de 2008 el papa Benedicto XVI le declaró Venerable, es decir, el escalón más bajo de la santidad, al que siguen los de beato y santo. Esta categoría acarreaba una importante consecuencia política: la de ser la primera persona a la que se le reconocía un cierto grado de santidad —si bien que modesto— dentro de los que militaron en el bando republicano. En efecto, los «nacionales» siempre identificaron a los republicanos como «la España atea», sin querer reconocer que en el territorio controlado por el Gobierno Vasco —republicano, por tanto— se respetaba la religión y que no pocos eclesiásticos militaban bajo sus banderas. Esto no obstó para que los franquistas fusilaran a 16 curas vascos. Es más, caracterizaron su sublevación como una «Cruzada». En buena sintonía con esta idea maniquea y simplista de una República roja y atea, frente a una España católica defendida por «cruzados», la Iglesia católica beatificó y canonizó a cientos (en total 11 santos y 2.096 beatos) de «mártires», sacerdotes ejecutados por los republicanos, mientras se olvidaba de reconocer esa misma categoría a los 16 curas vascos —republicanos— fusilados por los franquistas. De hecho, el trámite de la beatificación o canonización se simplificó, pues en lugar de serles exigido (como era tradicional) algún milagro probado, bastó con argumentar que su muerte se había debido a «odio de la Fe».
Obrak
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Ni nekalditarren ibilkerak Españako erritar gudaketan = En Euzkadi. Mi odisea Pasionista, EUZKO APAIZ TALDE, Historia General de la Guerra Civil en Euskadi, vol. VII, San Sebastián: Luis Aramburu Editor, 1982, pp. 168-216 [en euskera] y pp. 217-253 [versión castellana traducida por el propio Aita Patxi].
Españan = En España, EUZKO APAIZ TALDE, Historia General de la Guerra Civil en Euskadi, vol. VII, San Sebastián: Luis Aramburu Editor, 1982, pp. 168-216 [en euskera] y pp. 217-253 [versión castellana traducida por el propio Aita Patxi].
Bibliografia
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ÁLVAREZ BOLADO, A., «Raguer, Hilari, Aita Patxi. Prisionero con los gudaris», Estudios Eclesiásticos. Revista de Investigación e Información Teológica y Canónica, 320 (2007), pp. 155-168.
CIFUENTES, M., «Aita Patxi, capellán de gudaris», Deia. Noticias de Bizkaia, 10 de marzo de 2010.
LOPETEGI, J. I., Aita Patxi, Bilbao: Gráficas Bilbao, 1978.
RAGUER, H., Aita Patxi. Prisionero con los gudaris, Barcelona: Claret, 2006, 303 pp.
SAN FELICÍSIMO. PASIONISTAS DEUSTO, «Vida/Bizitza». En línea: http://sanfelicisimo.com/vida-bizitza (consultado el 29 de noviembre de 2022).





