Karguak eta lanbideak
Testua gaztelaniaz
Político y notario.
Ibilbidea
Testua gaztelaniaz
Jean Etcheverry-Ainchart ocupa un lugar en la historia del País Vasco como el primer político abiertamente declarado «nacionalista vasco» que fue elegido diputado a la Asamblea Nacional francesa y también consejero general de los Bajos Pirineos (hoy día Pirineos Atlánticos). Por este motivo, se ha convertido legítimamente en un símbolo para el movimiento nacionalista del País Vasco continental, que lo considera un hito importante en su historia; pero su trayectoria electiva hay que considerarla bajo la perspectiva del contexto sociopolítico de su tiempo, lo que lo convierte más en una incongruencia política que en un reflejo de la implantación real de un nacionalismo vasco aún incipiente.
Jean Etcheverry-Ainchart era notario de profesión, pero tenía una pasión personal por la historia que le llevó a producir algunos textos —pocos y relativamente desconocidos— sobre dos temas principalmente: la historia del valle de Baigorri, de donde procedía, y algunas reflexiones sobre el Derecho vasco.
Nació el 21 de enero de 1914 en Saint-Étienne-de-Baigorry/Baigorri, en la provincia vasca de Baja Navarra. A principios del siglo XX, Saint-Étienne-de-Baigorry/Baigorri era un pequeño pueblo en el corazón de una zona agrícola en su práctica totalidad, sobre todo tras el declive de la actividad minera en el pueblo vecino de Banca/Banka. Formaba parte de las «buenas familias» locales de esta pequeña zona, económicamente modesta y con un nivel de vida bastante bajo. Como, a pesar de ser el tercero de seis hijos, era el primer hijo varón, estaba tradicionalmente destinado a seguir los pasos de su padre, quien a su vez había sido el heredero de una línea de notarios, transmitida de padres a hijos y que había convertido a Ainchartia en una casa de notables. Casi todos sus antepasados fueron alcaldes de Saint-Étienne-de-Baigorry/Baigorri, y su padre también lo fue cuando Jean era todavía un niño.
Culturalmente, su familia era más bien francófona. Su padre sí hablaba euskera, pero su madre procedía de la Côte d’Or (Francia), por lo que el francés era la primera lengua de la familia, salvo para dirigirse a las criadas, que eran todas vascoparlantes. En la primera mitad del siglo XX, el euskera era el idioma que se empleaba en la vida cotidiana del pueblo, aunque era menospreciado frente al francés por una parte de la población y por sus «élites». Todo ello explica que, incluso durante el periodo de su implicación política nacionalista, Jean Etcheverry-Ainchart se mantuviera relativamente inactivo en el ámbito del euskera, al igual que la mayoría de los demás actores del primer nacionalismo vasco del País Vasco continental.
Políticamente, los Etcheverry-Aincharts eran una familia «roja», es decir, estaban a favor del mantenimiento del régimen republicano en Francia, pero sin ser por ello anticlericales. Jean estuvo escolarizado en el seminario de Ustaritz/Uztaritze y luego en el colegio dominico de Arcachón. Se trataba por tanto de una familia cuyo arraigo local y trayectoria política eran relativamente clásicos en una familia de notables, y nada predisponía al joven Jean a unirse a las filas del nacionalismo vasco, que era por cierto prácticamente inexistente en el País Vasco continental en la primera mitad del siglo. En la época en la que estudiaba Derecho en París, en los años treinta, solo existía un pequeño grupo de estudiantes vascos llamado Eskual Ikasleen Biltzarra, con el que se relacionó durante algún tiempo. Hizo en él algunos amigos, entre ellos el futuro historiador Eugène Goyheneche —que también fue miembro más tarde del Partido Nacionalista Vasco—, pero esto no supuso ningún cambio importante en su vida, que estaba orientada sobre todo hacia su carrera de notario.
Al margen de sus conversaciones con Goyheneche, fue también en esta época cuando conoció la historia local durante una comida en Ainchartia, a la que había sido invitado el eminente historiador René Cuzacq. Este le propuso que adoptara como tema para su doctorado el estudio de las peculiaridades jurídicas del vecino Quinto Real. Evidentemente, había oído hablar de este territorio, pero nunca se había interesado por la cuestión y ni se le había pasado por la cabeza que un perdido y sombrío valle vasco pudiera ser elevado al rango de tema de investigación… A partir de entonces, y hasta los últimos años de su vida, no dejó de profundizar con mayor o menor asiduidad en el tema de las tierras indivisas del llamado valle de Aldudes/Aldude, y unos años más tarde publicó un artículo en una recopilación dedicada a este pueblo.
En 1940 le movilizaron para luchar contra Alemania, pero fue hecho prisionero y enviado a un campo de prisioneros para oficiales, un «oflag», aunque solo pasó un año en él. Allí conoció al lingüista René Lafon y ambos aprovecharon este exilio para entregarse, el primero como alumno y el segundo como profesor, a un verdadero curso académico de gramática vasca, cuya existencia se descubriría setenta y cinco años después en Ainchartia a través de un centenar de hojas cuidadosamente manuscritas y numeradas, ¡la primera de ellas sellada con el censor del «oflag»! Una especie de «universidad de tiempo libre» anticipada a su época, sorprendente por su entorno, sus actores y, sobre todo, por su tema y la extraordinaria precisión de su contenido. Esta interactuación también le sirvió a Lafon para enriquecer su investigación con los elementos dialectales aportados por su «alumno» de Saint-Étienne-de-Baigorry/Baigorri.
Obtuvo el permiso para regresar a su pueblo natal y comenzó a trabajar como notario en la oficina de su padre. Poco después se casó con Alice Laxague, una hija de un «Indiano» de Aldudes que había retornado al país unos años antes; la pareja tuvo seis hijos. ¿Fueron los cursos del profesor Lafon durante su cautiverio, que quizá acentuaron una nostalgia de la patria chica fruto del dolor del exilio en París y luego en Alemania, los que despertaron poco a poco una conciencia vasca en Jean Etcheverry-Ainchart? En cualquier caso, no pasó mucho tiempo antes de que se produjera su primer compromiso como militante vasco, tan inesperado como radical en su conducta.
Esta historia, que es ampliamente conocida, fue ensalzada más tarde por la historiografía nacionalista, considerándola casi como un momento fundacional. En 1945, al finalizar la ocupación alemana, Francia intentaba refundar sus instituciones y eligió una asamblea constitucional. El candidato demócrata-cristiano, Pierre de Chevigné, contactó con Jean Etcheverry-Ainchart para que formara parte de su lista departamental. Este aceptó, pero como no estaba afiliado a ningún partido político, pidió presentarse bajo la etiqueta de «candidato independiente vasco». Se consideró que la unión de estos dos adjetivos era demasiado polémica, por lo que se le sugirió que retirara el segundo; él aceptó retirar solo el primero, y así fue elegido como diputado «vasco» el 21 de octubre de 1945. Esta fue la primera vez, pero no tardó en seguirle otra.
La Asamblea elegida no llegó a durar ni siquiera un año. A principios de 1946, Jean Etcheverry-Ainchart recibió la visita de tres militantes vascos —Marc Legasse, Gorka Landaburu y André Ospital— que le propusieron nada menos que ¡presentar a la Asamblea un proyecto de Estatuto de Autonomía para el País Vasco en la República Francesa! Basado en diversos textos utilizados para la elaboración del Estatuto de Autonomía de Euskadi en la España de 1936, el proyecto enunciaba lo siguiente como preámbulo: «El País Vasco (Eskual-Herria) formado por el distrito de Bayona y los cantones de Mauléon y Tardets (antiguas provincias de Labort, Sola y Baja Navarra) constituye una entidad natural y jurídica con personalidad política propia, y como tal se le reconoce el derecho a formar un Departamento particular dentro de la unidad de la República Francesa con la que convivirá según las normas del derecho de relaciones acordadas en el presente estatuto. El objeto del presente Estatuto es, por tanto, establecer, de acuerdo con el Parlamento francés, el régimen jurídico que permitirá consagrar en la ley dicha personalidad natural y asegurar la prosperidad del País Vasco, la libertad y el bienestar natural y espiritual de sus habitantes».
Esta declaración introductoria parece ingenua e incluso algo esotérica, tanto por sus considerandos como por los conceptos que plantea o la terminología que emplea. De entrada, ya muestra una total confusión entre la «autonomía» que indica el título y el «departamento particular» que aparece en el preámbulo. Lo mismo ocurre con la sucesión de títulos del proyecto de estatuto, que van abordando los contornos de la ciudadanía local y las competencias de la nueva institución (incluida una competencia judicial encomendada a un «Tribunal Foral Vasco»), estableciendo como «principio fundamental» que «se reconoce al pueblo vasco soberano en todo aquello que no haya limitado o cedido en el presente estatuto al Estado francés», o elevando el euskera a la categoría de «lengua nacional de los vascos» en cooficialidad con el francés.
Era evidente que no se podía incluir este texto en el orden del día de la Cámara de Diputados, y menos aún en el contexto de inestabilidad parlamentaria que caracterizó la Cuarta República. De hecho, ni siquiera pasó la fase de estudio dentro del grupo parlamentario en el que estaba Jean Etcheverry-Ainchart. Lo que perdurará en la historia, mucho más que el contenido del texto, es el precedente que sentó la propia existencia de un proyecto de estatuto oficial para el País Vasco continental, y que además fuera llevado hasta París por un joven diputado de apenas treinta años.
En mayo de 1946, la Asamblea ya estaba disuelta y Jean Etcheverry-Ainchart no se quiso volver a presentar. A partir de entonces, dio prioridad a su nueva vida familiar, su notaría, y su único horizonte político fue el Consejo General de los Bajos Pirineos (hoy día Pirineos Atlánticos), donde fue elegido en 1951. Permaneció en él más de veinticinco años. También en este caso aceptó asumir un compromiso político nacionalista. A principios de los años sesenta nació el movimiento Enbata, el primer movimiento nacionalista vasco del País Vasco continental. Este joven grupo, totalmente marginal, no tenía ninguna posibilidad de ganar elección alguna. Su única posibilidad era si conseguían incluir en sus listas a notables bien asentados en la sociedad. En las elecciones legislativas de 1962 contó con uno de sus fundadores, Michel Labéguerie, pero este ocultó su pertenencia y luego la negó una vez elegido. En 1964, el grupo pidió a Jean Etcheverry-Ainchart que adoptara el sello Enbata para su reelección en el Consejo General. Aceptó y ganó holgadamente, dando al nacionalismo vasco del País Vasco continental su primer diputado electo en el Parlamento de Navarra.
No obstante, no se debe interpretar esta elección como una victoria nacionalista, ya que el candidato de Baigorri no fue elegido por su etiqueta nacionalista, sino a pesar de ella, y su victoria fue la de un notable y la de su control sobre la población local. Sin embargo, Jean Etcheverry-Ainchart siguió siendo un fiel compañero del nacionalismo vasco en el País Vasco continental, ya fuera a través de Enbata, del Partido Nacionalista Vasco o, al final de su vida, de Abertzaleen Batasuna.
Su contribución no se limitó a la política. En su tiempo libre, retomó sus estudios históricos y publicó algunos artículos y dio conferencias. En su mayor parte se refirieron a la historia del valle de Baigorri, en particular bajo el Antiguo Régimen, pero hay que mencionar también una conferencia titulada «El comportamiento de los vascos ante la ley», pronunciada en Enbata en los años sesenta, en la que plantea como paradigma que el respeto de las costumbres populares locales prevalece siempre sobre el de la ley. En su calidad de notario, él mismo limó muchas veces las asperezas de la ley, en interés de la gente del valle y probablemente siguiendo una visión personal del país…
Murió en su casa de Saint-Étienne-de-Baigorry/Baigorri en 2003. El semanario Enbata le dedicó su portada, titulada «Bide zabaltzaile».
Obrak
Testua gaztelaniaz
«Une vallée de Navarre au XVIIIe siècle. Baïgorry», Eusko-Jakintza, I (1947), pp. 613-643; II (1948), pp. 63-95 y 209-228.
«La vallée de Baïgorry sous la Révolution», BSSLAB, 70 (1954), pp. 107-124; 71 (1955), pp. 1-10. Réed. VIIIème Congrès d’Études Basques = Eusko Ikaskuntzaren VIII. Kongresua = VIII Congreso de Estudios Vascos. Baiona, Ustaritz, 1954, Donostia: Eusko Ikaskuntza, 2003, pp. 207-216.
«Baïgorry au XVIIIe siècle. Un peuple indépendant et fier», BSSLAB, 75 (1956), pp. 21-36; 76 (1956), pp. 45-54.
«Les maisons de Baigorri à la veille de la Révolution», GH, 35 (1963), pp. 230-242.
«Les Aldudes autrefois», GH, 36 (1964), pp. 257-264.
«Usages locaux relatifs à la conservation du bien familial dans le canton de Saint-Étienne-de-Baigorry», BMB, 27 (1965), pp. 25-30. Reed. VIIème Congrès d’Études Basques = Eusko Ikaskuntzaren VII. Kongresua = VII Congreso de Estudios Vascos. Biarritz, 1948, Donostia: Eusko Ikaskuntza, 2003, pp. 649-651.
«Les partages de famille de Basse-Navarre de la Révolution à la loi de 1971», Azpilcueta. Cuadernos de Derecho, 13 (1998), pp. 103-116.
«Vallée de Baigorry et Pays Quint», VIIème Congrès d’Études Basques = Eusko Ikaskuntzaren VII. Kongresua = VII Congreso de Estudios Vascos. Biarritz, 1948, Donostia: Eusko Ikaskuntza, 2003, pp. 643-648.
Bibliografia
Testua gaztelaniaz
ETCHEVERRY–AINCHART, P., Jean Etcheverry-Ainchart (1914-2003), Vitoria- Gasteiz: Eusko Jaurlaritza, 2009.
ETCHEVERRY–AINCHART, P., y ETCHEVERRY–AINCHART, J., Le mouvement Enbata. A la source de l’abertzalisme du nord, Bayonne: Elkar, 2013.
URRUTIA, A., «Jean Etcheverry-Aintchart (1914-2003), notario euskalduna», Jado. Boletín de La Academia Vasca de Derecho = Zuzenbidearen Euskal Akademiaren Aldizkaria, 4 (2004), pp. 97-106.





