Karguak eta lanbideak
Testua gaztelaniaz
Maestro, arqueólogo y etnógrafo.
Ibilbidea
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Natural de Dordóniz, su familia, que vivía del campo y tenía profundas creencias religiosas, se desplazó muy pronto a residir a la cercana localidad de Araico/Araiko (Treviño). Siendo niño ejerció de pastorcillo de ovejas, pero, al sacar muy buenas notas en la escuela, pronto lo enviaron fuera a estudiar en colegio de frailes; allí enfermó y los religiosos le mandaron a casa, donde fue cuidado por su cuñada Quintina. Estudió magisterio y ejerció de maestro al poco de acabar la carrera, a los dieciocho años. Su quehacer docente le llevó por distintas escuelas rurales de la geografía española como Mozuelo de Sedano y Quintanillabon (Burgos), Comillas (Cantabria), Fregenal de la Sierra (Badajoz) y Campo de Criptana (Ciudad Real), donde estuvo bastante tiempo. Más adelante su labor educativa le llevó ejercer en el histórico colegio madrileño Menéndez y Pelayo, situado en el corazón de esta ciudad, donde se jubiló como maestro hacia el año 1963. En Madrid vivió en la pensión de un asturiano de la calle Atocha y su gran afición era ir los domingos, después de escuchar misa, a pasear por el rastro a la caza de antigüedades. Hombre solitario y serio, aunque buen conversador, nunca se casó y contaba a sus sobrinos que en la guerra estuvo cerca del paredón. Erudito, amante del saber, de la cultura y la historia en particular, su periplo profesional le permitió abrirse al ambiente cultural e intelectual de su época, con particular interés por el progreso científico del estudio de la cultura del hombre primitivo.
Dotado con una gran capacidad para asimilar las cosas que leía, practicó en campo su vocación por la arqueología allá por donde fue. En sus correrías por los campos de Campo de Criptana descubrió numerosos yacimientos prehistóricos. Pero nunca abandonó el amor por su tierra natal ni olvidó a su familia, pues todos los veranos pasaba sus vacaciones en Araico con la familia de su hermano, que se hizo cargo de la hacienda familiar, donde pronto desplegó su interés por saber de los primeros pobladores de Treviño, para lo que invertía casi todo su tiempo libre. Prospectó arqueológicamente todos los rincones de este territorio —lo recuerdan al sol paseando con la mirada baja— lo que le llevó a inventariar y clasificar una serie casi interminable de yacimientos prehistóricos que, en parte, fue presentando a congresos y otros publicó en revistas, aunque los más han quedado inéditos. Las aportaciones de mayor interés fueron las cerámicas con decoración excisa de la Edad del Hierro del yacimiento de la ermita de San Fromerio (Pangua) y las colecciones líticas recuperadas en las estaciones de sílex al aire libre de la zona de Araico, todas ellas clasificables entre el Neolítico final y el Bronce antiguo. Entre sus hallazgos también destacan un puñalito de Portilla y varios objetos de bronce en Doroño (puñal de antenas, punta de lanza, hacha y una pulsera) que podrían indicar la presencia de una necrópolis protohistórica. Con la ayuda de sus sobrinos, a los que les daba algún dinerillo por ello, excavó en Ocilla, en las tumbas de San Fromerio y en el poblado romano de Portilla.
En relación con estos hallazgos líticos de Araico/Araiko tiene particular interés el descubrimiento de más de medio centenar de mazas de minería, con ranura central para el enmangue de madera, elaboradas en ofita y «picos» y «azadas» tallados en sílex con morfología apuntada, todo ello en relación con pozos y hoyadas de extracción minera de la explotación de las vetas de sílex. Estavillo fue el primero que reconoció en Treviño la notable presencia de nódulos y filones compactos de sílex de formación marina incrustados en calizas o formando parte de mantos de margas deleznables, lo que le permitió hablar de la minería del sílex en esta región en la Prehistoria. En la actualidad, el complejo extractivo prehistórico de las silicificaciones de la sierra de Araico es una de las minas de sílex prehistóricas más extensas y mejor conocidas del norte de la península ibérica. Utilizada desde el final del Paleolítico, fue intensamente utilizada desde el Neolítico para la elaboración de armas y herramientas, aunque también siguió explotándose sus recursos hasta el siglo XIX para fabricar las piedras de fusil de las armas de fuego (las últimas de este tipo dispararon en la Primera Guerra Carlista) y hasta mediados del siglo XX para obtener las lascas para los trillos de madera.
Deogracias Estavillo fue también un fotógrafo aficionado muy metódico que retrató a los suyos y a su tierra de forma diferente, con interés científico y documental, como si con su mirada quisiera conservar también el pasado del Condado, aunque solo fuera en papel y restringido a su entorno familiar y agrícola. El álbum que sus sobrinos conservan en Araico/Araiko no solo recoge su trabajo con increíbles posados de su hermano Luis —agricultor profundamente religioso— y sus 10 sobrinos, sino también muestra imágenes irrepetibles con escenas de la vida cotidiana de su Treviño natal a mediados del siglo XX con trabajos del campo como la siega, el acarreo de la mies, la trilla y mulas en el abrevadero.
Su obra póstuma —El Condado de Treviño. Contribución al estudio de una geografía humana— es un resumen de toda una vida dedicada a la observación y la investigación; se nota que está escrita por un hijo preclaro de Treviño. Publicada por la Fundación Sancho el Sabio en 1980, es un detallado compendio del discurrir de la vida humana desde la Prehistoria hasta el siglo XX en el marco geográfico de esta región, abordada desde el prisma de la Geología, la Arqueología y la Etnografía, la Historia y la Lingüística. Sus últimas páginas, escritas con cierta nostalgia que también enseñan sus fotografías, son expresivas del progresivo abandono de las aldeas y los trabajos de campo, un cambio de ciclo que vio venir con el éxodo campesino en favor de la vida urbana de lo que él denominó «el aldeanismo inmigrante».
Don Deo, que así le llamaban, murió rodeado de sus libros a los ochenta y un años en la pensión madrileña donde vivía. Su colección arqueológica fue depositada en el Museo de Arqueología de Álava, su biblioteca donada por su familia a la Fundación Sancho el Sabio.
Obrak
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«La primera cerámica excisa de las provincias vascas», Cuadernos de Historia Primitiva, II, 1 (1947), pp. 51-53.
«Yacimientos arqueológicos de Campo de Criptana (La Mancha)», Actas y Memorias de la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria, 25 (1950), pp. 37-73.
«Las industrias líticas de Araico», Zephyrus. Revista de Prehistoria y Arqueología, 2 (1955), pp. 171-177.
«El neolítico de facies Campiniense de Araico-Treviño», en BELTRÁN, A. (ed.), Actas de la IV Sesión de los Congresos Internacionales de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas (Madrid, 1954), Zaragoza: Librería General, 1956, pp. 433-443.
«Contribución a la prehistoria del País Vasco. Los hallazgos líticos de la zona de Araico; un poblado protohistórico en Portilla la Alta y otros datos de Arqueología Treviñesa», Estudios de Arqueología Alavesa, 8 (1975), pp. 11-85.
El Condado de Treviño. Contribución al estudio de una geografía humana, Vitoria: Caja de Ahorros y Monte de Piedad de la Ciudad de Vitoria, 1980.
Bibliografia
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GONZÁLEZ DE VIÑASPRE, R., «Deogracias Estavillo. Una vida desvelando la prehistoria de Treviño», Laia. Revista de Añana = Añanako Aldizkaria, 17 (2005).
MIGUEL SÁEZ DE URABAIN, A., «Deogracias Estavillo. El sujeto tras el objetivo = subjektiboaren atzean», en GONZÁLEZ DE VIÑASPRE, R., y GARAY OSMA, R. (eds.), Viaje a Íbita. Estudios históricos del Condado de Treviño = Ibitaranzko bidaia. Trebiñuko Konderriko ikasketa historikoak, Condado de Treviño: Ayuntamiento de Condado de Treviño, 2012, pp. 471-485.
VVAA, «Homenaje a Deogracias Estavillo Villambrosa», Estudios de Arqueología Alavesa, 8 (1975), pp. 7-292.





