Karguak eta lanbideak
Testua gaztelaniaz
Médico, anarquista y pacifista.
Ibilbidea
Testua gaztelaniaz
Creo haber oído a Piarres Lafitte en cierta ocasión que un tal Elosu había escrito algo sobre el control de natalidad. Que su traducción al euskera la había realizado Harruguet, ujier de San Juan Pie de Puerto y que era francmasón. Busqué por las bibliotecas de la ciudad y en la del Museo Vasco sin resultado alguno, salvo que había nacido en Burdeos. Encomendé a mi sobrina Maite Pagola, residente en Burdeos, que husmeara en los archivos de aquella ciudad. A vuelta de correo tenía en mis manos la partida de nacimiento de Fernando Elosu. Era hijo de un padre no nombrado («de père non nommé»). Había tenido en mis manos partidas de nacimiento de personas monomarentales, pero nada como aquello. De «padre desconocido», sí; ¡pero de «père non nommé»! Su madre, Rosa Antonia, era costurera en Bayona, había nacido en Etxalar y se había trasladado con su familia a Bayona. ¿Cómo se había trasladado una inmigrante hasta Burdeos para dar a luz a una criatura, cuando el viaje de Bayona a Burdeos era una auténtica peripecia en 1875? ¿Cómo había hallado refugio en aquel lugar que le era ajeno, precisamente en casa de una matrona, cuando iba a dar a luz?
Registré los archivos de padrones de Bayona y vi que la familia Elosu, que vivía en el barrio de Saint-André, había llegado de Etxalar; el padre era un humilde obrero del carbonero Worms. No cabe duda de que aquellos etxalartarras hablarían en euskera entre sí, aunque algunos afirmaran lo contrario.
Pero ¿quién era el padre que ocultó su nombre? Ya que Elosu era, al parecer, anarquista, deduje que en algún momento habría tenido problemas con la policía, que acechaba a los anarquistas. En los archivos de Pau hallé papeles que citaban a nuestro Fernando. Un informe afirmaba que era hijo de un hombre bien conocido en Bayona: «Un personnalité Bayonnaise le traita, et pour cause, comme son propre fils» («Una persona de Bayona lo trataba, con razón, como su propio hijo») (ADPA 1378, Procureur de Bayonne à Procureur de Pau, ADPA W art 158) ¿Quién era, pues, tal hombre? No cabía duda de que atendió esmeradamente a su hijo ilegítimo. Fue escolarizado y, al contrario que una mayoría en aquellos tiempos, accedió al liceo. Tras el bachillerato, el hijo estudió en la Universidad de Burdeos y se licenció en medicina.
¡Antes de comenzar a trabajar, su padre le había donado ante notario un capital de 50.000 francos! Con ese dinero se pudo construir «Hegoalde», la hermosa casa que aún puede contemplarse en la calle Cabarrús. A raíz de una de mis conferencias, conversé con uno de sus descendientes, que me dijo que el susodicho padre, Ernest Lafont, había sido cirujano del hospital, desde 1849 hasta su muerte en 1893, y diputado por Bayona.
El joven médico fijó el primer destino en Aldudes en 1900… Cuando ya se encontraba allí otro médico, el escritor Etxepare. No le debió de gustar mucho a este la competencia, pues ya andaría justo de clientela: Elosu le arrebataba una parte de aquella poquedad.
En Aldudes, las personas gravemente enfermas llamaban conjuntamente al cura y al médico. El párroco Larronde era un hombre abierto y hemos comprobado que sus sermones eran alabados en Euskal Herria, el semanario de los «rojos». Dado que las dos hijas de Elosu nacieron en Aldude, ambas fueron bautizadas. Cuando la «intelectualidad» de Aldudes se daba cita, ¿quiénes podrían ser sino el médico, el cura y el maestro y los aduaneros que no sabían euskera? Un corrillo. Elosu hizo, por tanto, frecuentes visitas a los capuchinos de Lekaroz, donde tenía libros para nutrir su espíritu.
Cuando sus hijas alcanzaron la edad de escolarización, regresó a Bayona. Alquiló una vivienda a 50 metros de la catedral, en la calle Argenterie. Pero a pesar de haber estudiado en la catequesis, contraído matrimonio en la catedral y bautizado a sus hijas, era anarquista, o libertario como se decía en aquellos tiempos. Y aunque vivía a la sombra de la catedral, no transitaba por los caminos de la mayoría de los burgueses de Bayona. Los domingos, en vez de asistir a misa, frecuentaba reuniones, conferencias y mítines, por doquier. Cuando se percató de cómo era, el dueño de la vivienda lo expulsó y… ¡se la alquiló a un judío, que tampoco frecuentaba la iglesia! El médico se trasladó dos pasos más allá, a la calle Víctor Hugo, en la carretera nacional de París a Madrid.
La contienda entre blancos y rojos, clericales y anticlericales, republicanos y monárquicos, estaba al rojo vivo. Durante la Revolución, en tiempos de Robespierre, todas las iglesias habían permanecido clausuradas durante diez años, los sacerdotes proscritos (los de aquí, huyeron al sur). Los republicanos rojos habían dejado muy mal recuerdo. El emperador Napoleón fue ecibido como el hombre de la libertad, y también los reyes que le sucedieron. De los rojos era Lafont, sí, y también la familia de Thérèse Peyroutet, esposa de Elosu. Pese a ello, seguramente, el primer toque anarquista de Elosu provendría de su proximidad con aquellos con los que podía haber coincidido en Burdeos, lejos de su familia, por muy roja que esta fuera.
Nuestro joven médico se levantaba a las cinco de la mañana para leer y escribir hasta las ocho. Luego atendía a los enfermos en su domicilio, hasta el mediodía. Por las tardes, iba de casa en casa, de enfermo en enfermo. Tenía un enorme éxito entre los obreros y la gente llana.
Convencido de que había que instruir a la gente, organizó una universidad popular, auxiliado por su esposa y algunos maestros. Creó un grupo Libre Pensée para gente no creyente, así como una sección de la Asociación por los Derechos del Hombre. Celebraban conferencias y reunían gente, aunque al prefecto le escribieran que tenían poco éxito: «L’influence de ce petit groupe sur l’ esprit de la population est très minime» («La influencia que ejerce este pequeño grupo en el pensamiento de la población es mínima»). Hemos extraído algunos datos de los archivos policiales, porque cada vez que se reunían, asistía asimismo el policía que elaboraba un informe para el prefecto: cuánta gente había acudido, de qué se había hablado. De ahí hemos extraído nuestros datos: En cierta ocasión que se reunieron para hablar del movimiento Le Sillon, 350 personas; 250, en un acto contra la guerra; en otra ocasión, 200; 700, cuando se habló de la revolución; 660 en la sala Olympia; 250 para denunciar unas pesquisas policiales; 500 en el cine Saint-Esprit, cuando vino alguien de Burdeos para hablar del fascismo… ¡La verdad es que al caer la noche no existía televisión para quedarse ante ella!
Apoyaban el derecho al voto de las mujeres, que ellas tuvieran derecho a tomar la palabra y a hablar ya que eran las que traían al mundo las criaturas.
Era partidario del control de la natalidad porque veía que las madres tenían más hijos de los que las familias podían criar; pero no existía la píldora ni forma de protección. ¿Sería el aborto la solución? ¡No! Se oponía a ello, porque las mujeres corrían demasiados riesgos. Pedía a los hombres que tuvieran cuidado. Pero mencionar el control de la natalidad era pecado mortal en aquellos tiempos. Más para Francia que para la Iglesia.
En 1870 Francia había perdido la guerra contra Alemania, que le había arrebatado las provincias de Alsacia y Lorena; y recuperar ambas provincias era el primer objetivo de Francia. Para eso, hacía falta una guerra. Para hacer la guerra, había que contar con soldados y niños, tarea primordial de las mujeres. Tenían que alumbrar tantos niños como pudieran. Era una cuestión muy sensible. Mostrarse a favor del control de la natalidad era atentar contra la patria. En 1908 escribió un folleto de 44 páginas sobre el control de la natalidad: L’amour infécond. «No imponga a su esposa ningún embarazo no deseado. No hay que tener hijos sino después de haber reflexionado a fondo y de haberse puesto de acuerdo. Surtir cuarteles, minas o burdeles, no es cometido de los anarquistas». Ese control de la natalidad sería lo que más se le echaría en cara a Elosu.
No aceptaba que una mujer fuera condenada por abortar, sin que el hombre en quien había colocado sus esperanzas sufriera el menor reproche. No creía, como hacían otros muchos, que ciertas hierbas o plantas pudieran hacer provocar el aborto.
Admitía el aborto en el caso de mujeres violadas o en peligro de muerte, si lo practicaba un médico. Pero advertía que, incluso practicado por el médico, resultaba peligroso. Fue procesado por ese libro, condenado a dos meses de prisión, con suspensión por tratarse de primera vez, pero tuvo que pagar 300 francos de multa. Dado que se celebró un juicio de apelación, se le condenó a destruir toda la edición.
La habían tomado con él y en 1920 fue detenido, porque una mujer le acusó de haberle ayudado a abortar. Con sus escritos diarios mientras permanecía en prisión, publicó el folleto En prison, en el que se evidencia su don de gentes. He aquí dos líneas: «Nunca había sentido como aquí en qué consiste la fraternidad que une a los seres humanos». Nada más ser puesto en libertad, fue a visitar a la esposa de un preso para transmitirle noticias de su marido.
En 1935, un médico de Burdeos practicó la vasectomía a quince anarquistas que se lo habían solicitado. Sobre ello escribió el artículo «Vasectomie et castration» en la revista La Révolte. También escribió otros artículos en la misma revista: «Avortement», «Barbussisme», «Evolution», «Violence», etc. Muy extensos varios de ellos. La Revue Anarchiste necesitó cuatro números para publicar lo que escribió sobre Tolstoi. Tolstoi era su escritor favorito, y estudió ruso para poder leer a Tolstoi en ruso. También le gustaban Rousseau y Chateaubriand.
Entre 1916 y 1917 colaboró en el periódico Ce qu’il faut dire (1916-1917), de Sébastien Faure.
En ese mundo obrero vio asimismo los estragos que causaba el alcohol. En 1916 escribió el folleto Le poison maudit para, según él, convertir a quienes habían sido seducidos por la bebida.
A menudo, los anarquistas han tenido fama de abrigar sed de sangre. No sin razón, en parte, a raíz de las matanzas que cometieron en España en 1936. Los vascos no podemos olvidar cómo en 1936, en la muga con Navarra, en Barbastro, de 143 sacerdotes de diócesis, fueron asesinados 123, nueve de ellos navarros. A su obispo lo castraron y le dejaron agonizando durante una hora. Cosas así le resultaban inaceptables. Elosu era muy pacifista. Solía decir que los anarquistas no habían inventado las bayonetas, sino que las habían quebrado. También decía que para que las cosas cambien de verdad, no hay que andar de cualquier manera dando trompicones. Sobre la guerra, escribió: «Las luchas por la libertad no se hacen en la calle con estruendos, sino en el interior del espíritu de las personas. Los gobiernos asesinan a hombres de dos países, que nada tienen los unos contra los otros, y que lo perderán todo por una guerra». Los desacuerdos debían arreglarse dialogando entre unos y otros, no matándose.
En vísperas de la guerra de 1914, cuando iba a participar en una pequeña manifestación en Bayona con sus amigos, los belicistas se abalanzaron sobre él, le golpearon y salvó la vida gracias a un electo municipal. Al día iguiente hizo saber por la prensa que si se declaraba la guerra cumpliría su deber de hombre y francés.
El ambiente no era en absoluto proclive a la paz: los niños aprendían a disparar en la escuela, ¡con armas y balas reales! El servicio militar pasó de uno a dos años, y más tarde a tres. Elosu se opuso tanto a lo uno como a lo otro. Estalló la guerra y se hizo eco en voz alta de lo que un amigo médico le había comunicado: que los heridos morían como moscas por falta de atención. La edad y la complexión le impedían ir a la guerra, y se enroló como enfermero en su propia localidad, en el colegio Marracq convertido en hospital, con sueldo de soldado raso, de cinco chavos diarios, insuficientes para mantener a la familia. Al propio tiempo siguió atendiendo a sus enfermos en Bayona.
Adoptó a dos jóvenes que se encontraban en el frente, enviándoles comida y ropa. En 1936 albergó a fugitivos del sur, y en 1939 a quienes llegaban del norte de Francia huyendo de los alemanes.
Tengamos presente que tenía una gran influencia en su localidad, pero nunca se presentó a las elecciones. Los anarquistas no admiten ni leyes, ni jefaturas, ni organización, ni nada que pueda limitar la libertad. No podían plegarse ni a partidos ni a políticos. Se ha dicho que fue masón y también comunista. Él afirmó que no podía ser servidor de Hitler ni de Stalin. Que denostaba todos los fascismos, tanto los de derecha como los de izquierda.
Sin embargo, del comunismo le atraería el infortunio. Al estallar la guerra de 1939-1940, con Petain al frente de Francia, se ilegalizó el comunismo. Fue sentenciado a seis meses de prisión bajo la acusación de ser comunista: admiraba a Tolstoi. De los comunistas le gustaba lo de que los bienes fueran de todos. Pero le resultaban más molestas que un orzuelo su dictadura y su propensión a la guerra. Y la pena de muerte. Pero tenían un pretexto para detenerlo y lo aprovecharon. Quisieron enviarlo a la isla de Ré, pero con sesenta y cuatro años (una edad avanzada en aquellos tiempos) y sus problemas de complexión, se quedó más cerca. También pasó una temporada en aquel famoso campo de Gurs que los fugitivos del 36 conocieron tan bien. Permaneció allí junto a unos 800 vascos. Finalmente, cumplió su condena de seis meses, regresó a la casa y murió al cabo de una semana, con sesenta y cinco años, el 19 de agosto.
No hubo más que elogios para él en los periódicos de Bayona. Reproduciremos aquí literalmente algunas líneas escritas por el diario La Gazette, tan cercano al obispado como alejado de los puntos de vista de Elosu: «Avec lui disparait une conscience d’apôtre dont les manifestations aussi généreuses qu’opiniâtres valurent à celui qu’elle animait, de vives sympathies et de farouches inimitiés. […] Sa bienfaisance était légendaire. […] Les pauvres et les malheureux s’adressaient à lui, asurés de le voir accourrir au premier appel. Nul plus que lui ne méritait le beau titre de “médecin des pauvres”. Il est passé en faisant le bien» («Con él desapareció una conciencia de apóstol cuyas generosas y a su vez obstinadas declaraciones le hicieron merecedor de intensas simpatías y feroces enemistades entre los que lo seguían. Su beneficencia era legendaria. Los pobres y los desfavorecidos se dirigían a él, seguros de que acudiría a ellos a la primera llamada. Nadie más que él era merecedor del bonito título de “médico de los pobres”. Falleció haciendo el bien»).
Suzanne, su hija médica, se convirtió en la primera mujer electa del consistorio de Bayona.
Obrak
Testua gaztelaniaz
Amour infécond, limitation raisonnée des naissances, Bayonne; Biarritz: L’Action Syndicale, 1908, 44 pp. (2.ª ed. 2015).
Pour la Paix! Contre la guerre! Appel au Peuple, 30 de julio de 1914.
En prison. Souvenirs de la maison d’arrêt et de l’hôpital, Bayonne: La Rénovatrice, 1920, 36 pp.
«Sur le Barbussisme», La Revue Anarchiste, 2 (1922), pp. 19-20.
«Les responsabilités de la guerre», La Revue Anarchiste, 3 (1922), pp. 17-18.
«Léon Tolstoï. Sa vie et son œuvre», La Revue Anarchiste, 4 (1922), pp. 41-46; 5 (1922), pp. 29-31.
«La religion de Tolstoï», La Revue Anarchiste, 7 (1922), pp. 30-33.
«La pensée de Tolstoï», La Revue Anarchiste, 8 (1922), pp. 26-29.
«Georges Sorel et la violence», La Revue Anarchiste, 11 (1922), pp. 2-5.
Le poison maudit, Paris: Groupe de Propagande par la Brochure, 1930, 32 pp.
«Alcoolisme», «Avortement», «Biologie», «Chasteté», «Célibat», «Cerveau», «Electrothérapie», «Évolution», «Médecin», «Tolstoïsme», «Violence, réflexions sur la», en FAURE, S. (dir.), Encyclopédie anarchiste, Paris: Librairie internationale = Libreria internazionale = Libreria internacional, 1934, 4 vols.
«Vasectomie et castration», La Révolte, 25 de abril de 1935.
Bibliografia
Testua gaztelaniaz
ARBELBIDE, X., «Fernando Elosu, mediku anarkista (Bordele, 1875-Baiona, 1941)», Vasconia. Cuadernos de Historia-Geografía, 42 (2018), pp. 51-100. Ed. en línea: http://www.eusko-ikaskuntza.eus/PDFAnlt/vasconia/vas42/42051100.pdf (consultado el 8 de octubre de 2022).
— «Fernando Elosu, Iparraldeko lehen anarkista (1875-1941)», Euskonews, 739 (2019). En línea: https://www.euskonews.eus/zbk/739/fernando-elosu-iparraldeko-lehen-anarkista-1875-1941/ar-0739001003E/ (consultado el 8 de octubre de 2022).
BRAUN, J., «Le Dr Fernand Elosu. Militant basque des droits de l’Homme», Gurs, Sou venezvous. Bulletin de l’Amicale du camp de Gurs, 118 (2010), pp. 8-11. Ed. en línea: http://www.campgurs.com/media/1219/elosu-fernand-m-%C3%A9decin-basque.pdf (consultado el 8 de octubre de 2022).
Fuentes.
ARCHIVES DÉPARTEMENTALES DES PYRÈNES ATLANTIQUES (ADPA) 1378, Procureur de Bayonne à Procureur de Pau, ADPA W art 158.
ELOSU, F. P., «Mon Père», Vasconia. Cuadernos de Historia-Geografía, 42 (2018), pp. 73-100.





