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NOTITIA VASCONIAE Nafarroako egileak eta obrak

CÍA NAVASCUES, Policarpo (Mañeru, Navarra, 26 de enero de 1907 – Tafalla, Navarra, 17 de junio de 1981)

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Karguak eta lanbideak

Testua gaztelaniaz

Sacerdote, capellán de requetés, músico.

Ibilbidea

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Procedía por parte paterna de una familia de labradores de Mañeru; fue su padre Fermín Cía Goicoechea. En cuanto a su madre Anunciación Navascues era natural de Pitillas, aunque sus padres, Carlos y Eufemia, provenían de San Martín de Unx.

Estudió en el Seminario de Pamplona/Iruña, terminando la carrera eclesiástica en 1923. En 1936 era organista de Pueyo/Puiu y posteriormente desempeñaría el mismo cargo en Abárzuza/Abartzuza y Puente la Reina/Gares. En 1954 era  párroco de Burgui/Burgi. Al menos entre 1958 y 1962 fue párroco de Legarda. En este último año fue nombrado canónigo de Roncesvalles/Orreaga.

Como músico se conserva su Himno conmemorativo a Cristo Rey (archivo Eresbil).

No bien se produjo la sublevación de julio de 1936, se ofreció como voluntario y se incorporó como capellán castrense al Tercio de Montejurra, 1.ª División de Navarra. Desde luego, la integración de Cía en una unidad de requetés estaba plenamente conforme con su ideología carlista. Sirvió en este Tercio dos años. A finales de julio de 1938 manifestó al obispo de Pamplona Marcelino Olaechea «el deseo de reintegrarse cuanto antes a su parroquia de Pueyo»; este trasladó la petición al Vicario General Castrense, Gregorio Modrego, quien le concedió la licencia de inmediato, regresando a Navarra en agosto de ese año.

Policarpo Cía escribió un diario pormenorizadísimo de las campañas en las que tomó parte. Cuando acabó la guerra el también sacerdote Sixto Iroz Iturgaiz le instó a que publicase sus apuntes, pero Cía no parece que tenía demasiada facilidad de pluma, mientras Iroz poseía una, ampulosa y florida, muy acorde a la grandilocuencia de aquellos tiempos, por lo que se erigió en editor literario; según él, su labor se limitó «estimular al capellán anónimo a que contara, no sus hechos que Dios ha de premiar, sino las proezas sin par de un Tercio de Requetés; a vestir con el ropaje humilde de mi ingenua literatura y dividir la narración continua en capítulos y párrafos». Iroz  había nacido en Villaba/Atarrabia en 1908, fue director del semanario La Verdad, hoja parroquial de las diócesis de Pamplona y Tudela, era en 1959 canónigo de la catedral de Pamplona y en 1961 canciller secretario del Arzobispado. Lo de «ingenua literatura» es un alarde de falsa modestia, pues si de algo peca es precisamente de lo contrario. Lo cierto es que con la base del diario de Cía y la ayuda formal de Iroz se publicó un libro titulado: Memorias del Tercio de Montejurra.

Las Memorias arrancan el 25 de julio de 1936 con la formación del Tercio de Montejurra en Pamplona/Iruña, integrándose en él requetés provenientes, sobre todo, de la Ribera y zona media de Navarra. El 29 de julio se dirigieron hacia Gipuzkoa, pasando por Sunbilla y Lesaka. En Oiartzun comenzó «la misión civilizadora» de los fusiles, cañones y ametralladoras del Requeté. Luego vendrían el fuerte de San Marcial, Behobia, Irun, Lezo, Astigarreta, Azpeitia, Azkoitia, Soraluze, Bergara, Arrasate, Aretxabaleta, Eskoriatza, Otxandiano, Urkiola, Aramaio, Elorrio, Durango, Bizkargi, Amorebieta, Galdakao, Malmasin, Bilbao, Galdames y Orduña; posteriormente el Tercio sería trasladado en tren hasta Aguilar de Campoo y de allí a San Cebrián de Muda, Salces, Bárcena de Pie de Concha, Torrelavega, Unquera, Colombres, Collera, Cruz de El Sueves y Colunga; una vez en Gijón fueron embarcados en el puerto de El Musel para dirigirse a Bilbao y de allí en tren a Pamplona/Iruña. Era el día 27 de octubre de 1937 y «La Campaña del Norte ha terminado».

El Tercio de Montejurra había quedado reducido a la mitad de sus efectivos y algo análogo sucedía con el Tercio guipuzcoano de Zumalacárregui, por lo que se decidió fusionarlos, manteniendo el nombre de Montejurra. A comienzos de diciembre de 1937 fueron destinados al frente de Teruel. El Montejurra participó en la toma de la capital y luego avanzó hacia Alcolea del Pinar, Castralvo, Monreal del Campo, Villar de los Navarros, Albalate del Arzobispo, Alcañiz, Fabara, Nonaspe, Mora de Ebro, Morella, Chert, Canet de Roy, Amposta, Uldecona, Benicarló, Mosqueruela, Lucena del Cid, Alcora y Sueras. No obstante a seguir el avance del Tercio, las notas del sacerdote se acaban en agosto de 1938,  cuando los requetés del Montejurra eran conducidos en dirección a Gandesa para participar en la batalla del Ebro. Posteriormente seguirían su avance por Cataluña. Como ya hemos mencionado Cía solicitó la licencia, volvió a Pueyo/Puiu y lógicamente abandonó su diario y, por tanto, el libro no pudo ser continuado.

El tono de las Memorias es de una ideologización extrema. El relato no se caracteriza precisamente por un alarde de caridad y fraternidad cristianas, sino que, para con el enemigo, rezuma odio, descalificación radical y prejuicios, mientras que para las fuerzas propias se reserva un auténtica hagiografía y exaltación desmedidas. Así, por ejemplo, Cía narra la primera acción del Tercio que se desarrolló en  los caseríos de Pikoketa (Oiartzun) desde los que hostigaban el paso de los requetés. Sorprendieron por la noche (cuando estaban cantando y bailando) en uno de estos caseríos a 18 personas, 16 hombres —ferroviarios y carabineros— y 2 mujeres a los que condenaron a muerte por haberles encontrado culpables del citado hostigamiento. Cía, como sacerdote, fue el encargado de comunicarles la sentencia y de procurar que se confesasen antes de morir: «Pero el terreno estaba pésimamente preparado y solamente cuatro condenados se plegaron a mis insinuaciones, ruegos y violencias. Los demás, al menos exteriormente, desconocieron a Cristo; y la piedra de escándalo fueron aquellas dos mujerzuelas, que blasfemando de Dios, el puño en alto y gritando ¡Viva Rusia! Recibieron la descarga fatal. Era la primera vez que auxiliaba a unos ajusticiados y era la primera vez que encontraba un alma que se atreviese a resistir a la gracia» (Memorias, pp. 20-21). Eran estas dos mujeres fusiladas Mercedes López, de dieciséis años, y Pilar Vallés, de dieciocho.

Igualmente, al entrar en el pueblo de Pancrudo (Teruel), Cía dice: «Nos entretenemos examinando en las chabolas de los rojos el acervo de literatura con que los Comisarios políticos cloroformaban e intoxicaban a los pobres combatientes de la anti-España: cartillas para analfabetos editadas con lujo tipográfico y conteniendo en sus páginas toda una antología de Marx; folletos traducidos del francés con los discursos de Marty, Blum, etc.; novelas pornográficas de Pancho Villa, Dumas y Víctor Hugo» (Memorias, p. 279).

Resulta muy interesante la percepción de don Policarpo sobre las distintas localidades que los requetés iban conquistando; unas eran «risueñas», otras «industriosas»…, pero en donde se evidencian sus prejuicios es cuando se refiere a Bilbao. Obviamente Bilbao era una referencia militar y simbólica de primera magnitud para los carlistas. Había resistido los sitios de 1835 y 1874 y se había declarado «invicta». Ahora «Seguimos la ruta de los soldados que acaudillaba el Tío Tomás [Zumalacárregui]; como ellos pisamos fuerte las rutas que nos conducen a Bilbao, de negras y fecundas chimeneas. Hemos heredado de los antiguos batallones navarros este atavismo legendario que nos liga con la presa que ansiamos y buscamos ¡Bilbao!» (Memorias, p. 110). «Bilbao, ya no serás invicta. Zumalacárregui y Mola allanarán tu soberbia liberal o separatista, pasando tus murallas de hierro, carbón y humo, sobre alados corceles que abran paso a las huestes del Generalísimo Franco» (Memorias, p. 149). «Bilbao, montón de casas mugrientas por el humo de los vapores e industrias, exhibe un conjunto poco tentador para el artista […]; solamente el excéntrico pintor de nuestros tiempos vanguardistas, como un Picasso o el dibujante de revista semanal, encontrará en la masa informe que a la vista ofrece la Villa de Bilbao, detalles luces  y oscuridades, líneas o curvas, dignas de ser reflejadas en el pincel. […] Bilbao se presenta al Ejército salvador como una novia triste y pesarosa, que por la fuerza se somete a la coyunda matrimonial» (Memorias, p. 151). «La villa de Bilbao, otra Babilonia, que, por su altivez y soberbia, parece esconder su vanidoso plumaje de pavo real, y volver a la humildad, como una Ávila Teresiana, a la alegría como una Sevilla cuajada de patios y claveles, a la hermandad inseparable como una Burgos castellana» (Memorias, p. 157).

Las descalificaciones no se limitaban a los combatientes enemigos, sino que afectaban al conjunto de la población calificando, por ejemplo, de «perezosos» a los campesinos vascos. En resumen, las Memorias de Cía no destacan precisamente por su objetividad y moderación, aunque sí por el aporte detalladísimo de las campañas del Tercio de Montejurra.

Obrak

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Memorias del Tercio de Montejurra, Pamplona: Talleres Gráficos La Acción Social, 1941, 376 pp. (editor literario: Sixto Iroz Iturgaiz).

Bibliografia

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RODRÍGUEZ ÁLVAREZ, M. J., Historia de la guerra, Zaragoza: HRM,  2016, pp. 76-79.

SANCHEZ EKIZA, K., «Cia Navascues, Policarpo», Auñamendi Eusko Entziklopedia. Ed. en línea: https://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/es/cia-navascues-policarpo/ar-30656/ (consultado el 8 de noviembre de 2022).


Fuentes.

ANDRÉS–GALLEGO,  J., y M. PAZOS, A. (eds.), Archivo Gomá. Documentos de la Guerra Civil. Vol. 11: julio-­septiembre de 1938, Madrid: CSIC, 2007,  Documento 11-141  (Secc.  1.ª, Leg. C, Carpeta V, doc 111, Pamplona 29 de julio  de 1938),  pp. 226-227. Ed. en línea: https://books.google.es/books?id=-b4utxemOD4C&pg=PA227 (consultado el 8 de noviembre de 2022).

REGISTRO CIVIL DE MAÑERU, t. 15, folio 13, núm. 4.

REGISTRO CIVIL DE TAFALLA, Sección 3.ª, t. 49, núm. 197.


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