Baskoniako Zuzenbide Historiko eta Autonomikoaren Azterketarako Fundazioa

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NOTITIA VASCONIAE Gipuzkoako egileak eta obrak

BARANDIARÁN AYERBE, José Miguel de (seudónimo Angel de Zumeta) (Ataun, Gipuzkoa, 31 de diciembre de 1889 – Ataun, Gipuzkoa, 20 de diciembre de 1991)

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Etnógrafo, arqueólogo, sacerdote.

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José Miguel Barandiarán nació en Ataun (Gipuzkoa), el 31 de diciembre de 1889, como último de los nueve hijos de una pareja de baserritarras. Este origen rural resultó determinante para su trayectoria personal, en muchos sentidos. En primer lugar, por su perspectiva de vascoparlante nativo, respecto a otros idiomas, incluyendo entre los mismos al castellano. En segundo término, por el difícil acceso a los recursos educativos, más allá de la formación básica en la escuela de Ataun. En tercer lugar, por su inmersión en un entorno natural en el que se presentan asociados medio natural, folklore, antiguas leyendas y yacimientos arqueológicos, junto con unos modos de vida y costumbres en abierto retroceso a inicios del siglo XX. Resulta muy complicado sintetizar la vida y obra de Barandiarán puesto que su actividad se prolonga más de siete décadas, con giros drásticos y circunstancias vitales tan diferenciadas, que parecería más adecuado referirnos a cuatro académicos diferentes (formación —hasta 1916—; consolidación —1916-1936—; el exilio —1936-1953—; la madurez —1953-1991—).

Como ya se ha indicado, la vida cotidiana en Ataun, a finales del siglo XIX, conllevaba un acceso limitado a la formación. En 1904, Barandiarán ingresó en la preceptoría de Baliarrain para cursar estudios de latín y humanidades, y solo dos años más tarde, inició en el Seminario Conciliar de Vitoria sus estudios de Filosofía (tres años) y Teología (cinco años). Por medio, aconteció el fallecimiento de su madre (1905). Antes de ser ordenado sacerdote, en diciembre de 1914, ha obtenido por libre el título de maestro en la Escuela Normal de Vitoria, ha conseguido un nivel excelente de castellano, francés y alemán, ha seguido un curso de Etnopsicología en la Universidad de Leipzig, a cargo de Wundt y ha impartido alguna docencia de matemáticas, química o física en el propio Seminario. Un año más tarde, en 1915, obtiene la licenciatura en Teología por la Universidad Eclesiástica de Burgos. Con esta titulación completa su formación académica reglada, aunque, a decir verdad, nada consiguió aplacar su curiosidad y la pulsión autodidacta, que le acompañaron durante toda su vida.

En 1916 se incorporó a la plantilla de docentes del Seminario Conciliar de Vitoria, como docente de variadas disciplinas científicas (Química, Física, Matemáticas, Geología o Prehistoria, además de Historia de las Religiones). Para este segundo periodo vital existe un hito determinante, la toma de contacto con Telesforo de Aranzadi (y Enrique de Eguren) a raíz de unas primeras publicaciones en materia de Arqueología y Folclore, y la constitución del conocido trío académico. A lo largo de veinte años, hasta la sublevación franquista y el inicio de la Guerra Civil, Aranzadi, Barandiarán y Eguren protagonizaron la fase más fecunda de la investigación arqueológica vasca del siglo XX. También se trata de un periodo muy relevante en el rescate de las sagas mitológicas y del folclore vasco, inmediatamente antes de que desaparecieran personas de elevada edad (hace un siglo), que aún las transmitían por vía oral. En general, a lo largo de esas dos décadas se suceden grandes avances para la ciencia y la cultura vascas, en todas sus variantes, incluyendo el tejido asociacionista con el nacimiento de entidades como Eusko Ikaskuntza, Euskaltzaindia o la Sociedad de Eusko Folklore. Dentro del equipo de investigadores, Barandiarán era el benjamín (once años más joven que Eguren, casi treinta más que Aranzadi) y el de menor rango académico (siendo sus acompañantes catedráticos de las universidades de Oviedo y Barcelona, respectivamente), aunque la relación entre los tres, en especial la de Barandiarán con Aranzadi, resulta entrañable. Debido a múltiples causas concurrentes, Barandiarán lidera la recopilación de informaciones etnográficas y folclóricas, mientras que Aranzadi asume mayor protagonismo en las investigaciones arqueológicas. Por sus afecciones de salud, la presencia de Eguren en las penosas campañas de campo no está garantizada, lo que lo va relegando a un discreto segundo plano. La tarea realizada en estas dos décadas fue colosal, comprendiendo la excavación de numerosísimos conjuntos dolménicos y yacimientos paleolíticos o mesolíticos en cuevas o abrigos. Aranzadi y Barandiarán comparten también salidas y estancias científicas, como la de 1922 que les conduce por Francia, Alemania, Bélgica o Países Bajos, visitando museos, asistiendo a clases universitarias (de Graebner o Schmidt) y dando lugar a numerosos contactos académicos. O el de 1929, a través de Francia, Suiza y Austria, viaje en el que documenta exhaustivamente los fenómenos glaciares de los Alpes, fotografías y descripciones que incorpora en la publicación en 1930 de una primera síntesis de la geología del País  Vasco.

Esta tarea destaca aún más si consideramos que la dedicación primaria de Barandiarán eran sus clases y cargos en el Seminario de Vitoria (Seminario de Aguirre, hasta 1930; Seminario Conciliar Diocesano, desde la construcción de este). Como puede leerse reiteradamente de su puño y letra (Barandiarán, 2005), su trabajo en el Seminario le sume continuamente en un entorno agridulce: menospreciado y a veces maltratado por muchos de sus compañeros y superiores, al mismo tiempo que extremadamente activo y satisfecho con sus estudiantes. Aunque su entorno ideológico era radicalmente conservador y poco partidario de la cultura vasca, resultará difícil encontrar en el plan de estudios de otros seminarios católicos europeos asignaturas como Historia de las Religiones o Prehistoria, o un docente que redacta un manual de Geología del País Vasco (1930) en que propone una antigüedad del mundo «de varios millones de años». Una docencia extremadamente moderna, en su vertiente práctica, y en la importancia que concede a la evidencia empírica para el conocimiento del medio. Barandiarán adquirió un coche, tan pronto como su economía se lo permitió, y hacía un uso intensivo de la cámara de fotos en sus salidas de campo, así como de la cámara cinematográfica de 16 mm que adquirió en 1928, para grabar escenas etnográficas y de la vida cotidiana urbana.

Toda esta trayectoria se verá interrumpida bruscamente en julio de 1936, por la sublevación fascista que le sorprende, junto a Aranzadi, excavando en la cueva de Urtiaga. El periplo personal durante los siguientes diecisiete años de Barandiarán está bien detallado en sus diarios personales (Barandiarán, 2009). El rencor y las envidias acumulados a lo largo del anterior periodo por sus compañeros en el Seminario, las autoridades eclesiásticas y responsables políticos de las fuerzas sublevadas van a encontrar terreno abonado en las circunstancias de la Guerra Civil, que se prolonga seis años más, tras unos pocos meses de tregua, con la Segunda Guerra Mundial. Un prohombre del franquismo, el Marqués de Loriana, intentará atraerle al otro lado del Bidasoa, viaje que le desaconseja vivamente el cónsul español en Bayona. Durante la ocupación alemana, Barandiarán hace uso de su conocimiento del idioma para intermediar con la población civil, desde su refugio en Sara. A ambos lados de la frontera, las posguerras se desarrollan en un ambiente ultramontano y retrógrado, hostil al pensamiento y a la actividad científica o cultural. Sobre Barandiarán pesa una condena nunca escrita que le impide ejercer como sacerdote o docente en seminario alguno, además de enormes dificultades para acceder a recursos económicos relacionados con sus investigaciones etnográficas o arqueológicas. Durante la ocupación pudo disfrutar de un proyecto para efectuar el catálogo megalítico del País Vasco continental, financiado por los alemanes, aunque su inseguridad queda atestiguada porque todos los apuntes en su diario personal pasaron a hacerse en euskara ante la eventualidad de que cayeran en manos indeseadas. Tras la(s) guerra(s), solo el apoyo económico de algunos amigos y afines a la cultura vasca en el exilio, como Manuel de Ynchausti, le permitió salir adelante. Ocasionalmente, cobró incluso alguna comisión como cambista de divisas, un negocio al alza en un territorio fronterizo. A pesar de todo, con enormes dificultades, retoma parte de su actividad arqueológica y etnográfica y consigue reorganizar cierta red de contactos internacionales en ambos campos.

A partir de 1952, Barandiarán recibe visitas de diferentes personalidades vinculadas a la Diputación de Gipuzkoa, la Sociedad Vascongada de los Amigos del País y el emergente Grupo de Ciencias Naturales Aranzadi. En enero de 1953, el rector de la Universidad de Salamanca, Antonio Tovar, le propone inaugurar la Cátedra «Manuel de Larramendi» con un ciclo de conferencias y también efectúa gestiones políticas para proporcionarle garantías jurídicas, en caso de cruzar la frontera. Tras una intervención quirúrgica con bastantes complicaciones, en octubre de 1953 vuelve a Ataun, donde se había hecho construir una casa, Sara Etxea, gemela de la que ocupó en Iparralde. Tras atender su compromiso en Salamanca y restablecer el equipo de colaboradores de Eusko Folklore, Barandiarán inicia el despliegue de su plan de actividades, en unas circunstancias muy distintas a las de 1936. A lo largo del periodo, la diócesis vasca se había dividido en tres, con sus respectivos seminarios, y no tenía ninguna posibilidad de reintegrarse a su antiguo trabajo o de recibir destino en alguna parroquia, puesto que se le había notificado oficialmente que había perdido todos sus derechos. Tal y como había acordado con la Diputación de Gipuzkoa y el Grupo Aranzadi, debía encargarse de dinamizar los estudios de Arqueología y Etnología, tutelando al Grupo de Ciencias Naturales Aranzadi, embrión de la actual Sociedad de Ciencias Aranzadi. Prácticamente la totalidad de sus colaboradores de preguerra estaban muertos o exiliados y el tejido asociativo en el que había crecido académicamente, prohibido. A la edad de sesenta y cuatro años, visita el dolmen de Artzanburu (Sierra de Aizkorri) y tiene un recuerdo entrañable hacia sus amigos Aranzadi y Eguren, con los que empezó allí sus investigaciones arqueológicas, y que habían fallecido en 1945 y 1944, respectivamente. Con el recuerdo de su reciente enfermedad, piensa que pronto los acompañará.

Si bien sustentado sobre premisas muy diferentes, el periodo 1954-1984 resulta extraordinariamente dinámico y productivo para Barandiarán. Desde el punto de vista personal, sus ingresos se refieren exclusivamente a su actividad académica. Va a aplicar todo lo aprendido en el anterior periodo de exilio en las investigaciones arqueológicas y etnográficas, liderando ahora la creación de nuevos equipos científicos. En el ámbito de la Arqueología, se retoman los trabajos allá donde se abandonaron, en Urtiaga, pero al concluir esta excavación, se iniciará el trabajo en Lezetxiki (Arrasate) y Aitzbitarte IV (Errenteria), según parámetros novedosos (Arrizabalaga e Iriarte, 2021). En primer lugar, los contactos personales establecidos durante su exilio se vincularán con las investigaciones, dando lugar a algunos de los primeros proyectos interdisciplinares e internacionales de la Arqueología española. También se aplicarán metodologías novedosas, casi experimentales en aquellos momentos, como la Palinología, la Sedimentología o los estudios de micromamíferos. Estas excavaciones de ciclo largo operaron como escuelas de campo, a las que se irán asociando jóvenes universitarios (A. M. Muñoz, A. de la Quadra, D. Echaide, J. Altuna, I. Barandiarán, J. M. Apellániz o A. Llanos, entre otros), con un efecto multiplicador en la creación de nuevos equipos que se prolonga hasta la actualidad. En 1974, cuando abandona la actividad de campo, queda organizada la futura articulación de la arqueología vasca, si bien en múltiples grupos y fraccionados a territorios más pequeños y, progresivamente, menos permeables entre sí.

En el ámbito de la etnografía y el folclore, buena parte del horizonte que estaba en trance de desaparecer en las primeras décadas del siglo fue rescatado y preservado por él entonces, afortunadamente. En este ámbito, Barandiarán recupera su valor referencial en el espacio internacional y construye, con mucho empeño, una extensa y fecunda red de colaboradores e informantes asociados a Eusko-Folklore y a los grupos Etniker, que aún rinde sus frutos. Como en el caso de la arqueología, Barandiarán supo prever su propia sucesión, a través de una estructura asociativa vinculada a la Sociedad Aranzadi, al Instituto Labayru, a Eusko Ikaskuntza o, sobre todo, a los activos grupos Etniker.

La actividad crepuscular de Barandiarán (falleció en diciembre de 1991) resultó muy activa hasta el umbral de su centenario, fundamentalmente desde el punto de vista editorial y divulgativo. Pudo vivir la restitución de Eusko Ikaskuntza (1978) o la creación de la Fundación «José Miguel de Barandiarán» (1988), entidades que custodian su obra y fomentan su transmisión a generaciones venideras.

Como se ha indicado más arriba, la extensa vida (biológica y académica) de José Miguel de Barandiarán dificulta mucho el análisis íntegro de su figura y de su obra. Tampoco lo facilita el valor referencial de su persona sobre el conjunto de la cultura vasca y, más particularmente, en los ámbitos de la arqueología y la etnografía. En una primera biografía, su sobrino Luis Barandiarán lo nombró como «Patriarca de la Cultura vasca», calificación que ha sido visada y recrecida por autores posteriores, con adjetivos que probablemente rechazaría el autor, al que múltiples anécdotas retratan como refractario hacia el halago y el culto a la personalidad. En las anteriores páginas, con las limitaciones derivadas del límite de espacio, se han intentado detallar algunos hitos vitales relevantes para la construcción de su personalidad, siempre más fáciles de valorar con la lectura de sus diarios personales (editados hasta 1953). Existen otros, sin duda, pero lo que resulta prioritario es efectuar una lectura acompasada con los diferentes contextos historiográficos con los que convive Barandiarán y a los que contribuye siempre, de acuerdo con las circunstancias, como un investigador innovador respecto a sus coetáneos.

Entre los actuales arqueólogos existe consenso en la valoración positiva de la obra de Barandiarán durante los dos periodos (1917-1936 y 1954-1973) en los que deja articulada la prehistoria vasca (en mucha menor medida, de periodos históricos) y una serie de equipos de investigación que prolongarán y multiplicarán el eco de su trabajo. Con el apoyo indiscutible de Aranzadi, durante la primera fase sentaron las bases de una arqueología interdisciplinar y propusieron un método de excavación sobre superficies regulares (Bolinkoba, Silibranka, Urtiaga) que derivará en el método de cuadrícula actual. Ya en solitario, en la segunda fase, organiza los equipos de investigación que desarrollaron sus trabajos a lo largo de prácticamente todo el siglo XX.

La contribución de Barandiarán en el ámbito de la etnografía y la antropología cultural dio lugar a algún debate, en la década de los ochenta, no tanto por su dimensión, como por su orientación epistemológica (Aguirre, 1986; Azkona, 1987). Estas críticas fueron rebatidas por el propio Barandiarán (Barandiarán, 1987a y 1990) y su relectura deja traslucir un trasfondo ideológico y cierta pugna generacional entre la tradicional etnografía y la emergente antropología cultural y social. En cualquier caso, resulta innegable que, si el País Vasco disfruta de una documentación extraordinariamente rica y variada para conocer su cultura popular, se lo debemos de agradecer a la ingente tarea de J. M. de Barandiarán, extensa en el tiempo e intensísima en su dedicación. A su pugna por evitar la desaparición de muchos testimonios que, como los gentiles que narran las sagas mitológicas que recopiló hace cien años en Aralar, al saber del nacimiento de Kixmi, entendieron que su tiempo se acababa y se retiraron al fondo de las cavernas.

Obrak

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Las Obras completas del autor fueron publicadas en su día por la editorial La Gran Enciclopedia Vasca. Sin embargo, la calidad de esta reedición es muy irregular, y resulta muy conveniente contrastar cada una de estas contribuciones con el trabajo original, para evitar las numerosas erratas de maquetación y transcripción incluidas. Obras completas, Bilbao: La Gran Enciclopedia Vasca, 1972-1983, 23 vols.

Con ARANZADI, T. de, y EGUREN, E. de, Exploración de siete dólmenes de la Sierra de Ataun­-Borunda, San Sebastián: Imp. de la Provincia, 1920, 56 pp.

—  Exploración de ocho dólmenes de Altzania, San Sebastián: Imp. de la Diputación de Guipúzcoa, 1921,  42 pp.

— Exploración de diez y seis dólmenes de la Sierra de Elosua­-Plazentzia, San Sebastián: Imp. de la Diputación de Guipúzcoa, 1922, 36 pp.

—  Los nuevos dólmenes de la Sierra de Encia. Memoria presentada a la Junta Permanente de «Eusko-­Ikaskuntza», San Sebastián: Sociedad de Estudios Vascos, 1922, 16 pp. (Graphos).

—  Exploración de cuatro dólmenes de Belabieta, San Sebastián: Imp. de la Diputación de Guipúzcoa, 1923, 19 pp.

— Exploración de seis dólmenes de la Sierra de Urbasa (Navarra). Memoria presentada a la Junta Permanente de «Eusko­-Ikaskuntza», San Sebastián: Eusko-Ikaskuntza, 1923, 19 pp.

— Grutas artificiales de Alava. Memoria presentada a la Junta Permanente de «Eusko­-Ikaskuntza», San Sebastián: Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza, 1923, 49 pp.

Con ARANZADI, T. de, Exploración de ocho dólmenes de la Sierra de Aralar, San Sebastián: Eusko-Ikaskuntza, 1924, 44 pp.

— Exploraciones prehistóricas en Guipúzcoa los años 1924 a 1927. Cavernas de Ermitia (Sasiola), Arbil (Lástur) y Olatzaspi (Asteasu), dolmen de Basagañ (Murumendi) y caverna de Irurixo (Vergara), San Sebastián: Imp. de la Diputación de Guipúzcoa, 1928.

Mitología del pueblo vasco II. Las piedras y los monumentos prehistóricos, Vitoria: Imp. del Montepío Diocesano, 1928.

Con ARANZADI, T. de, y EGUREN, E. de, Exploraciones de la caverna de Santimamiñe (Basondo, Cortézubi). 2.ª memoria, los niveles con cerámica y el conchero, Bilbao: Imp. de la Excma. Diputación de Vizcaya, 1931, 114 pp.

Euskalerri’ko leen­gizona (Eusko­lurretan lenengo izan ziran gizonen edesti laburra), Donostia: Beñat Idaztiak, 1934, 108 pp. El hombre primitivo en el País Vasco,  Donostia: Beñat Idaztiak, 1934, 112 pp.

ZUMETA, Ángel de, Un cardenal español y los católicos vascos. La conciencia cristiana ante la guerra de la Península Ibérica, Bilbao: Minerva, 1937.

—  Los documentos episcopales y los nacionalistas vascos: la teología de la invasión fascista, París: Euzko Deya, 1937.

El hombre prehistórico en el País Vasco, Buenos Aires: Ekin, 1953, 267 pp.

Con AGUIRRE, A., y GRANDE, M., Excavaciones en Sagastigorri (Cortezubi). Primera y segunda campañas (1958), Bilbao: Diputación Provincial de Vizcaya, 1959, 28 pp.

—  Estación prehistórica de Kurtzia, Barrica-Sopelana (1959), Bilbao: Diputación Provincial de Vizcaya, 1960, 19 pp.

Mitología vasca, Madrid: Minotauro, 1960, 162 pp.

Excavaciones en Atxeta, Forua (1959), Bilbao: Imp. Provincial de Vizcaya, 1960, 60 pp.

Excavaciones en Atxeta, Forua (1960), Bilbao: Imp. Provincial de Vizcaya, 1961, 22 pp.

El castro de Inchur, San Sebastián: Imp. de la Diputación de Guipúzcoa, 1961, 33 pp.

Cuestionario para un estudio etnográfico del pueblo vasco, San Sebastián: Sociedad de Ciencias Naturales Aranzadi: Museo de San Telmo, 1963.

Lehen euskal gizona, Donostia: Lur, 1972, 120 pp.

«Guía para una encuesta etnográfica», CEEN, 20 (1975), pp. 277-325.

Stèles et rites funéraires au Pays Basque, Bayonne: Ekaina, 1984, 132 pp.

Brujería y brujas en los relatos populares vascos, San Sebastián: Txertoa, 1984.

Diccionario de mitología vasca, San Sebastián: Txertoa, 1984, 224 pp.

Etnografizko galdeketa batetarako gidaliburua eta berriemaileraen biografia, Donostia: Haranburu, 1985.

«Prólogo», Ohitura. Estudios de Etnografía Alavesa, 5 (1987a), pp. 7-17.

De etnografía de Navarra: modos de vida, casas, ritos funerarios, creencias, mitos, prácticas supersticiosas y brujeriles, San Sebastián: Txertoa, 1987b, 180 pp.

Euskal Herriko mitoak, Donostia: Gipuzkoako Kutxa, 1988, 412 pp.

Mitología del pueblo vasco, Bilbao: Etor, 1994, 359 pp.

Bosquejo etnográfico de Sara, Ataun: Fundación José Miguel de Barandiarán = José Miguel de Barandiarán Fundazioa, 2000.

La guerra civil en Euzkadi. 136 testimonios inéditos recogidos por José Miguel Barandiaran, Bilbao: Bidasoa, 2005.


Bibliografia

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ARRIZABALAGA, A., e IRIARTE–CHIAPUSSO, M. J., De Ayer y de Hoy. Documentación, salvaguarda digital y actualización de los trabajos arqueológicos de José Miguel de Barandiarán en la cueva de Lezetxiki (Arrasate), a la luz de las excavaciones más recientes y la documentación original, Ataun: Fundación José Miguel de Barandiarán, 2021.

AZCONA, J., «La Antropología vasca hoy. Estado de la cuestión», Ohitura. Estudios de Etnografía Alavesa, 5 (1987), pp. 23-24.

BARANDIARÁN IRÍZAR, J. M., José Miguel de Barandiarán. Patriarca de la cultura vasca, San Sebastián: Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, 1976. Reed. Madrid: Sociedad de Educación Atenas, 1992. Traducción al euskera: Barandiaran­dar Jose Miguel. Euskal­-kulturaren aitalen, [Tolosa]: Kardaberaz Bazkuna, 1980.

MANTEROLA, A., y ARREGI, G., Vida y obra de D. José Miguel de Barandiaran. 1889­-1991, Ataun: Fundación José Miguel de Barandiarán, 2003.



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—  «Discurso de investidura como Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid», Etniker Bizkaia, 9 (1990), pp. 217-227.

—  Diario Personal. Volumen I (1917­1936). Desde los primeros trabajos científicos, hasta el inicio del exilio, edición crítica de A. Arrizabalaga, Ataun: Fundación José Miguel de Barandiarán, 2005.

—  Diario Personal.  Volumen II (1936­1953). Durante los años de su exilio en el País Vasco Continental, edición crítica de A. Arrizabalaga y A. Manterola, Ataun: Fundación José Miguel de Barandiarán, 2009.


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