Karguak eta lanbideak
Testua gaztelaniaz
Intelectual europeísta, historiador, analista político y articulista.
Ibilbidea
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José Miguel de Azaola Urigüen fue relevante figura de la intelectualidad vasca del siglo XX, con una trayectoria en muchos sentidos excepcional, aunque no suficientemente estudiada ni difundida más allá de círculos especializados.
Nació en Bilbao en el seno de una familia de raigambre burguesa que, en palabras suyas, «me proporcionó medios económicos y espirituales para poder dedicarme más horas que el término medio de los mortales a estudiar y a leer, a cursar y aprender idiomas, a viajar y a hacer una serie de cosas que otras personas no tenían medios para hacer». Con solo trece años publicó su primer libro, un Resumen histórico de la Invicta Villa de Bilbao dedicado a su abuelo, combatiente liberal en el sitio de 1873-1874. Curiosamente, también su último libro, editado de forma póstuma, versa sobre su ciudad: una deliciosa recopilación de 45 artículos con el título Memoria de mi Bilbao.
Estudió bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de la calle Licenciado Poza, en cuyo paraninfo pudo escuchar en octubre de 1931 a Miguel de Unamuno. La sacudida que le produjo aquella figura y las palabras que dirigió a los escolares el autor de Paz en la guerra le marcarían profundamente. En Unamuno encontrará una fuente casi inagotable de estímulo a la reflexión sobre la que volvería durante toda su vida y que se plasmará en cuatro libros y más de 60 artículos.
Practicando lenguas a través de la lectura de obras de la literatura europea, se adentró en la historia del continente que le condujo al descubrimiento del paneuropeísmo, a cuyas tesis se adhirió entusiásticamente siendo aún adolescente. Licenciado en Derecho en la Universidad de Salamanca y con los estudios de doctorado iniciados en Madrid, el estallido de la guerra en el verano de 1936 le sorprendió de viaje por Austria y Alemania. Permaneció en Friburgo, Suiza, donde durante seis meses ampliaría estudios sobre el sistema federal. Retrospectivamente consideraría aquel viaje como un hito en su formación.
En Donostia-San Sebastián desde 1942 a 1953, se implicó en la vida cultural e intelectual de la ciudad participando en las escasas instituciones toleradas por la dictadura (Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País, Ateneo y Círculo Cultural Guipuzcoano). Tomó parte en la organización de las Conversaciones Católicas Internacionales de San Sebastián de 1947, importante acontecimiento donde se dejaron oír las corrientes sociales y reformistas de la Iglesia que años después impulsarían el Concilio Vaticano II, al tiempo que abrió un resquicio de pensamiento crítico hasta entonces inimaginable en la asfixiante España autárquica. En aquella doble posguerra Azaola, en línea con el existencialismo cristiano y el personalismo, ahondó en el valor del ser humano como sujeto de dignidad y sobre su lugar en un mundo marcado por el utilitarismo y la cosificación. A este tema dedicó varias conferencias, luego reunidas en el libro La depreciación del hombre (1949).
Funcionario de la Oficina de Publicaciones del CSIC y más adelante del Instituto Nacional del Libro Español en Madrid, en 1953 animaría la constitución de un Seminario de Estudios Europeos en el Ateneo de la capital (en cuyos salones había impartido ya en 1948 la conferencia Intento de una interpretación esteticista de la historia de Europa). Su esfuerzo por agrupar a los pocos y dispersos europeístas de todo el país cristalizó en una efímera Secretaría de Coordinación de Entidades y Grupos Europeístas de España.
Su última etapa profesional, a partir de 1963, la desarrolló en la sede parisina de la Unesco. Se jubiló en 1977 como jefe del Centro Internacional de Información sobre Derechos de Autor. Con su esposa, se afincaron entonces en Friburgo, Suiza, donde seguiría estudiando la historia y el devenir de las formaciones federales europeas en la extraordinaria biblioteca de su universidad.
A quien se adentra en la opera omnia de Azaola le impresiona no únicamente su sólida coherencia, que también, sino sobre todo su capacidad para ofrecer una visión unitaria y comprensiva de la realidad en toda su complejidad a través de reflexiones de gran calado que discurren de la Teología a la Historia, de la Literatura al Arte, de la política europea a la interpretación de la pluralidad social y cultural de Vasconia, un país atravesado por contradicciones y tormentos al que ofrecerá propuestas y elementos constructivos a la luz de las experiencias de los modernos estados federales.
Tres pilares fundamentan todo ese andamiaje: el existencialismo cristiano, el liberalismo político y el europeísmo, trípode perfectamente asentado en una base de hondura humanista. «El humanismo es una de las constantes más invariables de la historia de Europa», decía. En su contribución a la reconstrucción moral de Europa, Azaola da preferencia a la difusión histórica, condición que ve necesaria para «establecer sólidamente el enlace entre el pasado y el porvenir para que también nuestros descendientes puedan considerarse mañana miembros de la civilización europea». En ese empeño, a partir de los años cuarenta emprendió la traducción de una obra capital del pensamiento europeísta, la monumental La formación de Europa, del historiador suizo Gonzague de Reynold (cinco tomos publicados en español entre 1947 y 1950). La segunda prioridad de su acción apuntará al despertar de la conciencia de europeidad, a definir el qué y el cómo de la unidad continental, así como a delimitar el papel que le pudiera caber a España en el concierto de una futura Europa en convergencia. Así, a partir de la creación del Consejo de Europa en 1949 y de la CECA en 1952, primeros órganos vitales de la futura Unión Europea, iniciaría una infatigable actividad intelectual que le llevó a escribir decenas de libros y artículos, y a impartir innumerables conferencias por todo el país para dar a conocer las bases de las nuevas instituciones supranacionales y su significado concreto para el futuro de los habitantes del continente. Reiteradamente se ha reconocido en Azaola a una de las tres o cuatro personas que más hicieron por que la idea de Europa se abriera paso en España durante la larga noche de la dictadura.
Entre los sesenta y la primera mitad de los setenta, asentado en París con su numerosísima familia, pero en contacto epistolar permanente con muchos intelectuales tanto del interior como del exilio, Azaola acometió un profundísimo análisis de la realidad vasca como modo de anticiparse a un mañana que apremiaba a imaginar nuevas estructuras institucionales acordes con la naturaleza del país, con los valores democráticos y que respondieran a la eficiencia exigida por el correr de los tiempos. Ese esfuerzo germinará en un texto excepcional, probablemente el estudio más importante realizado en su tiempo para la comprensión global de la historia, la lengua, la cultura, la economía y la sociología vasca, con el mérito añadido de tratarse de una obra unipersonal y de dimensiones enciclopédicas (tres tomos con cerca de 1.400 páginas): Vasconia y su destino. En el primer volumen, publicado en 1972 con el subtítulo La regionalización de España, examinaba Azaola las posibilidades para un nuevo ordenamiento institucional una vez agotado fallidamente el ciclo centralista. En el segundo, que vio la luz el año 1976, cuando se abría el debate constituyente que llevaría a la reestructuración territorial de España, bajo el epígrafe Los vascos ayer y hoy, repasó la historia de Vasconia en su conjunto y con detalle a las peculiaridades geográfica, demográfica, económica y estructural de cada uno de los territorios (Navarra, Álava, Bizkaia, Gipuzkoa y País Vasco de Francia). Con El País Vasco, obra de 1988, completó, matizó y ahondó en los análisis realizados una década antes. La idea de que «su propia y grandísima diversidad interna» es uno de los rasgos más característicos de Vasconia, vertebra toda esa gran panorámica que hace teorema de lo que afirmara su admirado De Reynold: «El pasado y el futuro llegan siempre a interrogarse y a contestarse mutuamente por encima del presente».
Con todo, el autor de Vasconia y su destino no se presta a un retrato lineal. Hombre de reflexiones complejas, poliédrico, de saberes enciclopédicos, fue un «atleta del espíritu» que desmenuzó la realidad de su tiempo, de su país y del continente desde la política, la estética, la historia, la sociología, la religión, la literatura, el derecho… Mente científica atemperada por una sensibilidad de artista, cosmopolita y liberal, cristiano dialogante abierto al pensar distinto, tan naturalmente bilbaíno como vasco y como español en un país agarrotado por los identitarismos, Azaola jamás se encerró en torre de marfil alguna sino que buscó contrastar reflexiones, enriquecerse en el diálogo —aunque fuera por vía postal—, y servir provechosamente como divulgador (para lo cual, decía, «hay que tener dotes y conocimientos por encima de lo vulgar»).
Por todo ello, a este protagonista y a la vez cronista de la vida política y cultural del País Vasco del siglo XX cabe definirlo como ensayista, historiador, analista político, traductor políglota y articulista, además de musicólogo, poeta y novelista. Obra y recorrido personal que ofrecen uno de los más acabados y edificantes ejemplos de pensamiento abierto, riguroso y de hondura humanista.
Obrak
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Resumen histórico de la I. Villa de Bilbao, Sestao; Portugalete: Imp. J. Bayo [1930-1931].
La depreciación del hombre, Madrid: Fax, 1949.
Las cinco batallas de Unamuno contra la muerte, Salamanca: Universidad de Salamanca, 1951.
Complejos nacionales en la historia de Europa, Madrid: Ateneo, 1952.
Vasconia y su destino I: La regionalización de España, Madrid: Revista de Occidente, 1972.
Vasconia y su destino II: Los vascos ayer y hoy, Madrid: Revista de Occidente, 1976, 2 vols.
Sitio y bombardeo de Bilbao 1873-1874, Bilbao: El Sitio, 1981.
El mar en Unamuno, Bilbao: Caja de Ahorros Municipal, 1986.
El País Vasco, Madrid: Instituto de Estudios Económicos, 1988.
La Unión Europea hoy, Madrid: Acento, 1994.
Unamuno y sus guerras civiles, Bilbao: Laga, 1996.
Memoria de mi Bilbao, Bilbao: Muelle de Uribitarte, 2010.
Bibliografia
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AGUIRRE, J., José Miguel de Azaola Urigüen, Donostia: Eusko Ikaskuntza, 2008.
CELAYA IBARRA, A. (ed.), José Miguel de Azaola. El genio personalista, Bilbao: Academia Vasca de Derecho, 2010.
UGARTE MUÑOZ, A., Jose Miguel Azaola Uriguen, Bilboko liberal euskaltzalea (1917-2007), Vitoria-Gasteiz: Eusko Jaurlaritzaren Argitalpen Zerbitzu Nagusia, 2013.





