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NOTITIA VASCONIAE Gipuzkoako egileak eta obrak

ARTOLA GALLEGO, Miguel (Donostia-San Sebastián, 12 de julio de 1923 – Madrid, 26 de mayo de 2020)

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Historiador, profesor universitario.

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Hijo de Miguel Artola Iraola y de Sara Gallego Moraleda, casados en Madrid en 1920. Su padre era empleado del cuerpo de arbitrios municipales, su madre mantenía una pensión en el barrio de Gros. Cursó el bachillerato en el Instituto Peñaflorida y en el Sagrado Corazón. Durante ese periodo vivió como adolescente la experiencia de la Guerra Civil, en cuyos comienzos (octubre de 1936) se produjo el fusilamiento de su padre. San Sebastián fue para él una referencia permanente; si bien su actividad profesional se desarrolló en torno a Madrid y Salamanca, nunca renunció a su estancia anual en Donostia.

En 1942, finalizados los estudios de bachillerato y realizado el Examen de Estado, se desplazó a Madrid para iniciar los estudios universitarios. Concluyó su licenciatura en 1946. En Madrid entró en contacto con Ciriaco Pérez Bustamante, catedrático de «Historia Moderna Universal y de España» de la Universidad Central desde 1945-1946. En ese último año, y bajo la dirección de Pérez Bustamante, presentó su propuesta de tesis doctoral sobre Los afrancesados que, reelaborada, sería publicada en 1953. Anteriormente (1948) había sido nombrado profesor adjunto de «Historia de España e Historia Contemporánea» y, en 1955, colaborador del Instituto de Historia Fernández de Oviedo, encuadrado dentro del CSIC. En 1960 ganó por oposición la Cátedra de «Historia Moderna, Universal y de España» de la Universidad de Salamanca, donde permaneció hasta que en 1969 se incorporó a la recién creada Universidad Autónoma de Madrid. En ella ejerció como catedrático de Historia Contemporánea hasta su jubilación en 1988. Posteriormente fue nombrado Catedrático Emérito de la misma. En 1991 le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales y, en 1992, el Premio Nacional de Historia. Falleció en Madrid el 26 de mayo de 2020. Casado con Concha Menéndez en 1951, tuvo cuatro hijos y cuatro nietos.

Como él mismo ha reconocido, su opción por la licenciatura de Letras se hizo sin una idea precisa de «lo que podían ser esos estudios» ni de sus posibilidades futuras. Lo mismo puede decirse de su interés por la historia contemporánea y aún de la elección del tema de su tesis doctoral. Sus años posdoctorales coincidieron con los integrantes de una generación (José María Jover, Juan Pérez de Tudela, Carlos Seco) que intentaba liberarse del peso de una tradición historiográfica sobrecargada de angustias y referencias sobre el «ser» de España. Un comportamiento que, en este sentido, guarda semejanza con el de Jaime Vicens Vives. Miguel Artola mantuvo siempre un criterio propio: nunca se sintió portador de alguna forma de conciencia generacional ni, tampoco, se identificó con la construcción de una historiografía militante. En buena medida la lectura de Los afrancesados (1953) reflejaba esos criterios, no siempre observados con estricta fidelidad. La sola elección del tema y la audacia con la que lo resolvió ya resultaba en sí misma una provocación no buscada. La investigación se preguntaba sobre el comportamiento de un colectivo de ilustrados —afrancesados— que, atraídos por el movimiento revolucionario francés, optaron sin embargo por sostener un régimen absolutista cuyos principios combatían, pero al que no pretendían derribar. De otra parte, el reduccionismo con el que se venía interpretando el papel de quienes habían combatido el gobierno de José Bonaparte, llevó a Artola a completar su tarea con una segunda investigación. Sustentado sobre una formidable labor archivística, el trabajo sacó a la luz el papel de patriotas y sectores populares que, progresivamente, desmantelaron el régimen absolutista e instauraron los supuestos del orden constitucional. Los orígenes de la España contemporánea (1959) recuperaron una tan diversa como ignorada tradición constitucional hispana que, finalmente, resituaba en un nuevo contexto los rasgos propios del momento revolucionario español. Por su rigor historiográfico, ambos trabajos constituyen marca de referencia de la actividad profesional de Miguel Artola.

Durante los años de la década salmantina nuestro biografiado centró su tarea en la revisión y renovación del programa docente de la cátedra (que acababa de ganar). Clase tras clase trabajó en la elaboración de un renovado programa de «Historia Universal» que, finalmente, vería la luz en 1968. Los Textos fundamentales para la historia constituyeron un manual imprescindible en la formación de las promociones de licenciados en Historia que se sucedieron desde fines de los sesenta. Por ese tiempo concluyó asimismo La España de Fernando VII (1968), transformando el díptico afrancesados–orígenes en un tríptico sobrevenido de la historia política de ese periodo.

En el momento de su incorporación a la Autónoma e, incierto sobre «el camino a seguir», optó por reorientar su línea de trabajo y renovar su perspectiva metodológica. Una primera manifestación fue la planificación y dirección de una Historia de España iniciada a comienzos de los setenta. Una obra colectiva diseñada desde la historia política como principio organizador y encuadrada dentro de los supuestos de una historia total. La burguesía revolucionaria (1973) constituyó una brillante demostración de cómo integrar ese nuevo planteamiento en el relato de la dinámica española entre 1808-1869. Profundizando en esa línea, Partidos y programas políticos, 1808­-1936 (1977) analizó la trayectoria de los diversos regímenes políticos que habían operado en España, amparado en este caso en la lectura de Parsons. Desde esa plataforma de partida, la segunda mitad de los años setenta fue el comienzo de una eclosión de publicaciones imposibles de resumir aquí (vid. referencias en la bibliografía final), pero que mantuvieron el rigor y la amplitud de la perspectiva investigadora del autor. Las publicaciones dedicadas a la historia económica del siglo XIX (historia agraria, demografía, comercio, ferrocarriles) se solapan con las dedicadas a la historia de la Hacienda y, con no menos intensidad, con las dedicadas a la historia constitucional. Como lo prueba su Antiguo Régimen y revolución liberal (1978), Artola nunca perdió de vista la incierta frontera que separaba el tiempo de la modernidad con el momento anterior, con un antiguo régimen sobre cuyas trazas tampoco había dejado de investigar. Obras como La Hacienda del Antiguo Régimen (1982) y, sobre todo, La Monarquía de España (1999) confirman su convicción de que los orígenes de la España contemporánea no podían levantarse sin ahondar en un sustrato cuyos fundamentos debían rastrearse desde mediados del siglo XV. Ya los siete volúmenes de la Enciclopedia de la Historia de España (1988-1991) que él dirigió se hacían eco de esa convicción.

Cuando trabajaba en el Archivo Histórico nacional buscando fondos para los afrancesados encontró, de manera casual, un voluminoso legajo que contenía el expediente de reconstrucción de San Sebastián después del incendio de 1813. Una información que, independientemente de su rico contenido material, encerraba para él un importante valor añadido. Los primeros resultados se publicaron en la Revista de la Universidad de Madrid (1956). Para Artola, la decisión de reconstruir la ciudad constituía «el acontecimiento más importante de la historia de San Sebastián», y las actas municipales de Zubieta «el documento más importante de nuestra historia» (cursiva nuestra). Ambos textos —parte de un rico apéndice documental— fueron recogidos en la Historia de la reconstrucción de San Sebastián (1963), precedidos de un estudio introductorio que contextualizaba el significado de ese momento crítico. La descripción de la violencia con la que se llevó a cabo el asalto y destrucción de la ciudad, así como la patriótica y decidida voluntad de quienes consiguieron la real resolución de 1816 —que oficializaba la reconstrucción de la ciudad— constituyen una excelente demostración de microhistoria urbana.

Su propio ámbito historiográfico de investigación constituía, de otra parte, una llamada permanente hacia aquellas cuestiones que, como el carlismo o el régimen foral, marcaron la evolución de los territorios vascos entre la crisis del antiguo régimen y el último tercio del siglo XIX. Ya su estudio preliminar a las Memorias de Isabel II (1966) señalaba, refiriéndose al carlismo, la necesidad de indagar las razones de su «característica localización geográfica», dirigiendo algunas tesis al respecto. El apartado sobre el régimen foral vasco (La burguesía revolucionaria, cap. IV) constituye un breve pero completo análisis de los momentos cruciales que llevaron a la incorporación del régimen foral tradicional dentro del entramado administrativo del Estado liberal. También en este caso su aportación a la clarificación de ese proceso (congresos, conferencias, artículos, participación en equipos de investigación y tesis doctorales) resulta tan extensa como imposible de resumir aquí. Sus artículos sobre El fuero de Vizcaya, La recopilación en Guipúzcoa, o La Hacienda Real de Navarra en el antiguo régimen confirman, por otra parte, su propuesta metodológica de integrar el tiempo anterior a la contemporaneidad oficial dentro de la dinámica inclusiva de esta última.

La Historia de Donostia­-San Sebastián (2001) por él mismo planeada y coordinada constituye un último y combativo trabajo que le reconecta con sus inquietudes iniciales. Contando con la presencia de seis profesores de universidad (José Ángel García de Cortázar, José María Imízcoz, Luis Castells, Félix Luengo, Pablo Fernández Albaladejo), que analizan la trayectoria de la ciudad desde los primeros momentos medievales hasta la instauración de la democracia, Artola realiza una síntesis del siglo XVIII tan innovadora por su articulación interna como por su brillante elegancia expositiva. A través de una inteligente relectura de las fuentes y bibliografía disponible, Artola dispuso su relato en clave de una Fortuna cuya rueda —entre 1700 y 1864— movió a la ciudad desde una posición de «arriba» a comienzos del setecientos a otra desequilibrada hacia «abajo», a partir de los años ochenta. Más que un declive irreversible, la ciudad mantuvo una resiliencia que, aprovechando las ventanas de oportunidad de mediados del siglo XIX, le permitiría iniciar al poco la construcción de La Bella Easo, analizada por Luis Castells.

La concesión del Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco (1989) y del Premio Eusko Ikaskuntza­-Caja Laboral 2000 de Humanidades y Ciencias Sociales, constituyen una tan justa como merecida distinción a la labor de un donostiarra y de un investigador social que puede situarse, sin más, entre los historiadores más relevantes de fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI.

Obrak

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Los afrancesados, Madrid: Sociedad de Estudios y Publicaciones, 1953. Reed. Madrid: Turner, 1976; Madrid: Alianza, 1989; Barcelona: Altaya, 1997; Madrid: Alianza, 2007.

(ed.),  Memorias del tiempo de Fernando VII, Madrid: Atlas, 1957. Reed. del estudio preliminar: La revolución española, 1808­-1814, Madrid: Universidad Autónoma, 2010 (epílogo de J. A. Pardos).

Los orígenes de la España contemporánea, Madrid: Instituto de Estudios Políticos, 1959, 2 vols. Reed. Madrid: Instituto de Estudios Políticos, 1975; Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2000.

Historia de la reconstrucción de San Sebastián, San Sebastián: Ayuntamiento, 1963.

La España de Fernando VII, Madrid: Espasa-Calpe, 1968, Historia de España de Menéndez Pidal, t. XXVI. Reed. 1978, 1989 y 1999 (t. XXXII).

Textos fundamentales para la Historia, Madrid: Rev. de Occidente, 1968 (7.ª ed. Madrid: Alianza, 1992).

Historia de España Alfaguara V. La burguesía revolucionaria, Madrid: Alianza, 1973 (reescrita en 1990).

«Teoría general de la política», Revista de Occidente, 128 (1973), pp. 212-232.

Partidos y programas políticos 1808­-1936, Madrid: Aguilar, 1977, 2 vols. Reed. Madrid: Alianza, 1991.

Antiguo Régimen y revolución liberal, Barcelona: Ariel, 1978.

«La Hacienda Real de Navarra en el Antiguo Régimen», Hacienda Pública Española, 55 (1978), pp. 131-165.

La economía española al final del Antiguo Régimen. IV: Instituciones, Madrid: Alianza, 1982.

La Hacienda del Antiguo Régimen, Madrid: Alianza, 1982.

Declaraciones y derechos del hombre, Madrid: Academia de la Historia, 1982.

«El Estado y las provincias vascas», Noveno Congreso de Estudios Vascos. Antecedentes próximos de la sociedad vasca actual. Siglos XVIII y XIX, Bilbao: EI-SEV, 1983, pp. 49-63.

«El Fuero de Vizcaya, notas para su historia», Symbolae Ludovido Mitxelena septuagenario oblatae, vol. II, Vitoria: UPV/EHU, 1985, pp. 1213-1224.

La Hacienda del siglo XIX. Progresistas y moderados, Madrid: Alianza, 1986.

«El Estado», Enciclopedia de Historia de España, vol. II, Madrid: Alianza, 1991, pp. 93-163. 

Con MARTÍN NIÑO, J., «La Hacienda», Enciclopedia de Historia de España, vol. II, Madrid: Alianza, 1991, pp. 165-237.

«La recopilación en Guipúzcoa», Homenaje académico a D. Emilio García Gómez, Madrid: Real Academia de la Historia, 1993, pp. 217-228.

La Monarquía de España, Madrid: Alianza, 1999.

Historia de Donostia­-San Sebastián, San Sebastián: Ayuntamiento, Nerea, 2000 (ed. abreviada euskera y castellano, 2004).

«Miguel Artola Gallego. Premio Eusko Ikaskuntza, Principales aportaciones del premiado», RIEV, 45 (2000), pp. 877-891.

Constitucionalismo en la historia, Barcelona: Crítica, 2005. 

(ed.), Historia de Europa, Madrid: Espasa, 2007, 2 vols.

Con SÁNCHEZ RON, J. M., Los pilares de la Ciencia, Madrid: Espasa-Calpe, 2012.

Bibliografia

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Antiguo régimen y liberalismo. Homenaje a Miguel Artola, Madrid: Alianza-Universidad Autónoma de Madrid, 1994-1995, 3 vols.

Homenaje al profesor Miguel Artola, Conferencias organizadas por el Ayuntamiento de San Sebastián y el Museo San Telmo, San Sebastián, 19 de noviembre 2020.


Fuentes. El autor agradece la información facilitada por Miguel Artola Blanco.

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