Baskoniako Zuzenbide Historiko eta Autonomikoaren Azterketarako Fundazioa

← Sarreretara itzuli

NOTITIA VASCONIAE Gipuzkoako egileak eta obrak

ARTECHE ARÁMBURU, José de (Azpeitia, Gipuzkoa, 12 de marzo de 1905 – Donostia-San Sebastián, 22 de septiembre de 1971)

Euskarazko testua ez dago eskuragarri. Gaztelaniazko jatorrizkoa erakusten da. Gaztelaniazko fitxa ikusi →

Karguak eta lanbideak

Testua gaztelaniaz

Escritor, periodista, bibliotecario y contable.

Ibilbidea

Testua gaztelaniaz


Fue el benjamín de una familia numerosa de clase media empobrecida. Sus padres regentaron un hostal con solera, el Hostal Arteche, y luego otro de nivel inferior. Así como su hermano mayor recibió una educación superior, José tuvo que conformarse con los estudios primarios. Comenzó a trabajar a los trece años. Su vida es una sucesión de trabajos: el Banco Vasco, el Ferrocarril del Urola, el Banco Guipuzcoano… Desde 1947 fue funcionario de la Diputación de Gipuzkoa como ayudante de su biblioteca y archivo, bajo la dirección de su amigo Fausto Arocena. Asimismo, en esta época donostiarra, compaginó su trabajo con la contabilidad vespertina. Además, se encargaba de una emisión radiofónica con destino a los baserritarras. Su biografía es el esfuerzo de un hombre autodidacta, que construyó su vida a través de un sinfín de labores, lecturas, artículos, libros escritos e hijos. Fue también un estimado conferenciante.

Azpeitia, a través de su familia, amigos, vecinos, sucesos, historia, costumbres, geografía…, va a marcar su carácter. Era por entonces una villa muy inclinada hacia la derecha política y religiosa. Su propia familia compartirá con fervor estos ideales. El influjo de la sombra de San Ignacio, los jesuitas y el santuario de Loiola van a tener hondas raíces en la literatura «artechiana». El drama íntimo de su singladura vital es intentar librarse de su integrismo de cuna, una especie de jansenismo local, para abarcar campos religiosos más abiertos y ecuménicos. La religión va a ser matriz de toda su vida y obra. En Arteche, vida y obra obedecen a la misma precisa silueta.

Tras su infancia azpeitiarra, Arteche se va a asentar en otras localidades: así en Irun, como trabajador del Banco Guipuzcoano, o en Zarautz, entre 1939 y 1948, tras la guerra. Sin embargo, será en Donostia-San Sebastián en donde residirá la mayor parte de su vida: en su juventud como bancario, en su servicio militar, en los años republicanos y tras su empleo en la Diputación hasta su muerte.

El periodismo fue su primera ocupación literaria. Escribió miles de artículos para la prensa diaria, para los semanales, revistas mensuales y para donde se lo pidieran. Fue un galeote atado a su banco, en este caso a la máquina de escribir y a sus columnas habituales. Desde los veinte años empieza a colaborar de forma espontánea en Argia o La Constancia. Sin embargo, es a partir de 1930 cuando aparece totalmente ligado al vespertino donostiarra El Día, un diario de corte nacionalista y católico, bajo la influencia de Euzko Pizkunde, Euskaltzaleak, personalizados en José Aristimuño, Aitzol. Sus inicios discurrieron como crítico de arte, para pasar a campos más políticos y culturales. A través de varios artículos semanales, cubrió campos como la política guipuzcoana y vasca, la internacional, los artículos de contenido social y, sobre todo, los de ámbito cultural. Su pluma está singularmente comprometida con la Iglesia y su magisterio, su política social, el nacionalismo vasco y la cultura vasca en general. Además, frecuentemente colaboró con el diario bilbaíno Euzkadi o con el bonaerense El Pueblo.

La actividad de tipo cultural, con fuerte sesgo nacionalista, le lleva también a ser secretario de Yakintza, una revista editada por la Sociedad de Estudios Vascos, de la que Aitzol fue su presidente. Toda esta labor se tradujo también en una vertiente política, con mítines durante las elecciones o visitas de tipo misional político en la irredenta Navarra. Esta actividad febril durante los efervescentes años republicanos le llevó a formar parte durante un bienio del Gipuzko Buru Batzar del PNV.

Además, Arteche forma parte de AVASC (Asociación Vasca de Acción Social Cristiana), en donde se involucra como profesor dentro de la línea social católica, y publica en 1934 un libro-folleto (Una inquietud y cuatro preguntas).

Esa actividad desbordante es cortada en seco por la sublevación militar de julio de 1936. En aquellos días convulsos, Arteche y otros nacionalistas no están por apoyar al Frente Popular. Comienza la guerra y parte de Gipuzkoa es ocupada por los requetés navarros. Arteche y su familia abandonan Donostia-San Sebastián y se refugian en Azpeitia, resguardada por los batallones de gudaris. El 20 de septiembre, una fecha que pesará para siempre en su ánimo, algunos amigos le ofrecen la salida hacia Bizkaia. Ante su situación familiar y a requerimiento de su esposa, que está encinta del cuarto hijo, Arteche decide quedarse y refugiarse en casa de una familia carlista. Cuando al mes salga de su escondite y se presente a las nuevas autoridades, la medicina va a ser amarga: enrolarse con treinta años y tres hijos como «voluntario» en el Requeté.

Arteche hace toda la guerra, casi tres años. Es alistado en el Tercio Oriamendi de los carlistas guipuzcoanos. Hasta mediados de 1937 toma parte en la cruenta campaña de Bizkaia. Pasada esta, se enrola en el ejército con un grado de suboficial, el que ya había obtenido en su servicio militar. A partir de entonces, lleva la administración de su compañía de Ingenieros, ligada al cuartel de Loiola de San Sebastián, lo que le da pie a venidas frecuentes a Gipuzkoa. Sin embargo, participa en terribles batallas a lo largo y ancho de los campos de España: Bajo Aragón, Levante, Cataluña… Vuelve a casa a fines de mayo de 1939. La guerra le deja una huella indeleble. «Soy otro hombre», dirá.

La guerra será la piedra de toque de su pensamiento. Se sentirá impelido a suturar el odio que palpó en aquellos años. Su ideal de concordia le colocaría en eso que se llama la Tercera España, un amplísimo grupo de gente que fue empujado violentamente, y a su pesar, por alguno de los bandos en guerra. El libro de sus memorias de guerra, El abrazo de los muertos, va a ser su obsesión en los veinticinco años que pasó en el cajón, sabedor de que era imposible que pasara por la censura.

Pasada la guerra, vuelve a su vida de trabajos y escritos de una forma silenciosa, acorde con el ambiente político y social de la época. Es un padre de familia numerosa, trabaja en el Banco Guipuzcoano en San Sebastián y ya no escribe en la prensa. La familia se pone a vivir en Zarautz, a medio camino entre Azpeitia y la capital, adonde se dirige en el tren de la costa diariamente. Son nueve años sombríos y silenciosos. Llegan más hijos. La necesidad se acrecienta.

José se lanza a escribir libros ante su mutismo como periodista. Escribe cuatro biografías: la de San Ignacio y las de tres marinos del XVI: Elcano, Urdaneta y Legazpi. Su afán es liberar a su paisano de la leyenda negra que le circundaba o sacar al marino de Getaria del anonimato al que le habían sometido otros autores. Las demás biografías vinieron casi por necesidad. Asimismo, ensaya un nuevo género, el del relato corto cultural o de estampa, en torno a un paisaje, un lugar, un personaje, una obra de arte…

En 1947 parece que suceden muchas cosas. El régimen franquista intenta una tímida apertura ante los vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Es el año del referéndum de la Ley de Sucesión; la influencia de Martín Artajo en Exteriores y la de sus propagandistas católicos de la ACNP es fuerte en el gobierno; se reanudan las Conversaciones Católicas comandadas por Carlos Santamaría; un tradicionalista algo más abierto, el barón de Benasque, está en el Gobierno Civil… Arteche empieza a colaborar en el diario tradicionalista La Voz de España, y junto al editor Unzurrunzaga se entrevista con el director de Cultura y Propaganda, el católico Pedro Rocamora. Se abre la espita para la publicación de libros en euskara, se publican revistas como el Boletín de la RSBAP, Egan, Munibe… Todo esto en torno a esta fecha de 1947, un poco antes o un poco después.

Arteche opta por el posibilismo, por una disidencia blanda. Algunos compañeros de su antiguo partido le acusan de colaboracionista. Es una etiqueta que va a arrastrar de por vida. Y, sin embargo, nunca ocupó cargo político alguno ni se permitió una frase de aplauso hacia el régimen en su más de un millar de artículos escritos en La Voz. Los ejes de sus artículos semanales en La Voz van a discurrir por sus antiguas preocupaciones: la religión, ahora de una forma más abierta y menos combativa; la cultura vasca; y lo que él llamaba «hablar entre líneas», esto es, tocar un tema social y a través de él incidir en una suerte de protesta velada ante la dictadura. Sus problemas con la censura serán una constante.

Sin embargo, su idea de servir de nexo de la cultura vasca entre el pasado que él conoció y las jóvenes generaciones no va a surtir efecto. Surgirán problemas ideológicos y de censura en La Voz que le llevan a su salida. Igualmente, en Zeruko Argia, semanario en euskara donde colabora desde mediados de los sesenta, choca con los jóvenes, que ven a la generación de Arteche como pusilánime, y transitan por caminos revolucionarios abiertos por aquel movimiento europeo y americano que llamamos genéricamente Mayo del 68. Asimismo, topa con las nuevas orientaciones del batua.

En este casi un cuarto de siglo que vive en Donostia-San Sebastián, Arteche se convierte en una figura central de la vida cultural donostiarra y guipuzcoana. Además, prosigue con su producción asombrosa de libros biográficos y de estampas, siempre en feroz lucha contra la censura. Esta vida de trabajos y labores le lleva al primer infarto en 1966, pero, recuperado, Arteche prosigue su camino con un carácter cada vez más polemista. Un año antes de morir, publica, por fin, El abrazo de los muertos. Un segundo infarto acaba con su vida el 23 de septiembre de 1971.

Arteche es autor de un par de docenas de libros y más de dos mil artículos, la mayoría en castellano. Su enorme vocación de escritor superó los enormes condicionamientos de su sufrida biografía. Tres tipos de temática se abordan en sus libros: los menos, corresponden a la labor memorialista, los restantes se dividen entre las biografías y los libros de estampas.

Arteche bebió además de sus maestros vascos, de los españoles del Siglo de Oro. Además de los tradicionalistas De Maistre o Donoso Cortés, la influencia del neotomismo o del personalismo francés va a tener una especial importancia. La revista y el libro La vie intellectuelle de Sertillanges fueron textos de cabecera. Autores como Hello, Bloy, Claudel, Mauriac, Julien Green, Simone Veil, Camus… son testigos de su deuda hacia la bibliografía francesa.

Quizá, su aportación más importante, además de ser una biblioteca de temas vascos, sea su investigación sobre el jansenismo, y su influencia en nuestro país, que se refleja en su Saint-­Cyran (Estudio de caracterología vasca). Fue también un buen escritor, dominador de una prosa moderna, concisa, de tipo impresionista, capaz de crear un ambiente poético delicado. Particularmente, se revela como un gran paisajista a través de sus relatos. Este estilo se trasluce mejor en sus libros de pequeños relatos o estampas, en donde particularmente refleja su Gipuzkoa con un cariño nostálgico y lírico.

Obrak

Testua gaztelaniaz

Elcano, Madrid: Espasa-Calpe, 1942. Reed. San Sebastián: Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, 1969; Madrid: Espasa-Calpe, 1972.

Urdaneta (el dominador de los espacios del Océano Pacíficio), Madrid: Espasa-Calpe, 1943. Reed. San Sebastián: Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, 1968.

Mi viaje diario, Zarautz: Itxaropena, 1950. Reed. facs. Bilbao: Euskotren, 2004.

Lope de Aguirre, traidor. La tragedia del fuerte caudillo de los invencibles marañones, San Sebastián: Biblioteca Vascongada de los Amigos del País, 1951. Reed. San  Sebastián: Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa, 1974.

Saint­-Cyran (de caracteriología vasca), Zarautz: Icharopena, 1958.

El abrazo de los muertos. Diario de la guerra civil 1936­-1939, Zarautz: Itxaropena, 1970. Reed. Madrid: Espejo de Tinta, 2008.

El gran asombro, San Sebastián: Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, 1971.

URKIA ETXABE, J. M. (coord.), José de Arteche, un hombre de paz, San Sebastián: RSBAP, 2006, 2 vols.

Bibliografia

Testua gaztelaniaz

BERRIOCHOA AZCÁRATE, P., Recordando a José de Arteche (1906­-1971), San Sebastián: RSBAP, 2021.

VILLANUEVA EDO, A., José de Arteche Aramburu. Vida y obra de un vasco universal, San Sebastián: Fundación Kutxa, 1996.

 

Espainiako Gobernuaren Berreskuratze, Transformazio eta Erresilientzia Planaren esparruan Next Generation EU funtsek finantzatutako proiektua


Laguntzaileak:

Diputación Foral de Gipuzkoa
Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades - Gobierno de España
IVAP