Karguak eta lanbideak
Testua gaztelaniaz
Historiador, profesor universitario.
Ibilbidea
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En la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada empezó sus estudios de Historia, que continuó en la Universidad de Madrid —más adelante, ya en 1970, denominada Universidad Complutense de Madrid—. Obtuvo en 1967 una cátedra de Instituto en Vitoria-Gasteiz. Defendió en Madrid su tesis doctoral, dirigida por Vicente Palacio Atard, con el título El carlismo alavés y la guerra civil de 1870-1876, en junio de 1970, ante un tribunal presidido por Jesús Pabón e integrado por José María Jover, Antonio Rumeu de Armas y Vicente Cacho Viu. Obtuvo la calificación de sobresaliente cum laude. A principios de la década de 1970 se incorporó a la Universidad de Salamanca. En 1980 se hizo con una agregación de Universidad que lo llevó de nuevo a Vitoria-Gasteiz, a la Universidad del País Vasco. En 1981, además de obtener el Premio Nacional de Historia, pasó a incorporarse plenamente al Departamento de Historia Contemporánea de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. En 1983 obtuvo allí una cátedra. Ejerció como director de dicho departamento entre 1994 y 1996. En la Universidad Complutense de Madrid iba a desempeñar su docencia hasta su jubilación, excepto una estancia en la flamante Universidad Carlos III de Madrid entre 1997 y 1999. Fungió como primer director de la Cátedra extraordinaria «Memoria histórica del siglo XX» de la Universidad Complutense de Madrid, creada con vocación académica y social en 2004 e inaugurada oficialmente al año siguiente. Fue profesor emérito de esta misma universidad entre 2009 y 2012. Falleció en la capital de España el 28 de enero de 2013.
En un interesante texto titulado «Autorretrato en escorzo (y nada complaciente) con figuras de fondo», publicado en 2005, Julio Aróstegui escribió que «si yo hubiera de caracterizar mi trayectoria intelectual con un adjetivo que la situara en su justo contexto, no dudaría en señalar este con la más flagrante paradoja: mi contexto fue la soledad». No se consideraba discípulo de ningún maestro concreto, ni miembro de ningún grupo historiográfico significativo, pero era consciente del peso generacional de los historiadores formados en la época de la dictadura franquista y que empezaron su carrera a finales de los años sesenta y en los setenta. Aunque durante algún tiempo se le considerara como discípulo de Palacio Atard, este fue, como bien ha escrito Ignacio Peiró, más un protector que un maestro. El alejamiento de esta figura y el olvido sobre una buena parte de su propio pasado académico constituyeron una vía de reconfiguración personal y académica en el marco del final del franquismo y en la Transición democrática. Aróstegui mantuvo a lo largo de su vida una notable independencia personal e intelectual, que complementaba con un cuidado rigor profesional. De izquierdas y adepto al marxismo historiográfico, nunca lo aplicó con dogmatismo ni radicalidad. Ello ha constituido una importante razón en la pervivencia de su obra por encima de escuelas y tendencias. Tardíamente participó en los seminarios organizados en torno a Manuel Tuñón de Lara. Investigación y divulgación fueron, para el profesor Aróstegui, dos caras de la misma moneda, que no era otra que la representada por la profesión de historiador. Desde sus primeros trabajos historiográficos y sus orígenes docentes se interesó mucho por la teoría y la metodología de la historia, complemento imprescindible de los estudios más empíricos. Mostró una notable sensibilidad hacia otras disciplinas próximas de la historia, en especial la sociología.
El primer libro publicado por Julio Aróstegui estaba dedicado a un territorio del País Vasco, Álava, y al fenómeno carlista. Fue el primero, pero no el último, que el historiador centrara en este último tema. Su tesis doctoral, leída en 1970, se convirtió rápidamente, aquel mismo año, gracias a la Diputación Foral de Álava, en el libro del mismo título El carlismo alavés y la guerra civil de 1870-1876. Contenía un prólogo de Vicente Palacio Atard. La temática y la geografía debían mucho a su incorporación, tres años antes, a un Instituto nacional de enseñanza media de la capital alavesa: «Mi actividad profesional de verdad empezó en 1967 con una cátedra de Instituto que me catapultó a Vitoria, a la que llegué en la plenitud de mi entusiasmo. Los tiempos profesionales no eran fáciles, pero estaban relativamente abiertos. El País Vasco fue para mí (y en una doble ocasión) una experiencia sobre la que tendré que reflexionar más en profundidad en algún momento posterior». No pudo hacerlo. Sea como fuere, El carlismo alavés y la guerra civil de 1870-1876 era una obra muy innovadora en el campo de los estudios, por aquel entonces bastante anquilosados —dominados por las tendencias militantes del tradicionalismo y el neocarlismo y por el grupo formado alrededor de Francisco Suárez Verdeguer—, sobre el carlismo en España. A partir de una metodología renovada pretendía explicar las razones que impulsaban a los hombres a enfrentarse entre ellos. Abordaba tanto los aspectos políticos como los económicos y sociales. Por lo que a lo político se refiere, Aróstegui estudiaba el conflicto bélico y destacaba el papel de la Diputación Provincial de Álava, crucial en la movilización carlista. Su actuación había sido más decisiva que cualquier movilización espontánea. El estudio económico de la Segunda guerra carlista y sus costes ocupaba una buena parte del libro. Recibían atención, asimismo, las filas carlistas: heterogeneidad social, peso de los sectores urbanos —poniendo en duda la caracterización del carlismo como un fenómeno exclusivamente campesino—, diferenciación social entre dirigentes y base carlista. El carlismo había sido, concluía Aróstegui a partir del caso alavés, una reacción de defensa de unas determinadas formas de vida en una época de inseguridad, crisis institucional y transformaciones económicas.
La obra derivada de la tesis doctoral de Aróstegui tuvo su complemento teórico, en 1973, en la aportación del autor —«El carlismo en la dinámica de los movimientos liberales españoles. Formulación de un modelo»— a las I Jornadas de Metodología Aplicada a las Ciencias Históricas, celebradas en Santiago de Compostela, cuyas actas aparecieron en 1975. El modelo sobre el fenómeno carlista propuesto tomaba en consideración una etapa histórica prolongada a través de la secuencia realismo-carlismo-tradicionalismo y de una permanente interacción con el liberalismo. La década de 1970 resultó muy importante en la renovación de los estudios sobre la contrarrevolución y la crisis del Antiguo Régimen en el País Vasco (Fernández de Pinedo, Fernández Albadalejo, Garmendia, Extramiana), así como en otras partes de España (Torras, Herrero, Seco Serrano, Blinkhorn). Tras un interesante estudio dedicado al Manifiesto de la Federación de Realistas Puros de 1826, que vio la luz en 1976, Aróstegui dedicó un extenso texto, en 1979, a «El carlismo y los fueros vasconavarros», injerido en el tercer volumen de la Historia del Pueblo Vasco editada por Erein. Sostenía el autor que carlismo y fueros no eran elementos identificables y que dicho movimiento contrarrevolucionario no usó en los inicios el potencial movilizador de la defensa foral. Fue un elemento más, que estaba bien presente en la sociedad del momento. Aunque carlismo y foralismo estuvieran interrelacionados en muchos momentos, las guerras civiles del siglo XIX, aseguraba, «no pueden considerarse guerras foralistas». Deben destacarse otras dos aportaciones posteriores del autor: la síntesis sobre las guerras carlistas, titulada «El carlismo y la guerra civil», que formaba parte del volumen XXXIV de la Historia de España de Espasa-Calpe, en 1981, y un largo estudio sobre Antonio Pirala (1984).
Más adelante, Julio Aróstegui se iba a ocupar también del carlismo, pero en una cronología que le llevaba de lleno al siglo XX. Dedicó un par de artículos a los orígenes del requeté y a la paramilitarización del carlismo (1988) y a la conspiración y la insurrección antirrepublicana de 1936 (1986) —el carlismo mantuvo un proyecto insurreccional independiente del militar hasta el último momento—; un estudio a Juan Vázquez de Mella, en el prefacio a una antología de textos de este político y publicista carlista (1999), y, asimismo, un libro en dos volúmenes a los combatientes carlistas y los tercios de requetés en la Guerra Civil española (1991). Esta última obra fue galardonada con el premio Luis Hernando de Larramendi en su primera edición y publicada por la editorial Aportes, muy vinculada al neotradicionalismo. Esta última circunstancia no dejó de generar una cierta sorpresa. Los combatientes carlistas en la Guerra Civil española fue ampliada casi veinte años después y salió a la calle con el título Combatientes requetés en la Guerra Civil española (1936-1939) (2013). La investigación sobre el carlismo de Julio Aróstegui tuvo su complemento en la síntesis El carlismo y las guerras carlistas: hechos, hombres e ideas, que escribió junto con Jordi Canal y Eduardo González Calleja y que vio la luz en 2003. El origen era un encargo de la editorial La Esfera de los Libros. Aróstegui propuso desde el primer momento a Canal y González Calleja, que ya habían colaborado con él en otros proyectos y eran considerados ya dos especialistas en el tema del carlismo, escribir juntos este libro a partir de una división cronológica y temática. El carlismo era presentado como un fenómeno de larga duración en la historia de España —la obra arrancaba prácticamente con la guerra de la Independencia—, socialmente y geográficamente heterogéneo (el País Vasco y Navarra eran territorios muy destacados), con una larga tradición insurreccional y plenamente insertable en el mundo de la contrarrevolución europea. A los aspectos políticos, económicos y sociales presentes desde las primeras contribuciones de Julio Aróstegui al tema del carlismo, se sumaban en esta obra las culturales e historiográficas.
Aunque el carlismo fuera una de las cuestiones más trabajadas por Julio Aróstegui, desde el principio al final de su obra, así como la que más lo vinculara a las tierras vascas, su curiosidad y quehacer historiográfico le convirtieron también en historiador sobresaliente en otros temas, como la violencia política y la Guerra Civil española. Sobre la primera cuestión puede destacarse el dosier que coordinó en la revista Ayer en 1994, titulado Violencia y política en España, y sobre la segunda deben citarse obras como La Junta de Defensa de Madrid, noviembre de 1936/abril de 1937 (1984) —escrito con Jesús A. Martínez—, Por qué el 18 de julio… y después (2006) o, asimismo, dos obras que coordinó: Historia y memoria de la Guerra Civil (1988), en tres volúmenes, y Guerra Civil. Mito y Memoria (2006). En los últimos tiempos de su vida dedicó muchos esfuerzos y trabajos a la memoria histórica, con libros colectivos como España en la memoria de tres generaciones: de la esperanza a la reparación (2007) y Generaciones y memoria de la represión franquista (2010). Escribió dos biografías: una dedicada a Don Juan de Borbón (2002) y otra al líder socialista Francisco Largo Caballero (2013). Largo Caballero. El tesón y la quimera vio la luz, en la editorial Debate, a mediados de enero del año 2013, un par de semanas antes del fallecimiento del autor. Sin los dos libros siguientes, sin embargo, la obra histórica de Aróstegui no quedaría completa: La investigación histórica: teoría y método (1995, 2001), un profundo, documentado y muy influyente manual, y La historia vivida. Sobre la historia del presente (2004), una seria reflexión sobre las posibilidades de construir una historiografía específica de la historia del presente. Julio Aróstegui ha sido uno de los historiadores españoles más destacados del último medio siglo. Quizá no tuviera maestros, pero sí bastantes discípulos. Sus trabajos siguen siendo y seguirán siendo obras de referencia en cada uno de los territorios de la historia que exploró. Su trágica muerte a los setenta y cuatro años truncó una larga carrera que prometía todavía nuevas y fecundas aportaciones.
Obrak
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El carlismo alavés y la guerra civil de 1870-1876, Vitoria: Diputación Foral de Álava, 1970.
«El carlismo en la dinámica de los movimientos liberales españoles. Formulación de un modelo», Actas de las I Jornadas de Metodología Aplicada a las Ciencias Históricas. IV: Historia Contemporánea, Santiago de Compostela: Universidad de Santiago-Fundación Juan March, 1975, pp. 225-239. Revisión y traducción al catalán: CANAL, J. (ed.), El carlisme. Sis estudis fonamentals, Barcelona: L’Avenç-SCEH, 1993, pp. 51-77.
«El manifiesto de la Federación de realistas puros (1826). Contribución al estudio de los grupos políticos en el reinado de Fernando VII», Estudios de Historia Contemporánea, vol. I, Madrid, CSIC, 1976, pp. 119-185.
«El carlismo y los fueros vasconavarros», Historia del Pueblo Vasco, vol. III, San Sebastián: Erein, 1979, pp. 71-135.
«El carlismo y la guerra civil», en JOVER ZAMORA, J. M. (dir.), Historia de España. XXXIV. La era isabelina y el Sexenio democrático (1834-1874), Madrid: Espasa-Calpe, 1981, pp. 69-139.
«Estudio preliminar. Antonio Pirala en la historiografía española del siglo XIX», en PIRALA, A., Historia de la guerra civil y de los partidos liberal y carlista, vol. I, Madrid: Turner, 1984, pp. VII-LXVIII.
Con MARTÍNEZ, J. A., La Junta de Defensa de Madrid, noviembre de 1936/abril de 1937, Madrid: Comunidad de Madrid, 1984.
«El carlismo, la conspiración y la insurrección antirrepublicana de 1936», Arbor, 491-492 (1986), pp. 27-75.
(coord.), Historia y memoria de la Guerra Civil, Valladolid: Junta de Castilla y León, 1988, 3 vols.
«La tradición militar del carlismo y el origen del requeté», Aportes, 8 (1988), pp. 3-23.
Los combatientes carlistas en la Guerra Civil española 1936-1939, Madrid: Aportes, 1991, 2 vols. Revisado y ampliado en Combatientes requetés en la Guerra Civil Española (1936-1939), Madrid: La Esfera de los Libros, 2013.
(ed.), «Violencia y política en España», Ayer. Revista de Historia Contemporánea, 13 (1994), pp. 11-264.
Con GONZÁLEZ CALLEJA, E., «La tradición recuperada. El requeté carlista y la insurrección», Historia Contemporánea, 11 (1994), pp. 29-53.
La investigación histórica. Teoría y método, Barcelona: Crítica 1995. Nueva edición revisada en 2001.
(ed.), Juan Vázquez de Mella. Una antología política, Oviedo: Junta General del Principado de Asturias, 1999. Selección y estudio preliminar.
Don Juan de Borbón, Madrid: Arlanza, 2002.
Con CANAL, J., y GONZÁLEZ CALLEJA, E., El carlismo y las guerras carlistas. Hechos, hombres e ideas, Madrid: La Esfera de los Libros, 2003.
La historia vivida. Sobre la historia del presente, Madrid: Alianza, 2004.
«Autorretrato en escorzo (y nada complaciente) con figuras de fondo», Cuadernos de Historia Contemporánea, 27 (2005), pp. 53-59.
Por qué el 18 de julio… y después, Barcelona: Flor del Viento, 2006.
Con GODICHEAU, F. (coords.), Guerra Civil. Mito y Memoria, Madrid: Marcial Pons, 2006.
(ed.), España en la memoria de tres generaciones. De la esperanza a la reparación, Madrid: Complutense-Fundación Francisco Largo Caballero, 2007.
Con GÁLVEZ, S. (coords.), Generaciones y memoria de la represión franquista, Valencia: Universitat de València, 2010.
Largo Caballero. El tesón y la quimera, Barcelona: Debate, 2013.
Bibliografia
Testua gaztelaniaz
CANAL, J., El carlismo. Dos siglos de contrarrevolución en España, Madrid: Alianza, 2000.
GONZÁLEZ CALLEJA, E., «Julio Aróstegui. In memoriam», Hispania Nova, 11 (2013). En línea: http://hispanianova.rediris.es/semblanza.htm (consultado el 20 de diciembre de 2022).
MARTÍNEZ MARTÍNEZ, J. A. et al. (coords.), El valor de la historia. Homenaje al professor Julio Aróstegui, Madrid: Universidad Complutense, 2009.
— y BLANCO, J. A. (coords.), «Teorizar la historia, hacer historiografía. Homenaje al profesor Julio Aróstegui», Hispania Nova, 12 (2014). En línea: https://e-revistas.uc3m.es/index.php/HISPNOV/article/view/1877 (consultado el 20 de diciembre de 2022).
RÚJULA, P., «El carlismo», Hispania Nova, 12 (2014). En línea: https://e-revistas.uc3m.es/index.php/HISPNOV/article/view/1987 (consultado el 20 de diciembre de 2022).





