Karguak eta lanbideak
Testua gaztelaniaz
Pulidor, bedel, esperantista.
Ibilbidea
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Santi Arizmendiarrieta nació en Eibar en fecha tan señera para la clase obrera como el 1 de mayo de 1903. Sus padres eran baserritarras de la cercana barriada de Barinaga de Markina-Xemein, que se habían trasladado a Eibar a trabajar.
A los once años abandonó la escuela y se convirtió en aprendiz del oficio de acabador en el mismo taller que su padre. Aquel mismo año, en pleno apogeo de la crisis armera, los jóvenes eibarreses iniciaron la construcción de la carretera a Markina. Al regresar del servicio militar en 1924, Santi se incorporó a la cooperativa de consumo de la empresa Alfa —en concreto al economato—, fundada cuatro años antes. Obtendría su tercer destino profesional al conseguir un puesto de bedel en el instituto de secundaria que acababa de crearse en Eibar. Nos encontramos en 1935, y Santi apenas tendrá tiempo para familiarizarse con su nuevo trabajo.
La figura de Santiago Arizmendiarrieta debe entenderse en el entorno del movimiento que Toribio Etxebarria denominó «la aurora social sobre el río Ego». Aquella juventud llevaba muy interiorizada la bandera de una justicia social desde el punto de vista de un sindicalismo potente. Por decirlo de alguna manera, eran personas nacidas en los albores del siglo XX que aunaban, junto a la ya mencionada preocupación por la justicia social, un tenaz deseo de autocultivo cultural. Jóvenes extremadamente curiosos, su perfil autodidacta resulta relevante en el caso de nuestro protagonista. Por consiguiente, Santiago Arizmendiarrieta es fruto de aquella siembra. A pesar de contar exclusivamente con estudios básicos, completó su formación principalmente a través de la lectura.
La vida civil de nuestro protagonista fue humilde y sencilla hasta el Alzamiento de 1936, en las filas de la juventud socialista durante su juventud y, más tarde, en su edad adulta, en la Casa del Pueblo de la localidad; y, a partir de la fecha mencionada, la vida de Santiago Arizmendiarrieta se sumirá en la terrible dinámica de un perdedor de la guerra que ha de padecer la opresión que, de una u otra forma, le va a seguir y condicionar durante el resto de su vida.
Los episodios bélicos marcarán esencialmente el destino de Arizmendiarrieta. En concreto, protagonizará una andanza infernal que se prolongará durante dos años, desde la cárcel de El Dueso en Cantabria, hacia Teruel, pasando por San Pedro de Cardeña, en Burgos, y que culminará en las celdas de la cárcel donostiarra de Ondarreta.
Plasmará las experiencias de aquella época en su obra Mis Memorias. A solicitud de un compañero de partido desde el exilio, nuestro protagonista comenzó a redactar su relato a principios de la década de 1950. Se trata de un documento estremecedor en el que el propio Santi nos confiesa que, nada más estallar la guerra, tomó la pluma y el cuaderno, y en él fue recogiendo todo lo que viera y padeciera. Un magnífico testimonio de verdad en el que el eibarrés, con su prosa espontánea y atractiva, plasma lo mejor y, quizá, lo peor del género humano.
Asimismo, contamos con su epistolario. Realizado principalmente con sus compañeros exiliados y, en especial, con su amigo Toribio Etxebarria, expatriado en la diáspora de Caracas (1951-1968).
Junto a su primera aportación a la historia, no ha de olvidarse, sin embargo, el incansable trabajo esperantista de Santi, en las antípodas de la realidad del momento.
Porque, si algo es Arizmendiarrieta, es consecuente con su ideología. Conoce cómo puede encauzar su silenciosa vindicación de un mundo mejor. Manejaba recursos de larga data. Ciertamente, para que la sociedad, un mundo más justo, resultara más viable, la humanidad debía entenderse; de entrada, por la lengua. Y por ello, nuestro hombre tendrá otra faceta de preocupación. De entrada, cuando Antonio de la Torre, un maestro castellano, llegó a Eibar a principios del siglo XX, hacia 1907, pretendía, entre otras cuestiones, impulsar la enseñanza del esperanto y la higiene infantil. Desde lo segundo, se empeñó en iniciativas a favor de las colonias de verano. Pero, en general, de la Torre era un apasionado del esperanto. Organizó clases en Eibar y creó un reducido grupo esperantista en la localidad. De la Torre falleció en 1916. Más tarde, Santiago Arizmendiarrieta sería uno de los que se animaría a aprender la lengua artificial. En efecto, siendo su alma, su personalidad absolutamente vascoparlante, no estaba dispuesto a aceptar la falta de intercomprensión existente en el mundo desde el punto de vista lingüístico. También Santi se sumó al movimiento que creara aquel médico polaco llamado Zamenhof. Tras la guerra de 1936, florecerían las iniciativas en favor de la nueva lengua dada por aquel: en casa, inicialmente; en las aulas del Club Deportivo Eibar, enseñando esperanto a un grupo de eibarreses; y, como representante de la lengua, acudiendo a congresos en Euskal Herria y España.
Finalicemos recordando que, para demostrar la importancia que otorgaba a dicha lengua, Santi redactó en esperanto 47 de las 263 cartas que escribió, logrando así, por una parte, dar visibilidad al idioma, y, por otra parte, para que los hipotéticos censores tuvieran que esforzarse en descifrar aquellas misivas redactadas en esperanto.
Una iniciativa efímera, quizá, contemplada desde la perspectiva de los años, por supuesto, pero todo un homenaje a la autenticidad de su impulsor.
Durante los últimos años de su vida, imaginamos a Santi preocupado por el legado de los escritos de Toribio Etxebarria, para que sus obras recibieran una adecuada publicación.
En resumen, Santiago Arizmendiarrieta Mandiola fue un hombre de paz al que los acontecimientos le condicionaron la vida.
Obrak
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Mis memorias. La guerra civil española: 20 meses prisionero, Eibar: Ego Ibarra Batzordea, Eibarko Udala, 2016.
Bibliografia
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NARBAIZA, A., «Amuategi, Arizmendiarrieta eta euskara», Eibar. Herriaren Arima, 125 (2015), p. 8.
Fuentes.
ARCHIVO MUNICIPAL DE EIBAR, Fondo Arizmendiarrieta (EUA/AME, 1958, 0901.39.03). Este fondo recoge la siguiente colección de correspondencia: 263 cartas, 47 de ellas escritas en esperanto. La mayoría corresponden a la relación epistolar que mantuvo con Toribio Echebarria entre 1951 y 1968. Muchas remitidas desde Eibar a Brighton (1958), a Londres (1958-1960) y, en general, entre 1951 y 1968, fecha de la muerte de Etxebarria, desde Eibar a Caracas.





