Karguak eta lanbideak
Testua gaztelaniaz
Catedrático de Historia y Teoría del Arte.
Ibilbidea
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Creció siendo el mayor de una acomodada familia de nueve hermanos, bajo la atenta mirada de sus padres, Odón de Apraiz y Sáenz de Elburgo y Julia Buesa Martínez del Campo.
En 1900 logró licenciarse en Salamanca en la Facultad de Filosofía y Letras. Cinco años más tarde, en Madrid, presentó su tesis doctoral sobre doña Inés de Castro («Doña Inés de Castro en el teatro castellano»), obteniendo la más alta calificación. Pero no contento con todo ello, ese mismo año se licenciaría en Derecho también por la Universidad de Salamanca.
Con la obtención en 1911 de la cátedra de Teoría de la Literatura y de las Artes mediante oposición libre, comenzó su brillante carrera en la Universidad de Salamanca, en la que permaneció por espacio de ocho años. Por entonces era rector de dicha universidad don Miguel de Unamuno con el que enseguida trabó una gran amistad.
Su interés por otras culturas y otros países le hizo acreedor en 1914 de una beca de seis meses de duración concedida por la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, con la que viajó, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, por gran parte de Europa y los Estados Unidos de América. Durante su periplo, fue anotando y escribiendo todo cuanto le llamaba la atención tanto del arte y la cultura como de la Universidad europea y americana, sus instituciones, funcionamiento, ventajas e inconvenientes.
La reflexión sobre lo visto y vivido a lo largo de su viaje por las universidades extranjeras será el objeto de la conferencia pronunciada en los salones de la Filarmónica de Bilbao el 5 de enero de 1918 organizada por la Junta de Cultura de la Diputación de Vizcaya. En esta conferencia Ángel aboga por la necesidad de crear una Universidad Vasca y presenta estadísticas de los estudiantes vascos que cursaban sus estudios repartidos por las Universidades de Zaragoza, Madrid, Valladolid y Salamanca, principalmente.
Esta conferencia tuvo una enorme repercusión, en un ambiente influenciado por los acontecimientos europeos y el bullir del nacionalismo vasco, y supuso el manifiesto de un movimiento y una inquietud que existía hacía tiempo, llamado a tener consecuencias inmediatas. Así, días más tarde, la Diputación de Gipuzkoa aprueba una moción presentada por su presidente, Ladislao de Zavala, proponiendo la organización, en septiembre de aquel mismo año, de un Congreso de Estudios Vascos, bajo el patrocinio de las cuatro diputaciones y los obispos de Pamplona/Iruña, Vitoria/Gasteiz y Bayona.
En 1919, por medio de un concurso de traslado, cambia la Universidad de Salamanca por la de Barcelona, para interesarse de cerca por sus hermanos Odón, Ricardo y Emilio, que se encontraban en dicha ciudad por estudios o trabajo.
Allí, además de ocupar la cátedra correspondiente, impartirá también clases nocturnas en la Escuela de Trabajo y formará parte de la directiva de la Asociación de Antropología, Etnología y Prehistoria, y de la Comisión de Monumentos de Cataluña. Entrará en contacto también con el Institut de Estudis Catalans, que tenía evidentes similitudes y afinidades con la recién creada Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos, de la que fue secretario general y director del boletín que la misma publicó de 1918 a 1936, denominado Revista Internacional de los Estudios Vascos (RIEV). De hecho, desde Barcelona se encargó también de la organización de los siguientes cinco Congresos de Estudios Vascos, alternando frecuentes viajes a Donostia-San Sebastián y la diaria correspondencia que mantuvo tanto con la Sociedad como con sus amigos, colegas y la que sería su esposa, Mari Cruz de Landeta.
Efectivamente, el 6 de septiembre de 1926 Ángel de Apraiz contrae matrimonio con Mari Cruz, hija del bilbaíno Eduardo Landeta y Carmen Beascoechea. La familia Landeta era una de las de la alta burguesía de Bilbao y Eduardo participó activamente tanto en el Congreso de Oñati como en la Sociedad de Estudios Vascos, colaborando con su yerno en multitud de temas.
El verano de 1933 Ángel de Apraiz junto con otros profesores y un grupo de alumnos, emprenden un crucero por el Mediterráneo a fin de conocer las ciudades y el arte de sus diferentes pueblos y culturas. El viaje tuvo un importante eco en la prensa, que siguió todas las escalas de la motonave Ciudad de Cádiz. Así, leyendo los numerosos artículos publicados podemos deducir que además de una actividad universitaria y cultural, el crucero se fue convirtiendo en un acontecimiento diplomático. Fue la primera y única expedición universitaria española por el Mediterráneo de estas características, a pesar de que la intención de los organizadores fuera la de que a este crucero le siguieran otros similares.
Pero con el estallido de la Guerra Civil y, pese a no estar afiliado a ningún partido político, sus ideas e inclinación nacionalista provocan que Apraiz sea suspendido de empleo y sueldo y sea objeto de un expediente de depuración que no se resolverá hasta 1939. Se traslada a Donostia, donde la Sociedad de Estudios Vascos, de la que era secretario, se ve obligada a desaparecer, visita a su familia en Vitoria-Gasteiz y a la de su esposa en Bilbao. La terrible situación no dejaba lugar a dudas: por la seguridad propia y la de su familia, el exilio era inevitable.
En mayo de 1937 la familia se embarca en Santurtzi en el Goizeko Izarra rumbo a Burdeos. Y tras unos meses en aquella ciudad se trasladan a Bidart/ Bidarte. Allí vivirán en un piso alquilado durante una estancia que se prolongó hasta septiembre de 1939. Apraiz, mientras, escribe artículos para la prensa francesa sobre las peregrinaciones y el arte vasco, asiste a conferencias y, sobre todo, trata por todos los medios de solucionar el asunto del expediente de depuración por el que ha sido suspendido.
Tras arduos y penosos trámites, consigue ser rehabilitado en su cargo, pero con la condición de volver forzosamente a la universidad de la cual procedía el traslado en 1919. Así pues, en 1941 regresa a Salamanca, se reencuentra con la vieja universidad, con el Colegio Mayor, los antiguos compañeros y nuevos colaboradores y amigos.
Pero en 1945 se desdobla la cátedra de Historia del Arte y Arqueología, hasta entonces una única, y Apraiz solicita el traslado, esta vez por el procedimiento ordinario, a la Universidad de Valladolid.
Allí transcurrirán sus últimos diez años de carrera académica. Se convierte así en el primer catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid, adoptando inmediatamente como ayudante al que fuera su sucesor, Martín González.
La razón para que se viera en la necesidad de tener un ayudante era su manera de preparar e impartir las clases. Empleaba proyecciones de diapositivas y preparaba numerosas visitas tanto para las clases del curso general de Historia del Arte como para el novedoso curso de Estética que comenzó a impartir. Al profesor Apraiz le interesaba más conocer el contexto histórico, las circunstancias personales y sociales del autor y las especificidades de la época que inspiraron la obra de arte, para poder comprenderla mejor.
En este contexto y gracias al aprecio que se le tenía en los círculos universitarios, el profesor comienza a ocupar cargos de mayor responsabilidad, siendo nombrado primero vicedecano de la facultad y posteriormente, decano.
En el año 1955 llega el momento de la jubilación, del fin de su carrera académica. Y la asume como una nueva etapa en la que poder ahondar en temas de investigación ya iniciados, o comenzar otros nuevos. Si ya anteriormente su producción de artículos y su presencia en conferencias fue siempre prolífica, ahora lo es, si cabe, más.
Además, una vez jubilado, se solicitaba su presencia para presidir multitud de actos académicos, culturales y sociales. Precisamente, en junio de 1956, se requirió su presencia para presidir los exámenes de bachillerato en A Coruña. Allí se trasladó sin dilación, pero, una vez en la ciudad, una afección pulmonar le llevó al hospital, donde fallecería el día 22.
Como autor, no fue hombre de grandes monografías, pero fue prolífico en artículos y conferencias, muchas de las cuales se llegaron a publicar. Además de su predilección por el románico y el gótico, la cultura de las peregrinaciones y sus distintas manifestaciones artísticas constituyeron los temas clave de su producción. Pero, sobre todo, fue un enamorado de su tierra y de su ciudad natal, a la que dedicó numerosas horas de estudio.
Obrak
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«El románico en Álava», Euskal-Erria. Revista Bascongada, LXV (1911), pp. 154-156.
«Arquitectura baska», Los baskos en la nación argentina. 1816-1916, Buenos Aires: José R. de Uriarte, 1916, pp. 183-186.
La casa y la vida en la antigua Salamanca, Salamanca: Establecimiento Tipográfico de Calatrava, 1917. Reed. 1942.
Universidad vasca. Conferencias organizadas por la Junta de Cultura Vasca para 1918, Bilbao: Bilbaína de Artes Gráficas, 1918.
«La historia del Arte del País Vasco. Problemas e indicaciones», Hermes. Revista del País Vasco, 14 (1918), pp. 74-78.
«Instrumentos de música vasca en el Alto Aragón», RIEV, 13 (1922), pp. 553-559.
«L’Art populaire basque et ses relations avec celui d’autres pays d’Europe», en DES MAREZ, G., y GANSHOF, F.-L., Compte rendu du V Congrès international des sciences historiques, Bruxelles: Impr. de M. Weissenbruch, 1923, p. 372.
Las disciplinas estéticas y sus métodos en la Universidad. Discurso leído en la inauguración del curso académico de 1931 a 1932, Barcelona: Núñez y Cía., 1931.
«Notas hispánicas sobre la cultura de las peregrinaciones», Bulletin Hispanique, 40 (1938), pp. 241-249 y 424-432; 41 (1939), pp. 60-64.
La cultura de las peregrinaciones. Su historia, su geografía y métodos para su investigación, Madrid: Revista «Las Ciencias», 1942.
El origen de la advocación y las imágenes de la Virgen Blanca, Valladolid: Impr. Casa Martín, 1947.
«Las casas góticas de comercio llamadas del portalón y del cordón en Vitoria», Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, 16 (1949-1950), pp. 33-52.
«El Museo de Vitoria», Archivo Español de Arte, 96 (1951), pp. 364-396.
«Los tímpanos de la catedral vieja de Vitoria», Archivo Español de Arte, 103 (1953), pp. 187-204.
«La elaboración estética en las peregrinaciones», Anales de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, 19 (1952).
«El culto a San Miguel como posible origen del nombre de la ciudad de Vitoria», Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, 21-22 (1954-1956), pp. 15-27.
Bibliografia
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ARALAR, J., «Ángel de Apraiz y Buesa (G. B.)», BIAEV, 7 (1956), pp. 157-160.
AROCENA, F., «Don Ángel de Apraiz. In memoriam», BRSBAP, XII (1956), p. 223.
BILBAO, J., Eusko-bibliographia. Diccionario de bibliografía vasca… 1976-1980, Bilbao: Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco = Argitalpen Zerbitzua, Euskal Herriko Unibertsitatea, 1985-1987, 3 vols.
ESTORNÉS ZUBIZARRETA, I., La Sociedad de Estudios Vascos. Aportación de Eusko Ikaskuntza a la Cultura Vasca (1918-1936), Donostia: EI-SEV, 1983.
ESTORNÉS ZUBIZARRETA, I.; ORTIZ DE ORRUÑO, J. M., y ROLDÁN GUAL, J. M., Eusko Ikaskuntzaren iragana, oraina eta geroa = Eusko Ikaskuntza. Pasado, presente y futuro, Donostia: EI-SEV, 1993.
GÓMEZ GÓMEZ, A., «Los inicios de la investigación sobre el Arte Románico en el País Vasco», Ondare. Cuadernos de Artes Plásticas y Monumentales, 16 (1997), pp. 167-174.
MURO ARRIET, K., Ángel de Apraiz. Biografía y bibliografía, Vitoria-Gasteiz: Ayuntamiento, 2001.





