Baskoniako Zuzenbide Historiko eta Autonomikoaren Azterketarako Fundazioa

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NOTITIA VASCONIAE Nafarroako egileak eta obrak

AIZPÚN TUERO, Jesús (Pamplona/Iruña, 17 de junio de 1928 – Pamplona/Iruña, 29 de diciembre de 1999)

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Karguak eta lanbideak

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Abogado y político.

Ibilbidea

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Hijo del también jurista y político Rafael Aizpún Santafé, cuya carrera profesional y política motivó que su familia viviera a caballo entre Pamplona/Iruña y Madrid. Comenzó el bachillerato en el internado del colegio de los Capuchinos Nuestra Señora del Buen Consejo de Lecároz, terminándolo en el Colegio de Areneros de los Jesuitas en Madrid, adonde se trasladó junto a su familia a finales de 1939. Estudió tres años de la carrera de Derecho en Deusto, licenciándose como alumno libre por la Universidad de Zaragoza en 1950. Casado con María Teresa Viñes, con quien tuvo once hijos, fue un gran amante de la lectura (llegó a atesorar una notable biblioteca jurídica) y de la música, siendo el presidente de la Sociedad Filarmónica de Pamplona desde su fundación en 1960 hasta septiembre de 1989, así como también del Baztan, donde vivió, según  él mismo, los mejores años de su vida.

Ejerció como abogado desde 1951 en el despacho profesional que iniciara su padre, que posteriormente compartió con su hermano Rafael. Su sólida formación e interés por el Derecho foral le llevó a intervenir en su proceso de compilación, oponiéndose inicialmente a través de un Dictamen jurídico, elaborado junto con Juan García-Granero, José Javier Nagore Yárnoz y José Javier López Jacoiste y presentado en la Diputación Foral, al anteproyecto de Fuero Recopilado de 1959 redactado por el Consejo de Estudios de Derecho Navarro. A raíz de esto, se integró en el reducido grupo privado de juristas navarros que a lo largo de casi una década elaborarían la Recopilación Privada y cuyos trabajos conducirían a la definitiva aprobación por Ley 1/1973, de 1 de marzo, de la Compilación del Derecho Civil Foral de Navarra o Fuero Nuevo de Navarra. En particular, Jesús Aizpún participó activamente en la primera fase de elaboración de la Recopilación Privada (1962-1967) y en menor medida en la segunda fase (1967-1971), en la que, sin embargo, contribuyó remitiendo dictámenes-ponencias sobre algunas instituciones navarras integradas en el Libro III, relativo a los bienes, respecto de las cuales era un especialista. Fue, además, miembro de la Comisión Oficial Compiladora de Navarra entre 1971 y 1973, y durante esos años de redacción definitiva del Fuero Nuevo elaboró un importante dictamen sobre la Ley 15, relativa a la  condición foral de las personas jurídicas. En 1975 fue nombrado miembro del Consejo de Estudios de Derecho Navarro, interviniendo en los dictámenes de este órgano jurídico asesor de la Diputación Foral de Navarra.

Fue precisamente por estas fechas cuando comenzó su carrera política, siguiendo la tradición familiar y con el detonante del secuestro por ETA a inicios de 1973 de Felipe Huarte, su cuñado, hecho este que le impulsó a ir más allá de su ejercicio profesional como abogado, que siempre le llenó y por el que —ya al final de su vida— manifestó querer ser recordado, y a dar el paso de asumir responsabilidades públicas para cambiar la situación política.

Elegido concejal del valle del Baztan en 1973, poco después creó Unión Navarra, asociación cultural que ostentaba el mismo nombre que el partido político con el que su padre se había incorporado a la CEDA en 1933. A través de ella entró en contacto con la sociedad de Estudios Libra de Joaquín Garrigues Walker, pasando a formar parte del primer comité ejecutivo del Partido Demócrata presidido por este. En el marco de este proyecto político, Jesús Aizpún fundó el Partido Demócrata Liberal de Navarra, del que fue presidente, partido que se incorporó a la Unión de Centro Democrático (UCD) de cara a las elecciones generales de 1977.

Tras la muerte de Franco, se mostró muy crítico con el Régimen por haber dejado en bandeja al comunismo (contra el que fue ferozmente crítico) erigirse como paladín de la democracia y la libertad, lo que calificó como «la gran estafa» y como uno de los mayores riesgos para la incipiente democracia española. En palabras de Aizpún, «llevamos muchos años dejando que decidan por nosotros», razón por la cual instó a la sociedad española a salir de la apatía y desinterés por los problemas colectivos y a defender las propias ideas de cada uno a través del marco democrático, evitando así salir de un régimen dictatorial personalista para caer en uno totalitario comunista. Asimismo, se opuso a que las convulsiones de la España posfranquista fueran imputadas a una democracia aún no instaurada, evitando cargarla con mochilas del pasado y promoviendo su desarrollo que, aunque imperfecto, permitiría el respeto de la libertad, dignidad y derechos humanos y la integración en una Europa de la que, a su juicio, no nos podíamos aislar.

Presentado como cabeza de lista en la candidatura de UCD al Congreso, fue la suya la lista más votada, por lo que obtuvo escaño en el Congreso de los Diputados, en lo que sería el inicio de una carrera política que se prolongaría hasta 1996, siendo, por tanto, diputado de la Constituyente, y de la I, II, III, IV y V legislaturas. No obstante, este periplo político se desarrolló principalmente dentro de Unión del Pueblo Navarro, partido fundado en enero de 1979 por Jesús Aizpún y otros políticos del centro-derecha navarro tras su salida de UCD a causa de las discrepancias con este partido, motivadas por la aprobación de la disposición transitoria cuarta de la Constitución, con la que Aizpún estaba en profundo desacuerdo. Fue el segundo presidente de UPN desde 1985 hasta 1997, sucediendo en el cargo a Javier Gómara.

A lo largo de toda su vida, y en particular de su dilatada trayectoria política, fue un ferviente defensor de las particularidades jurídicas de Navarra, tanto en el Derecho privado como en el público. Sostuvo que el estatus jurídico propio de Navarra era el régimen de autonomía político-administrativa definido en las Cortes españolas por la Ley Paccionada de 1841 y que este debía ser mantenido («Las perplejidades del político», Diario de Navarra, 4 de junio de 1976). Con el advenimiento de la Constitución, impulsó que dicho estatuto jurídico se adecuase a la necesaria democratización de las instituciones forales y que se ampliasen las competencias que Navarra había ostentado en virtud de su régimen foral.

Su planteamiento político era navarrista y foralista: presuponía tanto la pertenencia a España como el distanciamiento institucional con el País Vasco; y partía de la fidelidad institucional de Navarra a España, pero también del respeto por el Estado español del estatus ostentado por Navarra y de los valores históricos espirituales, morales y socioeconómicos que la explican e identifican, con la libertad individual —encarnada en el Fuero— por encima de todos. Para Aizpún, descentralización y regionalismo no estaban reñidos con la unidad de España. Antes bien, eran perfectamente compatibles. Con estas premisas, adoptó una posición militante en la lucha contra el nacionalismo vasco y contra la inclusión de Navarra en las reclamaciones políticas de este, que pasaban por condicionar la aprobación de la Constitución española a la creación de una Comunidad Autónoma Vasca que llevara ínsita a Navarra, o bien, al menos, a la contemplación explícita de la posible incorporación futura de Navarra a dicha comunidad. Y, ya como diputado por el Grupo Mixto en el Congreso, se opuso frontalmente a las referencias a Navarra que se contenían en el Estatuto de Autonomía para el País Vasco (vid. escrito presentado en el Congreso de los Diputados el 25 de junio de 1979).

Esta reivindicación del nacionalismo constituía para Aizpún un ataque flagrante a la identidad y personalidad de Navarra (en reiteradas ocasiones la tildó de colonialismo vizcaíno y guipuzcoano), razón por la cual se manifestó públicamente contrario a la disposición transitoria cuarta de la Constitución de 1978, a la que achacó el habilitar una vía para que Navarra perdiera su autonomía, sin ni tan siquiera prever un cauce para eventualmente poder recuperarla. Llegado el momento de la votación final de conjunto para la aprobación del texto constitucional, decidió abstenerse, sellando así definitivamente su destino en UCD.

Su inquietud política y sus ideas le llevaron muy poco después a participar activamente en la fundación de UPN, partido de ámbito navarro y espíritu foralista, llamado, según Aizpún, a superar el tradicional marco dialéctico derecha-izquierda, sin perjuicio de que la realidad fue que el partido aglutinó básicamente a votantes de derechas (a los que se vinieron a unir personas procedentes del tradicionalismo foralista) y que marcó distancias con la izquierda navarra de los partidos de ámbito estatal, a los que se acusaba de negarse a defender los fueros navarros y de ceder ante las presiones del nacionalismo vasco. El peso político de Aizpún determinó la posición política venidera de UPN en su confrontación con el nacionalismo vasco y en su defensa de la foralidad navarra. Enfrentamiento que, a su juicio, no conllevaba un antivasquismo, sino simplemente una petición de respeto para Navarra («Autonomía para el País Vasco. Respeto para Navarra», dijo en ABC el 24 de mayo de 1979).

Si bien no podemos hablar en puridad de un legado en forma de publicaciones académicas (sí, en cambio, mediante una ingente cantidad de intervenciones públicas a través de artículos de opinión o cartas al director en la prensa navarra y también nacional), lo cierto es que Jesús Aizpún jugó un papel decisivo en lo que habría de ser el futuro de Navarra. Desde el punto de vista jurídico-privado, por su contribución, junto a otros juristas navarros, a la plasmación normativa de las instituciones civiles forales, recogiendo la tradición jurídica navarra y dotando al Derecho civil foral de una coherencia y un rigor técnico alabado por muchos juristas y que aún hoy, pese a las reformas exigidas por el marco constitucional y por los cambios sociales, se percibe en muchas de las leyes que componen el Fuero Nuevo. Y desde un planteamiento de Derecho público, porque como comisionado por Navarra en las negociaciones con el Estado, intervino activamente en la elaboración en 1982 del definitivo Amejoramiento del Fuero, con el que Navarra se acomodó estructural e institucionalmente en el marco constitucional español, así como también en las negociaciones que condujeron al Convenio Económico con el Estado, de 1990.

Como político, encarnó como pocos la defensa de la personalidad propia de Navarra (su foralidad preconstitucional, que como Aizpún no se cansaba de recordar, no nace de ni con la Constitución, sino que preexiste y es reconocida y amparada por esta), la distinción de su proyecto político respecto del abanderado por el nacionalismo vasco y la unificación de la derecha navarra, lo que condujo a la postre a una alternancia de poderes con el socialismo que se mantuvo durante casi cuarenta años.

Obrak

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«Comunidades de bienes. Facerías. Vecindades foranas. Servidumbres», Curso de Derecho Foral Navarro, vol. I: Derecho Privado, Pamplona: Estudio General de Navarra, 1958, pp. 77-105.

Con GARCÍA–GRANERO, J., y NAGORE YÁRNOZ, J. J., Testamento ante párroco en Navarra y en Derecho navarro [Pamplona]: [Imprenta del Arzobispado], 1958.

«La gran estafa», Comentarios políticos de actualidad, Madrid: Unión Editorial, 1976, pp. 11-17.

«¡No tenemos democracia!», Comentarios políticos de actualidad, Madrid: Unión Editorial, 1976, pp. 18-27.

«Una política regional», Democracia para España (II), Madrid: Unión Editorial, 1977, pp. 209-217.

«La personalidad foral de Navarra», Democracia para España (II), Madrid: Unión Editorial, 1977, pp. 219-225.

El régimen foral de Navarra, Burlada: Unión de Centro Democrático de Navarra, 1978.


Bibliografia

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AIZPÚN VIÑES, I., et al., Jesús Aizpún, abogado de Navarra, Pamplona: Sahats, 2003.

ANDRÉS–GALLEGO, J., Navarra, cien años de historia: Siglo XX, Pamplona: Diario de Navarra, 2003.

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