Karguak eta lanbideak
Testua gaztelaniaz
Funcionario, historiador.
Ibilbidea
Testua gaztelaniaz
Martin Elso es conocido sobre todo por su libro sobre Ainhoa, publicado en 1977 y cuyo título se mantuvo al reeditarlo: Histoire d’un village basque, Ainhoa (Elkar, 2013). En esta edición, su nieta Marie Denise Marckert Elso hace un repaso de su vida y lo acompaña con una bibliografía completa de sus obras.
El apellido Elso es un antiguo apellido navarro (https://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/fr/elso/ar-27106/). Nació en 1899 en Ainhoa, en el barrio de Dantxaria, en la casa Tambourinea, una antigua venta familiar vinculada al Lapitxuri de cuya historia, junto con la de otras ventas de la zona, nos habla Marckert Elso (Jakintza, 2006, pp. 43-96). Trabajó en la administración (aduanas y banca, sobre todo) y desempeñó un papel importante en el comercio transfronterizo navarro-labortano. Participó durante mucho tiempo en la gestión de los asuntos de su pueblo y se ocupó activamente en las facerías.
A Elso se le conoce sobre todo como el historiador de Ainhoa y Urdazubi/ Urdax. En aquella época, algunos miembros del clero pertenecían a una Historia que daba valor al archivo. Trabajaban como él (los padres Daranatz, Haristoy, Moreau…) y tenían una concepción muy rígida de la historia. Más tarde aprendimos que esta no es sino un discurso verificable y enmarcado en una cronología.
Grandes investigadores de Iparralde entraron en contacto con él, ya que era reputado por su seriedad. Hay dos nombres asociados a su obra: el de Barandiarán (que regeneró los estudios vascos de Sara) y el del doctor en Derecho Jacques Descheemaeker (1919-2012), con el que mantuvo contacto durante años (trabajando principalmente en los antiguos tratados y demarcaciones que establecieron la frontera actual). Ambos eran incansables caminantes recorriendo todos los montes del entorno. El joven jurista publicó varios trabajos decisivos y escribió con él un largo estudio que, a pesar de ser galardonado, quedó inédito. Fue él quien tuvo el honor de redactar el prefacio de su libro sobre Ainhoa.
La sombra de Elso se extiende sobre su obra, que sigue siendo una referencia absoluta para los vascólogos y, en particular, para todos los interesados en los montes labortanos (pero no exclusivamente). Yo mismo le pedí ayuda para mis estudios sobre Xareta y me ayudó a organizar el estudio sobre el contrabando y el tráfico aduanero, publicado en la RIEV, 50 (2005), pp. 105-169.
En su faceta de artista, publicó algunos bocetos de Ainhoa y su capilla de Arantza. Era amigo de Paul Tillac, que venía a verle desde Cambo. Pero sobre todo nos ha dejado un precioso testimonio sobre su amigo Philippe Veyrin. Ha contado cómo este extraordinario artista y personaje llegó a ocuparse del arte vasco (Gure Herria, julio-septiembre de 1962). Veyrin fue uno de los grandes nombres de la investigación que divulgó entre el público en general las formas de vida (junto con su contemporáneo, un gran personaje de San Juan de Luz, tan grande como reaccionario, Gaétan de Bernoville). Él y Elso publicaron a menudo juntos. No en vano Barandiarán los atrajo a Eusko-Jakintza con Descheemaeker y Veyrin.
Hay que mencionar otros grandes nombres, como el ilustre historiador Eugène Goyheneche y, sobre todo, José Miguel de Barandiarán, a quien también acompañó por los montes de Xareta y le proporcionó información en diferentes excursiones. Recuerdo especialmente la bellísima observación (en parte debida a él) que analizó y que está incluida en sus Obras completas, XII, pp. 382-384.
Los datos que incluyó en su obra son muy fiables y algunos de ellos son de gran interés para nosotros, los habitantes de Iparralde; no solo los relativos a su pueblo, sino también los relacionados con la gran abadía de Urdazubi, el corazón de Xareta. También quiero destacar la presentación de la hermosa misiva de los nuevos habitantes de Ainhoa, en abierto conflicto con los habitantes de siempre del pueblo, los etxezahar. Es de sumo interés para cualquier investigador vasco que se interese por los acontecimientos que anunciaron a su manera los grandes cambios de finales del siglo XVIII.
Elso es autor de valiosas crónicas del máximo interés (vid. Marckert Elso, 2013). Son unas obras muy fiables. Son muy didácticas, alejadas de los vastos análisis a los que nos tiene acostumbrados la investigación moderna, alejadas de cualquier visión dinámica centrada en este sector de los Pirineos, así como en el poderoso reino navarro cuya influencia llegaba aquí desde la abadía de Urdazubi. Hizo algunos enfoques erróneos (¡quien nunca lo haya hecho, que tire la primera piedra!), que fueron recogidos y transformados en verdades consagradas por la verborrea editorial. En su gran obra sobre Ainhoa, las observaciones que realiza siguen una cronología completamente clásica; los archivos de papel son valorados, revisados y analizados cuidadosamente. Se desechan las extrapolaciones y el texto se alinea con la «historia oficial», la de la escuela de la República Francesa, que se esforzó por borrar la historia vasca (calificada como crónica local, o incluso como acontecimientos municipales de escaso interés). La tarea de los abnegados profesores era enseñar mientras luchaban abiertamente contra el euskera, y acallar cualquier acontecimiento que se considerara de índole local. Esto dejó huella en Martin, era inevitable… ¿Y a quién no se la dejaría?
El proyecto de Elso fue el de un hombre modesto, pero terriblemente eficaz; sin título universitario, con los apoyos más frágiles (el Museo Vasco se estaba empezando a crear entonces y no había centro universitario local), por no decir irrisorios (pienso en Barandiarán trabajando como podía desde Sara). Fue un modesto pero valioso cronista, sus estudios se basan en referencias de primera mano. Sin embargo, como he comentado antes, están demasiado subordinados al archivo escrito. Tienen todas sus cualidades, pero también sus defectos, y estos son insalvables. Con los ojos fijos en su Ainhoa a través del corazón pero también del papel viejo, estaba condicionado (¿obnubilado?) por las hazañas de la «gran patria» y no vio que su Ainhoa era un hábitat (en el sentido estricto de la palabra: el lugar donde el hombre se instala para vivir) que debía situar en el largo plazo (un hábitat de establecimiento medieval); no vio que su iglesia era una fortaleza románica vinculada al establecimiento de los canónigos premostratenses y directamente relacionada con la defensa de Baztán y Pamplona... Debería haber basado francamente su texto en estas regiones (bestaldea como se dice) además de en Xareta. Aunque era consciente de ello, fue poco valiente. Su Francia tenía fronteras inamovibles y pasaban por Dantxaria y su aduana, que era donde comenzaba la España oficial. El funcionario en el que se había convertido estaba obligado a interiorizarlo. Su «patria chica» solo podía ser sentimental o nostálgica. Eso era todo y, sobre todo, nada más que eso. Así que, ¿qué podría emprender solo, aislado en estas montañas? La investigación que realizaba era lo que academia llamaba de segunda categoría, reducida a un pasatiempo, a una crónica de provincias. ¡Tenía una visión sin ambición! Sin embargo, tuvo que escuchar los análisis de Deescheemaeker, las exhortaciones de Veyrin y de algunos otros cuantos... Tuvo que hacerse preguntas. Se dio cuenta de la originalidad de la danza, de los cantos, de la pelota vasca... que dominaba bien, y que sin embargo eran valorados por todos... pero como una simple distracción, sin incidencia, sin alcance. Debemos respetar sus decisiones.
No tenía la ambición de otros muchos maestros de su tiempo. Se apartó muy pronto de la investigación y no compartió la amplitud de miras de esos grandes que fueron precursores: geógrafos (Cavaillès, Lefebvre…), historiadores (d’Elizagaray, Goyheneche, Veyrin…), antropólogos anticipados (el padre Lhande, así como muchos otros clérigos) —vid. la sección sobre Colas— y, por supuesto, Veyrin, Barandiarán… Estudiosos todos ellos que anunciaron los frutos que nuestra generación está saboreando ahora. Así va la investigación, un tema que vale tanto por los límites que señala como por su contenido intrínseco, el cual se presta a debates sin fin. Elso, con perfecta sinceridad y gran probidad, ha señalado nuestros límites. Le tenemos en gran estima.
Obrak
Testua gaztelaniaz
Con VEYRIN, Ph., «L’origine du nom de Dantcharienea», BMB, 12 (1930), pp. 40-44.
«Le Royal Monastère de San Salvador d’Urdax», Eusko-Jakintza, I (1947), pp. 421-436.
«Lexicographie de la maison à Ainhoa, Urdax et Zugarramurdi», Ikuska. Giza-ikaskuntza, I (1947), p. 212.
«Les habitants anciens et nouvellins d’Ainhoa», Ikuska. Giza-ikaskuntza, II (1948), pp. 93-100.
«Deux collaborateurs de Eusko-Jakintza à l’honneur [Philippe Veyrin-Jacques Deescheemaeker]», Eusko-Jakintza, II (1948), pp. 205-207.
Con VEYRIN, Ph., «L’archéologie héraldique en Pays Basque français», Eusko-Jakintza, III (1949), pp. 503-506; V (1951), pp. 121-128 = Ikuska. Giza-Ikaskuntza, III (1949), pp. 103-105; V (1951), pp. 31-36.
«Les Infançons de Navarre et du Pays de Labourd», Eusko-Jakintza, III (1949), pp. 275-284.
«Fixation de la frontière navarro-labourdine au Moyen-Âge», BSSLAB, 70 (1954), pp. 131-135.
Con DESCHEEMACKER, J., Vingt siècles aux frontières basques, 1957 (inédito).
«Philippe Veyrin et l’art populaire basque», GH, 34 (1962), pp. 188-192.
«Histoire d’un village basque, Aïnhoa», GH, 38 (1966) pp. 3-96, 110-113. Reed. Bayonne: Imp. Des Cordeliers, 1977; Bayonne: Elkar, 2013.
«Le premier catéchisme en langue basque par Sancho de Elso (1561)», GH, 44 (1972), pp. 89-94.
Bibliografia
Testua gaztelaniaz
ANTZ, J.; LALANNE, G., y MARCKERT–ELSO, M.-D., Frontière, contrabande et ventas. De la Bidassoa à Dancharia, Ciboure: Jakintza, 2006.
AUÑAMENDI, «Elso», Auñamendi Eusko Entziklopedia. Ed. en línea: https://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/fr/elso/ar-27106/ (consultado el 26 de mayo de 2022).
DUVERT, M., «Postface à l’édition de 2013», en ELSO, M., Histoire d’un village basque, Aïnhoa, Bayonne: Elkar, 2013, pp. 153-157.
MARCKERT ELSO, M. D., «Postface à l’édition de 2013», en ELSO, M., Histoire d’un village basque, Aïnhoa, Bayonne: Elkar, 2013, pp. 159-169.





