Karguak eta lanbideak
Testua gaztelaniaz
Anarquista y albañil.
Ibilbidea
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Nació Lucio en el seno de una familia de labradores muy humilde y numerosa, compuesta por los padres y cinco hermanos. La familia de su madre, Asunción Jiménez, era de tradición política liberal, mientras que la del padre, Amadeo Urtubia, era carlista. Sin embargo, posteriormente, su padre militó en la UGT y fue teniente de alcalde de Cascante por el PSOE, pasando luego a ser comunista.
Cuando Lucio estaba haciendo el servicio militar en Logroño inició su actividad de contrabandista a costa de los efectos de los almacenes del ejército. Fue descubierto y en 1954 tuvo que huir a Francia ante la inminencia de un consejo de guerra y una posible pena de muerte.
Se instaló en París trabajando en su profesión de albañil. Se casó con Anne Garnier y tuvo una hija llamada Juliette. Allí entró en contacto con la Fédération Anarchiste, iniciándose en los principios libertarios. Siendo ya militante anarquista se le pidió que diera cobijo a un activista que estaba refugiado en Francia. Resultó ser Quico (Francesc) Sabaté, el máximo exponente del maquis antifranquista en Cataluña, todo un mito para el movimiento libertario. Sabaté y Urtubia convivieron varios años en París. En 1959, Sabaté decidió reactivar su partida y pasar la frontera para intentar liberar a un compañero que había sido condenado a treinta años de prisión. Su partida fue aniquilada por la Guardia Civil, y él muy malherido rematado por un somatén en enero de 1960. La influencia de Sabaté en Urtubia fue decisiva para que este se formara completamente en los principios anarquistas.
Bajo esta influencia Urtubia se implicó en el movimiento libertario iniciando una actividad de ayuda a los presos, además de creación de imprentas, falsificación de documentación y «requisas» para poder financiar dicho movimiento. En esto último seguía la senda del anarquismo «expropiador» iniciado en Francia por Ravachol y Clément Duval a fines del siglo XIX y ampliamente proseguido, entre otros, por Los Solidarios en España e Iberoamérica entre 1925 y 1935. Buenaventura Durruti, Gregorio Jover y Francisco Ascaso realizaron innumerables atracos —entre ellos al Banco de España— denominados «expropiaciones» para financiar el movimiento anarquista internacional.
Lucio Urtubia participó inicialmente en estos atracos en las décadas de 1950 y 1960, pero siendo un hombre esencialmente pacifista abandonó esta actividad «por miedo a hacerles daño a los empleados de los bancos». Inició entonces un método original para poder lograr los mismos objetivos de forma pacífica. Con anterioridad se había iniciado en el mundo de la falsificación para poder proveer de documentación a militantes y exiliados. De ahí pasó a falsificar dinero, pero no solamente con el objetivo de obtener fondos para financiar el movimiento anarquista y otros movimientos revolucionarios, sino para desestabilizar la economía capitalista. Para ello, Urtubia pretendía la fabricación masiva de dólares norteamericanos. Presentó su proyecto al entonces ministro de Industria de Cuba, Ernesto Che Guevara, el cual desestimó apoyar esta propuesta. Esto supuso una gran decepción para Urtubia, que tenía gran confianza en su plan pero que no podía ejecutarlo solo.
Siguió por su cuenta haciendo lo que podía y lo que pudo fue arruinar al First National City Bank of New York (actualmente la multinacional Citibank) y ponerle al borde de la bancarrota, falsificando unos 20 millones de dólares en cheques de viajero. El dinero sirvió para financiar a tupamaros, montoneros y otros movimientos revolucionarios iberoamericanos. Descubierto, fue procesado, pero muy bien asistido por un grupo de abogados progresistas franceses llegó a un acuerdo extrajudicial con el banco, por el que este retiró los cargos más graves a cambio de las planchas de grabación, por lo que salió con una leve condena de seis meses.
Hay que reseñar que, a pesar de pasar tantos millones por las manos de Lucio, este siguió trabajando en su oficio de albañil, sin que se «le pegara» ni un solo dólar. En esto no hacía sino seguir una costumbre de todos los movimientos revolucionarios del siglo XX, que, a pesar de mover grandes cantidades de dinero para su financiación, nunca se desviaba este para el lucro personal de los militantes. Urtubia mismo lo asegura así: «Otra de las cosas que quiero manifestar es que la gente critica mucho a ETA, que sean milis, que sean poli-milis, que sean Acción Directa, que sean italianos, que sean tupas, que sean quienquiera que sean, que seamos nosotros los del GARI, que seamos los que seamos. Yo no he conocido a nadie de entre todos ellos que se haya enriquecido, nadie, nadie, nadie, y conozco a todos los movimientos. Nadie se ha enriquecido, ninguno. Ni milis, ni poli-milis, y hemos tenido de todos un montón. Y entre los anarquistas siempre se ha tenido muy claro que el robo es un acto revolucionario, siempre que lo hagas para hacer el bien, no para provecho pr pio» (La revolución por el tejado, p. 81).
Una de las principales actividades de Lucio Urtubia, que demuestra el extraordinario interés del movimiento libertario por la propaganda, la divulgación y la formación, fue su participación en la creación y dotación de imprentas. Impulsó la creación de diez imprentas, de signo más o menos anarquista, destinadas a la impresión de periódicos, propaganda, libros, documentación y toda suerte de impresos destinados a difundir «la Idea». Pero también colaboró en la dotación de maquinaria para estas empresas; para ello participó en numerosas «recuperaciones de material» que se solían hacer por la noche en otras empresas: desde máquinas de escribir, hasta multicopistas, pasando por impresoras offset.
Formó parte de los GARI (Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista). Tras la disolución del MIL (Movimiento Ibérico de Liberación), con la detención de buena parte de sus componentes y la condena a muerte de uno de ellos, Salvador Puig Antich, se formaron Los GARI para denunciar la represión ejercida por el gobierno franquista. Sus reivindicaciones eran muy básicas: la no aplicación de la pena de muerte y la liberación de los presos políticos enfermos. Practicaron acciones de sabotaje y propaganda, ejerciendo una mínima violencia. La acción más espectacular fue la del secuestro del directo del Banco de Bilbao en París, en 1974. Lucio y su mujer Anne fueron detenidos acusados de haber participado en este secuestro, pero finalmente no se pudo probar nada y salieron indemnes de este asunto.
Urtubia siguió participando hasta su muerte en multitud de actividades de apoyo y solidaridad con movimientos revolucionarios y colectivos oprimidos. Su casa en París se convirtió en un centro de debate y acogida de orientación anarquista, el Espace Louise-Michel, en honor a la famosa «petrolera» de la Comuna de París de 1871, poetisa y feminista.
Sus libros autobiográficos trascienden a unas meras memorias personales para convertirse en una glosa a todo el colectivo del exilio español a Francia tras la Guerra Civil y muy especialmente del colectivo libertario, pero también de cuanto movimiento revolucionario jalonó la segunda mitad del siglo XX, desde la revolución cubana a los Panteras Negras, pasando por Mayo del 68, tupamaros, etc. Su aportación teórico-práctica más notable fue la del sistema de desestabilización del capitalismo por medio de la falsificación de moneda.
Con una vida tan rica y apasionante no es de extrañar que esta haya sido llevada al cómic y al cine.
Obrak
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La revolución por el tejado. Autobiografía, Tafalla: Txalaparta, 2008.
Mi utopía vivida, Tafalla: Txalaparta, 2014.
Bibliografia
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GOENAGA, J. M., y ARREGI, A., Lucio. Anarquista, atracador, falsificador, pero sobre todo… albañil, Barcelona: Cameo Media, 2008 [vídeo documental].
IRURZUN, P., «Lucio Urtubia, la leyenda y el hombre común, en cómic», Gara, 30 de julio de 2018.
SANTOS BELATZ, M., El tesoro de Lucio. Una novela gráfica sobre la vida de Lucio Urtubia, Tafalla: Txalaparta, 2018 (cómic).
THOMAS, B., Lucio. El anarquista irreductible, Barcelona: Ediciones B, 2001. Reed. Tafalla: Txalaparta, 2015.





