Karguak eta lanbideak
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Hijo primogénito de Daniel Irujo Urra (Estella/Lizarra,1861-1911) y de Aniana Ollo Elordi (Estella/Lizarra,1866-Buenos Aires, 1951). Fue el mayor de los ocho descendientes (Eusebio, Rosario, Juan Ignacio, Delfín, Josefina, Andrés y Pello Mari). Realizó sus estudios de bachillerato en el colegio de los Jesuitas en Orduña (Bizkaia) y en el Instituto de Vizcaya (1907). Posteriormente se licenció en Letras y Derecho en las Universidades de Deusto y Salamanca (1912). Recién muerto su padre Daniel, volvió a Estella, donde retomó el bufete de abogado de aquel, al que se sumaría, años más tarde, su hermano Andrés. En 1916 se casó con Aurelia Pozueta Aristizabal, quien pocos meses antes de fallecer le dio su única hija, María Puy, a quien siempre llamaron Miren.
Manuel pronto se vinculó a la actividad política de la mano del Partido Nacionalista Vasco, operante en Navarra desde 1904. Primero a escala local, formando y dinamizando la organización jelkide desde el «Centro Nabarro» y rápidamente mediante su presencia electoral por parte del distrito correspondiente a Estella. Candidato a diputado foral en 1919, accedió a este cargo en las elecciones de 1921 y 1923. Iniciada la dictadura de Primo de Rivera fue desposeído, recuperando su puesto en el intervalo de 28 de febrero de 1930 a 19 de abril de 1931. Su estancia en la Diputación foral le hizo conocedor de la política y realidad navarra más allá de su merindad originaria.
Proclamada la Segunda República y sustituida la Diputación por distintas Comisiones Gestoras de origen gubernativo fue de nuevo destituido de su cargo y no tuvo opción a volver al mismo vía elecciones. En el primer bienio republicano desde su bufete estellés se convirtió en uno de los máximos dinamizadores de la reivindicación estatutaria vasca y también de la organización y expansión del nacionalismo vasco en toda la demarcación navarra. A él le cupo la reubicación y organización de la asamblea de ayuntamientos vascos (14 de junio de 1931) en favor del Estatuto General del Estado Vasco. En las elecciones a Cortes de noviembre de 1933 concurrió por Navarra y Gipuzkoa en las candidaturas del PNV. Obtuvo acta por la última de las citadas, desplegando una intensísima actividad parlamentaria. Además de las cuestiones relativas a su circunscripción fue un activo promotor e impulsor de toda la temática que tuviera que ver con su tierra natal, hasta el punto de que, en la legislatura 1933-1936, superó en mociones e intervenciones al total de parlamentarios del Bloque de Derechas navarro. En las elecciones de febrero de 1936 fue el candidato único por Navarra del PNV, pero volvió a ser elegido por Gipuzkoa.
En esta se encontraba asistiendo a una reunión de accionistas de industrias papeleras (San José de Belauntza) cuando, en la tarde-noche del 17 de julio de 1936, tuvo conocimiento de la sublevación de parte del ejército español en suelo africano. Junto al, también, diputado jelkide José María Lasarte, se presentó al gobernador civil Jesús Artola Goikoetxea para manifestar la oposición de su partido a la recién iniciada intentona golpista. Por iniciativa de Irujo y de Lasarte, se radió, su claro posicionamiento a favor de la legalidad republicana. Según Manuel Irujo escribió: «Nos dirigimos por radio al país para hacer constar cuál era nuestra actitud. Nosotros no participábamos en la subversión. Éramos demócratas. En tal sentido, estábamos con el poder legítimo, con la democracia y la república, y contra los sublevados». Junto a Manuel se comprometieron sus hermanos, Andrés y Pello Mari, que habían acudido a Donostia, por actividades culturales, apoyándole en la especial coyuntura que se abrió en la capital guipuzcoana a partir del 18 de julio de 1936. Manuel tomó parte muy activa en las negociaciones para desactivar a los militares golpistas encerrados en los cuarteles de Loyola, tras su intento de tomar la capital guipuzcoana el 21 de julio. Conseguida su rendición el 28 de julio, Irujo pasó a Azpeitia, organizando desde esta los primeros núcleos o grupos armados de obediencia nacionalista vasca. Fue integrante de la primera junta del Euzko Gudarostea. Su compromiso con la democracia republicana quedó subrayado cuando el 25 de septiembre, día en el que cumplía cuarenta y cinco años, se incorporó como ministro sin cartera al recién formado gobierno de Francisco Largo Caballero. Las dificilísimas circunstancias familiares, pues, salvo su hermano Andrés, toda su familia estaba detenida desde los primeros días del alzamiento, con los hombres (Delfín, Eusebio, Juan Ignacio) encarcelados en la prisión provincial y en el fuerte Alfonso XII (San Cristobal) a los que se sumó Pello Mari, detenido el 13 de septiembre en la bocana de Pasaia, y las mujeres (su madre Aniana, su hija Miren, su hermana Josefina, y sus cuñadas Pilar y Mercedes) detenidas en conventos-cárcel como los de las Ursulinas y Oblatas de Pamplona, no fueron impedimento para que Manuel pasara a ser «el ministro vasco», en el gobierno largocaballerista, atestiguando el claro compromiso del PNV con la legalidad republicana.
A Manuel Irujo le cupo la satisfacción de asistir a la sesión de Cortes en la que se aprobó el tan reivindicado Estatuto de Autonomía, el 1 de octubre de 1936. Ministro sin cartera en el gabinete de Largo Caballero, se ocupó, con especial hincapié, de algo tan extraordinariamente difícil, en todo conflicto bélico, como paliar los efectos de la guerra, mediante políticas de canjes, salvaguarda de perseguidos y, en todo caso, de respeto a los derechos humanos de los considerados como adversarios. Si esta praxis la había puesto en marcha en los difíciles días de la Gipuzkoa acosada por los franquistas en el verano de 1936, la desarrolló extraordinariamente primero en Madrid y tras el traslado del Gobierno republicano a Valencia y a Barcelona, desde esta última población. Revalidando su puesto de ministro, de Justicia, a partir del 18 de mayo de 1937 y sin cartera, desde el 10 de diciembre de 1937 en los gobiernos presididos por Juan Negrín, ejerció siempre con el objetivo de «humanizar la guerra», implementando canjes de prisioneros, revisando las condiciones de encarcelamiento de los mismos, intentando neutralizar las actuaciones represivas irregulares de sectores del bando gubernamental, e intentando desarrollar una política penitenciaria acorde a los derechos humanos, empezando por la neutralización de las detenciones gubernativas, así como su oposición a toda forma de violencia arbitraria (espionaje, secuestros, ejecuciones) como la que se desarrolló por parte de algunos sectores del bando republicano. Fueron precisamente sus divergencias y enfrentamiento en estas cuestiones con parte del Gobierno de Juan Negrín las que le llevaron a su primera dimisión en diciembre de 1937 y a la definitiva el 16 de agosto de 1938. Durante su estancia en Barcelona impulsó la Delegación del Gobierno vasco, plataforma de apoyo para la gran colonia de refugiados radicada en diferentes puntos de Catalunya desde septiembre de 1936.
Irujo, tras abandonar la capital catalana, junto a los máximos representantes de los gobiernos republicano, catalán y vasco, participó en las últimas sesiones de las Cortes republicanas en el castillo de Figueres. El 5 de febrero de 1939, por la misma ruta, La Vajol-Lilles, que recorrieron Juan Negrín y Manuel Azaña, cruzó, con Lluis Companys y José Antonio Aguirre, la frontera para empezar un exilio que no terminaría hasta marzo de 1977.
Su primer destino en Francia fue Capbretón para reencontrarse con la mayor parte de su familia, que, tras haber sido canjeada, salvo Pello Mari Irujo, encarcelado y condenado a pena de muerte, se había refugiado en dicha población landesa. A pesar de ser invitado por Indalecio Prieto para que integrase la recién formada JARE, él siguió fiel a la postura del PNV y del Gobierno Vasco de apoyo y participación en el SERE. No obstante, tras una breve estancia en París, se encaminó a primeros de 1940 a Londres, donde pasó a reforzar la delegación del Gobierno Vasco ya existente junto a Ángel Gondra y José Ignacio Lizaso. Su destino londinense le puso a salvo de la derrota y capitulación francesa frente al ejército alemán en junio de 1940. Esto que motivó la desaparición del Gobierno Vasco y la del propio lehendakari José Antonio Aguirre, le llevaron a crear y presidir el Consejo Nacional Vasco, con el objetivo de ser interlocutor con el gobierno británico y con los distintos organismos dinamizados por los sectores derrotados por el nazismo. En especial con la denominada «France Libre» impulsada por Charles De Gaulle.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, como consecuencia de la reconstitución de las instituciones republicanas españolas —Parlamento y Gobierno— fue nombrado ministro de Industria, Comercio y Navegación del gobierno presidido por José Giral. Ubicados en París participó en dicho gabinete hasta la crisis de este en febrero de 1947. Desde entonces y hasta el final de su exilio, treinta años más tarde, las actividades de Manuel Irujo tuvieron como marco y apoyo la delegación del Gobierno Vasco reinstalada en su sede de la Avenue Marceau y posteriormente en la rue Singer, ambas en París. Allí, desplegó su actividad como prolífico escritor tanto en todas y cada una de las publicaciones surgidas en el exilio como en el interior del Estado, de la mano del Gobierno Vasco, del PNV, ANV... Además de su participación cotidiana en el Boletín de la Oficina de Prensa de Euzkadi OPE (1947-1977), se prodigó en colaboraciones en los Eusko Deya de París, Buenos Aires y México; en Alderdi; Euzkadi y Gudari de Caracas; Tierra Vasca de Buenos Aires; Aurrerá del interior del Estado español). A través de la editorial Ekin, dirigida por su hermano Andrés y por Isaac López Mendizabal desde Buenos Aires, publicó en 1945 sus Inglaterra y los vascos e Instituciones Jurídicas Vascas. En esta misma editorial publicaría mucho más tardíamente (1976-1978-1979) la que presentada como «Memorias» fue sin duda la obra más esperada bajo el título de Un vasco en el Ministerio de Justicia. Obra en la que Manuel Irujo venía trabajando desde los momentos en que se produjeron los hechos relatados, pero condicionada por la pérdida de su archivo personal y las circunstancias derivadas del exilio y posguerra inmediata. También en la Transición aparecieron obras como La guerra civil en Euzkadi antes del Estatuto (1978) redactada e inédita desde 1938.
A pesar de la evidente crisis como alternativas políticas a la dictadura franquista de las organizaciones e instituciones republicanas en el exilio, Manuel Irujo, no escatimó su participación en las actividades puestas en marcha tanto por el Gobierno Vasco como por los círculos políticos republicanos más próximos. Así, siguió muy de cerca al denominado «Consejo de Navarra» en estrecho contacto con su presidente David Jaime y con los miembros del mismo Vicente Navarro, Rufino García Larrache y Felipe Muniain. También destacó en la preparación y celebración del Congreso Mundial Vasco, realizado en octubre de 1956 en la capital francesa. Varias de las comunicaciones, bajo seudónimos ad hoc respondían a la autoría de Manuel Irujo. Así mismo en el campo de las relaciones internacionales e iniciativas europeístas, fue vicepresidente del Consejo Federal del Movimiento Europeo, y desde 1975, presidente del Consejo Federal Peninsular de esta organización.
Su vuelta del exilio, el 24 marzo de 1977, se verificó en el periodo precedente a las primeras elecciones posfranquistas. Su regreso por Hondarribia-Noain fue en la inmediata víspera de la Asamblea Nacional del PNV celebrada legalmente en Iruña en los últimos días de marzo de ese año. Tras presidir su apertura la cerró en el multitudinario mitin de clausura pidiendo «Organización, organización y organización y a ganar las Elecciones». Consecuente con ello y, a pesar de sus ochenta y cinco años, Manuel Irujo volvió a hacer gala de su compromiso y voluntad política durante la campaña electoral de mayo junio de 1977. Integrando la lista del «Frente Autonómico», apoyado por el PSE, PNV y ESEI, fue elegido senador por Navarra y como tal ejerció en la primera legislatura. El 19 de junio de 1977 acudió a la constitución de la Asamblea de Parlamentarios Vascos en Gernika, de la que pasó a ser su presidente.
Pero la relación de fuerzas de la entonces naciente dinámica parlamentaria volvió a situar al nacionalismo vasco y a Manuel Irujo en particular en un escenario navarro diferente al resto de las provincias vascas que rápidamente se encarrilaron vía Consejo General Vasco y Estatuto de Autonomía hacia la conformación de la Comunidad Autónoma Vasca. Pues, aunque la mayor parte de las organizaciones políticas, sindicales y movilizaciones sociales se manifestaron continuamente a favor de una articulación política común a todos los territorios vascos, la mayoría de diputados y senadores detentada por la UCD navarra dificultó esta convergencia. A Manuel Irujo le correspondió en este contexto conjugar sus principios con las tácticas que la adversa relación de fuerzas parlamentaria exigía. A través de artículos de prensa, declaraciones e intervenciones en mítines, fue consecuente con sus principios, polemizando, no pocas veces, con los más conspicuos parlamentarios navarristas, provenientes del más primigenio franquismo y recién incorporados a la política en el marco de la transición.
Como senador participó en los debates en torno a la Constitución de 1978. Dentro de esta quedó contemplada la posibilidad de decisión de la ciudadanía navarra acerca de su vinculación al resto de territorios vascos en un proyecto político común mediante la disposición transitoria cuarta. La postura de Manuel Irujo respecto a esta fue totalmente favorable y así lo atestiguan sus intervenciones en las reuniones extraordinarias que los diputados y senadores navarros realizaron a lo largo del verano de 1978 para discutir el texto constitucional aprobado en el Congreso en sus referencias a Navarra. Tras la disolución de las primeras cámaras de la transición democrática Manuel Irujo volvió a la palestra navarra pues su última responsabilidad institucional la obtuvo en abril de 1979, en el marco de las elecciones al Parlamento Navarro. En ellas encabezó la lista de «Nacionalistas Vascos». Fue elegido parlamentario foral y como presidente de la mesa constituyente, en el palacio de la Diputación navarra, donde había empezado su actividad política siete décadas antes la iba a culminar. Un año más tarde, a mediados de 1980, por motivos de salud dejó de acudir a las sesiones y comisiones de trabajo. En el primer día de 1981 falleció, en Iruña, Manuel Irujo Ollo.
Obrak
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Inglaterra y los vascos, Buenos Aires: Ekin, 1945. Reed. Buenos Aires: Ekin; Tafalla: Txalaparta, 2004.
Instituciones jurídicas vascas, Buenos Aires: Ekin, 1945. Reed. Buenos Aires: Ekin; Tafalla: Txalaparta, 2006.
La comunidad ibérica de naciones, Buenos Aires: Ekin, 1945.
Un vasco en el Ministerio de Justicia, Buenos Aires: Ekin, 1976-1979, 3 vols.
La guerra civil en Euzkadi antes del Estatuto, Madrid: ED, 1978. Reed. Bilbao: Kirikiño, 2006.
Desde el Partido Nacionalista Vasco, Bilbao: Idatz Ekintza, 1982-1984, 7 vols.
Escritos en Alderdi, [Bilbao]: Partido Nacionalista Vasco, 1981, 2 vols.
Bibliografia
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— «Irujotarrak, nazionalismoaren lekuko. Andres eta Josefina Irujorekin solasean», Larrun, 19 (1993), pp. 37-45.
— «El exilio de los nacionalistas», en GARCÍA–SANZ, A. (coord.), El exilio republicano navarro de 1939, Pamplona: Gobierno de Navarra, 2001, pp. 97-125.
— «Irujo Ollo, Manuel», en GARCÍA–SANZ, A. (coord.), El exilio republicano navarro de 1939, Pamplona: Gobierno de Navarra, 2001, pp. 468-470.
— «Manuel Irujo y la cuestión navarra», Vasconia. Cuadernos de Historia-Geografía, 32 (2002), pp. 185-199.
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