Baskoniako Zuzenbide Historiko eta Autonomikoaren Azterketarako Fundazioa

← Sarreretara itzuli

NOTITIA VASCONIAE Gipuzkoako egileak eta obrak

GALDOS BAERTEL, Romualdo (Eibar, Gipuzkoa, 7 de febrero de 1885 – Eibar, Gipuzkoa, 26 de diciembre de 1953)

Euskarazko testua ez dago eskuragarri. Gaztelaniazko jatorrizkoa erakusten da. Gaztelaniazko fitxa ikusi →

Karguak eta lanbideak

Testua gaztelaniaz

Sacerdote jesuita, poeta.

Ibilbidea

Testua gaztelaniaz


Tras cursar sus estudios primarios, optó por la vida religiosa e ingresó en la Compañía de Jesús. Tras dos años de noviciado en Carrión de los Condes, Palencia, en 1904 se incorporó a la Compañía. Entre 1907 y 1909, estudió Filosofía en el Colegio Máximo de Oña. Posteriormente, de 1910 a 1914, desempeñó funciones docentes en el Seminario de Loyola. Ejerció también como prefecto de música y director del coro del centro. A su vez, en su faceta de escritor, redactó en latín la historia de la Casa de Loyola. Fue, asimismo, prefecto de la Escuela de Declamación y Recitación.

Entre 1915 y 1917 estudió Sagrada Teología en Oña, donde ejerció como prefecto de la Academia de Lengua Griega en 1915-1916, hasta su ordenación sacerdotal el 30 de julio de 1917. En 1920 se trasladó a Roma y durante tres años se dedicó a estudios superiores de la Biblia. Retornó a Oña y entre 1922 y 1931 fue profesor de Biblia, entre otras numerosas ocupaciones. En 1926 se doctoró en Sagradas Escrituras ante la Comisión Bíblica de Roma; ese mismo año fue nombrado Hijo Predilecto de Eibar. En 1932, por decreto del 23 de enero, la Segunda República española disolvió la Compañía de Jesús y unos 3.000 jesuitas tuvieron que abandonar el país. El Colegio de Oña se trasladó a la ciudad belga de Marneffe, y Galdos ejerció allí la docencia durante tres años. Entre 1934 y 1938 alternó sus enseñanzas en el colegio de Marneffe y en la Universidad Gregoriana de Roma, impartiendo clases en Marneffe y cursos en la Pontificia romana. Entre 1939 y 1942 continuó su docencia en la Universidad Pontificia Gregoriana romana, donde impartía enseñanzas de hebreo y griego. Entre 1942 y 1949 alternó Roma y Oña, impartiendo clases tanto en uno como en otro centro.

Hay que subrayar de entrada que en el padre Galdos confluyen dos aspectos que se han conjugado con frecuencia en la Compañía: la profundidad en cuestiones religiosas y el eminente dominio de lenguas. Sin embargo, nuestro biografiado añadirá a las mencionadas otra característica que se bifurca en dos: el apego al euskera, entreverado con el amor a su país de origen.

Entre Oña-Roma-País Vasco se alternaron las localizaciones de las referencias vitales de Galdos, a las que cabe añadir el periodo de su estancia en Marneffe, Bélgica, donde recalaron los jesuitas tras su expulsión de España en 1932, du– rante la Segunda República. En síntesis, aprender y enseñar, y realizar labor misional a través de Europa fueron los cometidos de nuestro biografiado.

Hombre de gran iniciativa, en cuanto se lo permitían sus labores en Oña y Roma, acudía con frecuencia al País Vasco para celebrar oficios religiosos, pronunciar sermones, siendo a menudo portador de melodías y estrofas para una nueva canción. Porque no debemos olvidar —aunque sus conocimientos musicales no eran excepcionales, según cuentan— que dejó huella de su inspiración en las parroquias por las que pasó. Era un avezado propagandista que trataba de realizar su labor con un toque amable, esgrimiendo con frecuencia ejemplos en diferentes idiomas.

Como acabamos de indicar, don Romualdo recurría a las lenguas clásicas para la exposición de sus exégesis de la Biblia. Manejaba el latín y el griego bíblico, el hebreo, el árabe, el arameo, el caldeo… Venían a continuación las lenguas contemporáneas: el castellano, el francés, el italiano, el inglés… Era, en verdad, un políglota; y, en cierto modo, un precursor, no en vano había sido el primer doctor en Ciencias Bíblicas de la historia entre castellanohablantes. Su sapiencia en dicho ámbito era tan reconocida que en Roma tenía que atender a numerosas preguntas y consultas que le formulaban los clérigos.

El paisaje de Tierra Santa hubo de suscitar inevitablemente un enorme impacto en un cristiano estudioso de las Escrituras. Al respecto, el padre Galdos reconocía la impresión que le causó su viaje a Palestina. Relataba que se sintió fascinado al oír las palabras que Cristo pronunció en la cruz. Fue en Belén, al escuchar: Eli, Eli, lamma sabakthani! La perfección, la solemnidad de aquellas palabras le habían conmovido; pero al propio tiempo, ya que siempre tenía presente el euskera, rememoraba que aquellas sentidas palabras podían expresarse con elegancia incomparable también en nuestra lengua materna: «Jauna, jauna, zergatik alde egin duzu nigandik?» («Señor, señor, ¿por qué me has desamparado?»).

Durante el primer tercio del siglo XX, la apuesta por el euskera purista de los aranistas cobró auge en las letras vascas. Por lo que respecta a Galdos, tenía en su propia Compañía a su correligionario el padre Raimundo Olabide, vascófilo, traductor de la Biblia. Es bien sabido que el jesuita vitoriano fue purista en las traducciones que llevó a cabo en el transcurso de su vida. Dieciséis años mayor que Galdos, como no podía ser de otra manera, influyó en él desde que ambos coincidieron en Oña. En cualquier caso, el purismo de Galdos, que destaca principalmente en el léxico, no es óbice, en general, para la correcta lectura de los textos. Por otra parte, él se ocupó a fondo de que sus escritos se entendieran bien. Especialmente cuando escribía en revistas populares, acostumbraba a adjuntar los sinónimos de sus términos «innovadores», de manera que el lector pudiera conocer de inmediato qué decía el autor. Por ejemplo, en el relato popular «Gabonzar on-on batetik Urtebarrik onenera» se incluyen, entre otras, las siguientes palabras «puras», añadiendo entre paréntesis el término común para que el lector las entienda: Por ejemplo, leiarrezko (= kristalezko), arrentzak (= letaiñak), agurtza deuna (= errosariua), etc. (Jesusen Biyotzaren Deya, 1920). Los poemas del padre Galdos son, por supuesto, piadosos, delicados y dirigidos principalmente a creyentes.

Por otra parte, el padre Galdos fue un notorio euskaltzale incluso en la época en la que entre las órdenes religiosas femeninas y masculinas predominaba la corriente opuesta y la indiferencia. Lo sabemos por su propia boca. Hemos mencionado ya su destreza lingüística. Según relatan, siendo políglota, reiteraba con frecuencia la frase siguiente: «Catorce lenguas llevo en mi cabeza, más una sola en mi corazón, el euskera» (Testimonio de Juan San Martín; vid. la bibliografía).

Volviendo a su vasquismo, solicitaba y aconsejaba a otros sacerdotes y frailes que pronunciaran sus sermones en euskera, como lo había hecho el padre Cardaberaz, también de la Compañía de Jesús, tan apreciado por él.

A los padres les decía directamente: «Ustedes, padres, incurren en una enorme responsabilidad si sus hijos pierden el euskera, ya que Dios no nos ha otorgado el euskera para que lo sepulten, sino para hablarlo siempre» (vid. Pedro Celaya, Aita R. Galdos, XIV, p. 213).

Su actitud a favor del euskera era, por consiguiente, rigurosa y sincera. Cuentan que en cierta ocasión, con motivo del Día de la Merced, le invitaron unas monjas a pronunciar un discurso. No se anduvo por las ramas. […] «En Euskalerria, muchas monjas han sido muy perjudiciales para el euskera. Sin embargo, no sean ustedes como ellas. Ustedes cultiven el euskera, protéjanlo y difúndanlo en sus centros» (recogido por P. Celaya, op. cit., p. 216).

Como ya hemos indicado, la música litúrgica no le era ajena a pesar de no haber realizado estudios reseñables en el campo musical. Era muy aficionado a la música. Consta que fue director del coro de la Casa de Loyola durante cinco años. También en Oña.

Su obra, dispersa por doquier, es difícil de conocer. Aunque se trate quizá de una aportación modesta, la iniciativa de Galdos fue amplia. Compuso, tradujo textos, fue, ante todo, un gran promotor en el campo musical.

No son escasas sus obras dedicadas a Santa Cecilia, a la orden de la Merced, a los misioneros, a los conventos de monjas y a tantas otras facetas. Tampoco fue manca su labor de mediación. Fue precisamente él quien trajo de Roma al País Vasco en 1950 y 1951 al sacerdote Licinio Recife, famoso compositor, impulsor junto a Perosi de la nueva música litúrgica; Recife compuso la nueva salve de la parroquia de Santa María de San Sebastián.

Ya hemos señalado en la cronología que el eibarrés aprovechaba sus conocimientos en lenguas para adornar sus actuaciones. En 1925 leyó en la Radio de San Sebastián la Buena Nueva del nacimiento de Cristo en griego, latín, castellano, alemán, francés, inglés. Junto a ellas, el euskera sería la lengua con la que cerró la emisión radiofónica. Aquel acontecimiento tuvo lugar a finales del año que hemos referido, cuando, de regreso de Belén, pronunció siete sermones en Donostia-San Sebastián. Así, como remate de las homilías, el día de Año Viejo, desde los micrófonos radiofónicos, lanzó a las ondas el programa que acabamos de mencionar. Relatan que, finalmente, leyó dos villancicos vascos.

El escritor azpeitiarra José de Artetxe, que conoció bien a Galdos, añadió un significativo prólogo a la segunda edición de la Monografía Histórica de Eibar, de Gregorio de Múgica, en la que se publicó como anexo la obra del jesuita eibarrés (Apéndice número 14, pp. 499-514). En ella, Artetxe llama a Galdos, entre otros términos, «genial políglota», y añade: «Una personalidad riquísima en valores humanos, niño grande de mirada transparente, hombre abierto, como buen eibartarra, a todas las nobles curiosidades de la vida». En otra oportunidad, en su obituario póstumo (La Voz de España, 23 de enero de 1954, citado por Pedro Celaya en su biografía), el propio Artetxe alude al estilo de sus sermones. Aunque las homilías que pronunciara por los pueblos vascófonos fueran en castellano, Galdos acostumbraba a intercalar en ellas con frecuencia frases en euskera. En cualquier caso, sus intervenciones eran proclives a las sorpresas: «En cierta ocasión, durante los años cuarenta, relata Artetxe, Galdos hacía en Azpeitia el panegírico del santo de Loyola, y he aquí que al sermón que pronunciaba en euskera le agregó aportaciones en castellano, francés, italiano y, por supuesto, en latín».

Corrían malos tiempos para la supervivencia del euskera, sobre todo durante los años cuarenta, con el jugo amargo del odio que hasta los propios clérigos vascófilos tuvieron que degustar. Así, por ejemplo, con motivo de la celebración del día de la cofradía en 1946 en la ermita de Arrate, lugar muy querido por Romualdo Galdos, los municipios de Elgoibar y Eibar quisieron celebrar conjuntamente en ella el sexto centenario de su fundación (1346-1946). Buena parte de aquel acontecimiento iba a desarrollarse en euskera. Pues bien, las autoridades prohibieron la celebración se cree que debido a que se mencionaba la palabra Euskalerria.

Obrak

Testua gaztelaniaz

«Un incendio feliz en Aránzazu», Primer Congreso de Estudios Vascos. Recopilación de los trabajos de dicha asamblea, celebrada en la Universidad de Oñate del 1 al 8 de Septiembre de 1918, bajo el patrocinio de las Diputaciones vascas, Bilbao: Bilbaína de Artes Gráficas Juan J. Rochelt, 1919, pp. 569-589.

«Gabonzar on-on batetik Urtebarririk onenera», Jesus’en Biotzaren Deya, 1920, pp. 359-363; 1921, pp. 23-24.

ETCHEVERRY, J., Miguel Garicoïts edo Garaikoetxea’tar Mikel Zorundunaren bizitza, Bilbao: Editorial Vasca, 1923. Adaptación al dialecto guipuzcoano de Romualdo Galdos.

(ed.), BASTERRETXEA, A., Yosukisto gure Jaunaren nekaustea gipuzkeraz, Donostian: Irarkola Berria, 1928.

—  Yosukisto gure Jaunaren nekaustea bizkayeraz, Donostian: Irarkola Berria, 1928.

«Contribución a una monografía histórica de la villa de Eibar», RIEV, 20 (1929), pp. 231-245. Reed. San Sebastián: Imprenta de la Diputación de Guipúzcoa, 1929; MÚJICA, G., Monografía histórica de la Villa de Eibar, Zarauz: Icharopena, 1956, pp. 499-514.

«Elimeta ta Nomi», Euzkerea, II (1930), pp. 389-390, 400.

«Un documento interesante acerca de la patria de San Martín de la Ascensión», RIEV, 26 (1935), pp. 578-596.

Dabid’en eres abestiak, Roma: Universitá Gregoriana, 1936, 2 vols. 79 + 41 pp.

(ed.), Las siete palabras de Nuestro Señor Jesucristo en la cruz, San Sebastián: Pax, 1944.

El Santo Cristo de Vergara. Poema, Roma: Universidad Pontificia, 1940, 63 pp.

Las cien mejores poesías de la Biblia, Madrid: Luz y Vida, 1942, 296 pp.

«Curiosidades euskéricas de un libro inglés de 1848», BRSBAP, III (1947), pp. 83-96, 259-261.

«Un vasco ilustre honrosamente sepultado en Bruselas», BRSBAP, III (1947), pp. 205-211.

«Interesantes recuerdos de un cardenal bilbaíno en Roma», Homenaje a D. Julio de Urquijo e Ybarra. Estudios relativos al País Vasco, vol. I, San Sebastián: RSBAP, 1949, pp. 119-134.

Jesus Aurtxoaren lenengo itzaldia, Zarautz: Icharopena, 1952, 36 pp.

«Un insigne jesuita elorriano, muerto desterrado en Bolonia», BRSBAP, IX (1953), pp. 61-65.

Guipúzcoa por el santo duque. Documental histórico para una monografía del bienio oñatiense de San Francisco de Borja, Zarauz: Icharopena, 1953.


Bibliografia

Testua gaztelaniaz

CELAYA OLABARRI, P., Aita Romualdo Galdos, S. J. Bere bizitza urratsak, Vitoria-Gasteiz: Eset, 1987, 245 pp.

IZAGIRRE, E.; LIZARRALDE, M., y NARBAIZA, A., Eibarko idazlien eta idazlanen antologixia, Eibarko Udala: Euskara Batzordea, 2000, pp. 97-109.

SAN MARTIN, J., «Moguel, Aguirre ta Galdos, eibartar euskaltzaleak», Zeruko Argia, 3 de diciembre de 1967.


Fuentes. REPOSITORIO DIGITAL DE LA DIPUTACIÓN FORAL  DE GIPUZKOA, «Cartas de Romualdo Galdós a Julio de Urquijo, 1927-1947». Manuscrito. Biblioteca Koldo Mitxelena. En línea: https://dokumeta.gipuzkoa.net/handle/10690/3370 (consultado el 20 de diciembre de 2022).


Espainiako Gobernuaren Berreskuratze, Transformazio eta Erresilientzia Planaren esparruan Next Generation EU funtsek finantzatutako proiektua


Laguntzaileak:

Diputación Foral de Gipuzkoa
Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades - Gobierno de España
IVAP